Sala de Prensa

51
Enero 2003
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La deontología periodística frente a
los cambios técnicos y la globalización

Guy Riboreau *

Digitalización, globalización. Dos palabras modernas que se encuentran hoy en día en todos los discursos, artículos de prensa, programas audiovisuales sobre la evolución del mundo. Palabras que están de moda, por cierto, pero que resumen bien los cambios que afectan a los ciudadanos de nuestro pequeño pueblo planetario.

Por un lado, implican un cambio técnico bastante fácil de entender: las computadoras son de un uso generalizado y la técnica analógica de producción de textos, sonidos e imágenes está sustituida por la técnica digital. Del otro lado, representan conceptos más o menos vagos, con contornos borrosos, que permiten decir todo y su contrario para explicar situaciones que escapan al análisis según los criterios habituales.

Qué quiere decir globalización sino interdependencia mundial... y el control de los flujos económicos, comerciales y financieros, pero también de información, por un puñado de grupos poderosos que, en casi todos los países, representan una fuerza que puede imponer su propia visión del mundo a los políticos, poner en acción su propia estrategia.

Globalización es la forma moderna del capitalismo. Y no es un capitalismo positivo para producir bienes que servirán al ciudadano para mejorar su existencia, es un capitalismo basado en el mundo financiero, que busca el ingreso máximo y el poder para sus accionistas.

Y el capitalismo moderno dispone hoy en día de las herramientas necesarias, en particular en el terreno de las telecomunicaciones, para desarrollar su poder.

Si hay un sector de la actividad humana afectado por los dos tipos de cambios, es el de los medios.

Cada vez más medios de comunicación son controlados de manera directa o indirecta por grandes grupos empresariales que ven en los medios una suerte de palanca que podría servirles para influir en políticos, en las personas que se ocupan de atribuir las obras públicas y, por supuesto, la competencia. Además, los mismos políticos utilizan las empresas periodísticas como herramientas de marketing político. De tal modo que los medios de comunicación se encuentran en el centro de un juego entre poderes políticos y económicos, y muchas veces son víctimas de aquel juego.

En este doble contexto de la revolución digital y de la globalización, ¿qué significa, hoy en día, la palabra periodismo? ¿Cuál es el papel del periodista cuando, cada uno de los ciudadanos, con una computadora y un sitio web, puede ser al mismo tiempo una fuente de información y un consumidor de noticias que vienen directamente en su pantalla? ¿Cómo hacer de tal manera que, entre los actores de la actualidad y el público, siga existiendo el intermediario que explica, que analiza, que interroga, que pone las cosas en su contexto, que decodifica de manera independiente? ¿Y cómo verificar, explicar, analizar las noticias cuando el volumen de información es tan grande en las pantallas que resulte imposible un tratamiento riguroso de la información?

Los flujos de noticias, en cuanto a volumen y rapidez, son tan amplios que resulta difícil elegir e incluso tratar correctamente cada una de las noticias. La miniaturización de componentes electrónicos, su capacidad para almacenar y manejar masivamente a velocidades vertiginosas millones de datos, nos lleva a cuestionar las consecuencias de estos progresos técnicos en el contenido de la información. Destaca el ejemplo de la reciente foto de la AP tomada en los primeros días del conflicto entre israelies y palestinos: el pie de la foto publicada en la portada de varios periódicos franceses presentaba a un palestino herido cuando en realidad se trataba de un israelí. ¿Quién tiene la culpa, la velocidad, la búsqueda de un scoop o el poco tiempo para verificar la información?

Además del impacto de la tecnología sobre el trabajo del periodista, el contexto de producción y tratamiento de las noticias hace que la lógica empresarial y la competencia entre los medios haya cambiado completamente la relación entre los periodistas y su entorno profesional.

Afortunadamente la casi totalidad de los periodistas cree en la importancia de una información libre. Pero en la práctica, ¿de qué manera se aplica esto?, ¿de qué manera apegarse al ideal, cuando la empresa puede poner fin a su colaboración o penalizarlo porque no le gusta el trabajo? ¿Hasta dónde se puede ir en la libertad de expresión sin arriesgar el medio de subsistencia? ¿Cómo ser un periodista riguroso, honesto, que respeta a su público cuando el periodista da a conocer una noticia desagradable para la empresa que lo emplea, cuando el patrón, bajo la presión de un accionista, puede a sancionarlo o hacerlo pasar por un incompetente?

El caso por ejemplo de los medios de comunicación especializados en asuntos de salud y medicina, cuyos accionistas principales son las mismas empresas farmacéuticas, revela la vulnerabilidad de la independancia editorial frente a intereses comerciales y/o económicos. Aquella prensa nunca se atrevería a comentar el hecho de que, por razones económicas, las empresas farmacéuticas se negan a comercializar las triterapias en Africa, aunque tal decisión pone en peligro de muerte las milliones de personas infectadas por el virus HIV en este continente.

Para superar el problema de la independencia respecto de sus accionistas, el ejemplo del diario francés Libération puede ser interesante. Ahí, ninguno de los accionistas es mayoritario pero el accionista que tiene el peso más grande es el grupo de periodistas que obtuvo un verdadero poder financiero. Además, otras empresas de prensa van a tomar una participación en el grupo Libération como, por ejemplo el diario El Mundo de España. Sin embargo el 20% de las acciones son propiedad de una sociedad de capital riesgo británica… pero los periodistas afirman que aquella sociedad siempre se comprometió a la independencia de los medios de comunicación. Diversificando y seleccionando sus accionistas, Libération quiere mantenerse en el camino de la independencia financiera.

Al peso del accionista se suma el del concepto de marketing. Atraer hacia los medios de comunicación concernidos el mayor número de lectores, radioescuchas y telespectadores.

La dictadura del rating y de los sondeos se han convertido para los medios (para las televisoras todavía más que para las radios y los periódicos) en algo insoportable. Los informativos televisados se han visto transformados en fábricas de emoción, en detrimento del rigor periodístico. Pero la radio no escapa totalmente a esta tendencia con títulos escalofriantes o un lugar demasiado importante en la antena para el deporte o sucesos sin ningún interés. Esto lleva a cuestionarse sobre las desviaciones del periodismo.

Como decíamos anteriormente, la información es considerada como un producto mercantil que se rige bajo las leyes de la oferta y la demanda. Esta forma de actuar por parte de los medios no es nada nueva, pero toma hoy un carácter sistemático, y raros son los que no entran al peligroso juego.

Además de la lógica de empresas que pesa en la acción periodística, la confusión entre información y comunicación se ha convertido en uno de los más graves problemas de las sociedades industrializadas. ¿Qué institución no tiene hoy en día un director de comunicación encargado de promover la imagen de la empresa, la imagen de sus productos o servicios?, ¿Qué redacción no recibe mensajes de todo tipo: comunicados, dossier de prensa, invitaciones a una conferencia, cocktail, viajes, o incluso más?

El periodista debe saber guardar su distancia respecto al trabajo, y rechazar obsequios importantes, que viniendo de alguna empresa o institución puedan comprometerlo. De aceptar ese juego (consciente o inconscientemente) después le sería muy difícil convertirse en el contrapoder que necesita una democracia.

Creo que la independencia editorial de los periodistas pasa primero por la independencia financiera. Es importante que el periodista pueda vivir decentemente de su profesión; que no se vea obligado a ejercer varias profesiones al mismo tiempo para cubrir sus necesidades. En muchos países, incluidos evidentemente los de América Latina, los periodistas tienen dos o tres trabajos. Eso, creo yo, es contrario a la búsqueda de una independencia editorial.

La independencia del periodista pasa también por las leyes, la reglementación que rige la profesión. ¿El contexto político es el de una dictadura o el de una democracia? El margen de maniobra del periodista puede ser nulo o por el contrario considerable, al punto de constituirse él mismo en poder. Puede estar obligado al exilio para escapar a la persecución, incluso a la muerte; o al contrario, beneficiarse de garantías constitucionales y de un estatus que legitime y defienda su libertad de expresión.

La profesión puede disponer o no de sindicatos poderosos que defiendan bien el papel del periodista.

La libertad de prensa, oficialmente proclamada y teóricamente reconocida por la mayoría de los Estados, es sin embargo un principio respetado en muy pocos países. Si bien es cierto que las violaciones más graves son cometidas en países dictatoriales, también es cierto que los llamados "democráticos" no escapan a la crítica. Así tenemos por ejemplo, intimidaciones de diversa índole en diversos países europeos como en otras partes del mundo. Los responsables regularmente son grupos de presión ligados a partidos políticos, movimientos independentistas e incluso funcionarios gubernamentales que no aprecian el hecho que la prensa se interese de cerca en sus pequeños asuntos o grandes estafas. Como vemos, las empresas mafiosas no son las únicas en querer hacer callar a la prensa.

¿Qué pensar, por ejemplo, de las amenazas de muerte proferidas por grupos independentistas de Córsega contra un periodista del diario Libération, quién ha sufrido un atentado con bomba en su casa?

La asociación Freedom House, por su parte, estima que sólo 22% de la población mundial se beneficia del acceso a una prensa libre. Su informe anual destaca una tendencia al incremento de la autocensura: "La presión por parte de regímenes que practican la censura ha conducido a un número cada vez mayor de periodistas a autocensurarse por temor a represalias".

En este triple contexto del peso sobre el trabajo de los periodistas de la política, de la innovación técnica y de la lógica empresarial, ¿qué significa el desarrollo de las redes electrónicas? ¿Es una suerte o una molestia para el periodista?

Internet es un canal suplementario de comunicación. Pero no sólo es eso, ya que estas redes reúnen las ventajas de los otros medios de comunicación. Pero poseen también nuevos inconvenientes.

El usuario de Internet, tranquilamente instalado en su casa, puede buscar la información que desea, familiarizarse con temas diversos e, incluso, puede ser una herramienta de democracia directa. Pero existen preguntas ligadas a su utilización. Hay que tomar en cuenta una especificidad de Internet: es la primera vez que un medio de comunicación es también una fuente de información.

Pero, ¿qué credibilidad puede otorgarse a la información proveniente de los miles de sitios del Web, o a través del correo electrónico?, ¿Cómo puede saber un periodista que tal sonido o imagen, que se le propone en la red, no ha sido fabricado de manera artificial? Es tan fácil transformar y hasta crear una imagen con un programa gráfico, un sonido que dice el contrario de lo que un entrevistado ha declarado que ¿cómo saber si es auténtica o no la información recibida? Por ejemplo, es famoso el caso de un joven estadunidense de 23 años que envió por correo electrónico información falsa a los sitios web dedicados a las transacciones financieras en la bolsa… Su falsa nota informativa le permitó embolsarse 250,000 dólares.

Otrfactor es la tecnología "push", que consiste en abastecer al cliente (oyente o lector) de información preseleccionada. El cliente pide a su fuente de información favorita que le mande (porque se trata de información electrónica) la información que necesita y que le interesa. Así se pierde un papel central del periodismo: sorprender y, a veces, molestar al oyente o lector. La información se transforma en un producto industrial que debe venderse.

Entonces, ¿cómo lo van a interpretar, a decodificar los profesionales de la información? ¿Cómo distinguir lo verdadero de lo falso, la realidad de una información de la propaganda o de la desinformación? ¿Cómo aprovechar sin riesgo de desinformar esta nueva y apasionante herramienta, sumándola a las tradicionalmente utilizadas por las redacciones? ¿Y qué ocurre con el trabajo del periodista? La existencia misma de su labor, ¿no está en tela de juicio?

Pienso que desde hace años no existe una sola forma de periodismo, sino muchas. Hoy, el periodista debe ser no sólo periodista especializado, por ejemplo, en la radio, y, en una radio emisora, un especialista, por ejemplo, de economía, sino también especialista en informática y en redes electrónicas. El periodismo se transforma en una profesión muy técnica.

Además de las consecuencias de Internet para el periodista, uno tiene que tomar en cuenta otros problemas que implica Internet para los medios de comunicación.

  1. Para los accionistas de las empresas de prensa, los sitios Internet (prensa on line) representan una nueva fuente de ingresos. En efecto, se nota que las versiones electrónicas de las radios o periódicos incluyen muchos anuncios. Incluso para algunas empresas de prensa se considera el sitio on line como una manera de evitar un fracaso, como una fuente de beneficios económicos. Eso significa que a la dependencia respecto a los accionistas se puede sumar una dependencia respecto a los anunciantes. Como en las otras formas de prensa.
  2. Una revolución técnica está en marcha, y el siglo XXI será el de la cibernética. Pero es una revolución sólo para los que tienen posibilidad de comprarse una computadora con conexión a Internet y pagar la conexión telefónica. Sin embargo, cuando se conoce la difícil existencia de millones de personas de los países en vías de desarrollo, se sabe también que serán ellos los que por largo tiempo estarán condenados a la exclusión de esta nueva comunicación planetaria. El 69% de los conectados a Internet se encuentran en Estados Unidos y Europa. América Latina tiene por su parte sólo menos de 6% de conectados a Internet.Como lo vemos, hay un desequilibrio más y los programas de ayuda para el desarrollo deberán tomarlo en cuenta.
  3. También se puede plantear el problema de los derechos de autor, como consecuencia del nuevo contexto tecnológico para el periodista ¿Cómo utilizar en Internet la producción de un periodista sin pagar por los derechos de difusión suplementaria ?

Más que nunca, creemos que el profesionalismo periodístico deberá manifestarse tanto en Internet como en otros medios para, precisamente, hacer la selección, clasificación y tratar la información según las reglas del arte. Afirma Otto Sjöberg, jefe de redacción de Aftonbladet (de Suecia): "No debemos tratar el Internet como algo tan diferente y tan extraño: los periodistas deben hacer su trabajo con los mismos criterios y principios de siempre".

El periodista rodeado de la electrónica y bajo la sempiterna presión de los diferentes poderes, deberá ser especialmente competente, lúcido y virtuoso si quiere contribuir a hacer de nuestro pueblo planetario un lugar de vida apacible y fraternal.

Hoy en día, los contextos de producción de noticias se modifican más rápidamente que las leyes y modos de organización de la profesión. La globalización de los intercambios de información, gracias al avance tecnológico, plantea nuevos problemas en cuanto al tratamiento de la actualidad. Es a los periodistas de manera individual y colectiva a quienes corresponde resolverlo. Y esto sólo es posible volviendo a los principios que fundamentan su legitimidad: pluralismo de ideas, honestidad, rigor, civismo y responsabilidad. El periodista es simplemente un intermediario entre los actores de la actualidad y el público, no es ni actor del acontecimiento ni estrella. Del respeto de estas reglas básicas depende la credibilidad y la continuidad de la profesión.


* Guy Riboreau es director del servicio de capacitación de Radio Francia Internacional, en París. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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