Sala de Prensa

47
Septiembre 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Periodismo en El Salvador:
una fiscalización pendiente

Mario Alfredo Cantarero *

Resulta curioso cómo los medios de comunicación de masas, que son tan agresivos para examinar el desempeño del resto de los actores sociales y políticos, no lo son con ellos mismos, menos aún existen pautas para evaluar sus efectos más allá de asuntos circunstanciales. (Raúl Trejo Delarbre: 1995:8)

En los últimos años, como resultado de la apertura política posibilitada por los Acuerdo de Paz, los medios de comunicación social han estado dando muestras de un ejercicio más profesional y con mayores libertades políticas, especialmente la televisión y la prensa, a través de sus espacios de discusión o de sus suplementos dominicales, puestos que han sometido muchos temas de trascendencia nacional al debate público.

Con este hacer pública la información sobre lo que ocurre, lo que ha ocurrido o lo que ocurrirá, los medios de comunicación social, desde su labor específica, han estado ejerciendo presión social y política para que las instituciones de gobierno funcionen normalmente. Ejemplos de presión informativa han sido los casos de Katya Miranda, Los Casinos, la explosión del polvorín en un cuartel de la Fuerza Armada, la delincuencia dentro de la PNC, el espionaje telefónico, etc. De no haber circulado públicamente la información sobre estos temas, quizá los temas o los problemas nunca se hubieran asumido seriamente en las instituciones competentes.

Sin embargo, se manifiestan algunas informaciones cuyo contenido y enfoques llaman a la reflexión sobre el papel del periodismo en la sociedad, específicamente sobre los límites al derecho de informar y sobre quién debería fiscalizar a los medios de comunicación social, para que funcionen "como deben" en una democracia moderna.

Se considera importante el punto porque no puede ser que los periodistas por sí mismos se atribuyan facultades omnipotentes al decir cualquier cosa sobre cualquier persona o institución con el pretexto de la libertad de expresión, sin importarles que en varios casos se destroza la vida de personas inocentes, se atropella injustamente el trabajo o la imagen de alguna institución o se somete a psicosis colectiva a la población con imágenes amarillistas o espectacularizantes.

LA IMAGEN MEDIÁTICA, RECONOCIMIENTO SOCIAL

No considero a los medios de comunicación social como entidades omnipotentes, capaces de cambiar opiniones o comportamientos de las personas mecánica y unidereccionalmente; pero sí creo que actualmente los medios son parte constitutiva de la cultura y que son capaces de determinar los márgenes de discusión en la sociedad. Como dice Rodrigo Miquele Alsina, prestigioso académico catalán, los medios son capaces de imponer su agenda en el proceso de construcción social de la realidad (1989) Pero, ¡gracias a Dios!, no deciden cómo debemos pensar y actuar en la vida cotidiana.

En este margen de posibilidades de los medios, como fuentes para la construcción del ambiente público, disponen del poder necesario para favorecer el bien común y procurar el respeto de los derechos individuales y colectivos; además, pueden maniobrar discursivamente para estropear o dañar los derechos individuales y colectivos, en el espacio público.

Como he dicho en otras oportunidades, la imagen mediática, es decir, la representación que crean los medios en la sociedad es una viñeta imborrable. Ante los ciudadanos, el imputado aparecido en la televisión o en los periódicos no es "presuntamente ladrón", sino "ladrón al que hay que temerle porque de lo contrario los dejará sin cartera". Por esta característica imperante de la imagen de los medios, con la disculpa o el perdón no se puede resarcir el daño. Queda una mancha social imborrable.

Pero también, la imagen que crean los medios de comunicación social puede beneficiar a los sujetos o instituciones sociales. En este sentido, la información de los medios puede promoverlo al estrellato o lanzarlo para que se estrelle.

Por esta razón mediática, los actores sociales o políticos piensan sus acciones desde la comunicación pública; más que pensarlas desde el punto de vista de la pertinencia y beneficio para la nación. Ver su información en el espacio público es sinónimo de éxito de sus actividades.

ENTRE PRIORIDADES, LO PRIMERO ES COMERCIAR

En la actualidad a los medios de comunicación colectiva se les reconoce, además de las de entretener, informar y orientar, otras tres funciones claves en la sociedad posmoderna: la de comerciar, la de fiscalizar y la de arbitrar socialmente. Indudablemente, en el país, la función de comerciar también es la que determina en primera y última instancia a los medios de comunicación social.

El negocio en las comunicaciones es clave en la medida que se constituye en el sustento de las empresas y el que posibilita la independencia comunicativa. Un medio de comunicación cuya función comercial ande mal tiene pocas posibilidades de subsistir en la competencia comunicacional. Los medios subsidiados tienen menos oportunidades de independencia profesional. En ambos casos, se cierran los espacios que permitan ofrecer productos comunicacionales, pertinentes cultural, moral y técnicamente hablando.

En el caso contrario, los medios que abusan del componente comercial, cometen el pecado de inutilizar las otras posibilidades o de subyugar la información, la orientación, la fiscalización o el arbitraje social. Esta degeneración lleva al amarillismo informativo, al desequilibrio en el contenido redaccional y publicitario, al amarre de la información a los intereses mercantilistas de algunos anunciantes.

EMPUJANDO A LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS

La función de fiscalizar, en sociedades como la nuestra, se torna imprescindible, en la medida que sirven para diagnosticar permanentemente el funcionamiento de las instituciones públicas, con la finalidad de posibilitar de que trabajen adecuadamente en pro de la instauración de la democracia. Se trata de aquella información a través de la cual los medios de comunicación social dan cuenta del funcionamiento y la gestión social de las instituciones del Estado. Por ejemplo: manejo de los fondos públicos, el servicio médico hospitalario del ISSS, la emisión fraudulenta de títulos en algunas universidades privadas o estatales, aprobación de leyes en la asamblea legislativa, los cuestionables servicio en todas las instituciones del gobierno. Etc.

En esta dirección es loable el trabajo de muchos medios, especialmente en el área de prensa y televisión, con la fiscalización mediática en los sonados casos: FINSEPRO e INSEPRO, Katya Miranda, casinos, espionaje telefónico y otros. Tal ha sido el beneficio proveído que, sin la intervención de los medios informativos, las instituciones responsables de solucionar los problemas no hubiesen actuado como lo han hecho en cada uno de ellos.

PROVEEDORES DE INFORMACIÓN O ÁRBITROS PÚBLICOS

Además, los medios han estado actuando como intermediarios entre los sectores sociales como proveedores de información. Significa que la información se constituye como en un espacio donde los actores sociales o políticos se informan, dialogan, discuten, actúan, modelan y se promueven políticamente. Sobre esto es frecuente oír de los funcionarios públicos: "yo no lo sabía; me he dado cuenta a través de los medios..."

Asimismo, las instituciones privadas o públicas obtienen de ellos la referencia sobre lo que ocurre no sólo en su entorno social sino en su propio ámbito de acción, a partir de la cual pueden pulsar la calidad el servicio que están ofreciendo, diagnosticar los problemas de su competencia para luego ofrecer soluciones o alternativas viables, etc. Un caso ejemplar fue lo del estallido del polvorín en un cuartel de San Salvador: mucha de la información que situó a la Fuerza Armada y a todo el gobierno provenía de la información periodística. Del buen ejercicio del arbitraje social de los medios de comunicación social se benefician todos los sujetos que tienen que ver con los problemas del país. Sin embargo, como todas las esferas de la vida cotidiana, el trabajo periodístico es una actividad humana, en la que se pueden cometer errores, que pueden ser benéficos o nefastos para los sujetos o las instituciones sociales.

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA, ABANICO DE POSIBILIDADES SOCIALES

Como hemos señalado anteriormente, la imagen que difunden los medios de comunicación se constituye en un reconocimiento social, que en el espacio público tiene dos posibilidades favorecer el bien común o atentar contra los derechos individuales o colectivos; que su prioridad no es necesariamente informar a la población para servirla sino comerciar como cualquier negocio; que tiene suficiente poder público en su función social de fiscalización para empujar a las instituciones públicas en el cumplimiento de su función constitucional; y que, modernamente, se han convertido en una suerte de proveedores de información en la sociedad, con lo que se han constituido en el espacio predilecto del debate político o el soporte de datos necesarios para que dichas instituciones diagnostiquen y actúen socialmente.

En ese abanico de posibilidades sociales que tienen los medios de comunicación social a través de la información periodística, en unos casos pueden actuar responsablemente a favor de los intereses comunes de la sociedad, como cuando se presiona políticamente para ejercer, agilizar y procurar justicia, por ejemplo en la cobertura de la niña Katya Miranda; en otros, por su propia naturaleza, pueden actuar irresponsablemente en contra de intereses colectivos y en beneficio de pocos, como cuando se acusa, se culpa y se condena a los sujetos, a las instituciones o a sectores sociales, por ejemplo, en la cobertura del movimiento social de los médicos, a los cuales se los responsabilizó subrepticia o abiertamente como los malos de la película sobre la crisis del sistema de salud en el país, o de las muertes que ocurrieran durante la duración del movimiento laboral.

Por sobre estas posibilidades de la información periodística, es necesario aclarar teóricamente y situarlas en su justa dimensión en el debate público, de tal forma que, si es necesario normar el ejercicio informativo, particularmente creo que es una necesidad, se lo haga considerando la complejidad del asunto y se beneficie a todos los involucrados y a la sociedad en su conjunto.

LEY DE LA SELVA PERIODÍSTICA, UN QUEBRANTO SOCIAL

Algunos reporteros, bastantes editores y muchos propietarios de medios creen, como fieles devotos de la tesis de la SIP, que "la mejor ley que existe para regular el ejercicio periodístico, es ninguna ley..." Al revisar todos los factores que configuran la práctica periodística en este país, esta postura no se sostiene teóricamente por las siguientes razones:

  • Se trata de un planteamiento falaz. Cuando en lógica se niega algo se afirma en tanto que se trata de negar algo que existe o se supone que existe: "La mejor ley es la que no existe" es porque "existe" o "posiblemente existe". Más parece que con esta tesis se está tratando de negar una realidad por conveniencia comercial o política. Podría ser también por desconocimiento del tema.
  • Se niega un derecho humano fundamental. Implícitamente se propugna por un argumento bastante grotesco en tiempos de pos-modernidad: la ley de la selva. En la sociedad actual se tiende y se pretende actuar conforme a derecho. Tratándose de una actividad humana, con enormes responsabilidades sociales y políticas en una sociedad dominada por la información, la práctica periodística no puede estar exenta de las normativas legales. Incluso en la selva se respeta una normativa.
  • Se trata de una postura parcializada. De entre los sujetos que participan en el proceso informativo (las fuentes, los medios, los periodistas y los usuarios), en este planteamiento se privilegia la visión de los empresarios de los medios, quienes, aún cuando son un importante sujeto en el proceso de comunicación, no pueden tener toda la potestad de juzgar a quienes quieran porque sí, apriorísticamente, sin posibilitarles a los imputados mediáticos el derecho de defensa o el de presunción de inocencia.
  • Se irrespeta a los derechos universales. Todos los salvadoreños, cualquiera que sea su condición social, su posición política o su situación jurídica, constitucionalmente tienen el derecho a que se los presuma inocentes hasta que se les demuestre lo contrario. Por otra, cada uno de nosotros tiene el derecho universal a que se nos informe profesionalmente con apego a la verdad y de acuerdo con las necesidades informativas de toda la población; no sólo a las necesidades de los empresarios de la información.

CAMBIO DE CINTA: DEL LIBRE EJERCICIO A LA INFORMACIÓN VERAZ

Cuando empresarios de los medios de comunicación o los periodistas hablan sobre el tema de "la libertad de prensa" o de "la libertad de expresión", tratan de entender a toda costa que el ejercicio libre del periodismo está marcado, en los fundamental, por la presencia de restricciones y limitaciones a los periodistas y a las empresas.

Se ha entendido durante mucho tiempo que la actividad periodística es unidireccional, pues la empresa encarga a los periodistas la búsqueda y recolección de las noticias, con el propósito de trasladársela al público receptor.

En este sentido, las empresas, más que los periodistas, han decido qué se difunde, cómo se difunde, dónde se difunde y cuándo se difunde. Los criterios de esas decisiones no devienen del reconocimiento de las necesidades informativas del receptor, sino en función de vender más ejemplares o captar más públicos. Como consecuencia de estos criterios, los medios en su tratamiento informativo diario se han centrado en el escándalo –político, económico y social-, o en pasiones del ser humano. Con base a esto, se puede afirmar que el periodismo actual, con especial en el salvadoreño, vive en su lógica cotidiana del espectáculo, de la calamidad y de la desgracia de las personas y de la sociedad en general.

En esta perspectiva, José María Casasús (1992:42-43) reflexiona sobre la creciente desvinculación del trabajo de los periodistas con respecto a las necesidades de los receptores y respecto a las cuestiones que afectan a su cotidianidad. Se trata esto de los llamados "eventos periodísticos", cuya relevancia procede de haber sido construidos como relevantes por el propio discurso periodístico, como ocurrió la información sobre la Guerra del Golfo, en enero de 1991, en la cual se simuló o se virtualizó el discurso noticioso, modelado por las ficciones audiovisuales.

Otro ejemplo de la creación de realidades ficticias, desvinculadas de lo cotidiano, es la cobertura el Fin del Milenio y el inicio anticipado del siglo XXI. Sin ser cierto, orquestaron y reiteraron en sendos espacios y tiempos el espectacular hecho histórico del cierre de milenio y del inicio de otro decenio.

Se ha llegado al extremo que los medios informativos crean sus propias noticias. Se trata de la contratación directa de sus propias encuestas de preferencias electorales. Los periódicos con mayor tiraje y los telenoticieros con mayor cobertura patrocinaron en las últimas dos elecciones sondeos de opinión electoral, que a todas luces se trataba de una intromisión parcializada en el proceso político.

Se cree que los usuarios de la información (televidentes, radioescuchas, lectores) pasivamente tienen la obligación de exponerse a cualesquiera de esos temas y con cualquier enfoque según cualquier idea que se les ocurra a los empresarios o a los periodistas, o, en primera instancia, de las genialidades de los publicistas y los anunciantes.

En el país algunos sectores involucrados ( gremios o grupos de periodistas, defensores de los derechos humanos, asociaciones de empresarios de medios) no comprenden que el ejercicio profesional del periodismo conlleva en su esencia garantizar al público receptor el derecho de estar debidamente informado.

El problema de las restricciones y las limitaciones al ejercicio periodístico, es un problema que le incumbe al receptor de la información periodística, en tanto que pueden constituirse en obstáculo para que esa información sea veraz, precisa y libre.

Además de que la información sea veraz, satisfaga el interés general y no viole el ejercicio de otros derechos humanos fundamentales, tales como la vida privada, el honor, la reputación, la imagen y el principio de presunción de inocencia.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, plantear la información como derecho de recibir información periodística en forma veraz, conlleva limitar el poder de las empresas y exigir que la información no sea manipulada, distorsionada y ocultada.

LAS PRESIONES CONTRA LA INFORMACIÓN VERAZ

Hemos establecido que el problema del ejercicio informativo no sólo debe plantearse como asunto de restricciones y limitaciones desde la perspectiva de los empresarios de las comunicaciones, o desde el enfoque de periodistas "ofensivos" de instituciones políticas y sociales, sino a partir de una concepción que implica a los demás sujetos involucrados en el proceso informativo. Nos referimos a las fuentes, a los periodistas, a los propietarios de los medios y a los usuarios de la información. Verlo desde otra perspectiva es limitar la realidad del periodismo. En este sentido, la discusión debe pasar del "cacareado" libre ejercicio del periodismo al tema de la información veraz.

En nuestro país la información no acaba de ser del todo profesional, precisamente por las exacerbadas ataduras, condicionamientos o presiones exógenos que ejercen una serie de sectores sobre el contenido noticioso de los medios de difusión. Esta situación invita a reflexionar sobre qué hacer para atenuarlas en beneficio del desarrollo de la profesión y de los usuarios de la información periodística. Entre otras, se encuentran las siguientes presiones fundamentales:

La "Cherocracia" política

Todavía privan las estructuras de poder de manera directa y sustancial por medio del sistema tejido de "compadrazgos" partidarios, sectoriales o personales sobre el compromiso de servir a la población con noticias rigurosas. Refiriéndose al periodismo de investigación en El Salvador, Mario Ernesto Morales y otros( 1999:91) recogen el testimonio de varios periodistas en el que se patentiza la determinación de "los compadrazgos" sobre el ejercicio periodístico: "cuando se realiza una investigación, en la que se implica a sectores afines al medio de comunicación, se cancela de inmediato". Incluso se percibe en los periodistas "mecanismos de defensas" o "estrategias" -para usar el término utilizado por Gaye Tuchman (julio de 2000), prestigiosa investigadora de fenómenos periodístico-, con los cuales actúan rutinariamente para evitarse complicaciones con "esas amistades de los jefes o de los dueños de los medios", como dice un reconocido periodista del medio escrito. Saben entonces sobre quién no hablar en contra, sobre quiénes elogiar y a quiénes desprestigiar para coexistir en este ambiente de "compadres". Esto es nocivo para la democracia y para la veracidad de la información que se trabaja diariamente.

"Fuerzas económicas"

Los medios de comunicación social están determinados por los rasgos distintivos del funcionamiento del mercado de las comunicaciones en nuestro país: existen enormes presiones precisamente debido a la orientación exageradamente "mercantilista" de algunos medios de comunicación masiva. Esta característica resulta de la limitada concepción del mercado de la información periodística, que reduce el contenido del medio de comunicación a los tópicos publicitarios de modo indiscriminado, y margina, consecuentemente, a la función informativa a un plano de "segunda categoría".

En primera y en última instancia, la razón económica es la que posibilita los "compadrazgos políticos" y determina las rutinas informativas. Para convivir con esta razón "omnipotente", los periodistas han aprendido a "cundundiar" diariamente a las empresas o a los políticos que más invierten publicitariamente en el medio, es decir, hacen de los actos publicitarios de grandes empresas "hechos noticiables". Las empresas o los políticos esperan que los periodistas los "cundundeen". Contradecir esta regla en el país significa "un suicidio" para el medio o un "fracaso para la carrera profesional" de cualquier periodista. Coexistir con ella, una actitud de inteligencia para sobrevivir en el ambiente, o "andar en la jugada", como dicen los periodistas más experimentados.. Asumirla a plenitud como buen guerrero, una de las mejores razones existenciales "para dejar de ser maceta" y "alzar vuelo" a la condición humana de la comodidad, como dicen los periodistas que fueron entrevistados.

LAS "IRRESPONSABILIDADES" EN LA COCINA DE LAS SALAS DE REDACCIÓN

Hablando de ataduras también las hay endógenas, aquellas que se cuecen en la cocina de las rutinas productivas de las salas de redacción, devenidas de criterios que pueden fundamentarse en la falta de formación profesional, en la amistad, en la costumbre, en la experiencia vital de saberse "guardar las espaldas" en la estructura organizativa al interior del medio y de otras "prácticas cuestionadas", las cuales van perdiendo vigencia, por "seductoras" que parezcan en esta profesión generalmente tan mal remunerada. Se trata de las siguientes:

  • Acusaciones porque sí. Amparándose en la "objetividad", en la "neutralidad", en varias ocasiones se les da cobertura a "hechos", en los que se culpa a personalidades o a instituciones, porque a los "conferencistas convocantes" -de "esos poquitos pero bullistos" que andan por allí-, se les ocurre "acusar a medio mundo" de no pensar o de no hacer las cosas como ellos. Los medios difunden esas declaraciones, sin disponer de los datos que las consoliden. Sin duda, estos tienen intereses políticos o personales, a partir de los cuales acusan, muchas veces, sin tener pruebas contundentes. Sin contrastación o verificación se publican las declaraciones, por supuesto con los entrecomillados correspondientes. Aun cuando tradicionalmente en la práctica periodística se ha justificado esta forma de producir la noticia argumentando que es responsabilidad de las fuentes. Me parece que sólo entrecomillar las declaraciones no es la evidencia probatoria de sus noticias. De cara al "reconocimiento social" de la imagen que difunden los medios y al principio constitucional de "presunción de inocencia", esta costumbre profesional es atentatoria contra los procesos legales establecidos en las leyes penales de la República, y violadores de los derechos humanos fundamentales.
  • Débiles evidencias probatorias. Hay noticias que no presentan las evidencias complementarias para sostener un "hecho" noticiable. En muchas ocasiones, se le da vuelo a cualquier "rumor" o "chambre" que se diga de parte de esos prominentes sujetos públicos que aparecen todos los días en los medios como "expertos de todos los temas habidos y por haber". ¿Qué ha pasado con las personas que fueron imputadas, procesadas, encontradas inocentes y liberadas, sobre cuyos casos los medios difundieron públicamente sus imágenes e identidades? ¿Quién resarce su honorabilidad mellada por aquellas noticias difundidas? ¿Tienen derecho los medios a divulgar indiscriminadamente cualquier información? ¿Quién debe normar el ejercicio profesional para no caer en esa suerte de irresponsabilidad legal?
  • Abuso de las "prominencias". Sin que muchas "organizaciones de la sociedad civil" representen a la sociedad civil, los medios informativos les ofrecen demasiada representatividad política, como ocurre con algunos gremios de medio ambientalistas, de defensores de los derechos humanos, de los consumidores, etc. Así los espacios informativos o de opinión se constituyen, como dicen algunos periodistas entrevistados, en "Ruedas de caballitos". Es común encontrar noticias difundidas que no presentan las opciones de verdad en conflicto, sino que solamente publican las versiones de los "todólogos" especialistas de la realidad nacional. Parece ser que las nociones de "prominencia de las fuentes informativas personales" imperantes entre los periodistas en las salas de redacción se limitan a dos condiciones que deben cumplir las personas proveedoras de datos sobre determinados acontecimientos noticiables: 1) que las apadrine una institución de siglas conocidas; mientras más "famosas", mejor; y 2) que tenga la capacidad de organizar financiera y comunicacionalmente la convocatoria. Las excepciones a estas nociones se ubican en el lindero del espectáculo o del accidente espectacular. "Los desconocidos", "los no apadrinados" y "los que no convocan a conferencia de prensa" no existen ni pueden existir como sujetos noticiables.
  • Descontextualizaciones. Por desconocimiento técnico en el manejo del discurso de las fuentes o muchas veces por mala fe o por encomienda, las declaraciones de la fuente se sacan de las circunstancias sociales donde se emitieron, con lo cual se le crean sentidos diferentes a los datos ofrecidos por los sujetos entrevistados.
  • Creación de ficciones. Por el tradicional criterio periodístico de que la muerte y el espectáculo venden periódicos y, en consecuencia, publicidad, en muchos casos se "crean las noticias" o se "espectacularizan hechos", como son: Los patrocinios de reiteradas encuestas en épocas de elecciones y la "deificación" de la selección nacional de fútbol en las eliminatorias mundialistas,"las noticias de los movimientos tectónicos". Sin duda, "la virtualización" de la realidad atenta contra el desarrollo de la historia de una manera "irresponsable".
  • Marginación de los públicos en los hechos importantes. Rara vez se consulta la opinión o la declaración de los sectores sociales en general o de los involucrados en especial sobre temas de trascendencia nacional, en los cuales todos están involucrados, como ocurre con los casinos, el funcionamiento del PARLACEN, los aumentos de salarios de los diputados, el funcionamiento de la "Promocionada Reforma Educativa", la seguridad ciudadana, el sistema de salud, etc.

DUROS CON LOS DEMÁS, BLANDOS INTERNAMENTE

Tanto por presiones externas y ataduras internas en el propio proceso de producción de la noticia, los periodistas cometen una serie de "acciones irresponsables", que de no superarlas en la práctica cotidiana parecería que se acepta que los medios de comunicación están por encima de la sociedad y de cualquier entrega de cuentas.

Es de reconocer que en muchos casos los medios han asumido posiciones críticas, reflexivas y, varias veces, inquisidoras sobre acontecimientos importantes en este país. En esta dirección, me parece muy responsable la posición del Diario de Hoy, al que se le han sumado otros, sobre "el despilfarro de los dineros de todos los contribuyentes en salarios injustificados a "cuestionados asesores técnicos" de algunos diputados. Posturas sin las cuales la población no se hubiera dado cuenta de los usos que están haciendo de su dinero, ni políticamente no se estuvieran actuando sobre ellos.

Sin embargo, generalmente los medios de comunicación no son autocríticos. Al respecto, Raúl Trejo Delarbre (1995:8) dice: "Resulta curioso cómo los medios de comunicación de masas, que son tan agresivos para examinar el desempeño del resto de los actores sociales y políticos, no lo son con ellos mismos, menos aún existen pautas para evaluar sus efectos más allá de asuntos circunstanciales."

RESPONSABILIDAD, COMPROMISO ESENCIAL

La libertad de información como derecho fundamental estará mejor garantizada si los trabajadores de los medios "se esfuerzan por tener el más alto sentido de responsabilidad, y se hallan profundamente compenetrados en las obligaciones morales, de ser verídico y de buscar la verdad en el relato, en la explicación y en la interpretación de los hechos" (Código de la comisión de Derechos Humanos de la ONU)

Sumariamente, dicho código contempla cinco artículos: Primer artículo: establece que el personal de prensa y de información debe hacer "todo lo que esté a su alance por asegurarse de que la información que reciba el público sea exacta en cuanto a los hechos" y debe comprobar sus fuentes.

Segundo artículo: considera como no compatibles con una conducta profesional la "búsqueda de ventajas personales y la promoción de intereses privados contrarios al bienestar general", condena como delitos profesionales la calumnia, la difamación, el libelo deliberado, las acusaciones infundadas y el plagio. "Toda información publicada que resulta ser perjudicialmente inexacta debe ser rectificada en forma espontánea e inmediata", los rumores y noticias no confirmados deben ser indicados y tratados como tales.

El tercer artículo: sugiere que sólo sean asignadas por el personal de prensa e información, tareas compatibles con la integridad y dignidad de la profesión y quienes publiquen una información, asuman completa responsabilidad por ella, a menos que en su momento la hayan rechazado explícitamente.

Esa identificación entre libertad de información y responsabilidad de los informadores, se llevará a cabo cuando se busquen garantía para la primera, o cuando se discutan obligaciones de los segundos.

No basta con penalizar los abusos en su funcionamiento o el diseño y transmisión de los mensajes que ofrecen. Debe reconocerse la importancia de los medios y de quienes trabajan en ellos.. Si se reconoce que se han cometido errores profesionales, que han afectado a personas de carne y hueso, a instituciones públicas y a los usuarios de la noticia, debe asumirse con responsabilidad el compromiso de superar las dificultades, no dándose golpes de pecho sino superándolas con las acciones pertinentes y duraderas.

RESPETO POR LA VERDAD: RECONOCIMIENTO Y COMPROMISO

Como partes constitutivas y esenciales de las sociedades modernas, los medios de comunicación social no pueden concebirse como una suerte de "Semidioses" omnipotentes. Deben de regirse y estar regidos por las leyes establecidas y por las normas de la connivencia humana.

Pero no se trata de revivir el viejo debate sobre si es pertinente o no la censura, el control legal o el libertinaje ( "que la mejor ley es la que no existe". Se propone ver el asunto en una perspectiva más realista y menos utópica o romántica.

Según el Código de la comisión de Derechos Humanos de la ONU, formulado en 1952, por un grupo de intelectuales especialistas en la materia, la libertad de información como derecho fundamental estará mejor garantizada si los trabajadores de los medios "se esfuerzan por tener el más alto sentido de responsabilidad, y se hallan profundamente compenetrados en las obligaciones morales, de ser verídico y de buscar la verdad en el relato, en la explicación y en la interpretación de los hechos"

Siguiendo el tenor del articulado de este código, los periodistas deben reconocer y asumir en la práctica los siguientes compromisos:

  • Elaborar y difundir noticias exactas. Deben hacer "todo lo que esté a su alance por asegurarse de que la información que reciba el público sea exacta en cuanto a los hechos", "deben comprobar sus fuentes" y contar con la prueba material del hecho.
  • Separar los intereses personales. Una conducta profesional no es compatible con la "búsqueda de ventajas personales y la promoción de intereses privados contrarios al bienestar general",
  • Evitar los delitos profesionales. Por respeto a las leyes penales y a la honorabilidad de las personas, se debe evitar la calumnia, la difamación, el libelo deliberado y las acusaciones infundadas. Esta corrección debe hacerse tanto en el ámbito superficial como en el profundo.
  • Reconocer y rectificar los errores. "Toda información publicada que resulta ser perjudicialmente inexacta debe ser rectificada en forma espontánea e inmediata". Aunque en el país existe legalmente el derecho de respuesta, en la práctica los medios se hacen del "ojo pacho". Debe ser un compromiso profesional hacer público la expresión del derecho a respuesta como las disculpas por la información difundida con imprecisiones.
  • Nombrar correctamente el tipo de información dudosa. Los rumores y noticias no confirmados deben ser indicados y tratados como tales. Como he dicho ya, no basta, en una actitud Pilatos, con citar indiscriminadamente los famosos complementos adverbiales "según fuentes cercanas a la institución X..." o "según fuentes anónimas...", sino denominar adecuadamente la calidad de la información y la identidad de la fuente informativa, según la disponibilidad de datos probatorios y de las circunstancias de seguridad para la fuente.

CONCILIACIÓN ENTRE LIBERTAD Y REPONSABILIDAD INFORMATIVAS

Como dice Delarbre, "esa identificación entre libertad de información y responsabilidad de los informadores, se llevará a cabo cuando se busquen garantía para la primera, o cuando se discutan obligaciones de los segundos".

Cuando se aborda el tema de cómo garantizar la responsabilidad de los informadores, surge la no tan genial sugerencia "deben penalizar los abusos en el funcionamiento de los medios", para que "no se salgan del carril", y que deben establecerse controles férreos sobre el diseño y la transmisión de mensajes periodísticos, especialmente de los que son "amarillistas" como los publicados por CUATRO VISIÓN. La instancia que debe controlar esto es Unidad del Espectáculo Público, del Ministerio del Interior.

Desde una perspectiva más seria y responsable, se puede afirmar que no basta con penalizar los abusos en el ejercicio periodístico con censuras estatales al estilo de la GESTAPO o de la KGB, propio de regímenes tiránicos. Esta afirmación lleva a otra pregunta: ¿Cómo hacer entonces para conciliar el libre ejercicio del periodismo con la responsabilidad de informar exactamente sobre los hechos, según las necesidades de los usuarios de la noticia, con respeto a las leyes penales y a la dignidad humana?

Sin pretender agotar el tema, someto a consideración las siguientes acciones estratégicas:

  • El reconocimiento del enorme compromiso social del periodismo. Los propietarios y los periodistas deben reconocer que los medios informativos tienen una importancia en el desarrollo del país, en la cultura y en la convivencia social. Esto supone admitir que se han cometido errores profesionales en el ejercicio de la labor informativa, que han afectado a personas de "carne y hueso", a instituciones públicas y a los usuarios de la noticia. Con base al reconocimiento, debe asumirse con responsabilidad el compromiso de superar las dificultades, no dándose golpes de pecho en rezos públicos, sino superándolas con las acciones pertinentes y duraderas.
  • El otorgamiento de las condiciones básicas para el ejercicio. Internacionalmente hay consenso, "del diente al labio", que deben facilitarse las condiciones necesarias para garantizar la libertad de información. En el terreno de los hechos concretos no hay un acuerdo generalizado en el cómo posibilitar esas circunstancias favorables, para que los periodistas puedan ejercer sin las restricciones y limitaciones actuales su labor de trasladar la noticia veraz al público usuario.

No hay visos cercanos de querer discutir el asunto, porque ofrecer esas condiciones básicas implica por lo menos: 1) Que los empresarios de los medios deberán reconocer la importancia social de la profesión con un salario adecuado al costo de la vida en El Salvador; 2) Que los políticos deberán asumir realmente que los periodistas deben ser profesionales independientes que tienen derecho a acceder a los datos relativos al manejo de la cosa pública; 3) Que, como parte garante de las dos anteriores, legalmente debe consignarse la libertad de información y la profesionalización de los informadores en la Carta Magna.

Hemos dicho que la manera de conciliar el libre ejercicio del periodismo con la responsabilidad de informar exactamente sobre los hechos debe ser conforme al derecho, respetando la dignidad humana y dando respuesta a las necesidades de información de los usuarios de la noticia. Asimismo, que supone (re)conocer el deber social del periodismo y otorgarle las condiciones básicas en el orden socioeconómico a los periodistas para que desempeñen sus funciones profesionales dignamente.

Además, para posibilitar esa conciliación, el gremio de periodistas debe pensar y ejecutar otras acciones de tipo estratégico como la asunción de reglas de garantía jurídicas y sociales, es decir, la promoción de una reforma constitucional referida al derecho de información y al establecimiento de la figura de un procurador de los derechos del usuario de la información.

COMPROMISO PROFESIONAL, UN DEBER DE TODOS

Se trata de contar con pautas que permitan un desempeño profesional orientado por normas consensuadas por todas las organizaciones de periodistas existentes y asumidas individualmente por todos o la mayoría de los periodistas, asociados o no. De no ser así, cualquier "intento" por desarrollar profesionalmente el periodismo en el país "caerá en saco roto" o, como diría Don Marquis, "... tirar un pétalo al Gran Cañón y esperar a que suene el eco".

En esa dirección, conviene optar por una normativa profesional, cuyas reglas no sólo "cacareen" el libre ejercicio del periodismo o el etéreo "deber ser", sino que se comprometa a respetar las leyes, los principios penales y los derechos humanos. Esto debe estar contemplado en un código deontológico moderno, en el que se contemple el respeto al ser humano, al principio de inocencia y a la sostenibilidad de naturaleza, y que promueva los derechos individuales y colectivos, el bien común, la cultura, los principios democráticos, desde una perspectiva salvadoreña y desde una enfoque de nación.

No conviene al país, desde ningún punto de vista, seguir con el pleito inútil entre los discursos de "oposición" y de la "burguesía", de "cultura hegemónica" y "cultura popular", de "periodismo revolucionario" y "periodismo burgués", porque es una discusión estéril que nada aportó en la época de contención política, ni aportará al entendimiento crítico de la realidad del periodismo en estos momentos de distensión. Tampoco ha beneficiado a los trabajadores de la información que, dicho sea de paso, siguen con su angustia existencial diaria del "salario que no alcanza" y de "la inseguridad laboral en los trabajos".

El poder de una profesión en un Estado _su dignidad, su responsabilidad y su legitimidad sociales_ no se alcanza con discursos "ideologizados", sino con la capacidad de entender y orientar su trabajo en un terreno democrático. De lo que se trata es de competir a través de las ideas y de la inclusión, no de las demagogias prometéicas y exclusionistas. Su esfuerzo debe encaminarse a "examinar el poder y superarlo, de instigar, empujar y también de proponer creativamente, tiene que ser tan impertinente con el poder como consigo mismo", como dice Todd Gitlin refiriéndose al paradigma de la crítica social (CIC, No.3, julio de 2000)

Esto supone políticamente superar la debilidad y la fragmentación actuales del gremio, profesionalizarse en términos cualitativos, encontrar su identidad social honesta y sin prepotencias y vivezas mezquinas, negociar pragmáticamente y establecer alianzas con otros actores sociales relacionados con la información y crear propuestas viables de políticas formativas para los colegas, informativas para los medios y culturales para una nación hambrienta de propuestas, en beneficio de toda la nación y con respeto de los derechos ajenos.

CIMIENTOS DE UN ESTILO PERIODÍSTICO VIGOROSO

En este nuevo milenio, me supongo que los medios de comunicación salvadoreños cuentan con un libro de estilo bien definido (expresión de la política informativa y concreción de una manera de pensar y de decir adecuadamente lo que pasa en la sociedad salvadoreña. Sin embargo, con toda modestia y respeto me permito sugerir los siguientes ejes de contenido de la reglamentación profesional del trabajo periodístico:

  1. La determinación de los hechos que se abordarán: previsibles y no previsibles, históricos y de actualidad, finitos y de seguimiento, enfoques, dimensiones y otros.
  2. Definición de lenguajes con que se designarán los hechos, en los que se establezcan las normas básicas en el uso de términos referidos a la geografía, a la traslación o transliteración de lenguas extranjeras, la designación de fuentes y otros.
  3. Contrastación de fuentes informativas y establecimiento de políticas de democracia informativa, para superar las "ruedas de caballitos", que muchas veces no responden a los intereses informativos del público sino que son convenientes a los intereses de determinados grupos de poder.
  4. Disposición del material probatorio para poder difundir informaciones delicadas jurídica, política, moral y socialmente.
  5. Diferenciación entre intereses personales, institucionales y periodísticos dentro de una noticia de modo manifiesto o velado para evitar los compadrazgos políticos o económicos entre medios y/o periodistas y sectores sociales o políticos.
  6. Identificación de valores noticiables más apegados a la dimensión cívica de la información -como la seguridad social, la memoria histórica, la identidad cultural, la necesidad de orientación social o educativa, la educación sexual, los servicios básicos, la democracia participativa, los derechos humanos, la solidaridad, la historia mediata y otros- y menos a la dimensión exageradamente comercial y espectacular de la noticia, como los chambres políticos, la sangre corriendo por los arriates, el despedazado brutalmente o el accidentado espectacular. En todo caso habría que equilibrar.
  7. Establecimiento de la independencia profesional de las salas de redacción, en el sentido de posibilitar toda la libertad y las condiciones de trabajo necesarias para la elaboración técnica de la información de acuerdo con las necesidades informativas. Esto evitaría las posibilidades de corrupción y de conflicto de intereses.

CORRECCIÓN CONSTITUCIONAL EN FAVOR DE LA INFORMACIÓN

Si no hay una norma constitucional que asegure específicamente la libertad de informar y de ser informado exactamente, en este país no se podrá hablar de otras perspectivas profesionales que garanticen otras acciones en favor del desarrollo del ejercicio periodístico honesto y profesional.

La Constitución Política debe reformarse, para ubicarla en el concierto de las sociedades modernamente democráticas, de tal manera que ese "ambiguo" y "confuso" artículo 6 sea superado por otro u otros jurídicamente más precisos, en los que se reconozca el libre acceso a las fuentes informativas, la profesionalidad del empleo, el respeto a los derechos constitucionales por parte de los periodistas y la garantía socioeconómica de los mismos.

Como se ha establecido en su oportunidad, actualmente la legislación salvadoreña adolece de vacíos, imprecisiones y de ambigüedades con relación a la información periodística. Por ejemplo, el artículo 6 de la Constitución se refiere sólo a la libertad de expresión, término amplísimo que no puede ni debe confundirse con el libre ejercicio periodístico; es más el mismo artículo está redactado en un estilo cantinflesco del "Sí, pero no". Lo que se contempla en la normativa penal existente, más que posibilitar la información exacta y profesional, es un retraso para un trabajo profesional, que, por la excesiva discrecionalidad otorgada al juez, en casos "extremadamente etéreos de seguridad nacional", puede llevarlo a cometer arbitrariedades en contra del periodista y del derecho ciudadano a estar debidamente informado.

Solamente con una ley fuerte, precisa y específica de la profesión, que posibilite y facilite el libre ejercicio periodístico y la elaboración de una información veraz, se puede generar un periodismo más profesional y responsable. Con ambigüedades jurídicas no hay posibilidad de nada en favor del gremio de periodistas y de los usuarios de la información.

PRCURADOR DE LOS DERECHOS DE LA INFORMACIÓN

Se trata de una figura jurídica y concreta que proteja los intereses del usuario de la noticia, con el propósito de garantizar una información exacta y respetuosa de las necesidades informativas de la población y de los derechos de la fuente de información. En estos momentos, todos los usuarios de la información noticiosa no tenemos ninguna posibilidad y el espacio de reclamar a los medios por nuestros derechos. Sin ningún contrapeso en el proceso informativo, los usuarios de la información periodística no podemos solicitar o demandar informaciones diarias de acuerdo a nuestras necesidades, no podemos reclamar para que por lo menos haya disculpas públicas por los errores en el manejo de datos o por el tratamiento de los temas.

Completamente, los medios informativos deciden, a partir de una suerte de "sabiduría periodística" o de "olfato propio", como suelen llamarle, qué debemos consumir en las noticias. Las cartas al director o los espacios para que la comunidad opine, y en raros casos los sondeos de opinión, están bien como posibilidades válidas; pero deben crearse otros espacios más constantes y más seguros donde se esté fiscalizando social y profesionalmente a los medios informativos.

Así como existe en el país un procurador de los Derechos Humanos que, supuestamente, defiende los derechos de los salvadoreños frente a los abusos de poder del Estado, debe incorporarse una procuración de los derechos de los usuarios y de las fuentes informativas frente de a los abusos de los medios de comunicación social.

Planteo la medida de la instauración de la figura del Procurador de los derechos de la información en dos direcciones:

  • Una parte que sea asumida por la Procuraduría de la Defensa de los Derechos Humanos, en donde por medio de una unidad especializada se procuren los derechos de los usuarios de la noticia frente a los abusos de los medios de comunicación, por medio de consulta permanentes a la población sobre el servicio informativo que ofrecen y, además, la administración de quejas y procuración de justicia.
  • Otra parte que sea asumida por el propio medio de comunicación, en cuya estructura organizativa se cree la figura del procurador, quien administre las quejas de los usuarios y procure justicia informativa. Esto supone que este procurador interno, además de cumplir con la idoneidad profesional en el ramo, debe contar con independencia, con un espacio para publicar información sobre su procuración.

RECUENTO DEL ENORME RETO PROFESIONAL

El "cambio de cinta" (pasar de la discusión del libre ejercicio a la información veraz), en el marco del reconocimiento de la trascendencia de la práctica periodística en la sociedad salvadoreña (pasar de la razón comercial de la noticia a la razón social de la proveeduría o del arbitraje social de la información), supone un cambio estratégico en la actuación de los medios y de los periodistas del país.

Superar las presiones externas contra la información ("la cherocracia", los sobornos económicos y la todavía presente intolerancia política), las irresponsabilidades en el manejo de las nociones de "objetividad" en la elaboración de la noticia ( acusaciones infundadas, las faltas de evidencia probatoria, el abuso de las "prominencias", las descontextualizaciones, las ficciones informativas y la marginación de los públicos usuarios), para establecer un ejercicio realmente profesional, implica la búsqueda y consolidación, por una parte, del poder de la unión del gremio y, por otra, el establecimiento de una política informativa más moderna.

Asumir el compromiso de seguir un código deontológico integral y realista como un proyecto personal (en el cual se concilie la libertad de informar con la responsabilidad de hacerlo profesionalmente y con apego a las leyes), así como facilitar las condiciones básicas a los periodistas (en las que puedan ejercer "con el estómago lleno y el corazón contento" y con el futuro asegurado), supone que todos y cada uno de los miembros del gremio opten personalmente por ser honesto en cada una de las acciones del proceso productivo de la noticia.

Además, se necesita que las autoridades pertinentes (Asamblea Legislativa y todo el sistema judicial) establezcan normativas esenciales (crear normativas para el ejercicio profesional en condiciones adecuadas) para garantizar la ejecución de la ley cuando se trate de abusos en el manejo de la información periodística. Solamente así se puede establecer un estilo periodístico vigoroso, de acuerdo con las normas profesionales y con respeto a los derechos humanos de los implicados y de acuerdo con las necesidades informativas de la población salvadoreña.

El cumplimiento de esas opciones, compromisos y responsabilidades, sin duda alguna, requiere de un control y autocontrol de la práctica por medio de una procuración interna y externa del trabajo informativo, de acuerdo con las exigencias informativas de la población salvadoreña. Obliga, también, a disponer de una legislación pertinente y a respetar los derechos humanos de los implicados en los hechos. Reconociendo nuestra idiosincrasia en las relaciones sociales ( popularmente se dice que, además, de "mentirosos" y "mala paga", somos "incumplidores de las promesas"), se necesita de una normativa encaminada a garantizar el acatamiento de esos compromisos informativos.

DE UNA CULTURA DE LA ANARQUÍA A UNA CULTURA PROFESIONAL

Lo anterior habría que concebirlo de modo que sea un proyecto que perdure en el ejercicio periodístico. Pienso que supone, por los menos las siguientes acciones a largo plazo:

  1. Adecuación de los planes de estudio en las instituciones de educación superior. Debe buscarse la introyección y asunción del respeto a los derechos humanos, del conocimiento de la legislación pertinente, y, además, simularse su práctica en la producción periodística profesional. Estos supone "descapsularse" y abrirse a modificaciones curriculares más modernas, que ubiquen la amplitud de la profesión periodística a formas de producción, distribución y consumo de la información, y al manejo de los lenguajes de los medios y de sus nuevas tecnologías. Además, tienen el compromiso de superar el modelo teórico de la profesión como un simple amanuense o leedor de noticias, o preparador de excursiones. Significa ubicar la profesión desde la perspectiva trasdisciplinar, en donde se expliquen todas sus características desde las diferentes ciencias humanas, políticas, éticas y económicas. La modernización de las universidades, en esta área profesional, requiere la búsqueda de los estándares de eficiencia académica. Esto supone establecer el rigor científico tanto al profesorado como a los estudiantes. Sólo así se pueden acercar al vasto conocimiento acumulado por las ciencias de la comunicación y por los niveles de complejidad que supone comprender el fenómeno comunicativo. También, como parte de sus funciones, las universidades deben convertirse, por medio de la ejecución de políticas serias de investigación de las comunicaciones en el país y la socialización de los resultados, en proveedoras de información científicas a la comunidad profesional; obviamente, esto se convierte en algo así como en una conciencia crítica del funcionamiento de los medios y una fuente de propuestas para superar las dificultades profesionales. En esta misma dirección, el Ministerio de Educación está llamado, ¡No imponer un único modelo educativo!, a incorporar en la ley de Educación Superior ejes fundamentales sobre los conocimientos y habilidades que debe poseer un comunicador, desde la perspectiva científico-profesional. Y, por supuesto, dejar la libertad de enfoques y de mercados objetivos, como ocurre en la educación superior de España. En nuestro país actualmente varios planes de estudio adolecen de conocimientos básicos necesarios para un profesional de la comunicación, hasta el extremo de ofrecer libertades para cualquier tema como "conocimientos culinarios" y "prácticas de asados de carne y promoción de excursiones".
  2. Incorporación en las rutinas productivas de los periodistas. En el "día a día" del ejercicio periodístico supone concretar las siguientes acciones: buscar la identidad de la profesión y propugnar por el respeto de los colegas en las relaciones intra e interorganizativas como en las relaciones con las fuentes informativas. La identidad de la profesión y el establecimiento de las condiciones básicas para ejercer cómoda y honestamente el trabajo no se consiguen con unas relaciones laborales donde el peor enemigo es el propio compañero: "el pone dedo", "el trinquetero", "el lambiscón", "la serpiente", "los prepotentes pavos reales", etc. Debe buscarse la cohesión el gremio: un conjunto de profesionales que desempeñan una misma profesión, con los mismos problemas y con las mismas expectativas, solidarios en las buenas y en las malas, cooperadores para el bien común, como miembros de una misma familia. Esto implica ser autocrítico del propio trabajo y crítico del trabajo de los demás, con sentido propositivo en la consecución de la libertad de informar y del derecho de ser informado verazmente.
  3. Adecuación jurídica. Potenciar y consolidar las libertades en el ejercicio periodístico supone la obligación de ser veraz con la información ofrecida. Para establecer esta coherencia entre la libertad y la obligación, las fuentes y de las instancias judiciales deben actuar decisivamente, desde un cambio de mentalidad hasta la actitud de promover una legislación adecuada y moderna. Instancias como la Corte Suprema de Justicia, el Ministerio de Justicia y la Asamblea Legislativa deben involucrarse en la solución de la problemática: discutir, consensuar y aprobar un planteamiento jurídico encaminado a definir correctamente en nuestra legislación primaria y secundaria el derecho a informar y el derecho a ser informado adecuada y profesionalmente. Esta participación activa conlleva la formación de leyes modernas, la profesionalización de abogados expertos en el tema y la vigilancia por el cumplimiento de los derechos relacionados al ejercicio periodístico.

_________________
Fuentes consultadas:

- Código de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (1952), citado por Martínez de Souza, José (1981): Diccionario general del periodismo, Madrid.
- Trejo Delabre, Raúl (1995): De la Crítica a la ética. Medios y Sociedad. El nuevo contrato público, México.
- Alsina, Rodrigo Miquele (1989): La Construcción de la noticia. Barcelona. Piados.
- Casasús, José María (1992)": Set hipòtesis de treball sobre història de la recepció del text periodistic", ANÀLISI, nº14, pp 33-46.
- Tuchmann, Gaye (2000): "La objetividad como ritual estratégico: una análisis de las nociones de objetividad de los periodistas"; en CIP DIGITAL, No.4., España.
- Gitlin, Todd (2000): "La política de la comunicación y la comunicación de la política", en DIGITAL, No.3, España.


* Mario Alfredo Cantarero es master en comunicación social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador, profesor de Metodología de la Investigación y coordinador de postgrados e investigaciones de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad "Dr. José Matías Delgado", El Salvador, Centroamérica. Fue director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de El Salvador y periodista del año 1998 en la rama de artículo, otorgado por la Asamblea Legislativa. Es colaborador de Sala de Prensa. Este artículo fue publicado en Razón y Palabra, junio de 2001, y fue enviado para su reproducción en SdP por el autor.


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