Sala de Prensa

49
Noviembre 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Medios de comunicación y poder,
desde la alternancia

Alvaro De Gasperín Sampieri *

I.- Introducción

Uno de los aspectos más complejos, ruidosos y hasta extraordinarios del proceso de transición democrática que está viviendo nuestro país es la discusión en curso acerca del rol de los medios de comunicación, ya que a partir de la alternancia en el poder que se dio con el triunfo de la oposición en las elecciones del dos de julio del 2000, aquel debate, o mejor dicho aquellos numerosos debates superpuestos e interrelacionados, muchos años antes y sólo dos después de esa fecha histórica, siguen siendo objeto de análisis en búsqueda de un marco referencial y sobre todo de una certidumbre que ofrezca a la ciudadanía mexicana (en este caso las audiencias de los mass media) elementos cada vez más objetivos para evaluar a los actores políticos de la transición, entre ellos, también y paradójicamente, a los mismos aparatos informativos.

Es evidente que los medios de comunicación están viviendo su propia transición empujada por factores internos y externos a ellos mismos, porque así como sucedió en la reciente y difícil opción por la democracia de muchos países de América Latina principalmente en las tres últimas décadas del siglo pasado, en México hasta ahora por lo menos la democracia en funcionamiento sólo ha proporcionado una mínima -pero fundamental e indispensable- garantía de que cuando ha surgido un nuevo problema, éste ha sido objeto de debate público sin amenazas veladas o abiertas desde el poder político, y destaca también la aportación de una estructura representativa para que los diferentes actores negocien sus intereses de una manera abierta y transparente, sujeta al escrutinio público, a diferencia de la etapa de desarrollo y consolidación de los medios de comunicación que en nuestro país corrió aparejada con la vertebración de un sistema político con evidentes rasgos autoritarios y semidemocráticos, bajo la tutela de un partido hegemónico, clientelar y corporativista y un Presidente de la República con facultades constitucionales y metaconstitucionales.

Sin embargo tampoco es factible ni deseable generalizar los propios procesos de transición que los medios experimentan, sobre todo en una nueva fase de relación con el poder político, ya que esto está determinado por la misma naturaleza del medio de comunicación (trátese de televisión, radio o medios impresos, como periódicos y revistas), el marco normativo (legal) correspondiente y el esquema de funcionamiento del aparato informativo e incluso de la región o estado del país del que se esté hablando, entre algunos condicionantes, pero sí es posible establecer algunas líneas generales que nos permitan visualizar esas transformaciones.

Lo que sí parece un hecho innegable es que el camino ganado y avanzado en aspectos como libertad de expresión, derecho a la información, capacidad de análisis, crítica y denuncia ya no tiene retorno (salvo que el país experimentara un nuevo régimen de corte autoritario) y que aparejado a este "destape mediático", las audiencias (o clientes de los medios) comienzan a ser fundamentales para que los propios aparatos informativos se consoliden o desaparezcan de la oferta.

En este sentido, este ensayo pretende establecer algunas consideraciones generales que nos permitan visualizar algunas transformaciones que han marcado estos procesos de cambio en los medios de comunicación, y señalar algunas diferencias importantes en cómo las agendas de estas transformaciones se están dando de manera fragmentada por la circunstancias externas de carácter político, económico y social en las que se desenvuelve y también propias de cada medio.

II.- De la desinformación de Estado al estado de desinformación...

Siguiendo la tesis de Ricardo Arias Calderón, exvicepresidente de la República de Panamá, por "transición se entiende el cambio de un régimen no democrático a un régimen democrático" y "democratizar", según la definición aportada por Aristides Calvani, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela durante los cinco años del primer gobierno de Rafael Caldera (1969-1974) es "establecer democracia donde no existe, consolidarla donde existe y perfeccionarla donde está consolidada, puntualizando que por "democratización" se entienden los tres procesos entrelazados".1

Bajo esta óptica de análisis, todo proceso de transición democrática está determinado por tres factores fundamentales: el punto de partida de la democratización, es decir, desde el tipo de régimen que se desarrolla, los agentes propios de la transición y los objetivos en sí que se plantea la transición.

Es ampliamente debatido en estos considerandos si los medios de comunicación son instituciones sociales fundamentales para empujar o en su caso acelerar los procesos de transición política a formas más democráticas de convivencia ciudadana. Las opiniones son encontradas, porque en regímenes totalitarios o dictatoriales, en donde la prensa ha sido controlada, cooptada, manipulada y reprimida, los procesos de cambio democráticos se han presentado pese a esas circunstancias negativas y en casos contrarios, hemos visto como procesos democráticos aparentemente consolidados han tenido frenos e incluso regresiones autoritarias en un ambiente de amplia libertad periodística.

Es posible que cada circunstancia marque la importancia o no del factor mediático. En el caso de México no podemos asegurar a los medios de comunicación como un factor-agente fundamental para la alternancia y en su caso, habría que diferenciar, a cada aparato informativo, pero no podemos negar de manera tajante que sin el papel desempeñado por los medios en la transición la alternancia hubiera sido realizable, sobre todo de una manera pacífica.

Es quizás la prensa escrita que por sus características de posesión y control, quien en el caso mexicano, siempre tuvo más posibilidades de ejercer una crítica hacia el poder establecido. Aunque los anteriores regímenes cuidaron y cultivaron formas de sometimiento (ejerciendo el monopolio del papel periódico a través de una empresa paraestatal, concediendo discrecionalmente permisos de circulación, cooptando un sindicato que monopolizaba la distribución, manteniendo como marco legal una obsoleta Ley de Imprenta creada en 1917 y sobre todo manejando con criterios de interés político la publicidad gubernamental), tanto periódicos y revistas tuvieron siempre márgenes de crítica e investigación más amplios que pese a intentos del gobierno cada vez más sofisticados –y a veces burdos- por acallarlos, siempre encontraron rendijas para problematizar y denunciar las múltiples formas de abuso de poder.

La radio y la televisión fueron sometidas de manera más estricta dado el impacto de sus mensajes en las audiencias. De la censura se pasó por la autocensura, y los medios en su mayoría apostaron por servir y comprometerse con el poder que con las audiencias, quizás porque como lo explica Fox "los mass media latinoamericanos no fueron nunca modelos perfectos de propiedad privada o de servicio público, de expresión nacional o de cultura transnacional. Fueron producto de numerosos intereses diferentes: gobiernos, movimientos políticos, artistas, capital nacional y extranjeros, públicos".2

Este proceso se presentó aparejado con los cambios propios de los medios en sí, la competencia que impactó las formas de entender y construir las noticias y el impacto que las nuevas tecnologías tuvieron en los aparatos informativos. Carlos Castillo Peraza, sintetizó en 1996 de alguna manera y desde la forma y el contenido esta nueva dinámica: "en nuestro mundo y nuestro México, en la era de la comunicación que algunos autores han llamado "ansiosa" parecemos ser víctimas cotidianas del defecto que alguna vez se criticó a los filósofos del empirismo racionalista: "como no creen en lo que ven, se dedican a inventar lo que no ven". " Lance usted la mirada –decía el extinto periodista y político- a esas secciones llamadas de "análisis político", o a esas otras que se conocen como "columnas políticas". Con pocas y muy honrosas excepciones son, primero, un paradigma del enemigo del castellano; luego, un almácigo de mentiras; también, un rosario de profecías que no se cumplen y, con regularidad, el buzón confidencial de toda la podredumbre política mexicana. Son los correos secretos de zares y zarecillos".3

Pero la alternancia en el gobierno no sólo cambió la historia moderna de nuestro país, sino representó también la oportunidad de replantear la relación medios-poder político, debate que ha tenido momentos difíciles y amargos, pero que han significado en menos de dos años avances más sólidos y equitativos que los que se dieron con los regímenes anteriores.

Veamos por qué. En los últimos casi 50 años (tomando como punto de partida el ahora ya derogado Día de la Libertad de Expresión establecido por el entonces presidente Miguel Alemán Valdés un 7 de junio de 1951) en el marco normativo que regula las relaciones entre la prensa y el gobierno y la prensa y la sociedad en general los cambios fueron pobres y limitados; podríamos destacar solamente la adición hecha al artículo sexto constitucional donde se plasmó que el derecho a la información sería garantizado por el Estado (cuestión que pudimos constatar que en la práctica no trajo algún beneficio concreto), las modificaciones hechas a lo que se llamó la nueva Ley Federal de Radio y Televisión en los años sesentas y en el caso del periodismo impreso el marco legal siguió intocable bajo el cobijo de la Ley de Imprenta de 1917.

En pocas palabras, en cincuenta años, pese a los cambios y transformaciones tecnológicas, la utilización de nuevas formas de hacer y ejecutar la comunicación social, la incorporación de nuevas tecnologías, la multiplicación y ampliación de la cobertura de los temas de la agenda pública, la competencia por el mercado entre las diversas empresas de medios, la ampliación del debate social sobre temas como la ética, la autorregulación, el acceso a la información, el derecho de réplica, entre otros, el marco legal en nuestro país sigue normado con esquemas viejos y prácticamente obsoletos.

Así que, desde el marco legal, pasando por el régimen de concesiones (en el caso de los electrónicos) hasta el monopolio gubernamental del papel, el universo mediático nacional cumplió con un papel poco crítico y muchas veces sumiso en una relación poco clara, coyuntural la mayor parte de las veces y cupular con los depositarios del poder político (personas o instituciones) en turno. Con sus honrosas excepciones, los medios masivos tradicionales recibieron "línea" editorial, fueron regañados, felicitados o compensados su caso desde la Secretaría de Gobernación o desde las maliciosas "jefaturas de prensa", cuyos titulares se convirtieron en temibles "censores" cuyo poder radicó en el manejo presupuestal que a discreción ejercían para atacar, filtrar y desprestigiar a sus enemigos políticos

Pese a todo esto, sería injusto no documentar otras transformaciones importantes. Es innegable que los cambios económicos, políticos y sociales en este proceso de transición, los medios de comunicación han cumplido un papel importante y significativo. De hecho se puede aventurar -con las salvedades explicadas anteriormente- que el proceso de profundización democrática que el país experimenta en estos momentos -y cuya fecha clave puede ser las elecciones federales del dos de julio del año 2000- se debe en gran medida al rol que jugaron y asumieron la mayoría de los medios de comunicación; en general podemos decir que el cambio signado por la alternancia en el poder se debió a que muchos medios de comunicación supieron interpretar de manera afortunada que la sociedad mexicana estaba dispuesta a buscar una alternativa diferente para ejercer el gobierno y que estaría dispuesta a hacerlo con o sin la ayuda de los medios de comunicación; quienes no hicieron esta "lectura" están pagando ahora el precio, no ante el poder como antes se estilaba, sino ante sus audiencias.

Ante este entorno demasiado turbio y turbulento heredado, y pese a una prensa sorprendentemente hipercrítica hacia el gobierno federal, no deja de llamar la atención que éste haya empujado avances importantes (quizás todavía limitados) que posibilitan la idea de caminar en el sentido de replantear los planos reales, formales y hasta ocultos de la relación medios-gobierno: la "ciudadanización" del premio nacional de periodismo y la recién aprobada Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública son dos botones de muestra que deberán ser seguidos de otras iniciativas que modernicen a nuestro país también en esta materia, sin considerar también el amplio margen de libertad sobre el cual medios y periodistas deberán seguir desarrollando su actividad profesional, con la garantías de seguridad que el estado y el gobierno tienen la obligación de proveerles.

III.- Apostando al éxito de la transición democrática en una sociedad que saltó del silencio estrepitoso a la "comunicación ansiosa"

Es innegable que, como en muchos ámbitos de la vida nacional falta mucho quehacer; uno de ellos, el de los medios de comunicación, debe entenderse como urgente y prioritario de abordar; por lo pronto con la llegada del nuevo gobierno las relaciones son diferentes, ya no solamente en lo cotidiano de las rutinas de trabajo y organizacionales, sino que también en la cantidad de información y de temáticas que se ventilan cotidianamente vemos cambios significativos.

Lo importante seguirá siendo que los medios de comunicación (dueños, directivos y trabajadores de todos los niveles) establezcan claramente ante la sociedad (lectores, radioescuchas y televidentes) a qué y con qué se comprometen, modificando lo que por muchos años hacían sólo ante los gobernantes en turno, porque finalmente son los receptores los que premian o castigan a los medios de comunicación.

En la mayor parte de los países europeos, en naciones como Estados Unidos y Canadá e incluso en algunas sudamericanas, existe una legislación moderna y actualizada que regula esta actividad, pero más allá del marco legal, es la ciudadanía la que emite el veredicto final y juzga el trabajo de las empresas de medios, así que también el replanteamiento ético que los medios hagan de su función no solamente le vendrá bien a ellos, sino a quienes esperan encontrar en los aparatos informativos noticias, opiniones y análisis que les posibiliten construir un juicio crítico sobre la problemática social, económica y política que los rodea.

Creo que en este sentido hablar de que nada ha cambiado a partir del dos de julio del año pasado no es un juicio certero; en el ámbito de los medios de comunicación las cosas son diametralmente diferentes y las investigaciones, denuncias y seguimientos que los medios hacen de los temas de la cuestión pública son ejemplos palpables de una nueva forma de entender y respetar la relación entre los medios de comunicación y la gestión gubernamental.

Sin embargo en la lucha por el poder es evidente que no todos están apostando al éxito de la transición democrática; ojalá que los medios, considerados mañosamente antes de la alternancia como el cuarto poder, cuando en el plano formal existía realmente uno, el del Presidente en turno, aporten y se pongan a la altura de las circunstancias que un momento tan difícil y delicado exige; la investigación exhaustiva y profesional, la crítica constructiva, la denuncia documentada, la búsqueda para "contar historias nuevas", por sobre el espectáculo noticioso, la vanalidad y la manipulación informativa para servir a intereses personales y de grupos le darán a los "medios" precisamente ese rol y seguramente se posicionarán nuevamente como interlocutores válidos ante una sociedad que como audiencias han dejado de ser pasivas para convertirse en activas y hasta creativas con los mensajes comunicacionales.

_____
Notas:

1 Arias Calderón, Ricardo. Transición a la democracia. Ponencia presentada en el marco del Encuentro Nacional de Diputados Locales del Partido Acción Nacional. 21, 22 y 23 de Febrero, 2002. Veracruz, Ver.
2 Fox, Elizabeth (Ed). "Las políticas de los mass-media en Latinoamérica". En Medios de Comunicación y Política en América Latina. Editorial GG/México, 1988. Página 24.
3 Castillo Peraza, Carlos. Disiento. Editorial Plaza & Janes. Primera edición. México. 1996. Páginas 7 y 8.


* Alvaro De Gasperín Sampieri es licenciado en Periodismo egresado de la Escuela de Periodismo "Carlos Septién García". Cursó la Maestría en Educación con especialidad en Humanidades y Comunicación en el Tecnológico de Monterrey-Campus Eugenio Garza Sada. Cursa actualmente el Doctorado en Comunicación Social en la Universidad de La Habana, Cuba. Es Director de la carrera de Licenciado en Ciencias de la Comunicación del Tecnológico de Monterrey-Campus Central de Veracruz y profesor-investigador en las áreas de comunicación política e internacional en el mismo departamento. Es colaborador de Sala de Prensa.


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