Sala de Prensa

44
Junio 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¿Qué periodismo estamos haciendo?

"Siempre era de noche en mis sueños sobre la vida periodística. Los reporteros jamás trabajaban de día. Yo quería la película entera, sin que le faltase una escena. Era consciente de que aquello había reducido mi ánimo a esta estúpida condición de Príncipe Estudiante. Daba lo mismo, no podía evitarlo."
Tom Wolfe. El Nuevo Periodismo

Melissa Salmerón *

Leer a Tom Wolfe por primera vez luego de cinco años estudiando Comunicación Social no tiene justificación. El Nuevo Periodismo –por citar una de sus obras– debería ser de los primeros libros en caer –obligatoria o voluntariamente– en las manos de los estudiantes llenos de ideas un tanto "hollywoodenses" acerca de la práctica del periodismo.

De haberlo leído al principio de la carrera, algunos se habrían evitado decepciones cuatro años más tarde. Muchos –no todos, seguramente– de quienes cada año pasan a engrosar las cada vez más largas filas de Comunicación Social, imaginan el del periodismo como un mundo donde las noches transcurren entre el humo del cigarrillo y los datos de última hora. En el que las salas de redacción son el centro del país, pobladas de individuos conocedores de los más ocultos intersticios del acontecer nacional, con un olfato sobrenatural para la noticia y una avidez desmesurada por la verdad.

Pero la realidad no es exactamente esa. Lo dice Wolfe en su libro, estadounidense y setentoso, y lo dice cualquier estudiante venezolano que, sin haberse graduado aún, se haya arriesgado a cumplir durante unos seis meses una pasantía en alguna revista o diario venezolano, tal es el caso de quien suscribe esta tesis.

¿Qué periodismo estamos haciendo? La pregunta no había sido incluida en la pauta de entrevista inicial para los periodistas y editores que conformaban la lista de fuentes para este trabajo de grado. Hasta que el peregrinaje comenzó y surgió la oportunidad de hablar con Vanesa Davies, periodista del cuerpo de Información Genérica del diario El Nacional.

Allí, en medio del núcleo de redacción de El Nacional, ese espacio absolutamente indiscreto e impersonal –a pesar de los recortes y fotos que los periodistas pegan en sus cubículos– donde todos oyen todo, la suave voz de Davies no correspondía con la imagen de quien había sido capaz de hacerse pasar por prostituta para averiguar acerca de los permisos sanitarios.

La conversación giraba en torno al concepto de periodismo de investigación y poco a poco se había desviado hacia la enseñanza universitaria y si preparaba o no a los estudiantes para ser periodistas investigadores. Entonces, surgió un comentario sobre Gideon Lichfield, corresponsal para The Economist en México. Lichfield escribió acerca de la costumbre de los periodistas mexicanos de reproducir declaraciones sin mayor investigación. Él lo llamaba "declaracionitis".

"Hay que recoger las declaraciones, nadie dice que no se recojan. Pero las declaraciones tienen que estar en un contexto y eso no es exclusivo del periodismo de investigación", dijo Davies, tras admitir que los periodistas venezolanos también sufrían de "declaracionitis".

- Pero no sucede así en el caso del periodismo de investigación

- No, pero tampoco debería suceder en el periodismo de todos los días. Porque si no, ¿qué periodismo estamos haciendo, el periodismo de la imprecisión?

Davies mejor que nadie sabe de horas de cierre y presión y, sin embargo, también de la posibilidad de investigar aún bajo esas circunstancias. No en vano fue merecedora del Premio Nacional de Periodismo en 2000 por su investigación acerca de los ajusticiamentos en el estado Vargas después de la tragedia de diciembre de 1999.

Ella podía suscribirlo: falta profundización en la noticia porque la apretada hora de cierre lo dificulta en extremo. Argenis Martínez, vicepresidente de El Nacional, con la dureza de un periodista de la vieja guardia, lo llamaría "esa irresponsabilidad que hay ahora, cuando cualquier periodista dice lo que le da la gana. ‘Se supone que el Presidente Chávez… se supone, presuntamente’. No hay rigurosidad metodológica".

¿Era más riguroso el periodismo una década atrás? Probablemente. La práctica de informar siempre depende de factores coyunturales y estos cambian constantemente. Olgalinda Pimentel, como Martínez y otros tantos veteranos del periodismo venezolano, puede hacer la comparación; ella ha circulado a lo largo de su carrera por algunos de los periódicos que más han influido en Venezuela, incluyendo El Diario de Caracas.

"No sé si se han ido enredando los intereses del sector privado y los órganos del Estado", comentó Pimentel, quien fue periodista clave de la revista Primicia hasta dos meses antes de la entrevista. "En cualquier caso, creo que el periodismo actual es un periodismo miedoso o complaciente y uno lo ve cuando se aborda a un ministro y nadie le hace preguntas incisivas. Todo queda como en intento, como en risas, como en mamaderas de gallo".

Para muestra, dio un botón: la denuncia hecha por Rafael Huizi Clavier, presidente del Frente Institucional Militar, que acusaba a Pablo Medina, dirigente del partido Patria Para Todos, de esconder en su casa las armas usadas en el intento de golpe de Estado del cuatro de febrero de 1992. Medina solicitó al Ministerio de la Defensa la apertura de una investigación que precisase los hechos que Huizi Clavier denunció y que lo involucraban.

Pero de acuerdo con Pimentel, en términos jurídicos básicos, ese no era el lugar ni el momento correcto para dicha denuncia. Una persona no puede ser juzgada dos veces por el mismo delito y Medina ya había sido investigado y exonerado de responsabilidad por el asunto de las armas. Era inútil que fuera al Ministerio de la Defensa a pedir una nueva averiguación. Además, denunció que lo habían calumniado y ese no es un delito militar, es un delito ordinario que debía haber sido formulado en un tribunal ordinario. "Ni un solo periodista en esa rueda de prensa hizo una pregunta con respecto a eso", dijo Pimentel.

Volviendo a la referencia de Lichfield y la "declaracionitis", no se cuestiona el uso de de las declaraciones –cuando no se trata de una entrevista– como fuente de información necesaria para entender la noticia. Se cuestiona que –cuando no se trata de una entrevista– las declaraciones sean el único elemento de la noticia para algunos periodistas, los mismos a los que Andrés Mata, director de El Universal, cierta vez endosó el mote de "megáfonos": meros micrófonos de la retórica de los famosos.

Otros, como Ibéyise Pacheco, lamentan la ausencia de exclusivas. Desde su búnker de Así es la noticia, diario que dirige desde hace dos años y última parada de su larga travesía a través de la mayoría de los diarios caraqueños, Pacheco se toma un respiro para opinar al respecto. "El trabajo en cambote conspira contra el tubazo", dice. "La búsqueda de exclusivas te hace ser más perseverante, por lo tanto te obliga a un mayor tesón y a competir en calidad. Eso hay que rescatarlo". 

El valor por la exclusiva y la individualidad es una característica generalmente presente en la generación de periodistas que maduró a partir del gobierno de Jaime Lusinchi. 1983 a 1993, entre "barraganas", cuentas mancomunadas, partidas secretas, y Jeeps de RECADI, periodistas que ya trabajaban entonces, como Pimentel y Pacheco, opinan que fue un período fecundo para el periodismo de investigación en Venezuela.

Durante esos años, ambas trabajaron con Francisco Olivares en proyectos de investigación de El Diario de Caracas. Cuando Pimentel pasó a la fuente de política de ese diario, Olivares quedó al frente de la unidad de investigación. Hoy en día, desde la jefatura de la sección de Política de El Universal, comparte la posición de Pacheco frente al valor de la exclusiva:

"Siempre el ego del periodista influye en su motivación personal y siempre el periodista de investigación tiene que estar muy motivado. Hoy en día la diversidad de fuentes y los lugares donde se encuentran la información son tantos, que un equipo bien integrado puede tener mejores resultados que una persona trabajando individualmente. Pero siempre se tratará de individualidades que se mancomunan para cubrir la diversidad de fuentes que existen." (entrevista, agosto 7 2001)

Karenina Velandia y David González, en cambio, pertenecen a una nueva generación de periodistas formados en las aulas de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB. Ambos trabajan en El Nacional, en el cuerpo dominical Siete Días dirigido por Hugo Prieto, y es común que firmen trabajos en equipo. Su opinión acerca del periodismo que se realiza en Venezuela suponía una fuente de contraste interesante, ya que, de alguna manera, ellos forman parte de la sucesión que ha ido moldeando las páginas de los periódicos los últimos años.

¿Qué criticas les merece el periodismo que se hace en Venezuela?

González: "Yo criticaría la estructura clásica de los periódicos. Un periodista cubre una fuente y esa fuente se traduce en ciertas instituciones y personas que manejan la información –la creencia de que la información oficial es 'la verdad'– entonces: ¿qué es cubrir el Congreso?, pues ir a ver qué discuten los parlamentarios. Pero mi primera crítica es que la mayoría de los periodistas se sienten demasiado importantes. Sobra demasiado ego, en ocasiones, y esa actitud para enfrentar las cosas tiene incidencia en el resultado. A veces se olvidan de buscar más información y se entretienen pensando en lo bien que escriben".

Una crítica compartida por otros entrevistados. Martínez, por ejemplo, repetía sin cesar que algunos periodistas terminaban por creerse jueces, cuando en realidad la situación está muy clara: los jueces juzgan, los periodistas informan. "Además", dijo Velandia, "no se conserva el criterio editorial en los productos propuestos. Tratan de hacer cosas nuevas, de buscar otras alternativas, pero detrás de eso parece no haber un estudio y siempre lo nuevo termina no siendo coherente con la línea planteada en un principio".

No es sorprendente que la visión del periodismo venezolano de estos tiempos que tienen Velandia y González coincida en gran medida con aquella que fue punto de partida de este trabajo. Al igual que ellos, quien suscribe esta tesis ha pasado los dos últimos años en los pasillos de El Nacional bajo la insignia jamás bien ponderada de la pasantía, que no implica más que no ser tratado como periodista, no ser remunerado como periodista y sin embargo trabajar lo mismo que uno.

Un libro indispensable para cualquier periodista en América Latina debería ser Periodismo de Investigación de Gerardo Reyes. Sus páginas son una radiografía de los altos y bajos de este negocio tan vapuleado. Reyes ha trabajado varias veces en Venezuela y, aunque actualmente dirige la cobertura de América Latina para El Nuevo Herald en Miami, saber su opinión sobre los temas que conforman este trabajo era una tentación imposible de vencer, aún cuando conseguirla implicase una cadena interminable de correos electrónicos y coincidencias de huso horario que superar.

"No conozco un periodismo más ‘testimonial’ que el venezolano". Tal fue la apertura de Reyes a la discusión acerca del periodismo que estamos haciendo. "Los historiadores venezolanos deben ser los más felices del mundo pues los periódicos dedican páginas enteras a entrevistas en las que se transcriben textualmente las respuestas de los entrevistados con una breve introducción del periodista. No es solamente los fines de semana. Todos los días hay entrevistas de pregunta, respuesta en los periódicos venezolanos".

Más que diarios, parecen prontuarios, expedientes judiciales. Reyes tiene la impresión de que muchos reporteros venezolanos se la pasan "corriendo con un micrófono en la mano para ponerlo en la boca del que más grita, del último que grita o el que se está defendiendo de otro grito".

Existen otras apreciaciones. Fabricio Ojeda (entrevista, agosto 31 de 2001), quien fue subdirector de la revista Bohemia y jefe de redacción del diario Así es la noticia, dibuja otro escenario que contrasta con lo expuesto por muchos de sus colegas:

"Debemos reconocer que la competencia ha hecho que los editores se preocupen por ofrecer productos de mejor calidad a sus lectores. Es así como vemos cada día periódicos mejores diseñados, con más reportajes y temas especiales, mejor redacción y mayor variedad. No se puede negar que los cambios han sido positivos y bien acogidos por los lectores. También es importante la aparición de medios "rebeldes" como Tal Cual, moderno, ágil, polémico y bien escrito –y con una línea de oposición bien definida que lo hace ver "honesto" a los ojos de su público– a pesar de que en sus editoriales y en la selección y tratamiento de los temas peca de parcial contra el gobierno."

Hay quienes encuentran fortalezas en el periodismo venezolano y sin embargo reconocen la existencia de algunas debilidades en la capacidad de respuesta de las salas de redacción. Francisco Olivares sugiere que a pesar de los vacíos en las nuevas técnicas investigativas, "el periodismo venezolano tiene un buen nivel, justamente producto de la diversificación de medios que se desarrolló desde hace 25 ó 30 años".

Pero la experiencia personal permite afirmar que, a pesar de las mejores intenciones del equipo, los objetivos y personalidad de los proyectos editoriales –por ejemplo, las revistas– terminan variando tanto como las demandas del mercado. Por ejemplo, si en un país como Venezuela, en el que los anunciantes son escasos y parecen sentir especial aversión hacia la política, ¿por qué fundar un medio dedicado a la política en primer lugar? Lo más probable es que, tarde o temprano, tenga que ampliar significativamente su espectro, alejándose así de la línea original.

¿Qué periodismo estamos haciendo? A grandes rasgos, las apreciaciones expuestas en el inicio de este capítulo nos revelan una posible respuesta: el trabajo que se realiza en los diarios capitalinos es débil en su rigurosidad metodológica y se apoya demasiado en reproducir las declaraciones de los actores sociales sin preguntas o cuestionamientos.

Es posible abundar aún más en las carencias de los medios según los entrevistados: redactores que no se arriesgan con nuevas formas de presentar la información, acostumbrados a entramar historias sin solidez documental, con unos objetivos confusos que más tarde pierden coherencia. Otra conclusión que arroja la información es el afán de los periodistas a destacarse sobre los demás y la resistencia a trabajar en equipo.

Una respuesta absoluta sería un compromiso riesgoso, considerando que existen excepciones y que se trata de puntos de vista individuales. Si se examina la calidad del periodismo que se practica diariamente en los medios impresos a partir de elementos como falta de profundidad, rigurosidad metodológica e investigación, se corre el peligro de ser muy tajante y dejar de lado un argumento importante: el diarismo es imprescindible en el oficio.

Así como es importante que las denuncias sean investigadas a profundidad, también lo es el que se las reseñe. De hecho, todo parte de allí. La reseña de las noticias diarias es indispensable para que éstas sean luego profundizadas. Lo mismo ocurre con las declaraciones de los personajes que influyen en ámbitos importantes de la sociedad. También es objetivo de los medios de comunicación reseñar la información práctica, los hechos que, sin mayor implicación, afectan el desenvolvimiento normal de la rutina de una población. El diarismo es la base de este fin informativo y una crítica al periodismo no debería estar fundamentada en su práctica.


* Melissa Salmerón es recién graduada en Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas. Este texto es el último capítulo de su tesis de grado, sobre periodismo de investigación en Venezuela. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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