Sala de Prensa

53
Marzo 2003
Año V, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Un centinela de los públicos en la redacción

Carlos Maciá Barber *

"El papel del ombudsman no es el de hacerse popular o querido. Ni a sí mismo, ni al director, ni siquiera al propio periódico. La función del ombudsman es la de recuperar o conservar el respeto de los lectores por su diario. No es un objetivo por completo desinteresado. A largo plazo, el respeto es el único sentimiento que conducirá al lector a leer, avalar, apoyar –y a comprar– un diario." 1

En el mundo periodístico quizá no exista el desempeño de una labor designada con mayor número de apelativos como la que realiza en un medio de comunicación el Defensor del Lector, del Oyente o del Telespectador. La mayoría poseen, por desgracia, un matiz negativo o burlón, fruto del escepticismo. En las redacciones, entre otros motes, se habla del perro guardián, el policía, el Pepito Grillo, el fiscal, el abogado del diablo, el Robin Hood, el censor, el justificador, el solitario, el paria, el Pilatos o el bombero. En el mejor de los casos se alude al o la periodista como la conciencia de la Redacción o el abogado de los lectores.

¿Cuál es el motivo último y verdadero que mueve a un medio de comunicación a establecer para sí la figura del Defensor? La razón debiera ser de peso porque, como destaca Sinova, esta figura, tal como está concebido el proceso de la comunicación en la actualidad, no deja de ser un acto de generosidad –poco frecuente– de los gestores de los medios.2

Una primera aproximación que trate de dar respuesta a esta cuestión pone de relieve la diversidad de argumentos que ofrecen propietarios, directivos y profesionales de los medios así como investigadores y estudiosos de la comunicación. Pero si bien unos y otros hacen hincapié en diversos aspectos o efectúan sus análisis desde diferentes perspectivas, todos convergen en un punto crucial: la actividad profesional periodística no es perfecta, es mejorable. La misma presencia de la figura del Defensor en un medio de comunicación representa un reconocimiento expreso por parte de una empresa informativa de que su actividad puede contener errores y causar daños. La sola implantación del Defensor supondría ya, por consiguiente, un claro ejercicio público de autocrítica.

Y esta voluntad de mejora y perfeccionamiento que lleva a determinados medios de comunicación a crear e implantar un Defensor apunta, como se verá, a la consecución de dos objetivos indisolublemente unidos: el primero, el lograr la excelencia profesional; el segundo, el servir con eficacia al ciudadano.

Primer objetivo: el alcanzar la excelencia profesional

En buena lógica, cabe pensar que todo propietario, directivo y profesional de un medio de comunicación desea ofrecer un producto de superior calidad que haga digna de singular aprecio y estimación a su empresa periodística.

Para lograr este fin son imprescindibles diversos elementos. A los necesarios recursos económicos hay que unir unos profesionales capacitados y competentes. Y, por otro lado, hay que contar también con adecuados sistemas de control (libros de estilos, códigos de conducta, correctores, auditorías internas, etcétera.). Algunos medios, con este mismo propósito de alcanzar la excelencia profesional se han dotado, además, de un Defensor del Lector, del Oyente o del Telespectador.

Así, se ha señalado entre los fundamentos de la existencia de esta figura, el de coadyuvar a alcanzar la perfección en la labor profesional de los periodistas y, en consecuencia, contribuir a la elaboración de un producto periodístico de calidad mediante un auténtico "control de calidad".

- Respeto de la ética profesional y de los códigos deontológicos del Periodismo. La necesidad de que en el trabajo periodístico impere un estricto respeto por las normas del buen hacer profesional es una demanda común en el ámbito del Periodismo. Estos principios se han materializado, de manera especial en las últimas décadas, en diversos códigos éticos, códigos deontológicos, normas de conducta o libros de estilo.

Si bien es cierto que existe un gran número de formulaciones y que en algunos casos la adhesión a los códigos o normativas no es explícita, es verdad que tales preceptos han sido aceptados como válidos por la inmensa mayoría de los profesionales de todo el mundo.

Como garantía del compromiso adoptado y con la finalidad de vigilar que efectivamente no se vulneran dichos fundamentos en el ejercicio de la profesión se apunta como fundamental la figura del Defensor. Sucede, en primer lugar, en los medios de comunicación que cuentan con una normativa específica para su Defensor del Lector, del Oyente o del Telespectador:

De modo análogo, quienes han desempeñado o desempeñan esta función en un medio de comunicación no dejan de apuntar este cometido como fundamento básico de la implantación de esta figura periodística. También los investigadores de la comunicación hacen hincapié en este aspecto –una figura autónoma implantada por el medio para velar por el cumplimiento de los compromisos asumidos en los libros de estilo o en los códigos deontológicos– como uno de los principios rectores de la actuación del Defensor.

- La prevención del corporativismo.

Asimismo, se considera la instauración del Defensor como un remedio adecuado para ayudar a combatir, en el ámbito del Periodismo, la tendencia abusiva a la solidaridad interna y a la defensa de los intereses del cuerpo. La figura del Defensor contribuiría, pues, a paliar este desorden tanto si el fenómeno se manifiesta de un modo generalizado, en el conjunto de los profesionales de la información, como si se produce en el seno de una empresa periodística en particular.

- Fomento de la autocrítica.

Entre quienes enjuician de manera negativa al Periodismo como profesión es frecuente encontrar como alegato la escasez de juicio crítico que los empresarios y profesionales de la información realizan sobre la labor y comportamiento propios. Diezhandino, Bezunartea y Coca han detectado, entre los profesionales, que "la crítica a la labor de otro medio o periodista se convierte en un ataque a la libertad de expresión y, curiosamente, desde la libertad de expresión, se rechaza cualquier análisis crítico de la realidad de los propios medios".3 Como acertadamente señala Aznar,4 "puesto que los medios realizan una labor de escrutinio de las demás instituciones, no se entiende muy bien –y el público se da cuenta de ello– que se excluyan a sí mismos de ese ejercicio tan sano de la crítica".

Un avance innegable que aporta la figura del Defensor es que los medios de comunicación acaban por comprender la importancia de convivir con la autocrítica. Un proceso de mutuo aprendizaje en el que la Redacción aprende a ser criticada y el Defensor aprende a criticar. En este sentido, asevera Mesquita, la figura del Defensor es innovadora. Frente a la práctica tradicional de disimular la equivocación, "a partir de la década de los años ochenta se desarrolló con particular vigor una acción pedagógica en el medio profesional, con el objetivo de hacer comprender que el interés de la empresa periodística consiste en admitir, reconocer y, en la medida de lo posible, corregir el error".5 La propiedad y la dirección de los medios, dado que el Periodismo es ante todo servicio al público, deben estar dispuestas a arriesgarse a la crítica pública.

Por otra parte, esta autocrítica debe comprender, como es lógico, la propia actuación del Defensor. Como cualquier otro ser humano el Defensor no es infalible.

Por último, hay que resaltar que se ha apuntado que la función autocrítica puede entenderse en un sentido amplio. Es decir, como una visión reflexiva sobre la actuación y la práctica profesional del Periodismo en el conjunto de la empresa informativa, bien de una forma genérica o global, bien sobre un determinado medio.

- Recuperar, mantener o aumentar la credibilidad del medio de comunicación.

Poder o merecer ser creído es una meta perseguida por cualquier medio de comunicación. Lo contrario, la falta de credibilidad, implica una condena a muerte mediática. La credibilidad se sustenta en la exactitud, el equilibrio, la imparcialidad, el tono, la independencia, el gusto y la sensibilidad. Aspectos todos que preocupan sobremanera a los públicos que acuden al Defensor. El Defensor no es la panacea para erradicar la pérdida de credibilidad, pero sí que puede constituirse en un factor cardinal para recuperar la confianza de los públicos en los medios de comunicación.

En junio de 1998, la CNN emitió un reportaje en el que se revelaba la presunta utilización de gas nervioso por parte del Ejército estadounidense durante la Guerra del Vietnam contra un grupo de sus soldados que había desertado a Laos. La dirección de la emisora reconoció posteriormente la incorrección del reportaje que carecía del necesario fundamento. Los principales productores del trabajo fueron despedidos. Una de las estrellas de la cadena, Peter Arnett, fue seriamente "amonestado". Por primera vez en sus dieciocho años de existencia la cadena estadounidense tuvo que retractarse.

Justo un mes después, la emisora anunció la creación de la oficina del Defensor del Televidente, cuya finalidad sería evitar nuevos errores y recuperar la credibilidad perdida. El departamento nacía con el objetivo primordial de velar por la calidad y la profesionalidad de los periodistas.

- El promover el diálogo interno.

Cualquier empresa o institución genera dos clases de comunicación. La primera es externa, orientada al conjunto de la sociedad. Por lo general, es la más conocida porque traspasa la esfera particular de la organización. La segunda, menos trascendente, tiene carácter interno y se produce en un doble sentido: vertical, entre los empleados y los directivos, y horizontal, entre los integrantes de cada una de las diferentes categorías profesionales existentes.

Este fenómeno también es propio de cualquier medio. Entre los accionistas y propietarios, los directivos, los redactores y los operarios técnicos de la empresa informativa existe una comunicación que debiera ser, en toda ocasión, nítida y fluida. Pero como sucede en otras empresas e instituciones este intercambio de información interno no siempre es el adecuado.

La causa –o un cúmulo de ellas– puede encontrarse en la desconfianza mutua, la diferencia de criterios, las aversiones personales, el "clasismo" profesional, la carencia de canales adecuados, las rencillas profesionales, la deficiente capacitación... Si esta circunstancia es grave en toda ocasión, cuando acontece en el seno de un medio ¡de comunicación!, las consecuencias pueden ser nefastas. Y, sin embargo, se da el caso.

Para poner coto a esta deficiencia o para evitarla en la medida de lo posible se recurre, entre otras posibles medidas, a la implantación de la figura del Defensor del Lector, del Oyente y del Telespectador. Su papel de mediador posibilita que por medio de su labor coadyuve a conseguir un intercambio de ideas, pareceres e informaciones entre las diferentes instancias de la empresa periodística que, en cualquier caso, siempre resulta beneficioso.

Cuando la comunicación interna, además de la externa, es fluida, el trabajo del Defensor se facilita y potencia en gran medida. En cualquier caso, no debe olvidarse que el Defensor también debe ocuparse de reflejar los aciertos que logren el medio de comunicación y sus profesionales.

- La elaboración de un producto de calidad.

Un segundo aspecto mencionado como justificación de la introducción del Defensor en los medios de comunicación tendría como horizonte la contribución, con su ayuda, a la elaboración de un producto periodístico bien hecho.

¿Qué características reúne un producto periodístico digno de tal consideración? ¿Cuáles serían las acciones concretas que debe acometer un Defensor para cooperar a dicha realización? Aunque por lo general se apuntan múltiples cometidos, con frecuencia se citan de modo especial algunos de ellos. Se ofrece a continuación un detalle de las diferentes posiciones que existen sobre la cuestión:

Corrección y prevención de los errores, inexactitudes, imprecisiones y erratas.
"Los médicos entierran sus errores; los abogados encierran los suyos; los periodistas, los publican", reza un dicho popular. El mensaje contenido en la sentencia admite, sin duda, múltiples lecturas. Y no todas negativas: el hecho de dar publicidad a las equivocaciones propias permite una detección pública que puede contribuir de modo eficaz a su remedio, a la vez que obliga al profesional a una mayor exigencia profesional personal.

En el que los expertos consideran el primer antecedente claro de los actuales códigos deontológicos periodísticos, elaborado por Benjamin Harris en 1690, una de las preocupaciones centrales mostradas por su autor se centraba en la necesidad imperiosa de la corrección de los errores cometidos por los periódicos.

Lira Neto compara el trabajo del ombudsman con el de Sísifo.6 Este personaje mitológico fue condenado por los dioses a subir una enorme roca hasta la cima de una montaña. De manera ininterrumpida, cada que vez que Sísifo culminaba su tarea, la piedra rodaba hasta al pie del monte. Así, los medios de comunicación cometen una equivocación; el Defensor la detecta y comenta; y los mismos medios y profesionales vuelven a cometerla.

Todos los medios de comunicación que implantaron un Defensor aducen, entre los móviles substanciales que justifican la medida adoptada, la siguiente razón para su introducción: la corrección de cuantos errores, inexactitudes, imprecisiones y erratas se encuentren en los contenidos publicados o emitidos, así como para implantar las medidas necesarias para evitar que se repitan en un futuro. De igual modo, los propios Defensores destacan como una de sus principales misiones el subsanar las equivocaciones de cualquier clase que hubiera cometido el profesional de la información en el ejercicio de su labor. Tampoco faltan periodistas que, al abordar el estudio de la figura del Defensor, apuntan la práctica de la rectificación como causa esencial de su implantación.

Esta labor supone un control de los contenidos y del diseño del medio de comunicación. En relación con el trabajo del Defensor una de las limitaciones fijada se vincula con la supuesta necesidad de abstenerse de abordar los contenidos de carácter opinativo. Esta inhibición afectaría tanto a los editoriales como a los artículos de opinión. La correspondiente normativa establece un coto vedado a la acción del Defensor.

Pero debiera entenderse que no todo vale. La verdad, la honestidad y la imparcialidad no pueden ser sacrificadas en ningún caso. El Defensor puede actuar a instancias de cualquier lector o a iniciativa propia cuando en géneros de opinión aparecen datos falsos o erróneos, o cuando se han cometido fallos en el tratamiento profesional dado a un texto de esta naturaleza. También, cuando en dicho ámbito se conculquen reglas éticas y profesionales del periodismo.

Cuidado del lenguaje (ortografía, gramática, léxico).
"Nada mina tanto la confianza del lector como encontrar errores e incorrecciones idiomáticas en las páginas de su periódico".
7 Este principio es, mutatis mutandi, aplicable a cualquier medio de comunicación, escrito o audiovisual. Al mismo tiempo, esta figura se ocuparía de supervisar el acatamiento y la fidelidad a unas normas propias de estilo por parte del conjunto de profesionales del medio de comunicación. No resulta extraño, por tanto, que para un Defensor la referencia al libro de estilo sea obligada y el que esta clase de manuales se considere un remedo de "biblia" para todo profesional y directivo de la empresa informativa.

Mejora de la imagen pública del profesional.
La de los periodistas, como colectivo, es una de las profesiones más criticadas y vilipendiadas. La sola recopilación de las sentencias célebres reprobatorias de su talante personal y de censura sobre su labor profesional ha dado como fruto más de un libro. "Los periodistas damos miedo. Dicen que engañamos, que manipulamos, que comemos el coco. El ombudsman debería convertir en humanos a los periodistas", afirma la periodista Margarita Rivière.
8 Así, el Defensor contribuye con su presencia y tarea a disipar la creencia de que el profesional de la información es arrogante, impasible o inabordable.

Segundo objetivo: el servicio eficaz al ciudadano

Que la función del Defensor, en parte, se encuentre sustentada en intereses comerciales no es motivo para que esta figura periodística se descalifique sin más. La consecución del propósito de servir con eficacia al ciudadano se lograría a través de una amplia serie de funciones encomendadas al Defensor del Lector, del Oyente y del Telespectador. Los profesionales del Periodismo y los investigadores de la comunicación insisten en señalar las siguientes:

El ejercicio de la defensa de los derechos de los públicos.
En las últimas décadas del siglo XX se detecta un descuido de los derechos de los ciudadanos en materia de información y comunicación, lo que acaba por provocar una degradación de los públicos, que pasan de la categoría de ciudadano a la de simple consumidor. Ocuparse del amparo y protección del conjunto de derechos que poseen los públicos como ciudadanos y como receptores de la información es la razón última y más trascendental que explica la existencia e implantación de la figura del Defensor. Aunque, como destaca acertadamente Casasús, "una primera defensa del lector la ejercen implícitamente los periodistas al aplicar correctamente las normas deontológicas".
9

La defensa de los derechos de los lectores, oyentes o televidentes es una meta que consta de manera oficial en las normas reguladoras específicas de los diferentes Defensores y en las declaraciones de principios de los medios de comunicación que cuentan con la figura. De modo análogo, quienes han ejercido el cometido de Defensor coinciden en señalar esta misión como la más fundamental.

De ahí no sólo la importancia sino la necesidad de la existencia de una actuación de oficio por parte del Defensor. Esta prerrogativa se reconoce de manera explícita en diversos Estatutos reguladores de la figura que otorgan y consagran su capacidad de iniciativa.

Esta medida busca, en primera instancia, asegurar la acción en defensa de los derechos de los lectores aun cuando éstos no tomaran por sí mismos la iniciativa a la hora de emprender una acción en este sentido. En ocasiones, esta ausencia de actuación puede deberse al mero desconocimiento de estos derechos. Por ello, se ha apuntado como una de las misiones del Defensor la de dárselos a conocer a los públicos. En segundo lugar, porque el Defensor es, en principio, el lector más crítico: conoce a la perfección la labor periodística, las normas de estilo propias del medio y está concienciado de su misión.

Además, aunque no se manifiesta de forma expresa, hay que entender que con esta medida se tratan de evitar que algún error o vulneración graves pudieran pasar por alto, así como agilizar el proceso de rectificación eludiendo demoras, que en estos casos siempre suponen un perjuicio añadido al daño cometido.

Debe tenerse en cuenta que el Defensor también puede ser considerado como un "abogado de los informadores". En muchas ocasiones auxilia al profesional, desde el momento en que refleja los puntos de vista u opiniones del informador implicado, o porque ejercita su defensa ante críticas que pudieran estar mal fundamentadas o resultar injustificadas. Esta labor tiene su amparo en no pocos Estatutos del Defensor, en los que la normativa contempla la obligatoriedad que tiene éste de escuchar al profesional objeto de una investigación, así como reflejar con fidelidad su versión de los hechos. De esta circunstancia derivan, en alguna oportunidad, las críticas que se dirigen contra la figura del Defensor, por entender que con esta labor tan solo defiende –se entiende que de una manera injusta, por imparcial– los intereses de la empresa periodística.

Atención de las quejas, dudas y sugerencias de los públicos.
La institución del Defensor se contempla como la instancia más adecuada para ocuparse de la tramitación de las reclamaciones, la aclaración de dudas y la atención de las peticiones que, referentes a los contenidos, prácticas o decisiones de un medio de comunicación, puedan presentarse o formularse por parte de los públicos.

Formación del ciudadano como consumidor de información.
Al consumidor de hoy en día por lo general no le resulta fácil la tarea de comprar un producto o contratar un servicio. Para elaborar su decisión de compra debe analizar, comparar y valorar con detenimiento cada uno de los posibles objetivos que se le ofertan. Una decisión acertada implica cuando menos, entre otros conocimientos necesarios, la comprensión del proceso de elaboración del producto, el alcance del conjunto de normas legales aplicables o la noción de las prácticas profesionales usuales en cada caso. A veces, esta capacitación previa puede adquirirse sin un denodado esfuerzo. En otras, sin embargo, este proceso de aprendizaje requiere un dilatado período de tiempo.

El mundo periodístico no es ajeno a toda esta situación. El ciudadano, en su faceta de consumidor de información, se ve inmerso en esta dinámica general. Pero, ¿está suficientemente capacitado para ello? ¿Conoce las peculiaridades y diferencias entre los medios escritos y los audiovisuales? ¿Sabe en qué consiste y cuáles son las características propias de la profesión y del quehacer diario del Periodismo?

Puede afirmarse con seguridad que no todos los consumidores dominan la totalidad de elementos necesarios para tomar una decisión plenamente consciente al respecto. Una de las tareas importantes del Defensor es la de educar al público. Del mismo modo, es posible que otra de las causas de desconocimiento haya de situarse en el debe del ciudadano –como consumidor, en el caso que nos ocupa–: una falta de interés por conocer con profundidad todo cuanto hace referencia a la organización y práctica del ejercicio profesional periodístico.

Por ello, el Defensor puede contribuir a eliminar el desconocimiento mutuo entre los medios y su público, familiarizarle con los el mundo periodístico y desvelar las tareas del proceso periodístico. Una misión que puede calificarse de pedagógica.

También el Defensor participa en foros públicos con el fin de que éste se familiarice con sectores concretos de la sociedad, conozca sus preocupaciones e intereses y dé a conocer con detalle "su" medio de comunicación a la ciudadanía. En definitiva, se considera que un público formado en el ámbito de la comunicación y la información está en disposición de ser más exigente. Y podrá consumir, en definitiva, con una mayor libertad.

La mejora de la relación del medio de comunicación con los públicos.
Desde los más diversos sectores se asevera que una de las deficiencias más graves que aqueja a la relación entre los medios informativos y los públicos es la insuficiente comunicación entre ambos sujetos. Incluso se habla de la existencia de "medios de incomunicación".

Con el fin de acercar a las partes implicadas en el proceso comunicativo, mejorando todo lo posible la relación entre un medio de comunicación y sus destinatarios, se apunta la inestimable labor que la figura del Defensor puede realizar como canal de intercomunicación directa entre ambos, logrando una relación de confianza.

Entre los indudables beneficios que reporta un diálogo fluido entre el medio y los públicos destaca la posibilidad, por parte del medio de comunicación, de contar con una fuente valiosa de información que le permita conocer a su público, sus motivaciones y sus demandas. Gracias a la presencia del Defensor, los medios de comunicación se ven reforzados a la hora de anteponer el interés público a cualquier otro beneficio. De manera que incrementan su independencia y su credibilidad. De este modo, por otro lado, el medio de comunicación puede respetar de una forma más adecuada los verdaderos intereses de los públicos.

Impulso de la participación activa de los públicos en el proceso informativo.
La implantación del Defensor supone la existencia en un medio de una figura más accesible y directa para los públicos. Éstos poseen un interlocutor próximo, no sólo ya predispuesto, sino obligado a atenderles, a dar cauce a sus denuncias, atender sus dudas, escuchar sus sugerencias. Esto, de por sí, ya incita a la participación de los públicos.

Y cuando, pese a ello, esta implicación no se produjera o tuviera poca significación, el propio Defensor puede y debe animar a las audiencias a movilizarse. Así ha ocurrido en la práctica en numerosas ocasiones.

Las características del propio lenguaje utilizado en las columnas del Defensor del Lector, como muestra Faria,10 pueden incluso encaminarse a estimular el diálogo con los receptores. Entre los procedimientos más utilizados se encuentra el uso del vocablo "lector", con una función similar a la del vocativo, en singular (se dirige a cada uno de ellos personalmente). Y, con frecuencia, el propio Defensor se presenta como tal ante sus públicos. Otro procedimiento habitual es el recurso a la interrogación directa.

De otro lado, la participación activa de los públicos a través de su relación con el Defensor, produce a la larga en aquéllos su identificación con los principios y con el esfuerzo y trabajo de los profesionales del medio de comunicación que sienten como suyo.

Consolidación de la autorregulación.
Por último, al Defensor se le considera también un mecanismo adecuado y valioso que contribuye, junto a otros que puedan existir e implantarse, a la consolidación de la autorregulación profesional del Periodismo. Su presencia es una muestra del "propósito del medio de autorregularse, de controlar su calidad y poner para ello una figura independiente de cualquier departamento", explica Sánchez–Apellániz.
11

Al menos teóricamente, las correcciones y aclaraciones pasan a depender en menor medida de la voluntad de los responsables de las equivocaciones y de los responsables del medio o, incluso, del recurso a la acción de la Justicia.

Por lo general, se afirma que un Defensor debe ocuparse del amparo y protección del conjunto de derechos que poseen los públicos como ciudadanos y como destinatarios de la información. Es la justificación última y más trascendente que explica la existencia e implantación de esta figura periodística. Así consta de manera oficial en las normas reguladoras específicas para diferentes defensores y en declaraciones de principios de los medios de comunicación que cuentan con la figura. También quienes han ejercido el cometido de Defensor, han coincidido en señalar dicha misión como la más fundamental, tanto si se realiza frente a una redacción y empresa periodística, como si tiene un carácter más institucional. De igual modo, entre investigadores o profesionales del periodismo que han estudiado esta institución periodística existe idéntico criterio.

En definitiva, un Defensor del Lector (del Oyente o del Telespectador) debe ser un centinela, avezado, valiente y experimentado que vigila las dependencias de la empresa, siempre atento para dar la voz de alarma ante las irregularidades que detecte, y que otea el horizonte periodístico con el fin de observar cualquier amenaza y, de este modo, proteger y salvaguardar los derechos y los intereses de los públicos.12

_____
Notas:

1 Este interesante razonamiento lo formuló Charles W. Bailey, editor de The Minneapolis Tribune, cuando tomó posesión el primer defensor del lector de su diario. Véase la columna de Jorge Wemans, "Um provedor para quem?", Público, 23–II–97.
2 Justino Sinova es periodista del diario español El Mundo y catedrático de la Universidad San Pablo–CEU. Intervención en el seminario "Los grupos multimedia: promesa y amenaza de la sociedad interactiva", celebrado en Cuenca (España) durante el otoño de 1993. Fundesco, Apuntes de la sociedad interactiva. Autopistas inteligentes y negocios multimedia (Madrid: Fundación para el Desarrollo Social de las Comunicaciones, 1994), p. 394.
3 María Pilar Diezhandino; Ofa Bezunartea y César Coca, La elite de los periodistas (Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco, 1994), p. 226.
4 Hugo Aznar, "El ombudsman como mecanismo de autorregulación", Revista Latina de Comunicación Social, núm. 13, enero de 1999, La Laguna (Tenerife) (http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm) [Consulta: enero de 2000].
5 Mário Mesquita, "Leitores, fontes e jornalistas na perspectiva do ombudsman de imprensa", en Información política y gabinetes de comunicación. Actas del Primer Seminario Europeo de Comunicación Social. Pontevedra, 18–20 marzo de 1998 (Pontevedra: Diputación de Pontevedra, 1998), p. 62.
6 A Herança de Sísifo – da arte de carregar pedras como ombudsman da imprensa (Fortaleza: Edições Demócrito Rocha, 2000).
7 Introducción al Libro de Estilo de ABC (Barcelona: Ariel, 1993), p. 11.
8 Intervención en la Conferencia Anual de la Organization of News Ombudsmen (Barcelona, 1997). Véase Pere Gassó Ollé, "Defensar el lector, ajudar a crear opinió", Capçalera, núm. 78, junio–julio 1997, p. 35.
9 Josep Maria Casasús, "Las imágenes de las tragedias personales", La Vanguardia, 24–XII–00.
10 Estudio sobre los contenidos y la estructura de la columna del ombudsman del diario brasileño Folha de São Paulo realizado por Jairo Faria Mendes. Véase "Ombudsman: o espaço para autocrítica nos jornais", Instituto Gutenberg, Boletín núm. 24, enero–febrero de 1999 (http://www.igutenberg.org/jairo24.html) [Consulta: octubre de 1999].
11 María José Sánchez–Apellániz, "La nueva figura del defensor del telespectador", Comunicar, núm. 7, 1996, p. 70.
12 Sobre diferentes aspectos de la figura del Defensor del Lector como institución y en torno a la experiencia en los medios de comunicación de España, me he ocupado en diversos artículos. Entre otros, "La puesta en práctica de la figura del defensor del lector, del oyente y del espectador en el periodismo español", en Pilar Diezhandino, José Miguel Marinas y Ninfa Watt, Ética de la comunicación: problemas y recursos (Madrid: Edipo, 2002), p.151–168 y "La autocrítica en el Periodismo español mediante el Defensor periodístico (1985–2000)", en Celso Almuiña y Eduardo Sotillos (Coordinadores), Del Periódico a la Sociedad de la Información (Madrid: España Nuevo Milenio, 2002), vol. III, p. 275–286.


* Carlos Maciá Barber, profesor Titular Interino de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid (España), es Licenciado en Ciencias de la Información y Doctor en Periodismo. Autor de la investigación La participación y los derechos de los públicos en el proceso informativo: la figura del defensor del lector, del oyente y del telespectador, premio a la Mejor Tesis Doctoral de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad San Pablo–CEU (España). Este artículo fue elaborado expresamente por el autor para Sala de Prensa., con lo cual hace su primera colaboración.


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