Sala de Prensa

46
Agosto 20022
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Argentina: un país encapuchado

Epitafio para el Periodismo

Si tuviera cuerpo, seguramente el periodismo argentino podrá ser enterrado y en su lápida estaría escrito "fue bueno... mientras duró". Pero lo cierto es que el periodismo argentino es una sombra (¿o sobra?) de lo que fue en una época; al igual que la Argentina, es un espectro de lo que fue. Como excusa por el lanzamiento de Como Viejos Lobos (una de las mejores novelas del año), hablamos de estos y otros temas con Hernán López Echagüe. Esta entrevista fue realizada antes de que estallara la crisis económica argentina, pero refleja un estado que explica la debacle del país.

Sergio Pineau *

Las entrevistas cara a cara entre periodistas y protagonistas son de los eventos más interesantes que puede tener el oficio de periodista.

Ver la cara, los gestos, del sujeto a entrevistar lo revela con sus virtudes y defectos y de acuerdo a lo que eso signifique puede darle al lector una mayor definición de quién es realmente, o al menos, un acercamiento de parte de esa certeza.

Existen manuales de cómo deben llevarse a cabo las mismas (Jorge Halperín escribió uno: La entrevista periodística, que está muy bien, pero hace infranqueable la barrera entre la pregunta y la respuesta), pero lo cierto es que en el ejercicio de la función, siempre prima más el olfato y el instinto de cómo llevar al entrevistado, que lo cualquier otro pudo haber aprendido al respecto en una facultad o instituto.

Hernán López Echagüe es periodista y escritor (salvo diferencias de género, si se quiere, el mismo tipo de escriba), además de un "ex Página 12" que saltó a la fama mientras investigaba las patotas del Mercado Central, cuando fue secuestrado y torturado a la salida de un bingo en Avellaneda, en el marco de una zona liberada ad-hoc.

Como está radicado en Montevideo, Uruguay, lo entrevistamos vía e-correo, bajo la premisa de que tuviera la amabilidad de contestar las preguntas como si fuese un diálogo frontal.

Conocedor de la profesión, López Echagüe accedió (quizá hasta se divirtió) y lo que usted leerá a continuación es uno de los reportajes más interesantes publicados hasta el momento en este newsletter.

Además de su nueva novela, el periodista pasa por su tamiz el poder de los medios (y de algunos periodistas), el periodismo argentino y el mundo editorial, los valores morales y personales, Página 12 y su visión del futuro de la Argentina.

Noto o más bien imagino que hay o puede haber ciertas similitudes entre Arturo Silenzi (protagonista de la novela, exiliado argentino que volvió cuando Alfonsín y se hizo periodista) y Hernán López Echagüe. ¿Es mayor o menor mi certeza?

(Hernán López Echagüe) No sé si es mayor o menor tú certeza. En todo caso es sensata. Las similitudes, los puntos en común entre Silenzi y yo que pueda imaginar o advertir un lector, son las similitudes que uno puede hallar entre Silenzi y un sinfín de personas de mi generación (tengo 45) que han padecido de manera diferente el aquelarre de la dictadura.

"Por lo demás, creo que todas las novelas contienen una buena dosis de autobiografía, si entendemos, claro, a la autobiografía como una conjunción de historias y anécdotas y leyendas que tiene como protagonista al que escribe. La mayor parte de las novelas está inspirada en información que el autor ha tomado, y recreado y novelado, y en muchos casos exaltado, de experiencias propias. He vivido parte de las cosas que narro, he conocido personas que han vivido situaciones de esa naturaleza, y también he soñado parte de las cosas que escribo.

"Soy un par de años más joven que Silenzi, los pelos blancos comenzaron a asomar ya de manera irremisible, y sí, al igual que el protagonista de Cómo viejos lobos he sido de todo un poco en mi vida. Sobreviví. De Silenzi tengo el escepticismo, una mirada melancólica del mundo y el hábito de meterme en despelotes absurdos de modo inopinado. Y también me gusta el bourbon, lujo al que no puedo entregarme desde hace meses a causa de la malaria en que vivo, en que todos vivimos.

Silenzi, el exiliado argentino que vuelve a su tierra cuando Alfonsín 'trae' la democracia, va teniendo una visión lúcida de la Argentina y mientras van pasando sus años, ésta se transforma en negra. ¿El futuro de nuestro país es tan oscuro como el que cuenta la novela?

No creo que Silenzi tenga una mirada lúcida de la Argentina. Tiene, quizá, una mirada antigua, vieja, teñida de una poderosa necesidad de reencontrar un mundo que ya ha sido. Como dicen los jóvenes ahora, de algo que ya fue. Y cualquier mirada fundada en lo que ha sido, no puede menos que ser negra. O, si queremos ser amables, gris oscuro.

"Silenzi, sin decirlo expresamente, profesa una terrible nostalgia por un tiempo escandaloso donde, sin embargo, existían ciertos guiños humanos.

"Silenzi considera que en la Argentina es conveniente dar algunos pasos hacia atrás, hacia aquellos tiempos en que la relación entre las personas estaba basada en la conversación, en el deseo de abrazar, en la solidaridad, en la pasión, y no, como ocurre ahora, en el excluyente propósito de salvarse, incluso a fuerza de traiciones y ausencia de lealtad. Una realidad donde el vecino, en situaciones extremas, llega a convertirse en un enemigo al que es indispensable aniquilar.

"De modo que me cuesta mucho entrever un futuro mejor para el país. En la Argentina todo ha sido destrozado, aplastado. Y no se le puede atribuir la responsabilidad solamente a la dictadura y a la caterva de dirigentes políticos que no han hecho otra cosa que enriquecerse o gobernar para otros poderes. Debemos ser críticos, quizá despiadados, y mirarnos el ombligo. Te doy apenas un ejemplo: ¿cómo es posible que una sociedad salga a la calle para vivar la locura de un borracho como Galtieri cuando resolvió invadir las Malvinas? La patria, en tanto que abstracción, decía Samuel Johnson, es el último refugio del sinvergüenza. Y fijáte que siempre la invocaron los sinvergüenzas para cometer la más variada gama de delitos.

"También debemos admitir que nuestra dirigencia es mediocre. Toda la dirigencia. Los políticos, los empresarios, los representantes de la Iglesia, los sindicalistas. Nuestro periodismo es mediocre. La dictadura acabó con la vida y, en algunos casos, con las ganas de hacer cosas de millares de personas que hoy tendrían que ocupar puestos que ahora están en manos de personas inescrupulosas. Veo negro, negro profundo, no ya el futuro de la Argentina sino el futuro de todos los países de Latinoamérica. Ya no podemos hablar de países y de presidentes. Debemos hablar de sucursales de un poder salvaje y de sumisos gerentes."

-Da la impresión de que hay más de un paralelismo entre la vida de los protagonistas de la novela y muchos periodistas que uno puede conocer. ¿Es necesario que la novela transgreda la ficción hasta tornarla real? O, mejor dicho, ¿los elementos de realidad en una novela, le dan una marco más sólido a la narración?

-Cuando me lanzo a escribir nunca me pongo a discernir entre realidad y ficción. Escribo. Tomás Eloy Martínez, de quien fui una suerte de secretario a mediados de los ochenta, solía decirme: 'Lo que escribo es lo que soy, y si no soy fiel a mí mismo no puedo ser fiel a quienes me lean'. Y toda persona es una rara amalgama de ficciones y realidades.

"Hay libros míos de tono periodístico que han sido tachados, con desprecio, de ficción. La Frontera, por ejemplo (N. del R.: dónde se mezclan el delito habitual, el enclave musulmán de la región y la larga sombra de Alfredo Yabrán). Recuerdo que cuando salió Noticia de un Secuestro, de García Márquez, los suplementos culturales entraron en una gran confusión. En la lista de best-seller de un diario lo ubicaban en 'Ensayos'; en otros diarios lo ubicaban en 'Ficción'.

"Con esto quiero decirte que los límites entre ficción y realidad no se pueden definir de manera sencilla, de modo que todo elemento de la realidad que uno coloque en un contexto de ficción pasa a ser ficción y, además, le brinda el carácter de ficción a una realidad compleja e incomprensible.

"En la mayor parte de las novelas de Paul Auster uno se choca con infinidad de datos de la realidad. Fechas, nombres conocidos, lugares, etcétera, y no aparecen en una escena delirante o futurista sino en el lugar y en la fecha donde estaban o están en la realidad. Si menciono a Menem (Carlos), es porque la ficción transcurre durante el gobierno de Menem."

Santiago Gamara (coprotagonista de la historia, periodista de 48 años que cubre el juicio a las Juntas y que tiempo después se "suicida") es uno de la denominada "vieja guardia" (aquellos que en el 2001 tienen de 45 para arriba)... Desde tú punto de vista ¿Qué diferencias hay entre los que egresan de las facultades hoy y aquellos que se formaron en "la calle, ayer"?

El periodismo es, por sobre todas las cosas, un oficio, una vocación. No es, como vemos estos días en muchos jóvenes, un escaparate para exhibirse, y mucho menos el oficio ideal para llenarse de plata. Es una herramienta fundamental para ejercer un continuo control sobre cada uno de los actos del poder. En la Argentina, infelizmente, son muchos los periodistas que, de tanto codearse con el poder, terminan cayendo en el espejismo de creerse parte del poder. Entonces el periodismo se va al diablo.

"El gran dilema que habría que resolver entre los periodistas callejeros, de antes, y los jóvenes que egresan de una facultad, es lograr un equilibrio entre el exagerado profesionalismo que absorben los chicos y la bohemia intelectual que arrastramos los que nos formamos buscando la noticia, no analizándola casi científicamente. Jacobo Timermann solía decir que un buen periodista es aquel que a las cuatro de la tarde no está con el trasero puesto en una silla, frente a su computadora, en la redacción. No. Es aquel que está en la calle, haciendo su trabajo. Los grandes progresos en comunicación (fax, mail, televisión por cable, etc., etc.) han provocado que muchos periodistas jóvenes se conviertan en empleados de una diario que sólo aguardan la llegada de la noticia. Y no puede ser así. Hay que salir a buscarla.

"Mi formación, por ejemplo, está basada en la lectura de textos de ficción, en un deseo irreprimible de escribir y, en particular, en la observación de todo lo que ocurre a mí alrededor y en el mundo. Nunca jamás leí o estudie un manual de redacción o algún tratado sobre la deontología del periodista. Y mi experiencia es similar a la de la mayor parte de las personas de más de 40 años que hacemos periodismo.

"Otro problema que advierto es que muchos de los "profesores" en las carreras de Ciencias de la Comunicación nunca han ejercido el periodismo o, en su defecto, son periodistas mediocres que están allí, al frente de una clase, no porque tienen una larga experiencia para transmitir sino porque no consiguen otro empleo.

"Por último, convengamos por un momento que el periodismo es una profesión y no un oficio, como pienso yo. Perfecto, una profesión. Pero lo que deben tener en claro los jóvenes es que se trata de una profesión que no tiene relación alguna con otras profesiones. Hay normas éticas y humanas que deben imperar continuamente, a toda hora. Si un abogado actúa mal, en el peor de los casos puede perder un juicio y un cliente. Si un periodista actúa mal, puede ocasionar daños irreparables. Los medios de comunicación crearon a Collor de Melo en el Brasil, a Berlusconi en Italia. Los medios de comunicación llaman guerra a la masacre que está cometiendo Estados Unidos en Afganistán. Los grandes medios de comunicación argentinos, con su silencio, con su irritante sumisión, conformaron un sostén invalorable para la dictadura. Muchas vidas se podrían haber salvado si los periodistas de renombre de aquel entonces hubieran denunciado lo que estaba ocurriendo.

"Los límites, los principios, no se aprenden. Uno los lleva consigo, y los emplea en todo momento, no sólo cuando escribe un artículo sino también cuando está en el supermercado.

"Te voy a decir algo muy pueril: todos los buenos periodistas que conozco, son buenas personas, buenos tipos."

Como viejos lobos pareciera ser una novela para que el público en general conozca los rostros pocos felices del periodismo que nos toca vivir día a día. ¿Es tan así?

No te ofendas, pero creo que en la novela el asunto de los periodistas torcidos e inescrupulosos que todos conocemos no es fundamental. Sin embargo, admito que el personaje Santiago Gamarra tiende a reivindicar un estilo de periodismo. O, por qué no, lo que debe ser un periodista.

"Considero que el nudo de la novela es muy otro. ¿Cuál? En realidad, esa respuesta debería darla un lector. De todas maneras me atrevo a formular una posibilidad: es un breve y arbitrario relato acerca de la búsqueda de la identidad en un país que ha sido encapuchado."

Cambiando el ámbito de la información (cursi, pero eficaz, lo sé) ¿extrañás hacer periodismo en Buenos Aires?

Sí, francamente sí. Pero ocurre que soy bastante díscolo. Pasé por muchos medios, y de todos me fui, más tarde, más temprano, por idéntica razón: porque advertí que pretendían transformarme en un empleado del medio.

"Entiendo y comprendo el sometimiento de un empleado a su patrón en una fábrica de camisas, pero no admito el sometimiento de un periodista a los antojos editoriales, políticos o económicos del director de un diario.

"Base primordial del periodismo es la independencia, y este rasgo fundamental no puede hacerse a un lado cuando se ingresa a trabajar con sueldo fijo en una redacción."

A la distancia ¿cómo ves a Página 12?

Es una de las contadas publicaciones que puedo leer con gusto, y no siempre.

"Página 12, quizá víctima de la arrogancia, de creerse el inventor del periodismo, perdió a sus mejores periodistas a partir de 1992, 1993. Un diario donde los periodistas se mataban entre sí para ver quién hacía la nota de tapa, o simplemente para gozar con su nombre impreso al inicio de un artículo, más que un diario parece una vitrina."

Para finalizar, me gustaría tener algunos datos de color de vos, por ejemplo si estás casado, si tenés hijos, tu primer laburo y tu primer trabajo como periodista, que hacés en tú tiempo libre y si tus amigos más fervientes están dentro o fuera de la profesión...

Estoy casado, tengo tres hijos. Mi primer trabajo lo tuve a los 13 años: cadete en un estudio de arquitectura que se llamaba Kavanagh-Moricce, en la avenida Santa Fe al 1100, recuerdo. Estudiaba en el nocturno. Mi primer trabajo periodístico podés leerlo en la página 73 de Como viejos lobos. Lo publicó La Razón (matutino) en el suplemento Confort para el Hogar, y fue, creo, en 1984 (una nota sobre los flamantes hornos a microondas).

"En mi tiempo libre camino por el campo y leo. Mi mesa de luz es un verdadero caos, porque suelo saltar de una lectura a otra. Ahora, por ejemplo, tengo apilados: John Cheever, Saramago, el diccionario de mitología griega y romana de Pierre Grimal (regalo de Tomás Eloy Martínez); Rodolfo Wilcock, Hermann Broch, y un libro de 1939 llamado 1.000 secretos para ganar dinero, una verdadera joya de la subsistencia.

"Olvidaba: una de las cosas que más placer me causa es cocinar. Lo hago todos los días y, al decir de mis amigos, muy bien. Todo indica que tendré que dedicarme a la cocina. El mundo editorial se está cayendo a pedazos. Algo que de veras me preocupa, pues a lo largo de los últimos seis años he vivido de los derechos de autor.

"Entre mis amigos no hay escritores ni periodistas. Hay pescadores, desocupados, tipos que erran por la vida, con los que juego billar en un bolichón del pueblo."


* Sergio Pineau es periodista argentino. Esta entrevista fue publicada en Tiempo de Ocio y cedida por el autor a Sala de Prensa, como su primer colaboración.


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