Sala de Prensa

43
Mayo 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Comunicación política en El Salvador

Entre el discurso político y electoral
y la desconfianza ciudadana

Mario Alfredo Cantarero *

En la sociedad actual se acentúa la paradoja: mientras el sistema político y sus funcionarios priorizan cada vez la comunicación como parte consustancial de su legitimidad, los ciudadanos adversan el discurso político mediático por su falta de contenido y, esencialmente, por distanciamiento con la vida cotidiana de las personas.

Esa actitud del ciudadano no sólo se queda en el rechazo al discurso de los políticos sino que se manifiesta contundentemente en una exigua participación política, como la poca concurrencia en los procesos electorales y en movimientos sociales reivindicativos. Hecho que se ve potenciado por la existencia de un sistema electoral burocrático, marginador e ineficiente en sus dimensiones logísticas y comunicacionales.

Este abismo entre el sistema político y la participación ciudadana acrecienta muchos fenómenos políticos y morales, entre los cuales se encuentra la corrupción de los funcionarios públicos en tanto que no hay una ajuste de cuentas permanente por parte de la sociedad. Además, ante las disfuncionalidad y los abusos de los políticos en la toma de decisiones, los ciudadanos pueden asumir la violencia como única vía de acción política como está ocurriendo ya en algunos países latinoamericanos.

I. INTRODUCCIÓN

En la sociedad actual es indiscutible la presencia abundante y permanente de la propaganda política mediática. Este fenómeno se debe, entre otras razones al desarrollo de las nuevas tecnologías en comunicación colectiva, que agilizan y definen mejor físicamente los procesos de comunicación pública; al avance de las técnicas de elaboración y difusión de los productos comunicativos, que posibilitan administrar con mayor control los procesos comunicativos con propósitos bien definidos políticamente, y, finalmente, a la creciente conciencia de las instancias políticas en torno a la función de la comunicación profesional en el intercambio político en la sociedad.

Los gobiernos y los políticos derrochan endémicamente el dinero en la elaboración y difusión de menajes románticos sobre su desempeño administrativo, en donde "maquillan exageradamente" a sus funcionarios públicos y sus respectivas acciones, con el fin de conseguir el consentimiento de la población y obtener "buena imagen" en las encuestas "patrocinadas" por los medios de comunicación masiva. Se percibe un acendrado interés por cuánto y cómo aparecen en la pantalla que en las acciones que hacen y deben hacerse en beneficio de la población, con la idea de que la opinión pública asumirá mecánica y acríticamente la postura de los funcionarios.

La prensa, televisión y la radio, muchas veces por consentimiento y algunas por desconocimiento profesional, han sido asaltados por el criterio y la metodología de que sólo es noticiable aquello que se enfoca y dimensionada políticamente. En síntesis, el discurso mediático noticioso ha espectacularizado políticamente todos los ámbitos de la vida social. Entre otros, el medio ambiente, la educación, la infancia, las mujeres, el deporte, la navidad, la desesperación y el sufrimiento de la población son hechos que huelen permanentemente a " interés político", entendido esta como la única razón que da sentido a los eventos que ocurren en el presente social.

Sin embargo, en el otro contexto del proceso comunicativo, los usuarios de los medios informativos y del discurso político se comportan con otra lógica. La población recibe la información difundida, pero su interpretación del mensaje la hace a partir de su situación de vida en un aquí y ahora real, "al rojo vivo del día a día", como dice la población. De esa evaluación entre mensaje propagandístico y realidad vivencial, precisamente surge esa actitud displicente de la mayoría de los salvadoreños con respecto no sólo al mensaje recibido sino a los eventos políticos, como se puede ver en su paupérrima participación en las últimas 5 elecciones presidenciales. Al ciudadano, le preocupa, principalmente, la situación de vida, el comer diario y el diario sobrevivir.

Esto último es lo preocupante para la democracia salvadoreña y quizá latinoamericana, porque la poca participación de la población en política deja el espacio completamente libre para que los políticos realicen cualquier cosa en contra de toda la población, sin justificaciones válidas y sin ningún contrapeso político capaz de contrarrestarla, como es el caso de los actos de corrupción generalizados en todas las esferas de la administración pública.

Como anillo al dedo, para los políticos en general, mientras menos participe la gente en los eventos políticos y electorales en defensa de sus intereses, mayores son las posibilidades de obtener como sea ganancias personales y partidarias.

II. EN EL RING PUBLICITARIO: ACTORES Y DISCURSO ELECTORAL

En este apartado se describe a través del análisis de la campaña presidencial de 1999 la tendencia actual de los políticos por asumir un rol protagónico en el manejo controlado de la comunicación, como una forma de sacar ventaja política en la competencia electoral.

En el mercado de la comunicación política los sujetos (los partidos políticos) se encontraron en diferentes condiciones comunicacionales tanto en la disposición de recursos técnicos-profesionales como en el estatuto de la comunicación en sus estrategias políticas.

En este marco, al evaluar la campaña técnicamente, se detectan muchos desequilibrios e ingenuidades comunicacionales en el desarrollo de la campaña.

La oposición, comandada por el fmln, tuvo tantos desaciertos comunicacionales que su derrota estuvo visiblemente anunciada. Más que una campaña electoral, pareció un rin publicitario con un sólo peleador. El gran perdedor fue la incipiente democracia de este país, agobiado tanto por la terrible descomposición social y la pobreza, como por la institucionalización de la corrupción en las más altas esferas del Estado.

Además de que el partido en el gobierno dispuso de todos los recursos económicos necesarios para movilizar a gusto y disgusto su aparato electoral, comunicacionalmente construyó un cuadrilátero, unos árbitros, unas reglas y un ritmo de pelea a su antojo.

La mayoría de los adversarios políticos del partido oficial cayeron en la trampa de su estrategia de combate: Dedicaron prácticamente su esfuerzo en tratar de desprestigiar al partido oficial ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), criticando los desaciertos de sus políticas públicas durante su última administración en el gobierno con el Dr. Armando Calderón Sol.

El ganador de la pelea publicitaria

El candidato de ARENA, el Licenciado Francisco Flores, con sus "trenzas" (símbolo de alianza) como insignia distintiva, pegó con todo, ante unos adversarios sin estrategias significativas de pelea en el entarimado de la comunicación político-electoral.

Dicho sumariamente, entre otras, sus acciones comunicativas fueron las siguientes:

- Se inicia su campaña desde la Asamblea Legislativa, cuando anuncia su candidatura a la Presidencia de la República siendo todavía su presidente del Congreso, aprovechando la buena imagen que había ganado en su estancia como diputado. A partir de ese momento, con toda libertad fue desarrollando cada una de sus llamadas "alianzas" (al interior de los sectores que conforman el partido Arena), y, con el fuerte apoyo de los "Don kings" de los medios de comunicación social y de la publicidad, fue implementado pausadamente la promoción de sus cualidades de buen pugilista (de intelectual, de moderado, de serio, de comprometido, de incansable, de buen orador, etc), para conseguir la presidencia.

- De modo paralelo, pero aparentando distancia, los apostadores, aprovechando los espacios de poder que da la dirección de los ministerios, favorecieron su promoción presidencial, con la imagen de que el patrocinado tenía la capacidad de gobernar y de realizar obras en beneficio de la población (construcción de puentes, de pasos a desnivel, de reformas educativas, de abanderados de la salud de los niños estudiantes, de estabilizadores de la economía, de buscadores de la modernización y de las libertades democráticas, etc.)

Los perdedores de la contienda publicitaria

Por su parte, su contendor más cercano, el FMLN, no como jugador sino como árbitro, sin ninguna insignia reconocida, realizó una serie de acciones comunicativas, que obviamente no beneficiaron en nada sus aspiraciones presidenciales. Veamos su discurso:

- Sus líderes se dedicaron a revelar las acciones negativas de la institución promotora del pugilista contrincante, ARENA, acusándola de única responsable de los males de la sociedad salvadoreña (la corrupción institucionalizada, la aprobación del Impuesto al Valor Agregado, las estafas financieras, el empobrecimiento de las mayorías, etc).

- Sin embargo, por lo que se difundió en los medios de difusión social, no ofreció a la población el detalle de las acciones trascendentales para remediar el asunto y conseguir el pregonado cambio. Sus propósitos estratégicos se difundieron en Medios de comunicación social inadecuados como el medio escrito y circuló en públicos reducidos. En el espacio de los medios, tímidamente se indicaron acciones como el incremento de empleos, pero no se describieron cómo se iban a conseguir en las circunstancias tan críticas para la mayoría de los sectores de la población, con una economía subsidiada por los compatriotas de los Estados Unidos, con un sistema de servicios públicos perezoso y con una descomposición social y moral en pleno apogeo.

- Se satanizaron las acciones realizadas por los gobiernos de ARENA, promoviendo una imagen maquiavélica de las acciones gubernamentales y la continua negativa a la propuesta del contrincante al sostenimiento de un debate público; pero no se exaltaron las cualidades de su peleador Facundo Guardado.

Imagen: La izquierda reverenció a la Derecha

Como corolario del combate desigual, el candidato del FMLN, junto con toda la plana mayor del partido, con la finalidad de sacar ganancia, se presentó a la casa de comando de ARENA, para retar a Francisco Flores al debate y presentarle su plan de gobierno. Contrario al propósito perseguido, por la forma en que se diseñó la escena y por la figuración que la prensa y la televisión manejaron, se percibió la siguiente imagen: A un Paco Flores como el señor feudal o el patrono al que los subalternos le estaban rindiendo cuentas del trabajo encomendado o que le estaban pidiendo favores; y a un Facundo Guardado como el siervo de la gleba o el subalterno que estaba dando cuenta de sus tareas o que le estaba rogando que debatiera con él.

En términos generales, en cuanto a las estrategias de campaña, las diferencias comunicacionales son abismales. Entre otras, se destacan las siguientes:

- Económicamente, mientras el candidato del partido oficial hizo una abundante inversión y dispuso de muchos de los medios de comunicación masiva, los partidos opositores, en conjunto, no contaron con los recursos ni con la disposición de los medios y apenas hicieron "micos y pericos" con el poco presupuesto destinado a la campaña.

- Políticamente, mientras el partido oficial en el contenido del discurso ofertó una serie de alianzas (para la familia, para la agricultura, para el deporte, para evitar la delincuencia, etc), los oponentes más cercanos (FMLN, PDC, CDU, PCN) han difundieron un discurso confrontativo deficiente, en tanto que criticaron al partido y al candidato oficial, sin indicar y explicar sus propuestas. Se reconoce que, en casos esporádicos, el PDC y el CDU dieron indicios esperanzadores con signos propositivos; sin embargo, fue la excepción, no la regla.

- Comunicacionalmente, mientras el partido oficial, al parecer, dio cierta autonomía profesional al trabajo de la unidad de propaganda electoral, los otros partidos no lograron demarcar el estatuto profesional estratégico de los trabajadores de la comunicación con el de las decisiones políticas de sus comandancias o dirigencias.

En síntesis, mientras el partido oficial propuso, mal que bien, su plan de gobierno, exaltó sus cualidades y se desmarcó del nivel de debate de los otros partidos, estos confrontaron sin ganancia y sin sentido en el ámbito de la opinión pública. Significa que el partido en el gobierno presentó signos positivos ("buena imagen") al indicar permanentemente qué harían (aunque no dijeron cómo, con quiénes y para qué) y al destacar sus cualidades de negociador, propositivo y bien preparado académicamente ("el candidato conveniente"), los demás partidos presentan signos negativos ("imagen deficiente") al reiterar mensajes confrontativos y sin resaltar sus capacidades y experiencias políticas ("candidatos inconvenientes").De este último signo se exceptúa, en gran parte, la campaña del CDU, tanto por las portentosas figuras del Dr. Rubén Zamora y del Ing. Roberto Meza, como por la mesura de sus posiciones y ofertas políticas.

El discurso eterno: Siempre las mismas promesas románticas

Al compararla con las campañas electorales de los últimos 20 años, la de 1999 esencialmente no se diferenció de ellas en cuanto a su contenido. Entre otras similitudes, se encuentran:

- La reiteración casi al unísono de los mismos ofrecimientos (más empleos, más seguridad ciudadana, erradicar la corrupción, más policías, condonación de la deuda agraria, la reactivación de todo).Pero no explican cómo procederán, con qué recursos y en cuánto tiempo.

- La formulación de promesas utópicas. Irresponsablemente prometieron resolver los problemas del mundo, cuando ni se tienen claros cuáles son esos problemas; peor aun, cuando no se cuenta con las posibilidades reales (de recursos) para hacer frente a los retos; más grave todavía, cuando no se tiene una perspectiva de nación, sino concepciones sectorialistas y excluyentes.

III. LA GUERRA DE ENCUESTAS, OTRO ROSTRO DE LA CAMPAÑA

En las campañas electorales de los últimos diez años, las encuestas se han convertido en una variable importante en su discurso política, como una de guerra de porcentajes en búsqueda de legitimidad y de ventaja política. A tal extremo llega esta actitud de los partidos políticos en la contienda que las sobrevaloran o las infravaloran, según les convenga en el intercambio político.

Según las intenciones de los que patrocinan y promueven las encuestas como parte de la campaña propagandística, los ciudadanos al exponerse a los resultados de las encuestas en los medios de comunicación pueden interesarse por votar a favor de los partidos que emite; según la regla del contagio.

Sin embargo, no se cuenta con datos empíricos contundentes que demuestren que el publicitar los resultados de los sondeos posibilita un cambio en la intención real del votante.

Mitificación de los porcentajes

En El Salvador, como en el resto de países latinoamericanos, es costumbre que en la medida que la campaña electoral avanza, van apareciendo los resultados de sondeos de opinión sobre preferencias electorales a diestra y siniestra como parte del esfuerzo por persuadir y contagiar a los electores de que voten por el partido que encabeza los sondeos.

Aun cuando teóricamente este instrumento científico se constituyen como un espacio político de los ciudadanos, en la práctica política de El Salvador se perciben los siguientes rasgos:

- En la mayoría de los casos, cuando se ofrecen públicamente los resultados, se enfatizan únicamente los porcentajes, pero no se explican los procesos técnicos que utilizaron para realizar el sondeo, como el procedimiento que realizaron para la determinación de los componentes de la realidad investigada: La selección de la muestra, la recogida de datos y el nivel de análisis e interpretación. Técnicamente se sabe que no todas las encuestas buscan lo mismo, la información no se obtiene de igual manera y los niveles de análisis e interpretación también varían, por razones de carácter teórico-técnico y por su intencionalidad política.

- No se limitan a la exposición de los resultados, sino que hacen interpretaciones personales (o en nombre de colectivos), con el pretexto de representar a la opinión pública. No se establece el límite entre razones inmediatas de carácter estadístico y la interpretación política de los resultados. En la percepción del público, los resultados de las encuestas, tal y como se muestran, tienden a favorecer o desfavorecer políticamente a un partido.

- Venden la idea de la infalibilidad de los resultados, cuando las investigaciones cuantitativas tienen limitaciones como la de no establecer los porqués sino solamente tendencias; como el hecho de basarse en una respuesta verbal (afirmativa o positiva, a favor o en contra, le gusta o no le gusta, etc.), que puede ser o no cierta y que no hay manera de constatar en el desarrollo de la vida de los ciudadanos.

- Suponen que las opciones de voto se mueven acorde al desarrollo de la campaña electoral, cuando los datos sólo ofrecen la intención de voto, no los cambios de opción política. Se parte de las premisas falsas al suponer que la propaganda política en los medios de comunicación actúa como una aguja hipodérmica en la población inerte, con la capacidad de cambiar las opciones de voto. Para establecer el cambio de opción política, habría que realizar metodologías de investigación complejas ( especialmente las cualitativas) que permitan reconocer la multidimensionalidad de la opinión pública.

- Clasifican categóricamente a los sectores sociales como votos duros (las opciones definidas por un partido político), los indecisos (aquellos que manifiestan no saber por quién votar, o no están seguros) y los que no emitirán su voto. Clasificación que reduce a los electores a atribuciones que pueden ser muy distantes de las actitudes y preferencias políticas reales de los salvadoreños. Las alternativas de "no sé" o "no contesta" no puede interpretarse únicamente como "indecisos".

Según se ha comprobado (Paul Felix Lazarsfeld, B.Berelson, MacPhee, 1954; Sidney Kraus y Dennis Davis, 1991), este tipo de votante imparcial o neutral que sopesa los argumentos ofrecidos por los partidos competidores en el desarrollo de la campaña no es más que uno de tantos mitos políticos.

Los sondeos de opinión, entre el bien y el mal

En la carrera de la campaña electoral, teóricamente, los partidos políticos, los ciudadanos consumidores de medios y los medios masivos obtienen ganancias o pérdidas con las encuestas de opinión.

A los políticos, les posibilita diagnosticar las intenciones de voto de los salvadoreños, como un termómetro sobre su imagen, y de acuerdo con este panorama, ajustan o precisan sus estrategias de propaganda política; presumir de su posición y desprestigiar al adversario, si los resultados son positivos, y negar su validez e increpar a las instituciones que las realizan, si los resultados son negativos, muchas veces sin fundamento teórico-técnico.

A los usuarios, les genera disgustos (a los indiferentes), porque irrumpen su rutina de vida, y motivación (a los predispuestos), porque recrean sus opciones políticas.

A los medios, les permite garantizar el volumen de información de los días (en el ámbito periodístico); obtener jugosas utilidades en concepto de publicidad y, por qué no decirlo, obtener benevolencias de los partidos políticos publicitados en el sistema de compadrazgos.

Paradoja: Gastos publicitario enormes, participación ciudadana escasa

Al revisar las estadísticas de los resultados electorales de los últimos 20 años, resulta sorprendente que ni la mitad de los salvadoreños, entre un 39% y un 43%, ha elegido a los funcionarios públicos (presidentes, diputados y alcaldes).Consecuentemente, más de la mitad, entre un 61% y un 57%, no se ha dado por aludido, un cuando en ese mismo lapso se han inundado los medios de comunicación social, con sendas y costosas campañas propagandísticas.

En las encuestas que se han administrado desde junio de 1998 sobre preferencias electorales, el panorama no varía mucho. En este sentido, el panorama de la actitud política de los salvadoreños, más o menos se resume así:

Predispuestos, los que antes, durante y después de la campaña electoral están definidos por un partido político(ARENA, FMLN, PDC, CDU, PCN y otros). Entre todos, porcentualmente, significan entre un 24.9% y 43% de los salvadoreños con capacidad de votar.

Desinteresados. Porcentualmente, según los resultados de las indagaciones, significan entre un 57% (Rivera Research S.A., patrocinado por el TSE, noviembre-diciembre de 1998) y 75.1% (IUDOP, diciembre de 1998,citado por APOTE) de los salvadoreños con capacidad de votar. Actitudinalmente, expresan un repudio por los procesos electorales y por los políticos.

La campaña electoral, "un baño químico"

Entonces cabe preguntarse: ¿Qué sentido tiene estar gastando tanta plata en la campaña, si los medios de comunicación no tienen la capacidad de modificar intenciones de voto para las próximas elecciones presidenciales?.

Según los resultados de las elecciones de los últimos 20 años indican que estas quedan definidas por los acontecimientos políticos, económicos y sociales entre períodos presidenciales o por estadios históricos; no por una campaña.

La propaganda mediática sólo refuerza y motiva las intenciones ya predispuestas, que tienen su origen en los temores, en las desconfianzas, en las expectativas, en los problemas cotidianos de la población. Como dice el profesor Paul Felix Lazarsfeld (1953), la campaña es como un baño químico que revela las fotografías: hace surgir las imágenes ya latentes en la placa

IV. FOBIA Y DESCONFIANZA CIUDADANA

En las conversaciones diarias, en las encuestas de opinión y en las entrevistas, antes, durante y después de las elecciones, la gran mayoría de los sectores sociales muestra aversión y desconfianza por los políticos y sus discursos.

Las razones abundan, desde la falta de democracia al interior de las organizaciones políticas, los abusos de poder, la impunidad institucionalizada, la falta de transparencia en el manejo de fondos propios y públicos, hasta la falta de representatividad institucional y política.

Esta actitud de rechazo al actual sistema de partidos políticos se observa no sólo en la acción política ( a través del voto), sino en la acción comunicativa en todas los espacios sociales de la vida cotidiana de los ciudadanos.

Sistema desprestigiado por tradición

Entre las generaciones (padre-hijo, abuelo-nieto, abuelo-bisnieto, etc) se establece un diálogo en el que se ha valorado y se valora el sistema político en todas y cada uno de sus componentes y expresiones.

Esa valoración se ha ido configurando en el lapso de la vida constitucional del país, a partir de la experiencia que cada una de las generaciones ha tenido con respecto a sus gobernantes y a sus formas de gobernar.

En las conversaciones, los jóvenes, adultos y ancianos recuerdan y se refieren a los políticos negativamente. Cada uno tiene una historia o anécdota negativa que contar en donde se evidencia una carga emotiva de sufrimiento y desprecio, precisamente por la afectación en contra de sus hogares.

Durante el siglo XX, la vivencia de los salvadoreños con relación al sistema socio-político no es nada grata: dictaduras, dinastías partidarias, gobiernos sin atributos democráticos elecciones malogradas, inestabilidad de los gobiernos, crecimiento económico sin distribución de frutos, fuerza laboral sin fuentes de trabajo, fracaso de las políticas gubernamentales, alianzas derecha-fuerza armada, enriquecimientos ilícitos, destrozos humanos y de la infraestructura económica durante la guerra, etc.

Por esas prácticas constantes y recurrentes en las estructuras de poder, la personalidad colectiva del país recuerda experiencias negativas y sufrimientos, a partir de los cuales critica mordazmente, con razón vivencial, al actual sistema político y a sus representantes.

Mensajes etéreos e inconsistentes

El salvadoreño evalúa como inverosímil el contenido de los mensajes políticos que se distribuyen a través de los Medios de comunicación social. Significa que no se cree en el discurso de los políticos. Se lo valora como inconsistente, porque sólo contiene ideas ilusorias e irreales.

Generalmente, en el spot publicitario, en las entrevistas, en los mítines, etc., los políticos se designan y se autodenominan como "Defensores de la "democracia", "Trabajadores de la "justicia", "Padres de la Patria", "Defensores de la "libertad", "Promotores de la modernización", "Abanderados del desarrollo", "Representantes y Defensores del pueblo". Asimismo, publicitan las acciones como actos de caridad hacia la población con términos como "Lo estamos haciendo en beneficio del pueblo"

Al hacer un recuento de las tesis de los diferentes partidos políticos, aparece una cantidad de conceptos similares en su abstracción y generalidad. Si no estuvieran etiquetados como de izquierda, de derecha, socialdemócratas o socialcristianos, etc., por su discurso parecen que tienen la misma percepción del país y se proponen los mismos proyectos políticos. Como se dice popularmente,"todos los políticos hablan de lo mismo" y además "en los mismos términos".

En la práctica, el comportamiento de los mismos también se uniformiza. En El Salvador, después de los Acuerdos de Paz, firmados el 16 de enero de 1992, percibe y comenta que la izquierda y la derecha no se diferencian en nada sustancial, sino en la posición en que se ubican el teléfono celular (unos a la izquierda y otros a la derecha) y en los colores de los carros último modelo que usan.

En la mayoría de los casos, no se llevan a la práctica las tesis y las argumentaciones políticas. Por la certeza que viene de la experiencia, la población percibe que los políticos, sin distinción alguna, adolecen de las misma debilidades y de los mismos vicios: "trabajar poco y beneficiarse de todo mientras están en sus funciones públicas".

Por eso, aun cuando la población puede opinar favorablemente sobre la estética de los mensajes y tararee el gingle propagandístico, y darles la razón en más de alguno de sus comentarios sobre cualquier problema coyuntural, ocurre que no se apropian actitudinalmente del contenido del discurso porque lo considera hipócrita y distanciado de sus problemas y de sus formas de vida.

Como la canción: Palabras, palabras, palabras, palabras...

Otro elemento que configura la percepción negativa sobre los políticos y sus formas de actuar, se relaciona a la oferta política en el discurso de la campaña pre-electoral o electoral y el cumplimiento de la misma cuando el funcionario está ejerciendo el poder. Se establece una conexión entre la promesa del candidato y el cumplimiento del funcionario público: Veamos cómo ocurre.

Comunicacionalmente, cuando el político ofrece o promete realizar una acción en beneficio de la población, se compromete a cumplirla en una especie de contrato implícito. El votante predispuesto cree, piensa, espera que el candidato realizará posteriormente lo que ha prometido. El activista más cercano a la dirección del partido o al sector social que lo apoya, quizá es el único que sí está seguro que le cumplirán las promesas.

El espacio vital de la mayoría de los salvadoreños actualmente comprende una serie de necesidades, entendidas estas como deseos de poseer un objeto o lograr metas vitales (casa de habitación, empleo, seguridad social, salud, educación, hambre, etc).A partir de las características de este espacio social, los compatriotas juzgan el desempeño de los gobiernos de los últimos años como una serie de políticas y estrategias que no han satisfecho esas necesidades (ni las básicas mucho menos las de autorrealización).Contrariamente, se experimentan cada vez más altos niveles de insatisfacción socioeconómica por la carestía de la canasta básica y el aumento del costo de los servicios de agua, electricidad, cuotas escolares, telefonía, licencias, tarjetas de circulación, etc. Significa que ven la administración política como un fracaso, pues sólo constituyen promesas, no cumplimientos y soluciones observables en su beneficio. Se ven y se viven como acciones políticas en su contra.

Allanamiento de sus rutinas diarias

Si las necesidades siguen o se han incrementado en la vida diaria, con la tormenta de spot televisivos, de desplegados en prensa, de cuñas radiofónicas, de hojas volantes, de notas noticiosas, de mítines y barras móviles, etc, etc., no se hace sino inundar de ruidos la vida cotidiana de los guanacos.

Las personas en sus vidas diarias tienen una rutina, en donde las funciones de la persona en cada momento y en cada espacio están definidas. En otras palabras, las actividades diarias están pautadas por el hábito, por la costumbre, por la cultura, por la sociedad. Cualquier rompimiento, cualquier alteración en esa rutina puede provocar crisis, confusión, ansiedad, miedo, enfado, etc. Los mensajes son disonantes en la rutina y provocan actitudes de rechazo porque no implican directa y personalmente a la mayoría de los salvadoreños.

En este espacio social, ante las insatisfacciones provocadas por los políticos y el orden de cosas establecido, la mayoría de los sectores traslada su confianza y su atención a los medios de comunicación social. Esto ocurre porque ofrecen programas que facilitan el entretenimiento (música, series, novelas, fútbol, películas, etc), en su tiempo de ocio.

En el tiempo extralaboral (tiempo de descanso y diversión), especialmente en campañas electorales, los discursos propagandísticos transmitidos en los medios, en lugar de inducir a la población a votar o motivarla, irrumpen su acostumbrada programación favorita y generan molestias. En algunos casos se traducen en enojos e insultos.

Importancia ocasional para la comunicación con la ciudadanía

Por otra parte, los partidos políticos, durante las épocas de "calma" ( entre elecciones), no le dan a la comunicación la importancia estratégica debida. En estas circunstancias, se configuran las predisposiciones de los votantes, en razón de las acciones políticas de los gobernantes y de la oposición. Contrariamente, se tiene una concepción inmediatista, utilitarista y ejecutivista de la comunicación social, con mayor intensidad en los círculos de la oposición. Es más, solamente se le da valor político a la presencia de su discurso en los medios de comunicación masiva, en detrimento del valor comunicativo de los hechos concretos en beneficio de la mayoría de la población.

En lugar de entender la comunicación como una actividad de importancia permanente, cuya dirección y producción requiere del concurso de profesionales bien cotizados, y del uso de instrumentos adecuados, en la práctica se la percibe como una actividad de importancia esporádica. Únicamente, priorizan y enfatizan una falsa retórica del bien y del mal a través del espectáculo y el show mediático de un momento determinado.

Comunicación de circo, en lugar de acciones benéficas

En 1980,como gran filósofo de la comunicación social, monseñor Romero, al referirse a la utilidad social de la inversión propagandística de la izquierda, la criticó duramente porque, en lugar de favorecer con ese dinero a las personas por quienes se dice luchar, se lo malgastaba en publicidad política.

La exhortación sigue siendo válida en la actualidad, y de forma extensiva a todos los partidos políticos, pues ejecutan sus campañas por medio del espectáculo y el show mediático (cancioncitas alegres, chicas bailarinas con ropita corta, cachuchas coloridas, saturación de spots y cuñas altamente retóricas, folletines, etc). Contrariamente, los beneficios "constantes y sonantes" a la población no se consideran como estrategia de comunicación política.

Tomando como base el planteamiento de Charles Sanders Peirce(1958), teórico clásico de la comunicación, los políticos salvadoreños creen en los signos potenciales (en el posible efecto de la retórica mediática), pero olvidan los signos situados (el contenido de los mensajes en el contexto social) y ni siquiera perciben los signos interpretativos (la orientación de los públicos en los contextos cotidianos).

En cada una de las dos elecciones pasadas (1997, 1999), el gasto estimado promedio en publicidad política anduvo aproximadamente alrededor de los 190 millones de colones en total. Se prevé que en elecciones del 2003 y del 204 se invierta un estimado de 200 millones de colones en cada una.

Bien por las agencias de publicidad, de los medios de comunicación masivos, de los asesores extranjeros y nacionales; pero ¿y los 6 millones de salvadoreños en qué se benefician con ese dinero? Al parecer en nada que satisfaga sus necesidades básicas. Sólo se les informa sobre los proyectos políticos, cuando mucho. Con esa retórica abstracta, ¡quién sabe!.¿Se persuade y se sugestiona a los ciudadanos?...¡están definidos ya!

Acciones políticas de signo negativo

A pesar del patológico narcisismo de los políticos por estar en los Medios de comunicación social (entiéndase fanatismo por la comunicación potencial), la imagen que la población percibe de sus intervenciones (comunicación situada) difiere mucho de sus intenciones propagandísticas. La distancia entre la intención de los políticos y la interpretación cotidiana de los públicos es de años luz.

Concretamente, de su presencia e intervenciones en los medios de comunicación masivos, y de la experiencia en su vida diaria, se elaboran una serie de lecturas e interpretaciones, que llevan a configurar la percepción ciudadana sobre ellos. Entre otros, se perciben los siguientes rasgos:

Imprecisos en sus comentarios. Nombran los asuntos políticos del país no con el rigor técnico que se merecen, sino con frases superficialmente propagandísticas, en donde se hace alusión a las actitudes políticas del otro como "maleficio", mientras la propia se la designa como "milagro".En lugar de demostrar, se plantean los asuntos en blanco y negro, como problemas morales": lo que hace ese partido político está mal" y, contrariamente,"mi propuesta es la buena".

Irrespetuosos de sus adversarios. Se nombran y se califican no con profesionalismo y respeto, sino con el epíteto malcriado y sarcástico, como "mal nacido".La población percibe la contienda política como una guerra verbal, donde lo que se indica es la intención de dañar al otro, desprestigiarlo o acabárselo psicológicamente, con los mismos principios hitlerianos de la violencia psíquica.

Intolerantes políticamente. Las mociones no se discuten en el marco de la pertinencia y/o de beneficio político para el país, sino que se las trata con una actitud de oposición por la oposición ( muchas veces no se las adversa, se las destruye de un plumazo, como en plena guerra). Recordando la época de la guerra, como un substrato, la discusión entre la oposición y los partidos de gobierno es una batalla verbal. El discurso político se estructura con una metodología militar: ataque, defensa, contraataque. En el lenguaje se perciben términos como "vencer","aniquilar" o de "puntos débiles".

La intolerancia política no sólo se expresa entre partidos sino al interior de cada uno de ellos. Durante el año 2001 y principio de este se pudo percibir públicamente pleitos internos en donde no se acepta a la otra tendencia, se la niega y se la excluye. Las direcciones ven a sus partidos como sus feudos, en el que pueden ser dueños de todo: los bienes muebles e inmuebles, la voluntad de las personas y la verdad sobre la realidad.

Beneficiadores de sectores exclusivos. Se percibe que la actividad política de los funcionarios públicos gira en torno no al beneficio de todos los sectores sociales de la nación, sino a satisfacción del grupo social que los promovió, como en el caso de la privatización de la banca. La población se recuerda patéticamente el ofrecimiento de trabajar por los más pobres de los pobres; sin embargo, con las acciones gubernamentales de las últimas tres administraciones, los más favorecidos, según los analistas políticos, han sido los grupos que han promovido las candidaturas.

Incumplidores de la ley. Se juzga que los políticos, en lugar de apegarse a derecho, son los primeros en violarlo, con su incumplimiento. Cotidianamente, el salvadoreño está bien claro que los funcionarios públicos se desempeñan en sus carteras con toda impunidad. Parafraseando a Monseñor Romero, la ley es como la serpiente, sólo pica al que anda descalzo. Así retrasaron la aprobación del presupuesto de la nación de 1999, del 2002 y el nombramiento del actual Procurador de Derechos Humanos de la República, inundan de propagan las calles o irrespetan los debidos procesos, como tiranuelos, etc.

Ausentes de las comunidades. Se percibe que los políticos sólo de toman la molestia de visitarlas en épocas electorales cuando se buscan votos, pero ya electos no se molestan en acudir a ellas para identificar sus problemas y buscar superarlos. Generalmente, estando en el poder, hacen exactamente lo contrario. Cuando las elecciones para alcaldes, el Dr. Silva se internó en el Mercado Central, saludó a las vendedoras, prometió trabajar en su favor y salió por la televisión. Pasado un año de ejercicio como edil, argumentando rescatar el Centro Histórico, embellecerlo, volverlo estético, echa violentamente a los vendedores de sus lugares de trabajo, de donde obtienen su sustento diario y el de sus hijos.

Buscadores de su propio beneficio. Se valora que los funcionarios orientan fundamentalmente sus acciones con la intención de sacar provecho individual de todo, entre otras, con el comercio de voluntades, los aumentos de salario y los abusos en el uso de los recursos del Estado, desde las fotocopias de los libros hasta la utilización de los vehículos nacionales para propósitos personales, pasando por la permanente actitud de permitir la destrucción de todo el patrimonio del Estado.

V. SISTEMA DE VOTACIÓN: INCOMUNICACIONES

La poca participación de la sociedad civil en los eventos electorales se debe, además, a otros elementos, como la falta de socialización de la práctica democrática, la falta de obligatoriedad del voto, las difíciles condiciones de movilización a los centros de votación, la ineficiente información previa al sufragio y el burocrático procedimiento para emitirlo.

Una cultura sin política democrática

Los salvadoreños, además de recibir signos negativos de los políticos a través de los medios de comunicación masivos, y de vivir en un espacio social crítico y hostil (inseguro, violento, narcotizado, inmoral, pobre, lleno de impunes por doquier, inundado de rateros de toda calaña, etc), no son usufructuarios de un sistema educativo eficiente en la formación y conformación de valores democráticos.

El tipo de participación democrática de la población a través de las elecciones depende muchísimo de la cultura política de un pueblo. Por cultura política debe entenderse como el conjunto de actitudes, creencias, sentimientos, símbolos y valores, productos de la historia colectiva y de la experiencia individual, que dan sentido al sistema y a la vida política de un país (Monzón, Cándido, 1997).

Esta participación depende no de un momento (de las épocas de elección), no es exclusivo del espacio mediático (de campaña electorales dramatizadas a través de la retórica de los medios audiovisuales) ni resultado de la improvisación (de acciones políticas de última hora), sino del ejercicio continuado de los principios democráticos, propios del esfuerzo, convicción y participación de los ciudadanos en la vida pública del país.

El ejercicio continuado de los principios democráticos supone los hábitos de información, participación y responsabilidad social transparentes, que el sistema educativo puede y debe introducir, fomentar y fortalecer esencialmente.

Sin embargo, nuestro sistema educativo ha adolecido y adolece de una política estratégica de socialización de esos principios democráticos.

Según Pedagogos, antes de la Reforma Educativa, además de la consolidada filosofía del laissez faire, laissez passer (dejar hacer, dejar pasar) en el trabajo diario, desarrollaba una concepción bancaria burda y deficiente del mundo y de las ciencias. Se potenciaba el pesimismo, la triquiñuela, la irresponsabilidad, la desinformación, los compadrazgos y patronazgos con relación a los asuntos públicos.

Después de la Reforma Educativa, según analizan los pedagogos, siempre se promocionan los compadrazgos políticos y los lastres de antaño, con una acentuada reverencia a la impunidad, por la sencilla razón de que no se ha pensado la concepción educativa ni el sistema administrativo para nuestro contexto (una riqueza de necesidades, con un mar de miserias). La concepción y la práctica democráticas siguen siendo los principales ausentes.

En consecuencia, si no se educa para la democracia y si el sistema familiar habitualmente funciona con desprecio a los políticos, entonces difícilmente se puede dinamizar el sistema democrático en este país.

Carné electoral, poco utilizable

Por las secuelas de la cultura del fraude y por todas las razones comunicacionales planteadas, los salvadoreños aptos para votar difícilmente se movilizan a los centros de votación previstos por el Tribunal Supremo Electoral, como lo han anunciado ya la mayoría de las encuestas. Sin alardear con los pronósticos, se puede afirmar que el porcentaje de desinteresados se mantendrá en las elecciones del 2003 y 2004 en el nivel de los últimos veinte años(del 53 al 62%), sino se modifican muchos de los factores que dificultan la participación política de los ciudadanos.

Allende de que las campañas electorales son poco novedosas, nada atrayente y poco dinamizadoras de esta situación democrática (macro comunicación deficiente), otro de los enormes descuidos de los políticos ha sido el estatuto del carné electoral en el espacio vital de los salvadoreños (micro comunicación). La utilidad social de este documento se redujo a la amenaza hecha por las autoridades en los períodos electorales de que sería un documento necesario para cualquier trámite legal.

Al no ser legalmente obligatorio de modo permanente, el interés de los salvadoreños por obtenerlo se redujo a la mínima expresión, y, con él, la remota posibilidad de ir a votar se acrecentó.

Actualmente, ante los pobres índices de votantes en las elecciones pasadas, la inoperancia del carné electoral y el interés por volver más confiable el sistema electoral, los partidos de oposición han estado promoviendo el voto residencial y del establecimiento de un Documento Único de Identidad (DUI).

El proceso de adquisición del DUI inició en diciembre del 2001, con una serie de dificultades de tipo operativo, que dificultan a la población obtenerlo. Esto permite intuir que hay fuerzas interesadas que tratan de evitar que este nuevo instrumento posibilite la participación de la ciudadanía en las elecciones del próximo año, en tanto que facilitará el voto residencial.

Día de elecciones, día para otra actividad

La obtención del carné electoral y ahora el DUI ha sido una aventura dificultosa y de mal gusto; el día de los comicios, un conjunto de reveses. Su organización invita a no votar. Los centros de captación están diseñados como laberintos complicados o como adivinanzas sin solución, para una población de por sí desmotivada. Entre otros problemas, se experimentan los siguientes:

Mucha inversión de tiempo para tan poco beneficio. Asistir a los lugares de votación implica invertir un largo tiempo y un tremendo esfuerzo, que no vale la pena gastar como enseña la tradición política de este país. La ruta es complicada; hay familias que tienen que deambular de un lugar a otro para poder votar. Así las cosas, habría que ser demasiado buen ciudadano para sortear tanto obstáculo. Resulta más satisfactorio, atractivo y fácil frecuentar un campo de fútbol, dormir, ver televisión, escuchar música, compartir con la familia, etc., que peligrar en la movilización hacia los distantes centros de votación.

Orientación inadecuada. Al llegar al lugar de votación, resulta que, además de no prestar las condiciones mínimas para los conglomerados humanos, los listados no están ordenados según la lógica de la facilidad, sino de la dificultad, con casos como los siguientes: a) muchos nombres no aparecen en los listados, b) nombres de fallecidos en el padrón electoral, c)sorpresiva existencia de votantes sustitutos, d)informaciones equivocadas sobre los lugares de votación, etc.

Según el Tribunal Supremo Electoral, 1)actualmente más de medio millón de fallecidos están en los registros oficiales, 2) en 1994, un 3.3% de los tres millones de salvadoreños regresó a su casa sin emitir su voto porque no apareció en el padrón, 3) a un 0.3% no le coincidió su número de carné con el número impreso en el registro y 4) un 0.1% reportó error en la digitación del nombre del ciudadano(Félix Ulloa, DH, 26/01/99:7)

Todas estas adversidades propician, potencian y reproducen la aversión al sufragio. Esta diversidad de anomalías, al parecer, más que errores involuntarios en la organización del evento, en gran medida son acciones previstas por mentes maquiavélicas.

Este sistema electoral con tantos obstáculos fomenta la poca participación política de la mayoría de los salvadoreños, y, consecuentemente, beneficia a las minorías políticas de este país. Con esto la democracia salvadoreña pierde, porque se deslegitima y se anquilosa.

VI. A MODO DE PROPUESTA

Sumariamente, de acuerdo a investigaciones realizadas (Mario Alfredo Cantarero, 1995), la fobia y la desconfianza ciudadana hacia el sistema político en El Salvador se fundamentan en el tradicional desprestigio de los políticos que se hereda de una generación a otra; se arraiga en la falta de verosimilitud del discurso político por la poca relación con la vida cotidiana de las personas; se reproduce en el reiterado incumplimiento de las promesas, y se actualiza en la poca participación en los procesos electorales.

Según se ha establecido recientemente, en los países democráticos (Sidney Kraus y Dennis Davis, 1991), la propensión de voto se configura con las acciones políticas de los gobiernos y de los partidos políticos durante los períodos entre elecciones, y, además, con los componentes generacionales, históricos y sociales determinados.

Concretamente, se trata de la emisión de una serie de signos de la población por medio de acciones evidentes en favor de los sectores sociales. Significa establecer un acto de comunicación política entre el sistema político y la población por medio de la solución o atenuación de los problemas sociales, económicos, políticos o culturales.

Más explícitamente, se trata de satisfacer las necesidades, en nuestro caso, de la población salvadoreña (léase la seguridad ciudadana, el empleo, respeto a los derechos humanos, agua potable, educación competente, buenas carreteras, atención adecuada en las instituciones públicas, aplicación del debido proceso legal, etc.).

En síntesis de lo que se trata es que el discurso mediático y el discurso de las acciones deben ir paralelos para que la población constate la verosimilitud de la palabra con el beneficio inmediato, en su contexto concreto.

Operativamente, en el caso del gobierno, conviene que realice las acciones políticas imprescindibles para resolver los problemas esenciales de la población, por medio de cada uno de los ministerios públicos, con base en diagnóstico rigurosos y en programas de atención certeros y transparentes.

Con respecto a la oposición, se requiere que realice proposiciones políticas encaminadas a fiscalizar las acciones del partido en el gobierno y garantizar el cumplimiento de los compromisos, con base al conocimiento esencial de los problemas del país y con una actitud más realista.

Cada una de las acciones sugeridas deben de comunicarse permanentemente por medio de estrategias de comunicación, que superen el contenido demagógico y potencien el vínculo entre la certeza y el discurso.

Esto, sin duda, estratégicamente obliga al ejercicio continuado de los principios democráticos, que entraña nuevos hábitos de información, participación y responsabilidad social transparentes, que el sistema educativo puede y debe introducir, fomentar y fortalecer esencialmente, por medio de una cuerpo conceptual actualizado y una metodología más rigurosa en el proceso de enseñanza.

______________________
FUENTES CONSULTADAS

- Hermet, Guy, Alain Rouquié y Juan J. Linz (1986): ¿Para qué sirven las elecciones?, México, Fondo de Cultura Económica.
- Lazarsfeld, Paul Felix y B.Berelson, William MacPhee (1954): Voting: A study of Opinion Formation in a presidential campaign, Chicago, University Chicago Press.
- Lazarsfeld, Paul Felix, Bernard Berelson y Hazel Gaudet (1944): The people’s Choice, New York, Columbia University Press.
- Monzón, Cándido (1997): Opinión pública, comunicación y política. La formación del espacio público, España, Editorial Tecnos.
- Sidney Kraus y Dennis Davis (1991): Comunicación masiva. Sus efectos en el comportamiento público. México, Editorial Trillas.
- Ulloa, Félix (1999): declaraciones hechas al Diario de Hoy, 26 de enero, Pág. 7.
- Verón; Eliseo (1994): "Mediatización, comunicación política y mutaciones de la democracia", en Semiósfera, no. 2, Madrid, Universidad de San Carlos III, págs.5-36
.


* Mario Alfredo Cantarero es master en comunicación social por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador, profesor de Metodología de la Investigación y coordinador de postgrados e investigaciones de la Escuela de Ciencias de la Comunicación de la Universidad "Dr. José Matías Delgado", El Salvador, Centroamérica. Fue director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de El Salvador y periodista del año 1998 en la rama de artículo, otorgado por la Asamblea Legislativa. Es colaborador de Sala de Prensa.


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