Sala de Prensa

48
Octubre 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Hans Ulrich Gumbrecht

¿Qué pueden aportar las Ciencias de la
Comunicación a la formación de periodistas?

Ana María Rivera y Claudia González Costanzo *

Hans Ulrich Gumbrecht, nacido en 1948 en Würzburg, Alemania, y doctorado en la Universidad de Constanza en 1971, es actualmente profesor en el Departamento de Literatura Comparada de la Universidad de Stanford, fue director del Comité de Conferencias y Simposios de esa Universidad y es miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias. Recientemente pasó por Montevideo, en donde participó de una serie de actividades de su especialidad. Radicado actualmente en Estados Unidos, se desempeñó en el pasado en las Universidades de Constanza, Bochum y Siegen, fue profesor visitante e invitado en diversas Universidades europeas y americanas, y ha sido distinguido con varias menciones honoríficas en Virginia, Washington y Stanford. Su vasto trabajo académico incluye publicaciones sobre historia de la literatura, literatura española, la cultura medieval, los medios de comunicación, el cuerpo y el deporte.

- Profesor Gumbrecht, me gustaría que conversáramos sobre la conformación de los espacios académicos dedicados a las comunicaciones; es decir, en su opinión, ¿cómo pueden vincularse la universidad y el fenómeno "comunicación"? ¿Cuál es el ámbito y cuáles los limites de las Ciencias de la Comunicación?

- En Estados Unidos Ciencias de la Comunicación es una forma de designar los estudios de periodismo. Para contextualizarlos me parece pertinente tener en cuenta que es uno de los tres topoi en los que se ve claramente una ebullición dentro del mundo de las Ciencias Humanas; esos topoi son Literatura Comparada, Cultural Studies y Comunicación.

La Literatura Comparada surgió, al final del siglo XIX, de la observación de las restricciones que presentaba el estudio de las literaturas nacionales. Estas habían surgido de una situación histórica muy específica, dentro del contexto romántico. El primer documento de esas disciplinas son los cuentos de los hermanos Grimm. Trabajaron sobre el presupuesto de que el registro del folklore existente permitía acercarse a la esencia (Wesen) de la nación.

Como toda cosa que tiene comienzo histórico también debe ser capaz de, o al menos amenaza ahora con, tener un fin histórico; debemos aceptar la idea de que, quizá, las disciplinas académicas dedicadas a la literatura hayan alcanzado o vayan a alcanzar, un día, su fin.

Ahora, desde la perspectiva comparativa importa menos si una obra pertenece a la literatura alemana, española, etc.; es la obra y la posibilidad de ponerla en contacto con cuestiones filosóficas y teóricas la que me interesa o no me interesa. Por lo menos en Estados Unidos, entre los que eligen Humanidades, son los estudiantes no graduados menos cualificados los que prefieren especializarse hoy en una sola visión cultural (alemana, francesa, etc.) aunque siempre hay excepciones; pero los más interesantes normalmente eligen disciplinas que obligan a establecer relaciones, como Comunicación o Literatura Comparada. "Literatura Comparada" también es una fórmula que permite dar cabida a lo que no tiene todavía lugar dentro del espacio estrictamente definido de otras disciplinas. Por ejemplo, en Estados Unidos la llamada "Filosofía Continental" (con el tratamiento de autores como Nietzsche o Hegel) tiene su asiento, muchas veces, en los departamentos de comparada porque los departamentos oficiales de filosofía se dedican exclusivamente a la filosofía "analítica" (de tradición anglosajona). Cualquier cosa que no tenga una "casa" fija dentro de las Ciencias Humanas, puede ser tratada en los departamentos de comparada. No es una solución al problema pero es una alternativa para este momento de transformación.

El atractivo de los Cultural Studies para los profesores y para los alumnos de literatura resulta, creo, de nuestra frustración colectiva de inventar un concepto metahistórico y transcultural de "literatura". Como no se consiguió, el concepto mas amplio de "cultura" parecía ser una sustitución bien práctica. Pero esto implica un problema conceptual porque "cultura" quiere decir cualquier cosa o absolutamente nada. El resultado -del que puedo hablar porque lo veo- ha sido facilitar un diletantismo demasiado grande. En segundo lugar, los Estudios Culturales me parecen problemáticos porque son muchas veces un "caballo de Troya", debido a que vienen impregnados de un marxismo que a mí me parece rancio.

En el concepto de "comunicación" veo dos problemas diferentes, aunque no son aporéticos. Uno es preguntarse si hay algo que no esté abarcado por el concepto de "comunicación". El otro problema es institucional dado que este espacio está ocupado por una tradición de periodismo, contra la que nada tengo, pero que encuentro muy poco interesante. Y además mi experiencia es que los mejores periodistas no tienen formación en Ciencias de la Comunicación; son gente cultivada que, por una razón u otra, comienzan a escribir para los medios.

- ¿A qué se debe que los mejores periodistas no sean los que tienen una formación específica en periodismo?

- Para escribir sobre un tema, en primer lugar, hay que saber mucho acerca de él. Yo mismo no soy periodista, pero en un momento en que necesitaba dinero comencé a escribir para el Frankfurter Allgemeine Zeitung, quizá el diario más prestigioso de Alemania. No tengo formación periodística, pero sí sé sobre los temas de que escribo. Si quiero escribir sobre Goethe, no necesito tomar un diccionario para saber quien es Goethe. En segundo lugar está la cuestión de si se puede o no aprender a escribir. Creo que, al igual que ser un buen profesor, esto depende, sobre todo, de un talento natural. También creo que se puede mejorar como profesor, pero ese talento -para escribir o para enseñar- de partida es necesario. La tercera cuestión tiene que ver con una "movilización intelectual": El buen periodista es el que está siempre atento a todo lo que ocurre, descubriendo en la cotidianidad lo que puede dar lugar a un artículo o a una investigación periodística; el buen periodista va por la calle y quiere tomar apuntes... Y esto es algo que depende de una chispa interior, que difícilmente "se aprende". Lo que hace un periodista realmente bueno es siempre imprevisible; y esto no predomina en los periodistas con formación específica.

No creo que se pueda constituir una Ciencia de la Comunicación sobre esta confusión entre una disciplina teórica y la formación periodística. La Ciencia de la Comunicación que a mí me interesa sería una asignatura próxima a la Filosofía de la Lengua. Esto implica que la disciplina no está atada a ninguna profesión concreta. Esto es semejante a la idea del college: la gente que egresa del college de Stanford no tiene una formación profesional específica, pero obtiene excelentes empleos porque se sabe que son personas muy calificadas, que han pasado por una intensa "gimnasia intelectual" durante cuatro años y están calificados para desempañar múltiples tareas. Lo importante es que, para empezar, se dediquen a algo que no tenga "aplicación práctica inmediata".

A mí me gustaría una Ciencia de la Comunicación dentro de la cual se pudiera plantear, por ejemplo, la pregunta de si la tecnología de la comunicación, en realidad, puede constituir la continuación de la evolución biológica humana. Son preguntas de este estilo, imposibles, las que debemos plantearnos. Me parece que, en general, esa es la importancia de las Humanidades: se ocupan de lo que no tiene aplicación. Es necesario que exista un sector de la Universidad que sea puramente problematizador. Es la antigua función de la Filosofía.

- Se ha definido a la técnica como inteligencia práctica, pero creo que ahora, por primera vez, estamos produciendo un conocimiento descartable. Por ejemplo, pasamos mucho tiempo para aprender a usar diferentes paquetes informáticos y resulta que estos ya fueron sustituidos por otros antes de que acabáramos de aprender a usar los que, una vez conocidos, resultaron obsoletos. Esto se combina con una oferta de tecnología que se administra en función de los intereses de quienes la venden y hacen a los compradores dependientes no sólo de la tecnología sino de los criterios de distribución de sus productores como, por ejemplo, ocurrió con las normas de vídeo y TV. Así, el permanente reciclaje de personas en el uso de las novedades técnicas lleva, simplemente, a dejar a estas personas por fuera de lo que realmente pasa en el sistema. Lo que se presenta como motivado por un afán de bien público se constituye, en realidad, en la creación de las condiciones necesarias para aumentar el consumo.

- Estoy en parte de acuerdo contigo y en parte no. El correo electrónico, por ejemplo, insume mucho tiempo y obliga a una continua respuesta sin que ofrezca verdaderos beneficios; yo, en muchos casos, prefiero la carta tradicional al mail. Por otro lado, hay hechos que parecen formar parte de un proceso de evolución, como el hecho de que mis hijos consulten una enciclopedia electrónica en vez de varios tomos de papel. Sí, es problemática la adicción que los medios electrónicos generan en alguna gente. Pero básicamente se trata de una cuestión de marketing, que es la misma con cualquier producto, tanto con la tecnología de la comunicación como con los autos. El mercado produce un deseo para que el mercado continúe. No creo que sea cualitativamente diferente de otros fenómenos de mercado.

Algunas cosas cambiaron merced a la comunicación tecnológica, otras no. Como escuché decir a un joven periodista, cuyo padre también lo fue años atrás: lo esencial de su tarea es igual para él que para su padre. Sí, los medios electrónicos han tenido una incidencia radical en otros campos, como en la Bolsa de Valores. Esta es una incidencia negativa, porque la celeridad de la información hace más probable una crisis como la de 1929. En Estados Unidos hay una legislación para esto: cuando empiezan estas reacciones en cadena la Bolsa se detiene por un día. A mí me parece tan trivial decir que toda innovación tecnológica es horrible y peligrosa, como decir que todo está bien. Mi vida no ha cambiado radicalmente a consecuencia de las transformaciones tecnológicas: utilizo ahora mi computadora como antes usaba mi máquina eléctrica de escribir. Hay quienes, en medio de un conjunto de personas que andan de aquí para allá con su microcomputador, se sienten como el idiota del pueblo. Yo no, me siento con una actitud pasada de moda, como Platón en el siglo XXI.

- De Platón bien se podría ir a alguien que se ocupó de recuperar su modo de leer; de alguien que, hasta su reciente fallecimiento, además y en medio de la contemporánea crisis de la noción de verdad, ha sido una especie de isla, tal vez una esperanza de reconciliación con el saber, con la posibilidad de acceder al saber. De algo un poco menos incierto que constreñirse a las preguntas aporéticas. ¿Qué es Hans Georg Gadamer para Hans Ulrich Gumbrecht?

- Yo tengo una doble genealogía académica. La oficial me hace descender, académicamente, de Gadamer porque mi orientador, Hans Robert Jauss, fue alumno de Gadamer. Pero la otra genealogía se remonta a Husserl (dependiendo de quien fue mi profesor de Sociología, Thomas Luckmann); y yo, un poco por rebeldía, prefiero esta otra genealogía, no oficial. Mucha gente me dice que se me ve con un gesto fenomenológico en mi línea de argumentación.

En Constanza, donde me doctoré en el año 1971, mucha gente, incluso gente que personalmente me caía mucho mejor que mi orientador Jauss, teorizaba tanto y tanto sobre el hecho literario que se perdía el espacio para el encuentro primario con los textos. Hoy, en mis clases, más que proponer interpretaciones, trato de promover el encuentro del estudiante con la complejidad del saber, de alentar un acto de libertad en vez de una consagración de mi autoridad, continuamente evocada. En este sentido, soy no-hermenéutico, y no soy gadameriano.

Pero, en cierto modo, puede decirse que sí soy un gadameriano en segundo grado. Voy a explicar esto. Hace quince años, cuando estaba todavía en Alemania, un día invitamos a Gadamer a nuestra pequeña Universidad. ¡Me impresionó tanto en el trato personal! Entonces entendí por qué creyó tanto en el consenso. Es que él era tan charmant, tan encantador, que era imposible contradecirle. Su confianza en el consenso debió estar basada en su experiencia personal. Hasta su muerte, a los ciento dos años, desplegó una lucidez intelectual y un calor fascinantes.

Es interesante saber que el único gran libro que Gadamer jamás escribió, Verdad y Método, era una clase magistral que había dado durante muchos años y que, por propaganda oral, se había hecho famosa en Alemania. Muchos, muchos estudiantes asistieron a esta clase aunque Gadamer, ya a los sesenta años, no era aún un filósofo muy conocido; había publicado poco. Este libro es, pues, un conjunto de notas de una clase magistral.

Para mí lo más interesante de Gadamer es la incorporación de un tipo de filosofía como forma de vida. El diálogo, su tipo de diálogo como práctica vital es una producción constante de complejidad; cada consenso es solo el punto de partida para otro disenso, etc., etc. Este es un estilo con el que me gustaría muchísimo identificarme. Por eso dije "gadameriano de segundo grado". Lo que estamos haciendo, en este momento, este diálogo en el que ahora me siento tan a gusto que podría continuar por largo tiempo, es gadameriano. Veía a Gadamer una vez al año y hablábamos, hablábamos, hablábamos. Sinceramente, me encantaban esos coloquios, porque me gusta la posibilidad de plantear cosas imprevistas, de arriesgar soluciones provisorias para luego seguir la discusión. Esto, para mí, fue Gadamer. Me interesa la Hermenéutica, no tanto como subdisciplina filosófica que se ocupa de la interpretación de textos, sino la hermenéutica como una forma de vida.


* Ana María Rivera y Claudia González Costanzo son egresada y profesora, respectivamente, de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República, en Uruguay. La entrevista fue realizada durante el coloquio "Las comunicaciones en el siglo XXI" que tuvo lugar en la antesala de la Cámara de Representantes, donde el profesor Hans-Ulrich Gumbrecht fue el conferencista inaugural. Este texto fue publicado en Bitácora, el 15 de mayo de 2002, y compartido con Sala de Prensa por su editor.


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