Sala de Prensa


5
Abril 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La prensa frente a las nuevas tecnologías

Algo está cambiando

Piedad Bullón *

(1a. parte)

Tal vez nunca llegue a resolverse el viejo debate sobre si el periodismo es un oficio o una profesión, por más que los títulos académicos hayan venido a dar lustre a una actividad que sigue aprendiéndose con la práctica. Internet ha abierto una nueva fase. En realidad, la radio primero y la televisión después, ya pusieron en cuestión las normas vigentes y que correspondían a una época de escasez de información. En nuestros días se plantea más bien qué hacer con el exceso de información a nuestro alcance.

No se trata tanto de llegar primero cuanto de decidir qué información es relevante para los usuarios. La carrera por el scoop pierde rápidamente sentido para los medios escritos: una primicia dura, en el mejor de los casos, lo que tardan en llegar los periódicos a la redacción de una emisora. Y hay periódicos que, para asegurarse la paternidad de una noticia, optan por publicarla primero, en plena noche, en su versión online, antes que la edición impresa llegue a los quioscos.

Juan Luis Cebrián, que fue el primer director del diario El País, reconocía el pasado diciembre que "la gente se aparta progresivamente de la lectura de los periódicos. Está pasando ya en los países desarrollados. En todos ellos se venden menos periódicos que hace cinco años...Es un fenómeno malo, perverso para la extensión de la cultura y los valores democráticos, pero está ahí". Para Cebrián, los periódicos, que ya han afrontado con éxito la competencia de la televisión asimilando ciertos rasgos de este medio, están ahora obligados a responder al reto que les plantea la información online.

A mediados de 1998 se reunió en Nueva York un seminario organizado por la publicación Editor & Publisher para tratar las consecuencias de la aparición de los nuevos medios electrónicos sobre la prensa. Las principales conclusiones de la discusión pueden resumirse en:

  • los periódicos no sólo no van a desaparecer, sino que seguirán siendo el medio dominante en el siglo XXI; sin embargo, el entorno está cambiando a gran velocidad;
  • los ingresos publicitarios son amenazados por la aparición de nuevos medios y por la segmentación de la audiencia;
  • conquistar nuevos lectores es una prioridad absoluta; la vieja fórmula de 85% de publicidad y 15% de circulación ya no sirve;
  • se acentuarán los cambios en la estructura de propiedad de la prensa: un puñado de grupos `multimedia´ controlarán todos los periódicos.

Más de 4.000 periódicos en todo el mundo cuentan ya con una versión online. Algo menos de 2.000 en Estados Unidos. No es extraño que sea en aquel país donde más se ha reflexionado sobre la cuestión. En España, casi todos los diarios de alcance nacional o regional en España tienen presencia en Internet. Paralelamente, proliferan los boletines de noticias y revistas electrónicas que, en una escala todavía marginal, compiten con aquéllos en el mercado de la información. Pero lo cierto es que la credibilidad de estos nuevos medios tardará en acreditarse. Estas tendencias resumen una parte de los cambios del paisaje periodístico, suficiente para provocar la reflexión de los profesionales.

Analizar las formas que adopta la información electrónica es parte del trabajo de José Luis Dader (dader@eucmacx.sim.ucm.es), que imparte en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid una asignatura (optativa) llamada Periodismo de precisión. "En otros países -dijo Dader a iWorld- ya han aparecido, gracias a Internet, nuevas empresas que se dedican al periodismo de investigación sobre bases de datos que se venden a cualquier medio de comunicación. De los informes que elaboran, ofrecen una parte de la información abierta a través de una página electrónica, y otra por suscripción; es una nueva forma de hacer periodismo, más barata porque requiere menos inversión, pero sobre todo más libre para quienes se sienten encorsetados dentro de los medios tradicionales".

En lugar de la adscripción al medio de origen, habitual en los periodistas de la vieja escuela, las nuevas generaciones se caracterizan por una mayor versatilidad que, en principio, les permite pasar con facilidad de los medios impresos a los audiovisuales y/o a los electrónicos. Se supone que los medios de comunicación, dentro de poco tiempo, necesitarán nuevas hornadas de periodistas con una mezcla de habilidades tradicionales e innovadoras, que sean capaces de trabajar con textos, fotos, gráficos, audio y vídeo, los componentes de la edición multimedia. ¿Cuál será el ritmo de esta evolución?, ¿de qué depende la velocidad del cambio que se anticipa?

"La situación en España es todavía incipiente -dice Dader- y son pocos los medios de comunicación que han entendido realmente lo que puede dar de sí Internet. La mayoría ha enfocado su presencia en la Red como un escaparate, poniendo en línea meras copias de la edición en papel, con escaso o nulo valor añadido. Parecen ignorar, de momento, que Internet les obliga a ir hacia la diversificación, a ofrecer algo más, diferente. Los medios impresos que están Internet -esencialmente periódicos, porque las revistas están aún más perplejas- podrían estar dando una información detallada y actualizada sobre servicios, por ejemplo. Pero lo cierto es que las empresas de prensa se equivocan en la asignación de recursos a sus medios digitales: pocos periodistas y más informáticos o diseñadores gráficos. Con todo, algo está cambiando".

Por supuesto, saber estructurar una crónica o un reportaje, separar información y opinión, sigue siendo lo más importante, pero la estructura tiende a cambiar. La lectura online no es lineal; es un proceso de deconstrucción/reconstrucción. Mientras el lector de periódicos puede cambiar de página pero raramente pierde su fidelidad, el lector online siente a cada minuto la tentación de huir a través de la red si el artículo no ha sabido captar su interés. Por esto, los futuros periodistas deberían aprender más sobre la naturaleza de los recursos a su alcance y poco, muy poco, sobre HTML o Java.

"Hay un cierto mito de la tecnología, que es algo que puede aprenderse en tres semanas. Por un lado -reflexiona Dader-en las facultades de periodismo hay familiaridad con la tecnología, pero no se trabaja lo suficiente sobre la mentalidad del futuro profesional, que debería adquirirse a través de otro tipo de enseñanza. Por ejemplo: cómo redactar las noticias en un medio digital, cómo integrar gráficos y vínculos, son aspectos que no se han incorporado a la formación de los periodistas. La información electrónica es transversal. Los criterios que valen para un medio clásico, no siempre sirven para Internet, un medio en el que no basta con reproducir una información de texto que ha dado el periódico o la radio. ¿Por qué no abrir el acceso a bancos de fotos, a información temática exhaustiva? todo lo cual exigiría concebir de otro modo la selección de los materiales y los criterios de relevancia. El aprendizaje de la tecnología es lo de menos; lo otro requiere un cambio de perspectiva, que a su vez exige un poso cultural que muchos alumnos no tienen ni se les ofrece".

¿Y qué pasa con la ética?

En el principio fue la prensa escrita. Cada fase tecnológica -o mejor dicho la disponibilidad de la tecnología- ha obligado a los periodistas a examinar lo que hacen y cómo lo hacen. ¿Qué es una noticia? ¿Quién, cuándo y cómo difundirla? La aparición de un nuevo medio ha añadido estos y otros dilemas a los existentes. En nuestros días, la gente está saturada de titulares. Neil Postman, profesor de comunicación en la New York University, opina que "los periodistas de hoy tienen una apremiante necesidad de pensar en las necesidades de sus lectores, en lugar de obsesionarse por los límites del proceso de producción y distribución, que han dejado de ser un problema"

El conflicto entre la búsqueda de la primicia, que da lugar a un titular rompedor, y la información rigurosa, es casi tan viejo como la profesión. Pero nunca como hoy, y en ningún medio como en Internet, esa batalla ha estado tan cargada de significación. Se ha dicho que el periodismo online es una encrucijada de intereses conflictivos y dilemas éticos.

José Luis Dader cree que "al margen de si es ético o no lo que hacen algunas personas, supuestamente periodistas, es evidente que Internet supone una ruptura del monopolio del poder periodístico. Gracias a la información online salen a la luz asuntos que habrá que confirmar si son bulos o no, pero en todo caso alteran la comodidad de quienes controlan el mercado de la información".

El caso Lewinsky será recordado como un ejemplo, para bien y para mal, de esta nueva situación. Aunque conocido, vale la pensa recordarlo aquí. Un reportero de Newsweek, Michael Isikoff, que tenía en sus manos la información sobre el asunto, esperó a conseguir la preceptiva confirmación de fuentes que exige la buena práctica profesional. Un chismoso de tres al cuarto, Matt Drudge, que no tiene pudor en afirmar "un 80 % de mis informaciones son ciertas", le birló la primicia a través de su cutre boletín de cotilleos online. Al final, Isikoff ha ganado reputación profesional, pero Drudge pasará a la historia como el hombre que aireó el escándalo presidencial de los 90.

El caso Lewinsky ha bastado para desestabilizar la prudencia de los medios serios. Desbordados por la magnitud (y por el morbo) de la noticia, las grandes instituciones de la prensa americana se lanzaron a una loca carrera, de la que más tarde habrían de arrepentirse. La prensa americana `de calidad´ sigue preservando sus informaciones para la edición en papel, en lugar de precipitarse a publicarlas en sus sitios web. Pero tal vez no puedan mantener por mucho tiempo esa política. Incluso un diario conservador como el Wall Street Journal ha tenido que retirar noticias publicadas en su web, al descubrir que había sido víctima de una intoxicación. Claro que, como el tropezón no llegó a imprimirse, el prestigio del periódico ha quedado intacto.

Las radios y cadenas de televisión, con su información permanente, abrieron en su momento la carrera por la primicia, pero nunca hubo grandes patinazos. Y cuando los hubo, se atribuyeron al deseo de notoriedad de ciertos periodistas; caso cerrado. La prensa online, con su estilo informal y su prisa por llegar antes, agudiza el riesgo de errores. Hasta no hace mucho, la exclusividad de una noticia se disfrutaba durante un tiempo (varias horas, a veces hasta un día) antes de ser alcanzada por la competencia. Hoy un tema candente deja su sitio a otro, a los pocos minutos de rebotar por las ondas y el ciberespacio. Del mismo modo que las bolsas han evolucionado hacia un mercado continuo, la información ha pasado a ser un ciclo abierto permanentemente.

Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique y estudioso de la globalización, ha escrito que "la irrupción de Internet aumenta el sentimiento de caos, porque establece definitivamente el tiempo real, la instantaneidad, como ritmo normal de la información".

Por su parte, José Luis Dader subraya que "los ciudadanos necesitan que siga existiendo un periodismo sosegado y equilibrado, que mantenga una sensibilidad ética, pero también es positivo que se rompa ese oligopolio de poder que es la prensa erigida en institución. Si pensamos un poco en cómo puede influir Internet en la democratización de la prensa española, es preciso pensar sobre todo en los medios de comunicación locales, en los que predomina un mecanismo de control ejercido por poderes fácticos mucho más agresivos que los que actúan sobre los medios de alcance nacional. Quizás Internet pueda contribuir a una saludable ruptura de esta situación".

Este es el rasgo democrático de Internet. Pero también hay un peligro: en los medios online que no tienen vínculos con la prensa establecida, cualquiera puede proclamarse periodista y difundir una noticia, falsa o verdadera, sin que existan filtros de veracidad o calidad. Y sin llegar a este extremo, una noticia fragmentada, fuera de contexto, puede resultar irresponsable.

No hay razones para temer que las antiguas reglas éticas de la profesión pierdan vigencia, pero Internet plantea otros dilemas, que nunca existieron en los medios impresos y que, incluso, son diferentes a los que en su día planteó la llegada de la información televisiva. Un ejemplo de ello son los enlaces embebidos en artículos editoriales (la respetada página de libros del New York Times viene, en su edición online, con un enlace directo a la venta electrónica de Barnes & Noble; ¿es esto más o menos ético que los compromisos que traen de cabeza a los críticos literarios de un periódico, cuando éste es propiedad de un grupo que también edita libros?).

En publicaciones profesionales y foros de discusión, los periodistas de Estados Unidos se quejan de la creciente invasión de competencias de la redacción por los intereses empresariales. Esto ocurre en la prensa sobre papel, y mucho menos en la televisión, que se caracteriza por una información "blanda". Los conflictos proliferan pero, salvo excepciones, el imperativo ético suele quedar a salvo. Puede que un anunciante retire su publicidad, ya volverá; pero en una publicación online la misma represalia puede resultar mortífera.

En la prensa exclusivamente electrónica, el asunto ético de mayor calado parece ser la aparición de un periodismo "de transacción", un quid pro quo entre la publicación online y los aliados comerciales de la empresa editora. El ya citado Ramonet escribe: "como muchos de los dirigentes de estos medios no proceden del periodismo sino del universo de la empresa, no son tan sensibles a la integridad, a la veracidad de la información. Para ellos, el news business, el negocio de la noticia, es ante todo eso, un negocio, una manera de ganar dinero" ¿Llegará este fenómeno a afectar la integridad de los periodistas de los nuevos medios? ¿Se trasladará la tendencia a la prensa convencional?

Estrategia para un nuevo medio

Hay que considerar también el relevo generacional entre los lectores. Los jóvenes o, al menos muchos jóvenes, no han adquirido el hábito de informarse por el periódico. Gustan de los mensajes sumarios y recelan de los análisis. Cuando Cebrián habla de la pérdida de lectores está pensando, seguramente, en esas nuevas generaciones que despistan a los sociólogos. La presencia de la prensa en Internet es una parte de la respuesta de los periódicos a este fenómeno.

Hoy, como antaño, los titulares de la prensa responden a las exigencias de la distribución física. Desde la televisión, la CNN, nuevo paradigma de información, ha impuesto un seguimiento continuo de las noticias. De nada serviría que los diarios volvieran a los tiempos en que lanzaban tres o cuatro ediciones al día cuando la noticia lo justificaba. Para eso están las ediciones en Internet. Pero estas deberán evolucionar hacia un modelo que, hasta cierto punto, emule el de la CNN, con periodistas ocupados en el seguimiento continuo de la actualidad y con habilidades profesionales para volcarlas inmediatamente en la red. ¿Están preparados los periodistas a secas para convertirse en periodistas digitales?

Mariló Ruiz de Elvira, directora de El País Digital, cree que, pese a la apariencia de cambio vertiginoso, las cosas evolucionan gradualmente. "Es obvio que conozco la opinión de Cebrián, pero su predicción tardará en cumplirse. Si de lo que hablamos es de hacer periodismo y si por periodismo entendemos que sales del periódico, haces un reportaje y lo publicas, eso no lo hacemos todavía en El País Digital. Aunque la verdad es que trabajamos muy autónomamente. Ahora mismo estamos haciendo un plan para definir cómo debe ser el periódico digital y dotarlo de los medios que necesita. Tener gente suficiente para actualizar noticias siete días a la semana, veinticuatro horas al día; tener diseñadores, periodistas que salgan a la calle a hacer reportajes de asuntos urgentes, que lleven una cámara digital y de ese modo colocar la información en Internet cuanto antes".

Hay otros aspectos, como los anuncios clasificados, el comercio electrónico (sobre todo libros, discos y películas) o la información que cambia durante el día, como la meteorológica, que forman parte de la estrategia de El País Digital y de otros medios españoles presentes en la red. "En el mundo de Internet conviene no andar solos. Estamos metidos en varios proyectos de colaboración exterior -dice Ruiz de Elvira- y un ejemplo es el web sobre el euro que hemos hecho con el BBV. Ahora mismo vamos a lanzar una iniciativa muy interesante, en la que participan seis periódicos europeos - además de El País están Le Monde, La Stampa, The Guardian, Suddeutsche Zeitung y Aftonbladet - para publicar páginas temáticas, con enlaces recíprocos y un buscador común".

Asimismo, El País está digitalizando su archivo histórico, proyecto carísimo y muy complicado, que puede tardar un año. El acceso será, lógicamente, de pago. Dice Mariló Ruiz de Elvira: "todos los pasos que damos apuntan a que el periódico digital sea más interactivo y ofrezca contenidos y servicios que no aparecen en la prensa diaria".

Es verdad que el número de lectores de periódicos cae en todo el mundo, pero no por culpa de Internet: la tendencia se inició con la audiencia conquistada por la radio y la televisión. "De una gran noticia nunca te enteras por el periódico -dice Ruiz de Elvira- porque la gente está sometida a un bombardeo muy fuerte. Los periódicos tendrán que cambiar, privilegiar el análisis sin renunciar al scoop. Por otro lado, el mérito de Internet consiste en que los periódicos pueden llegar a una audiencia más amplia, que exige una actualización constante".

"La verdad es que, en esta materia, los periodistas estamos investigando, somos adelantados de la invención de lo que va a ser Internet y que sin duda apenas ha asomado hasta ahora, pero nadie puede decir con seriedad lo que ocurrirá dentro de cinco o diez años. Para los periódicos, estar presentes en este nuevo medio es importante, no sólo por razones económicas, sino para preservar su nivel de audiencia y mantener su capacidad de influencia. La red aumenta el radio de acción de un periódico: el 50% de los lectores del El País Digital están en el extranjero, con lo se desarrolla una base de lectores fiel. Con el tiempo, esto dará posibilidades de comercio electrónico, de cobrar por el uso del archivo, de tener publicidad específica y, gracias a todo ello, ampliar las fuentes de ingreso".

Nada menos que el New York Times fracasó en sus intenciones de cobrar por el acceso al periódico online. Otros periódicos de prestigio mantienen esa política. El País Digital, como los demás periódicos españoles, optó desde el principio por la gratuidad. "No descarto que dentro de diez años se pueda cobrar por el acceso al periódico en Internet, pero lo dudo", dice Ruiz de Elvira. La rentabilidad de los periódicos online vendrá, probablemente, de formas alternativas, productos de valor añadido. En suma, todo depende de invertir ahora para que a medio plazo pueda ser rentable.

Si estas premisas se cumplen, tal vez pueda decirse un día que, gracias a Internet, la prensa escrita ha conseguido la revancha sobre la información televisiva, que por su propia naturaleza tiene más dificultades para seguir el mismo camino. En lo que afecta a la profesión, Mariló Ruiz de Elvira resume muy bien las consecuencias: "no hay periodistas a secas y periodistas digitales. En El País, todos trabajan para la edición digital, todo lo que producen es propiedad intelectual, no importa en qué medio se publique".

(Continúa...)


* Piedad Bullón es una periodista española, colaboradora de iWorld. Este artículo, publicado originalmente en dos partes en ese medio, se reproduce con la autorización expresa de su autora.


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