Sala de Prensa

54
Abril 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Al-Jazeera: la piedra en el zapato

Pascal Beltrán del Río *

DOHA, QATAR.- Decenas de imágenes de televisión se acomodan para formar un ojo. Abajo y a la derecha del ojo hay un lema provocador: "Si todo el mundo ve CNN, ¿qué ve CNN?".

La respuesta a la pregunta es obvia: Al-Jazeera. Y no sólo porque los autores del cartel publicitario lo remataron con el logotipo de esa cadena de televisión, sino porque, en los hechos, eso es precisamente lo que sucede, sobre todo después de que el personal de CNN fue expulsado de Bagdad, la capital de Irak.

Quizá Al-Jazeera –la televisora de lengua árabe que en tres años se ha vuelto una referencia obligada para los medios de todo el mundo– tenga una audiencia propia de unos 45 millones de personas, pero sus imágenes y su información ha logrado una penetración aún mayor. Incluso cuando la competencia, que no ha dudado en suscribir con ella acuerdos para compartir su señal y retransmitir su material, se ha negado, obligada o por autocensura, a mostrar lo que captan sus cámaras.

Cuando ha sucedido esto último –por ejemplo, en la actual guerra en Irak–, no han faltado televidentes que cambien de canal para ver Al-Jazeera… así no entiendan media palabra de lo que dicen sus conductores, reporteros y comentaristas.

"Voy a poner una escuela de árabe", dice, divertido y orondo, el vocero de la televisora, Jihad Ali Ballout. "Con todos tus colegas que quieren estudiar nuestro idioma, podría ser una idea muy exitosa".

Fundada hace siete años sobre el modelo de la estadunidense CNN y la británica BBC, Al-Jazeera se ha vuelto tan relevante en el mercado internacional de la información que ahora piensa competir con las televisoras de Atlanta y Londres en su propia lengua. Se espera que en menos de un año comiencen las transmisiones de un canal de Al-Jazeera completamente en inglés. De acuerdo con la empresa, no será un servicio basado en traducciones, sino con material propio, producido por personal angloparlante.

"Así podrás ahorrar el dinero que pensabas gastar en lecciones de árabe", bromea Ballout, en entrevista con Proceso.

Lo cierto es que la guerra de Irak ha significado la consolidación de la presencia mundial de Al-Jazeera. Con su cobertura de los bombardeos estadunidenses a Irak de 1998 (la llamada operación Zorro del Desierto) y la Intifada en Israel de 2000, el canal de noticias se convirtió en el más popular del mundo árabe. Pero se ancló en la conciencia pública mundial con motivo de los ataques terroristas de 2001 en Nueva York y Washington, y sus consecuencias, principalmente la guerra en Afganistán.

Al-Jazeera causó interés y controversia en Occidente al retransmitir una entrevista con Osama Bin Laden poco después de los atentados y por la posterior difusión de mensajes del líder terrorista, tanto en audio, video y escritos a mano. Instigadas por Washington, las grandes cadenas de televisión estadunidenses se abstuvieron de recoger de manera inmediata estos materiales –la consejera de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, y otros funcionarios alegaron que los mensajes debían ser estudiados antes de salir al aire, pues presumiblemente contenían órdenes en clave–, aunque terminaron por admitir su relevancia noticiosa.

Pero Al-Jazeera se volvió indispensable por más que eso: Durante la guerra en Afganistán, en el otoño de 2001, tuvo la única cámara en Kabul, con lo que pudo transmitir en exclusiva escenas de los bombardeos estadunidenses y británicos sobre la capital afgana, así como la respuesta de las baterías antiaéreas del régimen talibán.

No fue la competencia la única en interesarse, así fuera con recelo, en el trabajo de Al-Jazeera. El gobierno estadunidense tampoco tardó mucho en reconocer la importancia del canal.

Durante el conflicto con el régimen talibán, Washington trató de influir en la programación –que juzgaba "sesgada"–, mediante conversaciones de alto nivel con el jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani, emir de Qatar y fundador y accionista principal de Al-Jazeera. En aquel tiempo se quejaba, por ejemplo, de que muchos comentaristas invitados por la televisora decían al aire que la política exterior estadunidense era la responsable de los ataques del 11 de septiembre. Sin embargo, el emir se rehusó a intervenir en la línea editorial del canal (Proceso 1302).

De la luna de miel al divorcio

Esta vez, el gobierno del presidente George W. Bush optó por una estrategia distinta: el apapacho. No fue, aparentemente, una posición movida sólo por el deseo de entablar una mejor relación con el canal, pues éste ya había diseñado una estrategia de cobertura de la guerra, con siete corresponsales y varias cámaras ubicados en sitios clave de Irak.

En estos días, pocos han reparado en que el último mensaje atribuido a Osama Bin Laden, transmitido por Al-Jazeera, tiene claves que pudieran explicar la estrategia militar de los iraquíes, que ha tomado por sorpresa a la Coalición, o cuando menos ha complicado sus planes.

El 11 de febrero último, la cadena difundió el mensaje, en audio, en el que una voz –"muy similar" a la de Bin Laden, según medios internacionales– recomendaba a los iraquíes cómo enfrentar un ataque estadunidense, basado en experiencias adquiridas en Afganistán. Entre otras cosas, la voz sugería despreocuparse de los ataques aéreos –"sólo buscan (bombardear) los blancos más obvios"– y preparar una guerra de guerrillas, "aprovechando posiciones camufladas en planicies, montañas y ciudades".

A principios de marzo, dos semanas antes de que comenzaran los ataques estadunidenses y británicos contra el régimen de Sadam Hussein, funcionarios de prensa del Comando Central –la rama de las Fuerzas Armadas estadunidenses encargada del manejo de la guerra, que tiene su centro de control en las afueras de esta capital– se reunieron a comer con Omar Bec, director de noticias del canal.

El Pentágono ofreció a Al-Jazeera, a escoger, cuatro de los lugares que fueron destinados a periodistas en sus contingentes militares (el ya mundialmente famoso programa de embedded journalists, que ha generado las imágenes de combates difundidas por la televisión en los últimos días).

También tomó la decisión, sin precedentes para una televisora extranjera, de designar a un funcionario de enlace exclusivo para resolver sus necesidades informativas. Y en el centro de prensa de la base de As Sayliyah, del Comando Central, Al-Jazeera ocupa lo que los periodistas acreditados aquí consideran el mejor cubículo del edificio, a un lado de la sala de conferencias, donde encabezan ruedas de prensa el general Tommy Franks, comandante de la operación, y otros mandos militares, un obvio privilegio que no fue para la BBC ni la para la CNN.

Por si fuera poco, Washington dispuso que Al-Jazeera tuviera acceso a fuentes de primer nivel. De esa manera, entrevistó a Condoleezza Rice y al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien le destinó, de manera desusada, media hora de su tiempo.

Sin embargo, pronto comenzaron las desavenencias.

Cuando Al-Jazeera transmitió las imágenes del llamado "domingo negro" –el 23 de marzo, fecha en que los estadunidenses y británicos comenzaron a sentir la fuerza de la resistencia iraquí–, que incluían tomas de soldados muertos y capturados, Washington pegó el grito en el cielo, aunque centró sus críticas en la decisión del régimen de Saddam Hussein de grabarlas y hacerlas públicas.

Pero mientras el gobierno estadunidense hablaba de violaciones a la Convención de Ginebra, las otras grandes televisoras, incluida la CNN y la BBC, recurrieron a la autocensura. No difundieron las imágenes y se limitaron a decir que Al-Jazeera las había puesto en pantalla.

Eso fue el primer día, porque los siguientes la competencia comenzó a usar algunas de las escenas, primero con distorsiones visuales y luego sin ellas. "Ese uso de las imágenes probó que sí tenían valor periodístico", afirma Ballout.

Así, la televisora se convirtió en el tercer protagonista del conflicto.

La caja de cerillos

En los siete años que tiene de vida, desde que fue creada por un decreto del emir de Qatar –con el lema al-ra’i… wal ra’i al-akhr (opinión… y la otra opinión), Al-Jazeera ha generado lo mismo amores que odios. Y no sólo en Occidente. Algunos países árabes, como Kuwait, Jordania y Siria han prohibido que la televisora instale oficinas en su territorio. Y cuando Faisal Al Qassem, el conductor de un popular programa de debate del canal, dijo que todos los dirigentes árabes eran "hijos de puta", se armó un revuelo sin fin.

"¿Tanto lío por esta caja de cerillos?", comentó el presidente egipcio Hosni Mubarak cuando visitó las instalaciones de la empresa en Doha, un sencillo inmueble de un piso –vigiladísimo, impenetrable en estos días de guerra–, ubicado en una loma que domina la capital.

Antes de que Al-Jazeera escandalizara a una parte de Occidente con la difusión de opiniones políticas incendiarias y crudas imágenes de guerra, ya había sacudido a las propias sociedades árabes con el cuestionamiento de muchos tabúes, como la infalibilidad de la autoridad.

Pese al prestigio que ha ganado como un medio respetuoso de los valores universales del periodismo –independencia, equilibrio, veracidad–, Al-Jazeera también ha sido señalada por su falta de visión crítica de los acontecimientos en Qatar, país cuyo gobernante lanzó el canal. A ese cuestionamiento, la televisora suele responder que sus objetivos informativos van mucho más allá del territorio que la aloja.

Con una quinta parte de los empleados con que cuenta CNN, Al-Jazeera tiene unos 45 millones de telespectadores habituales, dicen sus directivos. Muchos de sus reporteros –en su mayoría palestinos, sirios y libaneses– se formaron en la BBC y fueron parte del proyecto en lengua árabe en que incursionó dicha cadena y que fracasó casi al mismo tiempo del nacimiento de la televisora. Ésta tuvo la suerte de contar desde sus comienzos con periodistas bien entrenados y ávidos de trabajar.

Para enfrentar la guerra en Irak, Al-Jazeera desplegó un equipo de unas 30 personas, entre reporteros, camarógrafos y técnicos. Sin embargo, Jihad Ali Ballout, vocero de la empresa, afirma que la estrategia de cobertura del conflicto no se distingue del resto de su trabajo informativo.

"Curiosamente, muchos quieren saber cuál es la estrategia de Al-Jazeera para cubrir la guerra, y yo repito que no la hay", dice Ballout. "Tenemos una estrategia general para nuestra compañía. Y es básicamente la misma de cualquier organización periodística: tener equilibrio informativo, obtener todas las perspectivas, dar a todos la oportunidad de expresar su punto de vista, comprobar nuestras fuentes y datos lo más que se pueda, y mantener este puente de confianza que hemos creado tanto con nuestros televidentes como con nuestras fuentes".

Libanés de origen, Ballout habla con el enviado en un edificio corporativo, en el malecón de Doha, frente a la costa del Golfo Pérsico.

Un equipo de la televisión japonesa guarda sus luces y cámaras, luego de grabar su propia entrevista. Cuando se retire el enviado, otros reporteros llegarán. La agenda de Ballout está llena. La pantalla de su computadora está abierta en la página de Internet del diario Toronto Star, que acaba de publicar una nota sobre Al-Jazeera. Las controvertidas imágenes de la televisora son uno de los temas más calientes en estos días de guerra.

–¿Hay un puente de confianza con el gobierno estadunidense?

–Creo que hay respeto mutuo. Así es la vida: A veces se tienen puntos de vista divergentes y eso se tiene que abordar de una manera amistosa. Mientras la gente se hable y partan de la misma plataforma de respeto mutuo, todo puede arreglarse.

Ballout enciende uno de sus Gitanes con la colilla del que se está consumiendo. En estos días, la prensa lo ha bombardeado con preguntas sobre el uso de imágenes de soldados muertos, helicópteros derribados, edificios en llamas y niños heridos.

–Prefiero ya no hablar de eso –se anticipa–. Ya dije mucho.

Se le pregunta si tiene tranquila la conciencia profesional.

"Las reacciones que recibo de muchos colegas en los medios occidentales, incluso estadunidenses, son en el sentido de que hemos sido valientes, que estamos haciendo cosas que muchos periodistas quisieran hacer. Básicamente, nos han felicitado."

–Ya han logrado que mucha gente que no habla árabe tenga que estar pendiente de lo que sale en su canal. ¿Qué más les falta por hacer?

–Ciertamente hemos abollado algunas coronas, desde que comenzamos a transmitir. Sólo espero que lo sigamos haciendo y que, al hacerlo, mantengamos nuestra integridad profesional. Nuestro objetivo es hacer bien nuestro trabajo, y nada más.

La realidad, un negocio

Por supuesto, no todos coinciden en que Al-Jazeera ha hecho bien su trabajo.

La página de Internet en inglés que Al-Jazeera había estrenado apenas el lunes 24 de marzo, fue atacada por hackers y luego le fue cancelado el servicio de la empresa que mantenía el sitio en la red, por lo que, hasta el jueves 27, permanecía inaccesible. Los reporteros de la televisora también fueron expulsados de la Bolsa de Nueva York por juzgar inconveniente su presencia.

Y tampoco todos los inconformes han tenido cuidado de no satanizar en público a la televisora, como ha hecho el gobierno estadunidense.

De hecho, la reacción más dura por su cobertura de la guerra vino de uno de los protagonistas del conflicto: Las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña. El miércoles 26, Al-Jazeera transmitió imágenes de dos soldados británicos muertos cerca de Basora. Según Londres, las familias de los militares caídos no habían sido informadas cuando aparecieron las imágenes en las pantallas de la televisora.

En conferencia de prensa, en la base de As Sayliya, la mañana del jueves 26, el mariscal del aire Bryan Burridge, comandante de las fuerzas británicas, estalló contra el canal:

"La decisión de Al-Jazeera de difundir este material es deplorable. Los llamamos a desistirse de futuras transmisiones de esta naturaleza. No queremos limitar la libertad periodística de modo alguno. Sin embargo, todos los medios deben estar enterados de los límites del buen gusto y la decencia, y tengan cuidado de no convertirse inadvertidamente en herramientas del régimen iraquí."

Omar Moussawi, periodista de la televisora, tomó la palabra para decir: "Nosotros, en Al-Jazeera, no somos parte de la Coalición ni del régimen iraquí. Somos un medio independiente".

Y Burridge cerró la discusión: "Ese tipo de periodismo no es equilibrado ni debe ser motivo de orgullo de persona alguna".

Ante la insistencia de Proceso, Jihad Ali Ballout aceptó comentar la controversia: "Me parece que quienes se quejan por ese motivo les falta perspectiva. Lo que hicimos, como siempre, fue recurrir al contexto, alimentado por nuestro trabajo, para dar lo que consideramos un aspecto de la guerra que no está siendo reflejado por los medios hasta ahora. Y lo hicimos. Puedes monitorear a los medios internacionales, como CNN y BBC, y verás que están pasando las imágenes. Si no tuvieran valor periodístico, no las habrían usado. Nosotros nunca dudamos que fueran un elemento de interés público. Y se ha probado que tuvimos razón".

Agrega: "Entiendo que estas imágenes provocaron angustia en muchas personas. Desgraciadamente, así es la guerra, y nosotros estamos en una posición en que tenemos que informar sobre estas cosas, aunque haya gente que diga que esto no es correcto".

–¿La guerra es negocio para ustedes?

–Desgraciadamente, la guerra es un negocio en el sentido más amplio. Todos tenemos que hacer un trabajo en la vida, y nuestro negocio es reflejar una realidad para una audiencia que no puede ser testigo de los acontecimientos. La gente merece ser tratada con respeto y recibir una imagen de las cosas tal como ocurren.

Sigue: "En nuestro mundo, el mundo árabe, la carretera de la información era de un solo sentido. Solíamos obtener nuestra información primordialmente de Occidente. Así que nuestras sociedades han estado buscando otras fuentes de información, sobre todo porque las otras carecen de la perspectiva de la región, y eso se debe a que no son de aquí. Nosotros somos una parte integral de la cultura de la región. Podemos darle a nuestro auditorio ese ángulo que le ayude a digerir la información. A los medios internacionales, por más que se esfuercen, les cuesta más trabajo. Y también podemos ser un puente que ayude a Occidente a entender mejor nuestras sociedades".

–Pero al tratar de explicar el Oriente a Occidente, ¿no están introduciendo valores occidentales en su auditorio mediante la forma en que difunden y analizan la información? Por ejemplo, cuando ustedes rompen tabúes del mundo árabe, ¿no lo hacen con criterios occidentales?

–¿Y desde cuándo el progreso y el pensamiento lógico han sido dominio exclusivo de Occidente? Hay que recordar que durante mucho tiempo las sociedades árabes han estado expuestas a pocas fuentes de información, y la mayor parte de las veces los medios árabes han sido serviles del poder. No podían operar en un ambiente de libertad. Al-Jazeera ha roto ese tabú y por eso otras organizaciones periodísticas han comenzado a caminar por ese sendero. No creo que lo que hagamos sea occidentalizar. Todas las sociedades buscan la verdad.

–¿El propósito, entonces, es ser un puente?

–Creo que ya lo somos. No sé si fue por suerte o porque así lo planeamos. Lo cierto es que cuando gente que tiene interés en la región, como el presidente Bush o Condoleezza Rice o Tony Blair, quiere comunicarse con el auditorio árabe, escoge a Al-Jazeera.

–Desde el punto de vista de negocios, ¿no están ustedes creciendo de manera global montados sobre la ola del conflicto Oriente-Occidente?

–Estamos creciendo globalmente porque nos hemos ganado respeto como profesionales de la información. Desgraciadamente, las malas noticias son las más buscadas. Los conflictos están ahí y el papel que podemos jugar es facilitar el entendimiento de los hechos que originan esos conflictos. Queremos ayudar al entendimiento entre esos dos mundos, aunque no creo que seamos los más inteligentes. Nuestro trabajo es humilde, pero lo hacemos sin desviarnos de los principios que nos guían como periodistas.


* Pascal Beltrán del Río es subdirector de información de la revista mexicana Proceso. Este reportaje fue publicado en la edición 1378 de ese semanario y se reproduce en SdP con la autorización expresa de la subdirección editorial.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.