Sala de Prensa

46
Agosto 20022
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Opinión versus Información: nuevas formas
de consumo, viejos métodos de producción

Toni André Scharlau Vieira *

En los últimos años las empresas periodísticas han invertido fuertemente en la consolidación de la imagen de formadoras de opinión. Los medios buscan contratar profesionales reconocidos en el mercado para traer más “credibilidad” para las publicaciones. En muchos casos la búsqueda por información a través del llamado esfuerzo de reportaje acaba siendo substituido por un nombre reconocido en el mercado. Se paga grandes sueldos para especialistas famosos y se crean cargos de “reporteros multifunción”. En la televisión ellos llegan a manejar el auto, cargar la cámara, hacer las imágenes, entrevistar y, después, editar el contenido. En suma, los medios optan por ampliar el espacio de la opinión expresa y disminuir las inversiones para los llamados “esfuerzos de reportaje.”

Además del simple movimiento empresarial en busca de aumentar las ganancias, estos hechos también demuestran un nuevo momento o un redimensionamiento de la polémica entre información y opinión. Puede ser que todo no pase de una cuestión de marketing, de política empresarial. Pero todo indica que la cuestión es más amplia, se trata de un cambio de modelo, de forma administrativa y, sobretodo, de práctica profesional.

Junto con el debate profesional y empresarial que el aumento del espacio de opinión revela, surge, también la polémica respecto de la propia naturaleza del opinar. Hay quien dice que el espacio de la opinión debe restringirse a los editoriales, como máximo sería permitido a los columnistas de las publicaciones el derecho de expresar sus ideas y análisis sobre la realidad.

No se puede olvidar que el esfuerzo de varios estudiosos del periodismo para establecer reglas y patrones de producción periodística es bastante antiguo. Varios historiadores certifican que la polémica dicotomía periodística información versus opinión ya era vivida por Marx, Zola, Sighele, Schopenhauer y Balzac. La propia división entre story y comment, característica de la tradición periodística anglosajona, demuestra la necesidad que, desde la revolución industrial, los productores de periodismo veían de crear una separación básica para “organizar” el hacer en los medios de comunicación. “Organización” que se transformó en una verdadera panacea para algunos profesionales que pasaron a perseguir la idea de encontrar la “división perfecta”.

No hay unanimidad, pero la mayoría de los autores acredita que fue alrededor de 1850 que la idea de división de la producción periodística comenzó a ser aceptada. (José Marques de Melo en A opinião no Jornalismo Brasileiro. Petrópolis, Vozes, 1994, destaca que “cuando el editor inglés Samuel Buckeley decidió por la separación entre news y comments en el Daily Courant él inició la clasificación de los géneros periodísticos, ya en el principio del siglo XVIII.” P. 37.) En esta época habría sido estructurada una división en periodismo ideológico, informativo y de explicación.

Actualmente se proponen divisiones aún más sofisticadas, con riqueza de detalles y niveles que se aproximan a los cuidados quirúrgicos. Pero cuando se habla de un gran divisor de aguas aparece siempre la idea de la información y de la opinión.

La cuestión que se expone en este texto es si las empresas periodísticas están abriendo más espacio para la opinión expresa (editoriales, columnas firmadas, crónicas) o si los contenidos de opinión están ampliando su presencia en los contenidos tratados tradicionalmente como pura información y que traen la marca de la llamada objetividad. A mí me parece cada vez más claro que la división entre opinión e información ya desapareció (en realidad, su existencia siempre fue más de nomenclatura que de práctica cotidiana), principalmente en las grandes empresas periodísticas.

Los contenidos de opinión, interpretación y juicio de valor están cada vez más presentes en los espacios dedicados a la “información pura”. Algunos especialistas dicen que eso es lo que el público quiere. Análisis que apuntan a este escenario pueden ser encontrados en las principales revistas que tratan del mercado de comunicación en Brasil (Meio & Mensagem, Propaganda, Pay TV, Gazeta Mercantil, entre otros) como la Revista Imprensa. (v. encarte especial sobre el II Seminario Internacional de Jornais Diários, Revista Imprensa, año XI, nº 128, mayo de 1998.) El caso es que el simple registro de los hechos, principalmente en los medios impresos, está perdiendo su validez entre tanta tecnología generada por la llamada sociedad de la información.

Según estudio de la Newspaper Association of America (NAA), algunas de las causas de la decadencia de la lectura de diarios de los domingos en Estados Unidos serían las noticias poco interesantes, la mala distribución y la competencia con otros medios de comunicación. De acuerdo con el estudio, desde hace cinco años ocurre una baja en la lectura de los medios dominicales. En 1993, 73% de los adultos norteamericanos afirmaban leer diarios regularmente en este día. Ese porcentaje bajó a 62% en 1998 y a 60% en 1999. El estudio también constató que la circulación pasó de 61 millones en 1993 a cerca de 59 millones en 1999. Entre las sugerencias dadas para mejorar el contenido, de acuerdo con la NAA, están la publicación de más "historias", noticias locales, tecnología y telecomunicaciones.

Por ese ejemplo (que sirve de ilustración ya que este tipo de comportamiento ocurre en prácticamente todo el mundo), se puede percibir que los cambios en el contenido periodístico contemporáneo demuestran que ni el público ni los empresarios dan el valor que se atribuyó en otros tiempos a la división entre información y opinión. Cuando se habla de más “historias” se levanta la necesidad de ir más allá de lo puramente factual, objetivo.

El perfil del profesional periodista debe ser, cada vez más, el de aquel que tiene condiciones de aportar cosas más allá del simple registro de hechos. El público busca identidad, complicidad y no impersonalidad y alejamiento (supuestamente obtenidos a través de la objetividad).

Asumiendo esta realidad como un hecho irrefutable, se coloca otra cuestión (ésta sí de gran importancia): ¿Será que los profesionales que están trabajando y los que ingresarán en el mercado en los próximos años tendrán condiciones de responder esta demanda? Temo que no, y esto debe ser motivo de mucha reflexión no sólo por parte de las universidades y sindicatos, sino también de las empresas de comunicación.

Existe un potencial creativo que puede revelarse no sólo como un trabajo genial, fuera de lo común, sino también por la simple experimentación. La libertad, sea política o estilística, es mucho más importante que la observación de reglas preconcebidas para la producción.

En los manuales de redacción se observan estas reglas de una manera flagrante. Existen empresas que hasta producen acompañamientos numéricos de los errores del equipo. Hay incluso exposición y, en algunos casos, hasta sanción para los que se tornan reincidentes en el incumplimiento de las normas y formas de escritura previstas en los manuales.

El periodista como productor de sentidos no estaría (y no está) por encima de la práctica fragmentadora del saber. Entretanto, a pesar de no quedar ileso de los efectos de esta práctica, puede disminuir su ímpetu. No con la arrogancia del presuntuoso, sino con la grandeza y la humildad de quien invierte y apuesta en el trabajo de mediación social, de lector cultural contemporáneo.

Como profesional, el periodista precisa buscar un comportamiento que vislumbre un conjunto de actitudes que vayan más allá de las racionalizaciones presentadas como elucidativas y con capacidades para consolidar una regla cerrada para explicar su producción y, en consecuencia, la producción humana.

El vínculo entre el quehacer periodístico y la compleja idea de la mediación de los sentidos de la contemporaneidad revela que, antes de adoptar una gramática, el periodista -como productor cultural- debe interesarse por la visión de mundo de los otros, comprenderla como una utopía humana y ofrecer, agregar al conjunto de raciocinios técnicos y científicos, una narrativa más solidaria.

Antes de adoptar un comportamiento apegado al pensamiento tecnologizante y mecánico, el periodista (sea columnista, reportero, redactor o editor) precisa proponerse al diálogo y a los actos solidarios de quien, más que simplemente informar u opinar, contribuye para construir redes de significación.

El gran debate no puede ser apenas aquel de la existencia o no de clasificaciones, de reglas. La producción periodística debe tener como principal preocupación construir/constituir un lenguaje de mediación social. Esto sólo será posible cuando nos encontremos y, aceptando el desafío, convivamos con los contenidos complejos de lo cotidiano y no con los contenidos que simplifican y reducen las reglas transitorias y efímeras.


* Toni André Scharlau Vieira es periodista brasileño. Es doctor por la Escola de Comunicações e Artes da Universidade de São Paulo (ECA/USP); enseña en la Universidade Luterana do Brasil (Ulbra - Canoas, RS), como profesor adjunto del Curso de Comunicación Social, y ha trabajado en diversos medios impresos y emisoras de radio de Brasil. Es colaborador de Sala de Prensa.


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