Sala de Prensa

43
Mayo 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Periodistas: ¿para qué?

Benjamin Fernández Bogado *

Lo que hoy conocemos como buceadores de la verdad, contrapoder, perros guardianes, cuarto poder, vigilantes de la democracia.. y otras palabras o frases similares con las que se ha definido el trabajo de los periodistas, pareciera que tiene algo que ver con la realidad, pero muy lejos de los conceptos románticos que enarbolaba o la realidad en la que vivimos por mucho tiempo. Vemos que a este oficio -confundido a veces por profesión- se le han perdido los paradigmas por efectos de unos cambios económicos profundos que podría alterar su histórica relación con la sociedad y con lo que ella esperaba de estos profesionales de la noticia.

La concentración de los medios en pocas manos le ha sacado el necesario pluralismo a las fuentes de información del ciudadano sumado a la desconfianza que éste ha adquirido en torno a sus instituciones, y agregado a todo eso a una distancia mayor entre los periodistas y la sociedad a la sirven han logrado como consecuencia una prensa mas sectaria, pobre en recursos, urgente en publicaciones y con periodistas plurifuncionales que no le han agregado mucho al fortalecimiento del sistema democrático tradicional sino, por el contrario, han ayudado a su deterioro y a la confusión que sobre dicho sistema tiene hoy el ciudadano.

Hay una crisis profunda en el periodismo moderno y una tendencia a subestimar los números de esa enfermedad moderna que se llama: angustia informativa. Tenemos más fuentes de información pero lo que sabemos a través de ellas nos sirve muy poco para entender el mundo en el que vivimos. Tenemos que retornar a las fuentes, dicen algunos, pero los viejos paradigmas del periodismo moderno y antiguo chocan hoy con ideas absolutamente nuevas en torno al "interés publico". Esto era en los manuales de antaño parte indisoluble del concepto de Estado. Pero ¿dónde ha quedado dicha idea cuando la mayoría de las formas de representación de ese interés ha caído hoy en manos privadas? Dirán algunos que el Estado sigue controlando su funcionamiento a través de sus órganos de regulación pero ya sabemos cómo actúa ese mismo Estado que por incompetencia o corrupción se ha visto obligado a vender sus empresas más lucrativas dejando al ciudadano expuesto a empresas que a veces el mismo régimen monopólico que disfrutaban las otrora empresas publicas no le han favorecido como preconizaban durante el proceso de traspaso. Hay ejemplos claros en la región como en la Argentina, acaso el mejor referente a la hora de demostrar cómo la prensa alejada de la gente tuvo que sostener su caída en el escándalo o en la chabacanería, algo que la mayoría de las televisoras nuestras han repetido como formula que los "acerque" a esa ciudadanía con la que ha roto sus vínculos de confianza. El periodismo moderno es hoy parte de un sistema económico que hace que la propiedad de esos medios ampliados en el concepto del holding tengan que necesitar conceder y consentir hechos violatorios a la verdad y al derecho de los ciudadanos simplemente porque sus acciones han pasado a formar parte del mismo sistema que deberían por norma vigilar, auscultar y denunciar. ¿Podrán los medios periodísticos ingresar con las mismas razones que fundamentaron su existencia por tantos años en los despachos de las corporaciones que administran servicios públicos? Y la respuesta es sencilla: no. ¿Acaso podrían hacerlo cuando esas mismas corporaciones son las propietarias de los holding de los medios de comunicación en muchos de los casos?

HERRAMIENTAS NUEVAS

El periodismo se enfrenta a un reto que perfilará su futuro a muy corto plazo. Los que hemos aprendido este oficio en la trinchera tradicional teniendo al Estado como centro y referencia de nuestra lucha por la verdad, hoy vemos que esa institución cada vez más pequeña y frágil ha dejado de ser la referencia de la esperanza o la angustia de la gente. ¿Cómo vamos a entender nuestro oficio dentro de un nuevo marco de relación y de propiedad? Sólo queda que la tecnología en Internet o la impresión de periódicos regionales o comunitarios vuelvan a estrechar los vínculos que unían al ciudadano con su prensa y que hoy parece -según las encuestas- cada vez más distante y lejana. Las radios comunitarias en coparticipación con el Estado puede ser otra alternativa y la comunicación digital en su conjunto podrían lograr quebrar lo que hasta ahora es una peligrosa tendencia en el mundo moderno: medios que no canalizan ni intermedian la relación entre el ciudadano y las instituciones escogidas por el para administrarle. Es difusa la relación entre ciudadanos y corporaciones como lo es hoy la relación entre su prensa y la ciudadanía.

La comunicación digital que abarató los costos para fundar medios de comunicación y que se constituyó en el caso de Internet en el medio de comunicación que más rápido llegó y se propagó en el mundo constituyen opciones donde debería fijarse la atención de los nuevos periodistas en un mundo donde la desconfianza y la ansiedad parecen ser las grandes enfermedades de la ciudadanía en su relación con la prensa. Los periodistas hemos sido formados para controlar al Estado pero no tenemos herramientas ni capacidad de hacerlo con las corporaciones. El colapso de la empresa Enron en los Estados Unidos no es más que un ejemplo; cómo algo de ese tamaño pudo haber caído sin que la prensa "se enterara", cosa imposible en ese mismo volumen de dinero envuelto con una institución del Estado. Cuando cada vez más se privatizan desde los servicios públicos hasta las cárceles, desde las carreteras hasta los servicios de inmigración, podemos ver las dificultades que existen para que la prensa cumpla con su papel asignado en los antiguos manuales de periodismo. Eso en cierta manera justifica la crisis de credibilidad que rodea a los medios de comunicación en el mundo entero y la facilidad con que los medios transan con los grupos privados para evitar que los escándalos y las trapisondas salgan a luz hasta cuando irremediablemente explotan contra los intereses de la gente. La publicidad de los actos privados de las corporaciones que administran bienes públicos implica todo un desafío nuevo en las cátedras de periodismo y -porqué no- en el ejercicio mismo de este oficio. Valdría la pena observar esta tendencia cada vez más creciente de disminución o desaparición de la figura del Estado en varios tramos de la vida del ciudadano y cómo ingresan las corporaciones que lo sustituyen, y fundamentalmente observar de qué manera se comportan los medios ante ellos. Aparte de la soberbia tradicional de varias redacciones, donde a sus reporteros y columnistas importaban más la opinión de un colega poco que la opinión de los ciudadanos que lo leían, escuchaban o veían, es preciso entender que ese cambio en los paradigmas de la relación ciudadano-Estado tal como lo conocíamos, y la tendencia creciente a la desconfianza hacia los medios, no hacen más que probar el largo y tortuoso camino que deben seguir los medios de comunicación para restablecer la relación perdida con su publico al que, por lo general, sólo excitan hoy a través de concursos y de premios.

DESAFIOS EMERGENTES

Los casos de corrupción en los procesos de privatización han sido acallados por jugosos contratos de publicidad entre la secretaría a cargo del mismo y los medios; cuando estallaba el escándalo, casi siempre se daban entre medios cuyos propietarios no habían participado de la repartija de esas mismas empresas que por mucho tiempo justificaron sus críticas y sus denuncias. A veces también esas denuncias se centraban en los funcionarios del gobierno y poco se profundizaba en el mecanismo empleado para mantener alejada a la prensa de su tarea de auscultar, husmear e investigar a fondo en esos suculentos traspasos hoy referidos como hechos de corrupción monumentales en nuestra América Latina. La prensa digital será un poderoso instrumento para saber lo que los medios tradicionales callan o consienten. Es también una fórmula capaz de reinventar un periodismo más cercano a la gente y sus necesidades, para convertirse en referencia de una nueva manera de contar historias sin las limitaciones comerciales y financieras que impedían por mucho tiempo fundar medios de comunicación y difundir hechos y referencias sobre temas de interés general.

Las escuelas de comunicación deben iniciar un proceso de cambio en sus currícula, poniendo énfasis en estas emergentes herramientas de comunicación cuya tendencia es creciente en usuarios y baratas en su adquisición. Pero debemos enseñar a los futuros comunicadores a ubicar el centro de la preocupación ciudadana y canalizarlos a través de este nuevo medio de comunicación que se llama Internet y que podría promover un nuevo vínculo entre la prensa y la ciudadanía. Algunos dirán que queda mucho por andar aún para que Internet alcance niveles de difusión masivos, sin embargo no hay en la historia moderna una referencia que muestre el crecimiento vertiginoso que ha tenido este medio en su difusión comparados con la prensa escrita, la televisión y la radio. Trabajos en conjunto con estos medios ya han comenzado a darse y la tendencia será aun mayor a corto plazo, de ahí la urgencia de entrenar a los nuevos comunicadores en el uso de esta plataforma digital que permitirá recobrar el vínculo con los ciudadanos y hacer que la ansiedad hoy no explicada y menos aún entendida a través de los medios encuentren en la pluralidad de ofertas en la red de redes un camino que recobre la relación entre el ciudadano y su prensa. Será más difícil para las corporaciones controlar este medio, y si lo hiciera surgirán otros que harán lo mismo que han hechos los medios de comunicación desde su nacimiento en su lucha por difundir ideas, hechos y noticias. La censura oficial es hoy muchas veces disfrazada de censura comercial, pero la consolidación de Internet -todo un símbolo de los cambios económicos y sociales en el mundo- anuncia toda una gran revolución en el trato entre los comunicadores y la sociedad a la que sirven.

Debemos ser periodistas para la gente, para que ella entienda mejor el mundo donde vive, los nuevos actores emergentes, las instituciones que realmente impactan en su vida, canalizar sus frustraciones haciéndoles entender que los dirigentes tan criticados en su incapacidad de comprender el mundo en que viven en favor de sus mandantes no son más que frágiles referencias de una representatividad lejana y distante. La frustración hacia la democracia en la mayoría de nuestros pueblos, la disminución de lectores, televidentes y oyentes de radio hacia programas informativos, se dan porque estamos hablando con los mismos personajes que reproducen en su discurso y en su acción la incertidumbre que queremos develar. Los periodistas no hacemos entender a la gente el mundo en que vive. Esa es nuestra carencia y no lo hacemos porque tampoco nosotros comprendemos en realidad cuál es el nuevo rol de un oficio tan antiguo perfilado sobre la idea de controlar a una institución cuasi inexistente o definitivamente alquilada a las corporaciones que la hicieron suya.

No debemos reducir el análisis a criticar a los representantes del pueblo que no logran vertebrar un discurso y una acción en favor de sus mandantes; es preciso explicarle a la gente cuál es la nueva relación que emerge para al mismo tiempo buscar las soluciones que también hoy la ciencia o la tecnología ofrecen a niveles aceptables para la economía de nuestros deteriorados países del continente.

Hay un vinculo tradicional que se ha roto, hay una creciente desconfianza hacia las instituciones democráticas -incluida la prensa- y hay una tecnología digital emergente que puede restituir la relación de confianza rota entre el ciudadano, su prensa y su Estado. Hacer comprender estos vínculos nuevos es ya el comienzo de pensar de manera diferente el mundo que nos toca vivir y la experiencia renovada que implica contar historias que sean comprendidas y sirvan para fortalecer al ciudadano en su relación con sus nuevos paradigmas y con la comunidad en la que vive, sueña y crece.

Los periodistas debemos ser los nuevos agentes socializadores contándoles las razones de la debilidad de un sistema referenciado por todos, pero incomprendida por la gran mayoría. Cuando sepamos qué es el sistema y cómo funciona empezaremos a aprovechar las ventajas que ofrece incluso dentro sus mismas contradicciones, acaso la primera razón de la historia y el nacimiento de nuevas opciones.


* Benjamin Fernández Bogado es director del Instituto Prensa y Libertad, en Paraguay. Es colabroador de Sala de Prensa.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.