Sala de Prensa


6
Abril 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La "Operación Cóndor" en democracia

Raúl Lacretta Martelletti *

El pasado miércoles 16 de marzo de 1999, mientras un grupo de periodistas argentinos y uruguayos que están realizando un reportaje sobre la llamada "Operación Cóndor" (que coordinó a los servicios de inteligencia de las dictaduras del cono sur de América, en el secuestro, traslado y asesinato de numerosos opositores políticos) se preparaban a filmar una nota frente a una casa ubicada en el pequeño balneario de Parque del Plata (50 kilómetros al este de Montevideo), uno de los habitantes de la misma (hermano de un capitán del ejército) tomó su auto e intentó atropellar a los periodistas, luego bajó del auto y agredió al camarógrafo. En esa casa permaneció "protegido" o "secuestrado" durante 1992 el químico y oficial del ejército chileno Eugenio Berríos, requerido por la justicia de su país para declarar en el caso del asesinato del excanciller del gobierno de Salvador Allende, Orlando Letelier.

Berríos protagonizó un extraño episodio en noviembre de ese año al escapar de sus captores y denunciar su situación ante la Seccional de Policía de la localidad. Los oficiales del ejército uruguayo encargados de su custodia intentaron que el científico les fuera entregado por la policía; ante la negativa del comisario, arribó a la localidad el jefe de policía del Departamento (provincia) acompañado por un importante contingente de soldados quienes obligaron al comisario a entregar al científico a los oficiales del ejército.

Esta fue la primera de una serie de irregularidades gravísimas que incluyó entre otras cosas, secuestro, falsificación y destrucción de pruebas; fue la demostración de que la coordinación de los servicios de inteligencia de los ejércitos del cono sur continuaba intacta en plena democracia, que funcionaban al margen de los poderes establecidos, y que culminó con la muerte de Berríos, encontrado con dos tiros en la nuca, enterrado en una playa cercana, tres años más tarde. Fue la extensión de la "Operación Cóndor" en democracia.

Toda la trama del caso Berríos lleva siete años presente en la política uruguaya y es seguida por muy pocos medios desde entonces. Lo poco o mucho que sobre el caso se conoce se lo debemos a contados medios de prensa que, enfrentando múltiples presiones, han llevado adelante la investigación.

Desde el comienzo las dificultades para la prensa han sido muchas, el tema de la vinculación entre los servicios de inteligencia latinoamericanos es muy delicado para el poder político en Uruguay. Recordemos que esta fue una operación realizada sin el conocimiento de las autoridades civiles competentes, que se enteraron por medio de una carta enviada a parlamentarios por un grupo de policías.

Posteriormente, un documento secreto de la Embajada Chilena en Uruguay (divulgado por el semanario Brecha1) revelaba que el canciller uruguayo Sergio Abreu reconoció que "el gobierno debió doblar el pescuezo" ante la presión de los militares.

No es fácil llevar adelante una investigación periodística que roce estos intereses en ninguna parte del mundo, pero quizás sea más complicado aún en América Latina.

En Uruguay, las presiones son muchas: las de los sectores económicos, grandes avisadores, y agencias de publicidad, que retiran sus pautas si se critica su accionar o si no se informa favorablemente sobre sus intereses o los de sus clientes. De los grupos políticos, del sector que sean. Por ejemplo, el caso de un periodista suspendido por informar sobre actitudes de empresarios privados que afectaron intereses de la comunidad; otro ejemplo, el despido del presentador del informativo central del principal canal privado de Montevideo, por haber entregado un videocasete a un diputado, con imágenes de la represión de la policía a una manifestación de funcionarios públicos. Del Poder Ejecutivo, por la adjudicación de la publicidad oficial (el Estado uruguayo puede revisar la concesión de las ondas de radio y Tv y puede además distribuir la publicidad oficial de manera que mejor le parezca, "premiando y castigando" a los medios), a todas estas hay que agregar una presión muy especial, las presiones emanadas de investigar temas relacionados al sector militar.

Esta última es una presión real sobre los periodistas y los medios; es además una presión que afecta la forma de encarar la noticia. Todos actuamos, quizás, con excesiva "prudencia" cuando nos acercamos a un tema como el de Berríos.

Hasta hace 14 años ser periodista en Uruguay era una profesión de alto riesgo; clausuras permanentes, censura, secuestros, detenciones, requisa de ediciones, "censura previa", e incluso "desaparición" de periodistas eran prácticas habituales del régimen militar.

Desde 1985 a la fecha las cosas han mejorado mucho, pero siguen dándose casos de presiones a la prensa, casos de espionaje telefónico, o el secuestro por algunas horas de un periodista. Son hechos que comparados con los ocurridos en el gobierno militar pueden parecer menores, pero no dejan de ser una amenaza constante.

El "caso Berríos" es muy especial, pues enfrentó a la institucionalidad del país a una fuerte crisis, (el presidente Luis Alberto Lacalle debió regresar de una gira oficial por Gran Bretaña, se produjeron reuniones de alto nivel político, presiones de los oficiales del ejército, destitución del jefe de policía y reuniones varias en el parlamento). El diputado chileno Jaime Naranjo calificó de "golpe de Estado técnico" el accionar de los militares uruguayos en el episodio.

Los periodistas que investigaron demostraron cómo sectores enteros de los "servicios de inteligencia" de varios países actuaban al margen de las autoridades políticas que los debían controlar.

Muy pocos medios siguieron adelante con la investigación cuando se descubrió el verdadero

trasfondo del tema, muy pocos desconfiaron de las versiones oficiales empeñadas en ocultar los

hechos, (el canciller mostró ante una comisión parlamentaria una carta escrita por Berríos y una foto enviada desde Italia, donde aparecía leyendo un ejemplar del diario Italiano "Il Messagero", que llegó al consulado uruguayo en Milán), obviamente falsa ante los acontecimientos posteriores.

Los hechos demostraron que quienes desconfiaron de esta "historia oficial" acertaron.

Otro gran obstáculo para profundizar en la investigación fue la ausencia de fuentes y de testigos de los hechos. Nadie vio nada ni recuerda nada. Es llamativo que en una pequeña localidad como Parque del Plata, de pocos cientos de habitantes, nadie recuerde el formidable despliegue militar, ni que en la Comisaría, ni en la Policlínica donde fue trasladado Berríos halla testigos, ni nadie halla visto la llegada del jefe de policía acompañado por una caravana de autos oficiales.

En nuestra sociedad, al no aclararse ninguno de los crímenes ocurridos durante la dictadura, todo hecho que roce al estamento militar genera miedo. En este caso concreto la "prudencia" de los habitantes de Parque del Plata no parece exagerada, lo demuestran los hechos: Berríos fue entregado a los militares, posteriormente fue encontrado muerto, se difundieron pruebas falsas, nadie fue procesado por el crimen a pesar de estar plenamente identificados los militares responsables del operativo, los expedientes judiciales sobre el caso no pueden ser consultados.

Es gracias al trabajo de pocos medios de prensa y por la ética y la valentía de un puñado de periodistas, que siete años después siguen corriendo riesgos, que el Uruguay y buena parte del mundo conoce esta trama casi increíble.

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(1) Samuel Blixen, en "El Poder bajo el quepis", semanario Brecha, Página 3, Montevideo, 24 de enero de 1997.


* Raúl Lacretta Martelletti es un periodista uruguayo free-lance egresado de la Universidad de la República en la carrera de Ciencias de la Comunicación (opción Periodismo Escrito y Audiovisual). Ha realizado notas, trabajos de investigación, diseño y compaginación de medios de prensa escritos en el Departamento de Canelones desde 1992 a 1996. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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