Sala de Prensa

44
Junio 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Entre el pánico y el hospital

Crisis y medios de comunicación

"Si un diario permite que las condiciones de deterioro económico se refleje en sus páginas, no estará haciendo más que entrar mansamente en la tumba que se ha preparado".
Tonny Ridder

Jaime de la Hoz Simanca *

En torno a la crisis de los medios, y en particular de la prensa o publicaciones escritas, verbigracia, periódicos, el prestigioso periodista norteamericano, Dan Rather, señaló que, para él, lo más impresionante del actual momento por el que atraviesan los medios de comunicación es el factor miedo, un ingrediente que ha pasado a ser protagonista central de esta especie de viento fuerte que amenaza a la información mundial como una espada de Damocles. Incluso, ya esa espada ha caído en muchos casos –especialmente en Latinoamérica- creando estrépito y atravesando mortalmente salas de redacción.

"No creo que el público se de cuenta de la brutalidad de la competencia que vivimos hoy en la arena de los periódicos, la radio y la televisión. Hay miedo en todas las salas de redacción de Estados Unidos, aunque nadie lo diga. Hay miedo de que la circulación se hunda o que no crezca. No tienes tiempo para pensar lo que tienes que hacer porque temes que tu competencia te tome la delantera", señala Rather1.

Después de la afirmación de Rather, hecha a mediados del año que acaba de pasar, pareciera que el miedo se ha transformado en pánico. Y las características van más allá de las típicas manifestaciones y de los síntomas conocidos, pues tienen el agregado de una información afectada en uno de sus elementos más preciados: la objetividad. Y más allá de lo anterior, tal pánico ha causado daño, también, en la manera de expresar los distintos géneros periodísticos, pues se ha preferido una información ligera, breve repetitiva y cruzada por el vértigo, otro de los síntomas visibles del pánico, etapa que sucede al miedo y a la ansiedad.

De tal manera que la crisis de los medios está para tratamiento siquiátrico. Requeriría, pues, de un cómodo diván que permita exponer la historia de vida, las vicisitudes históricas por la que ha atravesado el medio enfermo y una detallada explicación de la situación actual en la que no faltarán, por supuesto, causas exógenas que hoy, muchos analistas, las asumen como definitivas y únicas. Olvidan así el componente interno, las causas connaturales al medio; es decir –podría llamarse- el aspecto hereditario de la publicación, los genes que, en muchos casos, están ligados estrechamente al comportamiento de las familias propietarias de los medios e, incluso, al estilo periodístico que se imparte desde las altas esferas, vale decir, dirección, subdirección, jefatura de redacción…

Respecto a la famosa y gastada objetividad –la periodista Oriana Fallaci prefiere llamarla buena fe y corrección informativa2- el periodista Javier Darío Restrepo escribió hace un lustro un exquisito informe donde habla de los periodistas y el filo de la navaja, en referencia precisamente al tema de la objetividad en los medios de comunicación y como componente de la crisis de los mismos. Restrepo ubica el asunto no sólo en el terreno de la ética, sino que vislumbra ya el tamaño del cataclismo que habría de asomarse años más tarde hasta convertirse en los arroyuelos de la gran avalancha que, a manera de predicción, se anuncia para este 2002.

Señala Restrepo, citando al periodista y corresponsal de guerra polaco Ryszard Kapuscinski: "Habría que entender que una cosa son los hechos y otra es la verdad. Contar en media hora muchos hechos no es necesariamente entregar la verdad de los hechos. Una información objetiva, es explicar lo que pasó, la importancia que tiene para la sociedad. De lo contrario, se entrega mucha información que no dice nada. Y cuanta más información se da, el receptor menos entiende"3.

Y el cuestionamiento no es sólo válido para los medios audiovisuales de comunicación, sino también para los escritos, pues, según el mismo Restrepo, "una encuesta reciente entre Defensores del Lector en el mundo halló que hay un pedido universal de precisión, que es la manera profesional de ser objetivos, y un reclamo cada vez mayor de honestidad, que es la forma más real de llamar a la objetividad".

El co-autor de "Etica para periodistas" se aproxima en el análisis a una de las crisis de los medios de comunicación social que, en esos momentos, se refería sólo al componente informativo; pero que, de por sí, estaba afectando e infectando a dichos medios hasta el punto de aumentar el resquebrajamiento de la credibilidad, otro elemento que no puede estar exento a la hora de realizar el examen a la crisis general de las empresas informativas. Allí, todavía, no se hacía mención de la torta publicitaria y poco se recurría al neoliberalismo y mucho menos a la globalización. Aún la maldición frente a estos fenómenos de la economía rapaz que hoy sacude al mundo no se había asimilado al rayo vertiginoso que en este nuevo siglo desciende sin conmiseración y a favor de los grandes y monopólicos medios electrónicos de comunicación pertenecientes a los países más desarrollados que cuentan con unas fauces de mayor tamaño.

Pánico y hospitalización

Una verdad que es imposible controvertir la constituye la crisis económica que azota, con mayor severidad, a los países subdesarrollados. Si nadie desconoce la recesión económica de potencias como Estados Unidos y Japón, tampoco puede ignorarse que tal recesión habría que multiplicarla a la hora de precisar los indicadores en los países latinoamericanos. Una reducción de personal en el Miami Herald, por ejemplo, traducida en el despido de dos redactores, un fotógrafo, un fotomecánico y dos funcionarios de la administración, en algún diario de un país latinoamericano significaría el despido del triple de aquel número de trabajadores. Y una situación dada de esa manera, implicaría el desarrollo del pánico y los principios de la hospitalización.

El pánico es normal, digamos, en tanto que existen causas externas que lo generan. La consecuente hospitalización, también diríamos, es la búsqueda de una salida a la enfermedad que ha atravesado etapas de angustia sin que frente a ella haya existido la posibilidad de comprar el diván. Aún así, dependiendo de la calidad de la hospitalización es posible regresar del pánico a la sana supervivencia donde bien podrían armonizar, posteriormente, el cuidado administrativo –con las restricciones necesarias-, y la excelencia informativa.

No obstante, el pánico paraliza. Y algunos medios en Latinoamérica han preferido el suicidio ante los síntomas de delirio que en ocasiones sacude desde los directores y propietarios de los medios hasta el más modesto redactor de crónica roja, un recurso redivivo al que se ha recurrido con la esperanza de multiplicar la decadente circulación o sintonía, pese al tinte sensacionalista de la información que sobrelleva en sus entrañas. Se olvida, así, lo que señala el analista Horacio Ruiz Pavón:

"Por el lado positivo, los sondeos más recientes demuestran que los periódicos impresos mantienen su encanto frente a lectores jóvenes, incluyendo estudiantes y nuevos profesionales. En Europa los periódicos han logrado captar una gran audiencia joven que antes no leía periódicos. En los Estados Unidos el grupo más elusivo sigue siendo el de los llamados yuppies, entre 22 y 35 años de edad. Por eso, aún en los mejores escenarios, la conquista del lector joven representa un enorme reto por requerir una mejor adaptación ante las transformaciones que están modificando la industria"4.

Sin embargo, las anotaciones anteriores establecen una relación sólo en el plano de lo periodístico, lo que podríamos denominar el estilo de vida del medio. O también, su identidad. Porque la experiencia indica que a la crisis económica del capitalismo mundial hay que agregar los deficientes manejos administrativos en los medios, individualmente considerados, lo cual ha determinado ventas, re-ventas, cierres, alianzas estratégicas entre diversos medios televisivos o escritos, aparte de una supervivencia agónica que en ocasiones provoca un hara kiri de alaridos incontrolables como consecuencia de la negativa a una digna hospitalización5.

En todo caso, y evocando la conocida frase que habría de originar cambios en la geopolítica mundial, un fantasma, el fantasma del miedo, recorre al mundo de los medios informativos. La gran industria pareciera deshacerse como agua entre los dedos como resultado de un nuevo modelo económico mundial que acelera la concentración o provoca la desaparición de dichos medios, e "inventa" –hasta los límites de la mitificación- nuevas fórmulas informativas en favor del gran capital y en detrimento de la estética, de la auténtica cultura informativa y de los géneros vanguardia del periodismo. ¡Viva el periodismo light!, gritan desde el pico más alto de la globalización económica.

¿Y la información, qué?

Un aspecto poco analizado en este mar de rumores y realidades fatales de los medios de comunicación es el de la crisis de la información, la cual se desnudó impúdicamente –hasta la hoja de parra voló y voló, como dice la canción- cuando los modelos neoliberales desplegaron su fuerza huracanada y la globalización reventó fronteras y se instaló como amo y señor del mundo contemporáneo.

Ese tipo de crisis, tal como lo señalamos al comienzo, es de origen endógeno y tiene que ver con el estilo y la manera de expresar cotidianamente el periodismo. Es posible que haya prevalecido el endiosamiento a la informática y que la tecnología haya sido preferida en contraste con la valoración hacia el periodista. Es decir, hacia el ser humano de carne, hueso y cerebro natural que, a la larga, es quien crea, innova, atrae, atrapa y seduce mediante el excelente manejo de la palabra escrita –para el caso de la prensa- o a través de la realización y presentación de buenos informes, documentos o análisis –si nos referimos al medio radial o televisivo-.

Pero en cuanto a los medios de comunicación escritos, léase periódicos, es más evidente y las referencias, por extensión, podrían ampliarse a los otros medios electrónicos ya mencionados. Aquí, y retomando el hilo anterior, hicieron carrera varias premisas, entre ellas la de escribir corto, muy corto. Así, el tipo de información fría, escueta y sin atractivo, se fue tomando el espacio de los periódicos en medio del aburrimiento del lector y el impacto negativo frente a los anunciantes.

Por otro lado, tal como lo señala Alvaro Hoyos Santa, en muchas universidades "a los alumnos de periodismo les han metido en la cabeza que los géneros no existen lo que les ha castrado la iniciativa y las ideas. Por eso esa uniformidad de la actual prensa escrita y esa pobreza del menú temático. Los editores desdeñan la crónica para protegerse del riesgo de la chiviada y el resultado es una prensa mediocre"6.

Sí. La decadencia de la prensa no es sólo en lo económico, sino que toca también el componente periodístico propiamente dicho. La buena prosa fue desapareciendo de manera gradual y el periodista con formación literaria o de vasta cultura fue constituyéndose en una especie de rara avis destinado a reflexiones de conventos y a construir textos para competir con Jurgen Habermas, mas no para producir ese tipo de información ligera que cada vez, con mayor gula, exigen los periódicos, y que bien podrían estar en manos de aprendices eternos de la palabra escrita.

La extinción de los géneros periodísticos más relevantes y la falta de cultivo de una información trabajada con laboriosidad que, en tiempos de gloria, fueron la razón de ser de los medios escritos han sido también causa de esta crisis que hoy estremece al mundo de los medios de comunicación. Lo explica, en gran medida, la supervivencia, permanencia y, en algunos casos, desarrollo –aún en medio de la crisis económica- de periódicos reconocidos en Latinoamérica cuyo vistazo a sus páginas virtuales o reales muestran de golpe la excelencia periodística que aún conservan. Es decir, mantienen cautivo a sus lectores a partir del buen periodismo que realizan y, de paso, crean la necesidad de la pauta publicitaria, esa gran torta que, con todo y crisis, no desaparecerá, pues la globalización no acaba con la riqueza: la concentra y la hace girar en círculos cada vez más reducidos; pero requieren de la proyección y el maquillaje. Y para eso están los medios. Al menos, los que regresan vivos de los hospitales, curados para siempre y de una vez por todas, de la parálisis del pánico.

_____
Citas:

1 En la revista Hora de Cierre, órgano informativo de la Sociedad Interamericana de Prensa, apareció un artículo del periodista Horacio Ruiz Pavón, titulado "En las fauces de la crisis". En él está la mención de Dan Rather, quien hace referencia al miedo para después aconsejar a los directores de los diarios salir de sus confortables oficinas para ir a visitar personalmente a los anunciantes claves. El tema del miedo bien merece una ampliación para explicar mejor la magnitud de la crisis.

2 En la introducción a su famoso libro "Entrevista con la historia", la estupenda periodista italiana sostiene que detesta la palabra objetividad. "Odio o amo cuando estoy frente a mi entrevistado. Prefiero los términos correcto y honesto", señala Oriana Fallaci, quien nuevamente dio muestras de tales convicciones a través de sus crónicas sobre la tragedia del 11 de septiembre en Nueva York, escritas desde Manhattan, donde vive, y publicadas en el diario Corriere della Sera.

3 En abril de 1997, el periodista Javier Darío Restrepo, actual Defensor del Lector de El Colombiano y quien lo fue, durante dos años, del diario El Tiempo, publicó en la revista de Andiarios, entidad que agremia a la mayoría de periódicos de Colombia, el artículo. "Objetividad: periodistas, en el filo de la navaja". En ese texto, un tanto profético, asoma ya la nariz chata de la crisis que hoy golpea al mundillo periodístico.

4 El dato es de Horacio Ruiz Pavón en su artículo mencionado "En las fauces de la crisis" publicado originalmente en la revista Hora de Cierre y reproducido por El Heraldo Dominical, diario El Heraldo, Barranquilla, Colombia, en su edición del 2 de septiembre de 2001.

5 En Galicia, España, el diario Madrileño El Mundo firmó una alianza con El Correo Gallego para venderse juntos pero por el precio de uno. En Bogotá, Colombia, aparte de la desaparición del noticiero de televisión T.V. Hoy, y la circulación sólo para los días domingos del legendario diario El Espectador, se produjo una especie de fusión entre varios noticieros televisivos tradicionales con el propósito de enfrentar juntos el tamaño de la crisis.

6 Alvaro Hoyos Santa escribió un excelente artículo titulado "La crónica: ¿En vía de extinción?", que apareció en la revista de Andiarios, en 1998. He allí, también, algunas predicciones frente al futuro de la prensa a partir de las consideraciones que realizan varios periodistas y escritores, entre ellos, Rogelio Echavarría, Héctor Rincón, José Salgar, Luis Felipe Gómez, Germán Espinoza, quienes a una, como en Fuenteovejuna, se lamentan de la desaparición de ese género periodístico que, en el caso de Salgar, clama por su reaparición, pues "puede servir para renovar los periódicos actuales, por paradójico que parezca".


* Jaime de la Hoz Simanca es periodista colombiano, especialista en comunicación para el desarrollo, catedrático de las Universidades Autónoma del Caribe (Barranquilla) y del Norte, y colaborador de Sala de Prensa.


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