Sala de Prensa


6
Abril 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El auge del ciberperiodista

En Estados Unidos más de 12,000 profesionales de la información se han especializado en los últimos años en el periodismo asistido por ordenador

Noemí Ramírez *

Cincuenta y siete mesas redondas, sesenta talleres, ciento veinte ponentes y más de quinientos cincuenta asistentes. Estos son los números redondos del décimo congreso sobre periodismo asistido por ordenador organizado por el Boston Globe y NICAR entre el pasado 11 y 14 de marzo.

A lo largo de cuatro días, periodistas, documentalistas y académicos se reunieron en Boston para hablar en una jerga informática cada vez más común en las redacciones norteamericanas. Lo que varios analistas denominan la revolución del periodismo asistido por ordenador se ha extendido progresivamente en Estados Unidos gracias en parte a NICAR, un esfuerzo conjunto de IRE (Investigative Reporters & Editors) y la Facultad de Periodismo de la Universidad de Misuri-Columbia, la más antigua del país y una de las más prestigiosas.

Los orígenes del proyecto se remontan a 1989, cuando dos institutos de periodismo asistido por ordenador comenzaron a consolidarse en las universidades de Misuri e Indiana.

El objetivo de NICAR es obtener y analizar sistemáticamente bases de datos de documentos públicos para favorecer una rigurosa cobertura periodística de la realidad social . Bajo la dirección del periodista Brant Houston, NICAR ha impartido en los últimos cinco años cursos de formación a más de 12.000 reporteros en "bootcamps" o campos de entrenamiento intensivo.

El congreso puso de manifiesto que el concepto de periodismo asistido por ordenador ha evolucionado notablemente en la última década. Mientras que los pioneros de los años setenta y ochenta como Philip Meyer, profesor de periodismo en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y autor del libro "Periodismo de Precisión", empleaban casi exclusivamente métodos de investigación de las ciencias sociales, la generación de periodistas de los noventa utiliza una gran variedad de herramientas informáticas en su rutina diaria: desde hojas de cálculo y gestores de bases de datos a Intranets y complejos programas de levantamiento de mapas, pasando por búsquedas de información en potentes bancos de datos comerciales y a través de la Red.

Estudiosos de los medios de comunicación, como Nora Paul del Poynter Institute, constataron de nuevo los límites cada vez más difusos entre los perfiles profesionales del periodista y del documentalista como consecuencia del desarrollo de la World Wide Web. Margot Williams, ex-bibliotecaria o -si lo prefieren- neófita redactora del Washighton Post, explicó que su caso es un claro ejemplo de este fenómeno.

Acceso a bases de datos

Cuando hace dos años, los periodistas del Post tuvieron acceso al banco de datos Lexis-Nexis desde sus mesas de trabajo, el personal del departamento de documentación se encontró liberado de una gran parte de sus responsabilidades diarias.

A partir de ese momento se produjo, según Williams, "una beneficiosa confusión de funciones". Mientras la redacción realizaba sus propios rastreos on-line, Williams y sus compañeros fueron asignados a secciones específicas como analistas de información: "Ahora que los bibliotecarios disponemos de más tiempo libre, podemos participar en el proceso de elaboración del artículo o del reportaje desde el principio hasta el final", dijo ante una audiencia de cien personas.

Las redes digitales no solamente han moldeado los perfiles de los profesionales de los medios, sino que también los han bautizado con un nuevo nombre. Quizá esta tendencia sea producto de la obsesión estadounidense por lo políticamente correcto, pero lo cierto es que tanto en el Washington Post, como en el Star-Ledger de New Jersey, los bibliotecarios han pasado a llamarse investigadores y la morgue es el centro de investigación del diario.

Mary Jo Crowley dirigió la biblioteca de la empresa editora del Philadelphia Inquirer, antes de convertirse en la directora de los servicios informativos del Star-Ledger en enero de 1996. Desde estonces, es la responsable del desarrollo de la "biblioteca virtual" una fantástica colección de bases de datos propias y comerciales, recursos digitales y obras de referencia accesibles a través de la Intranet del periódico desde cualquier lugar de la redacción.

La filosofía del Star-Ledger es la que John Katzenbach sintetizó en su célebre cita: "la información es la moneda de uso del periodismo". En el diario de New Jersey se siguen estas palabras al pie de la letra hasta el punto de que han tenido un fuerte impacto en el organigrama y distribución física de la redacción. Tal y como Crowley lo describió, el servicio de documentación se encuentra en el centro de la redacción. "De igual manera" añadió, "no tenemos un departamento de periodismo asistido por ordenador puesto que todos nuestros profesionales son en cierta manera periodistas asistidos por ordenador".

Otras sesiones del congreso tuvieron un carácter más práctico. Nora Paul, directora de la biblioteca del Poynter Institute for Media Studies en St. Petersburg, Florida, impartió un seminario sobre las diferentes modalidades de motores de búsqueda y servicios de alerta.

Randy Reddick, director de FACSNET, un servicio gratuito de la Foundation for American Communications que ofrece recursos online a periodistas, destacó las conclusiones de un estudio de la revista Wired que demostró que "el conjunto de los motores de búsqueda simplemente abarca el 30% de la información disponible en la red".

Por ello, afirmó, "cuando el periodista necesita ampliar su campo de búsqueda es necesario que recurra a robots como WebFerret y WebCompass, pequeños programas que rastrean diferentes motores de búsqueda de acuerdo con las preferencias del usuario".

Las ventajas de las tradicionales bases de datos comerciales, como Lexis-Nexis o Autotrac, frente a los servicios accesibles a través de la Word Wide Web fue el tema de la conferencia de Ketty Bennett. Bennet, documentalista del St. Petersburg Times y miembro del equipo de investigación que ganó un premio Pulitzer en 1995 por un reportaje sobre la administración de testamentos en Florida, concluyó su ponencia con unas palabras que pueden helar la sangre del gerente de cualquier medio: "Recuerden que la información pertinente y de buena calidad cuesta dinero. Cuando tengan entre manos un buen reportaje, gasten, gasten, y gasten".


* Noemí Ramírez es profesora ayudante en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca; actualmente cursa el Master en Periodismo de la School of Journalism de la Universidad de Columbia-Missouri, becada por la Comisión Fulbright. Este texto fue publicado en El Mundo y se reproduce con autorización expresa tanto de este diario español como de su autora, quien es fundadora de Sala de Prensa.


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