Sala de Prensa

44
Junio 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¿Hacia dónde va la prensa digital cubana?

Iván Darias Alfonso *

Según afirman algunos, la salida del primer medio de prensa cubana en Internet debe situarse en el mes de abril de 1997, cuando urgidos por una coyuntura específica en la red se situó un conjunto de páginas representativas del periodismo cubano. A medida que ha pasado el tiempo la presencia de estos medios ha aumentado, pues ya no sólo se accede a los sitios iniciadores de la experiencia, es decir, periódicos nacionales, sino también a los de cada provincia.

Más allá de la supuesta variedad visual que lógicamente trae aparejado el hecho de exhibir productos, diferentes entre sí, lo más saludable de esta aparición en Internet resulta la disponibilidad de contenidos, o sea, información sobre el país, concebida y difundida desde el propio país.

La tecnología ha irrumpido además con una serie de ventajas colaterales que facilitan el probable estudio de la prensa digital cubana como un sistema. De hecho, ya no hay que esperar por las bondades del correo tradicional para revisar y enterarse de qué se informa, reflexiona y publica en cualquier parte del territorio nacional. Basta teclear una dirección url y se accede a cualquier periódico provincial. Es notable también que esta visibilidad ha contribuido a comparaciones, cambios, adquisición de experiencias, valoración analítica de los contenidos, que parecían haber desaparecido de los encuentros entre directivos y tomadores de decisiones de la prensa.

Durante el 2001 se promovieron por todo el país talleres de periodismo digital, derivados de la selección y premio a los mejores sitios web de la prensa escrita un año antes, en la segunda edición de un evento como éste. Luego de dichos talleres y de los cambios que puede hayan traído en la concepción, diseño y estrategias de posicionamiento de cada edición digital, se supone la aparición de un objetivo final al que debe tender la prensa cubana.

Sin embargo, para que este logro implique una evolución acertada, ha de superar varias cuestiones. Antes de nombrarlas y explicarlas es bueno partir de una sentencia necesaria: cada sitio web se define como una edición más de cada medio de prensa, y esta definición alude a que concuerdan ambas en intereses, temáticas y en el hecho de reflejar una realidad determinada.

Si se entiende esta aseveración, se comprenderá mejor por qué cada edición corresponde a un entorno específico. No obstante, la posibilidad de contar con lectores fuera de fronteras provinciales, nacionales o regionales, ha venido a ser un indicativo para valorar el impacto y alcance de cada edición.

Conociendo este factor resulta lógico asegurar que cada sitio web de la prensa cubana debe ir hacia la búsqueda y motivación de un número cada vez más creciente de lectores que conozcan la realidad de Cuba y la comparen con la que reciben de otras fuentes, con tal de formarse criterios propios y objetivos en torno a las diversas temáticas que sean de su interés.

Para ello se precisa de una estrategia centrada en tres pilares fundamentales: qué información se va a publicar, cómo se va a presentar de manera textual y gráfica, y de qué aditamentos informáticos se dispone para hacerla más interactiva y atrayente. Cualquier primer acercamiento necesita implementarse a partir de los contenidos, es decir, la información más pura, y en el caso que nos ocupa ¾ la prensa cubana¾ es inevitable la asociación a los productos comunicativos, léase trabajos periodísticos.

Aunque han pasado varios años desde que se diera a conocer, todavía en círculos académicos se menciona el estudio que sobre Internet promovió la norteamericana Universidad de Stanford. Uno de los resultados principales fue el referido a que un gran por ciento de los encuestados prefirió el contenido al diseño de los sitios web. Para el estado actual de la prensa digital, la adopción de este postulado no sería muy desacertada que digamos.

Si partimos de la gran demanda que existe hoy en la red acerca de la información relativa a nuestro país, todavía resta mucho para satisfacerla. Y es que por lo general los sitios de la prensa cubana aún no abarcan toda la realidad circundante, no reflejan en su totalidad, posibilidad y matices el acontecer local, provincial y, hasta en ocasiones, nacional.

Quizás por esto el análisis de las publicaciones en línea se haya dirigido a cuestiones más relacionadas con el diseño, los componentes visuales y gráficos, y hacia elementos de softwares que han intervenido en la concepción de las mismas, por no hablar de los servicios típicos que pueden derivarse del uso de tecnologías world wide web. Está claro que tales principios intervienen en la definición de un eficiente sitio web; sin embargo, para la mejor imbricación de los contenidos, el diseño y los requerimientos informáticos, lo ideal sería una concepción del trabajo sobre la base de etapas. Superar cada una derivaría hacia el desarrollo y la solución de los problemas y necesidades que se supone aparecen en el camino; pero cualquier estrategia debe superar como primer estadio la necesidad de contar con el mayor volumen de información atrayente.

La prensa digital cubana carece, por lo general, de una estrategia para su propio desarrollo, sustentada en orientaciones precisas. Es cierto que cada responsable de sitio web busca, a su modo, la trascendencia, captar el mayor número de visitantes; no obstante, los esfuerzos pueden resultar no sólo aislados, sino también estériles.

En los medios de prensa tal parece que no se han resuelto de manera armónica las diferencias que trajo en un inicio el hecho de contar con dos ediciones: la digital y la impresa. La tendencia ha ido hacia una aparente independencia entre ambas, donde los más perjudicados han sido los encargados de actualizar cada versión diaria en Internet. En la mayoría de los casos, persiste una estructura en la que el equipo de dirección de los periódicos tiene como tarea específica la edición impresa; hacia ella, hacia los trabajos que la llenarán se dirige toda rutina productiva. En el mejor de los casos, un miembro de la estructura directiva se ocupa de chequear la labor del editor o webmaster, aunque no se desvincula de la tarea fundamental, es decir, del periódico impreso.

Por tanto, la edición digital desaprovecha una estructura que existe y funciona como encargada de organizar la gestión editorial. Tal independencia de funciones repercute negativamente en la actualización de los sitios web, sobre todo en los medios provinciales, donde en ocasiones, a falta de una disponibilidad de materiales que reflejen el diverso acontecer local, se prefiere la inclusión de los trabajos enviados por las agencias de noticias y los referidos a un tema de alta intensidad y repercusión, pero generados en la capital.

Esta aparente facilidad de colocar informaciones nacionales hasta ha motivado cierta idea de que la presencia de los periódicos provinciales en Internet aparece como el factor que eliminará las distancias entre la capital y el resto del territorio nacional. Semejante nivel de competitividad pudiera resultar saludable si contribuyera a un mayor número de visitas y consultas; sin embargo, los antecedentes y la tradicional estructura de regiones —que no es privativa de nuestro contexto— conllevan a que se prefiera un medio nacional para la información del país en general, y otro medio para los contenidos específicos. Por tanto, a menos que ocurran cambios, siempre buscarán Granma para conocer qué pasa en Cuba, y Escambray para enterarse de la realidad de Sancti Spíritus, máxime si en su promoción cada sitio incluye como palabra clave el nombre de la provincia.

Otro factor que ha influido en esta estrategia salvadora de incluir noticias y servicios especiales de agencias de manera indiscriminada, es la pérdida del hábito de trabajo diario en los profesionales de la prensa. Una década de salidas semanales representó indiscutiblemente un cambio en el modo de concebir cada trabajo. Y a ello no sólo ha contribuido el nuevo procedimiento casi habitual de renunciar a la elaboración de cada trabajo periodístico en el día que ocurre el hecho noticioso para redactarlo en una fecha más próxima al cierre de la edición impresa, sino también la cuestión siguiente: muchos periodistas que hoy laboran en los medios no llegaron a conocer las rutinas ni, por supuesto, las normas de las tiradas diarias y los apremios por el cierre.

Ante tales impedimentos cuesta convencer a quienes tienen a su cargo realizar los productos comunicativos de que existen personas interesadas en conocer cómo se reflejan los diferentes sucesos y que no esperarán por la salida del semanario donde estos se relaten en pasado. Así se explica que en ocasiones el flujo de materiales para la edición digital tenga que explicarse apelando a lo elemental, al trabajo periodístico en sí.

Una mayor disponibilidad de contenidos para publicar es directamente proporcional a la tenencia de un equipo de profesionales de la prensa entrenados en el reporte diario de acontecimientos y, por supuesto, en la adaptación de cada trabajo periodístico con el objetivo de satisfacer necesidades que van más allá de los intereses propios, los referentes culturales y el lógico conocimiento de la realidad cubana que posee cualquier lector local.

Pero es evidente que el logro de estas premisas no resuelve todo el problema de la actualización de los sitios, aunque a la larga ayude bastante. Se precisa además de una infraestructura tecnológica que garantice la rapidez del proceso creativo y, por qué no, que automatice la gestión editorial. Al hablar de esto se supone el trabajo sobre la base de redes informáticas y la presencia de un número de computadoras suficiente, tanto para la correcta utilización de cada máquina en función de una actividad específica que no recargue su empleo, como para la necesaria retroalimentación.

No basta el conocimiento de las estadísticas de un sitio para percatarse de la validez y el impacto de un material publicado en la red mundial, se necesita asimismo que su autor conozca el modo en que su materia prima pasó a formar parte del sitio web para el cual también trabaja. De aquí se infiere la consulta con conexión real y sin ella a cada publicación digital. No es secreto que la salida de los medios de prensa a Internet ha puesto sobre la mesa una serie de deficiencias con las que hoy se asume el trabajo de los periódicos provinciales.

Las estadísticas, por ejemplo, se convierten en una herramienta en extremo valorativa de lo que se publica, siempre que ofrezcan una verificación mucho más amplia que el simple hit o impacto. Contar con ellas, analizarlas, y sobre este análisis proponerse cambios que optimizarían las ediciones digitales sería lo ideal. Y se utilizarían más a menudo si hubieran existido en cada periódico equipos de investigación que se ocuparan, como lo hacen las máquinas en los sistemas de monitoreo de los servidores web, de estudiar cuán efectivo es cada semanario para la provincia cuya realidad refleja y cuál es su nivel de recepción. Sin embargo, el examen ha quedado en los resultados de alguna que otra encuesta motivada por un aniversario, la experiencia de los colegas de más tiempo, su ego y el optimismo que propicia la rápida venta de las ediciones en papel. Debido a esto, la adopción de un sistema de gestión editorial sustentado en el rigor científico de las investigaciones, con frecuencia se dificulta.

El rechazo a las "cuestiones científicas" y la glorificación del empirismo tampoco han beneficiado a la prensa en su trayecto hacia una mejoría tecnológica. Resulta inexplicable aún que no se proyecte la gestión editorial sobre la base de la incorporación de medios informáticos, computadoras que, para su mejor empleo, no se conciben si no están interconectadas en red y operan según la tecnología cliente-servidor. De igual modo no se comprende la poca existencia de licenciados o ingenieros en ciencias de la computación, imprescindibles si se pretende que cada periódico provincial disponga de bases de datos, redes eficientes con sus respectivos administradores y sitios web en cuya construcción intervengan avanzados elementos de programación.

¿Pero esta necesidad es más real ahora cuando se advierten los rigores tecnológicos que implica mantener una edición digital? Por supuesto que no. Una respuesta afirmativa rechazaría de plano la informatización de los medios de prensa, cuestión imperiosa en tiempos en que este proceso se proyecta hacia toda la sociedad cubana. ¿Acaso no existen softwares que asumen la gestión editorial, que combinan más de una interfaz y garantizan la confección de un periódico desde que se redacta hasta que se diseña y emplana? Claro, y son costosos y operan en grandes redes informáticas sobre plataformas McIntosh.

Adaptar uno de estos sistemas sería prácticamente incosteable para el país, sobre todo si se incluyera uno para cada medio de prensa. Lo que sí se acepta como incuestionable es la necesidad de ir hacia un sistema quizás propio, quizás no tan sofisticado; tal vez no se trate únicamente de un software, pero que integre la edición digital y la impresa, agilice las rutinas productivas y garantice una mayor disponibilidad de información para ambas.

No hay duda de que superada esta etapa se podrá contar con un volumen importante de contenidos en Internet, lo que redundará en un mayor número de visitas, consultas y referencias a cada edición digital. Sin embargo, todo el esfuerzo no debe quedar ahí, pues de seguro se impondrán reconsideraciones de diseño, opciones de interactividad, posicionamiento y registro en buscadores, y servicios inherentes a la tecnología www.

Entonces los periódicos cubanos en la red mundial serán factibles de estudiarse y analizarse como un sistema, como un conjunto de sitios y páginas web destinados a difundir la realidad de Cuba desde cada porción del territorio nacional. A partir de ese momento también resultará más viable cualquier proyección hacia el desarrollo, hacia un determinado objetivo posible y definible, un objetivo que hoy se supone, hasta se comprende, mas no se advierte.

Curiosamente, en la mayoría de los sitios hay un espacio donde se agrupan los hipervínculos de las ediciones digitales cubanas. Esta voluntad de unión parece ser el mejor antídoto contra la aparente dispersión que supone su estado actual, dispersión que desaparecerá en la medida en que se asuma que no basta salir a Internet con un por ciento limitado de información, cuando se entienda que la voluntad por llevar adelante cualquier proyecto de publicación on-line parte del aprovechamiento de las estructuras y las rutinas de las ediciones impresas, y que requiere de una inversión tecnológica. Sólo entonces se podrá prever el camino hacia el que transitará la prensa digital cubana.


* Iván Darias Alfonso es periodista, coordina la edición digital del periódico Vanguardia de Santa Clara, Villa Clara, Cuba. Esta es su rpimera colaboración para Sala de Prensa.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.