Sala de Prensa

49
Noviembre 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Limitaciones internas y baja
calidad de la democracia

Benjamín Fernández Bogado *

La fascinación por lo legal nos ha llevado en Paraguay a convertir a las leyes y la Constitución en objetos fetichistas. Creemos de manera simple que las cosas funcionan o no en relación a si están enunciados en la ley cuando en realidad ellas no pasan de ser meras referencias cuasiliterarias a falta de un activismo judicial más intenso de parte de los afectados y la ciudadanía en general. "El fetiche –Juan José García Posada– es por definición un objeto natural o artificial en el cual de manera espontánea se cree que reside una fuerza mágica, movida muchas veces mediante los conjuros de un hechicero" (1) Tenemos la mejor Constitución en términos de garantía para la libre expresión y de prensa, sin embargo padecemos de una ansiedad informativa tremenda que nos lleva a quedarnos cada día con menos lectores, oyentes o televidentes. La calidad de la información o de lo que se expresa a través de los medios es tan baja que los medios de comunicación se han acabado en retratar lo obvio, lo intrascendente, lo banal o -por qué no- lo imposible. No es extraño por lo tanto concluir que tenemos más limitaciones internas en los medios que somatizan hacia lo externo dejando una sensación de incapacidad e ineptitud de la democracia como sistema político.

PRENSA Y DEMOCRACIA

No es por lo tanto cuestión preguntarnos cuántas limitaciones existen en el corpus legal del Paraguay para entender porqué esta democracia de baja calidad ha tenido en la prensa uno de sus principales sostenedores. No hace falta más que mirar los números de circulación de nuestros periódicos nacionales que no pasarían de ser barriales en proporción a lo que venden hoy en día en cualquier nación medianamente organizada. Existe una retroalimentación morbosa entre los medios y una lucha por imponer una verdad que sólo refleja las carencias y limitaciones de los medios y no el deseo de una ciudadanía de establecer con sus demandas una democracia más sólida, real y entendible. La cuestión central en realidad es realizar una auditoría ética de los medios donde nos podamos retratar tanto medios como periodistas y cuestionarnos si en realidad la libertad de prensa que promovemos sólo es una recreación del rumor malediciente que no termina nunca de castigar a los corruptos y que describe las miserias de un país que hoy no cree que la democracia sea un sistema político eficaz para enfrentar los dramas cotidianos de ciudadano. El ultimo informe del Latinobarómetro desde Miami ubica al Paraguay como uno de los países donde menos habitantes creen en la democracia. Si la prensa es un canal por donde la democracia refuerza valores y convencimientos, y en donde reflejamos como la lengua la salud del cuerpo interior, podemos concluir que estamos enfermos y que nos es más fácil buscar en las leyes o en los artículos de la Constitución el fetiche que nos convenza que la responsabilidad no es nuestra sino de un conjunto de normas que nadie cumple y lo peor, a nadie interesa.

Cuando se escribió la Constitución de 1992, de la que he sido parte, me ha tocado denunciar esa actitud reduccionista y torpe de creer que porque está en la Carta Magna existe... o lo que es lo mismo o peor, porque lo enunciamos es: suficiente. Hoy vemos que los avanzados conceptos de la cláusula de la conciencia, los derechos del retratista sobre los materiales fotográficos, los derechos del periodista-columnista, el acceso a la información publica y otros conceptos de responsabilidad de la prensa con la sociedad no pasan de ser enunciados teóricos muy lejos de la realidad que nos toca padecer y aun más distantes del país posible que podríamos imaginar. La cuestión en el Paraguay es demostrar que la realidad no se acaba en lo jurídico porque si así lo fuera no pasaríamos de ser unos simples fariseos declamando nuestra existencia en relación a lo que se establece en el cuerpo legal. Hay un peligroso reduccionismo de la labor de la prensa en relación a lo legal con lo que en verdad se prolonga la idea fetichista de la ley y no se establece un principio cultural más amplio y profundo que debe ser enmarcado por la ley como parte de un pacto social entre los miembros de la sociedad afectados.

La patética historia de la ley de acceso a la información publica conocida como Ley de Transparencia Administrativa no debatida ni por la sociedad y menos aún por los miembros del Congreso es una prueba de la distancia que separa a la ley de la ciudadanía. Una ley que surge en el afán reglamentarista que demanda el artículo constitucional se convirtió en un tratado de prohibiciones y en una prueba de obstáculos que hacia casi imposible saber nada de lo que la Constitución decía era parte del patrimonio colectivo. La propuesta de alternativa firmada por varias organizaciones, aunque mejor que la anterior, carece de ideas, normas y conceptos aplicables que lo hacen simplemente un material de estudio más para un Congreso nada preocupado en transparentar lo público que tampoco se reduce hoy a la idea del Estado propiamente.

INFORMACION MAS ALLA DEL ESTADO

Este ha sido otro de los fetiches predilectos de los comunicadores: la información que interesa está solamente contenida en los anaqueles del Estado. La realidad es que vemos hoy más información trascendente en el ámbito de las empresas privadas que brindan servicio público en el mundo que aquellas que creíamos sólo reducía la idea de lo público a lo estatal. La tendencia hacia las privatizaciones de las empresas de servicio público nos muestra y nos plantea todo un desafío nuevo para los medios de prensa que deberán acabar primero con el mito que la información pública sólo se encuentra contenida en las gavetas del Estado. Será un desafío de carácter legal y mostrará una idea de la información como valor social cuando las empresas periodísticas que reciben publicidad de los mismos medios que brindan servicio público se comportan ante hechos que afectan los intereses de la sociedad en general.

La referencia a las empresas de celulares y las denuncias de la Contraloría General del Estado sobre cobros indebidos y servicios no establecidos marca una clara tendencia de cómo se comportarían los medios ante las empresas comerciales que brindan servicios públicos. ¿Cuántos periodistas podrán ingresar a las salas de reuniones de corporaciones privadas que administran el agua, la luz, los teléfonos, las comunicaciones en general y cuál será el criterio con el que se manejarán cuando la publicidad principal de muchos de ellos provengan de estas empresas? Este es un desafío sobre el que habría que colocar la percepción de la gente y de los estudiantes de periodismo. Las corporaciones privadas y los sujetos privados tienen hoy un poder con mucho superior a lo que podrían tener instituciones públicas del Estado y sobre las mismas poco o nada se sabe o poco y nada se informa.

Si vemos que el Paraguay tiene una saludable política de establecer limites de gastos en publicidad por parte de las instituciones del Estado, sería bueno saber cómo se comportarían a futuro cercano empresas privadas que brindan servicios públicos y que podrían usar el mismo argumento que sostuvo las razones de limitación de gastos del Estado ante estos hechos absolutamente nuevos y de un impacto mucho mayor que lo conocido. Sólo como ejemplo, la quiebra de la empresa de energía Enron en los Estados Unidos quizás no hubiera sido posible si las informaciones contables hubieran sido auditadas por la prensa con el mismo rigor como se requiere esa información de las administradoras públicas. Deberíamos entender claramente que habrá más información de interés publico en manos privadas que en el sector público a muy corto plazo y ese es un tema muy lejano de apreciarlo tanto jurídica como culturalmente en nuestro país. Hemos sido entrenados los periodistas para cuestionar lo público que proviene del Estado, sería bueno echar una mirada hacia el sector privado que brinda servicios públicos y demandar de ellos la misma transparencia que reclamamos de las empresas del sector público.

La falta de información financiera a tiempo nos privó de evitar la situación que se dio con el Banco Alemán hace muy poco tiempo. Si tuviéramos criterios informativos enderezados en hacer del público la razón de la información hubiéramos tenido medios de prensa que hurgaran con mayor detenimiento en una empresa cuyas inversiones principales se encontraban en la Argentina que entró en crisis a finales del año pasado. El Banco Alemán y sus empresas afiliadas eran en mucho los principales auspiciantes de los bloques de análisis o información económica de diarios, radios y televisión. Deberíamos preguntarnos con sentido de autocrítica: ¿qué responsabilidad tuvimos en no dar la información que debiéramos para impedir lo que lamentablemente ocurrió?

La futura ley de acceso a la información debe por lo tanto incluir a las empresas privadas que brindan servicios públicos o que contratan con el Estado para analizar de manera menos cínica dónde está la real corrupción que nos asquea a todos los paraguayos pero para la que sólo tenemos hasta ahora titulares de catástrofes y multiplicación de adherentes a proyectos autoritarios sostenidos en la incapacidad de nuestra democracia de acabar con la impunidad que la ampara y la protege.

LUCHA DESIGUAL

La libertad de expresión tiene una seria limitación de carácter cultural en el Paraguay y no ha recibido de la prensa los insumos necesarios para hacer que el debate sobre la democracia sea más rico y genere la renovación de líderes que la sociedad ambiciona. La limitación más severa está a nivel interno de los medios. Con graves cortapisas económicas, dependencias espurias, relaciones malsanas y complicidades políticas bastardas. En este cuadro poco alentador no es raro que los medios junto con la iglesia sean las instituciones más creíbles del país pero muy por debajo de aquellos que en todas las encuestas dicen: no creer en nada ni en nadie. Los porcentajes de la prensa han decaído en los últimos años como han sido reducidos los números de lectores, oyentes o televidentes. La cuestión de la desconfianza hacia los medios, la falta de ética en la presentación de los hechos, un compromiso más serio y dedicado con la democracia y la impunidad con que se administran honras y reputaciones ha terminado con hacer que la prensa sea hoy sinónimo de rumores, chismes y escándalos. No nos podemos quejar los paraguayos si tenemos tan pocos adherentes al sistema democrático si a lo largo de este tiempo le hemos dado unos insumos que no alcanzan para establecer un diálogo nacional rico y un listón lo suficientemente alto que haga que los administradores públicos al menos por rubor o vergüenza tengan una mejor preparación que las que exhiben de manera impúdica todos los días.

La exacerbación del rumor en las columnas de chismes o apostillas es una muestra de la decadencia de nuestra prensa. Las líneas editoriales de muchos medios están ahí y no en aquellas largas y aburridas descripciones de principios que nadie lee y menos aún importa a muchos. Como las informaciones son presentadas en forma aviesa y desfachatadas los sujetos de la misma tampoco reaccionan ante las mismas y hoy como los gérmenes ante las bacterias se han hecho no sólo inmunes sino populares, imprescindibles y titulares de poderes del Estado.

Los rumores no se publican, se investigan. Aquí lo que parece es, y lo que es, sólo parece que es. En este ambiente poco riguroso no es extraño que la democracia sea sólo un montón de epítetos y una serie de escándalos sepultados por otros cada día. ¿Cuánta importancia podría tener una libertad de expresión en un pueblo con casi el 56% de analfabetos reales y funcionales, o donde el criterio de servicio público sea una cuestión utópica para los propietarios de los medios, o cuando un gran sector pensante de la ciudadanía todavía cree que tenemos libertades porque las enunciamos en las leyes pero no las vivimos de manera responsable todos los días? Estas son algunas preguntas respondidas de manera directa y clara por nuestros lectores, oyentes y televidentes.. o quizás en términos indirectos por un mercado publicitario reducido en casi un 80% que sólo preanuncia menos puestos de trabajo para los periodistas, mayor dependencia de algunos poco anunciantes y todavía una hipótesis más dramática: cierre de varios medios de comunicación.

Como nunca el Paraguay se encuentra ante una encrucijada que requiere de civismo y por sobre todo de conciencia de lo democrático. No acabar su sentido en las leyes, no limitarnos a comprender las posibilidades de saber lo público a lo estatal, no encontrar emboscadas fáciles en argumentos legales para no construir la sociedad democrática de las oportunidades y de la generación de riquezas que nos permita a los paraguayos entender que la democracia es el sistema político que nos permite crecer con conocimientos y participar con argumentos. Cuando ello sea posible podremos decir que las leyes que escribimos o la Constitución que pactamos sirven para ampliar el horizonte de la libertad y no para acabar con ella declamándola pero no entendiendo ni cumpliendo sus preceptos. Cuando ello ocurra la ley dejará de ser un fetiche predilecto de abogados y periodistas y será una hoja de ruta aplicable y consentida por todos para hacer de la democracia lo que debe ser: una oportunidad para todos.

____
Nota:

(1) "Dimensión ética del periodismo en la cultura urbana" de Juan José García Posada ensayo publicado en Periodismo y Ciudadanía. Fundación Konrad Adenauer. Octubre 2000. Buenos Aires.


* Benjamin Fernández Bogado, periodista y abogado paraguayo, es miembro del Instituto Prensa y Libertad. Es colaborador de Sala de Prensa.


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