Sala de Prensa

42
Abril 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La libertad de informar en Colombia:
entre la censura y la autorregulación

Germán Ortiz Leiva *

"La primera víctima de la guerra es la verdad", es una conocida frase para iniciar intervenciones en recintos académicos, anteceder ensayos periodísticos y hasta matizar discursos políticos, sobre la labor de informar ante una situación inminente de conflicto social, civil o militar, y como reconocimiento de los obstáculos a superar cuando se trata de comunicar los hechos en circunstancias particulares como la guerra misma.

Hiram Johnson, el senador norteamericano que a propósito de la primera contienda mundial del siglo XX la pronunció, jamás imaginó que su observación se convertiría con los años, en una forma incontrastable de describir situaciones en las que la victoria parece lograrse a través de la manipulación de las informaciones y la mentira sobre los hechos, con el objetivo de doblegar a la opinión pública, desinformándola acerca de lo que verdaderamente ocurre.

De ahí la importancia del estudio que el Observatorio de Medios acaba de hacer público sobre "La libertad de prensa y la ética profesional en el cubrimiento del conflicto, visto por los periodistas en Colombia". De un total de 450 comunicadores que pueden estar trabajando en las empresas informativas del país cubriendo temas de orden público, paz, derechos humanos y conflicto armado en el país, fueron sondeados 159 sobre la libertad de prensa y algunos aspectos de sus rutinas periodísticas.

Ante la difícil coyuntura socio política que vive Colombia, es necesario conocer cual es la apreciación que tienen los periodistas sobre la libertad de informar y la fuerza de los grupos de presión que muchos pueden sentir, en especial en regiones apartadas o provincias, donde cubrir informaciones relacionadas con acciones de los actores armados puede constituirse en algo altamente peligroso. A su vez, y en otro sentido, existe la circunstancia agravante de que para muchos sectores sociales, la causa principal del deterioro del conflicto en Colombia, está en la manera como los medios de comunicación "informan sobre el conflicto y trivializan los hechos".

Aunque legítima la actitud crítica de la sociedad, resulta confusa e injusta a la hora de calificar la labor de muchos comunicadores en Colombia, que en medio de amenazas y presiones de factores internos y externos al medio, se esfuerzan por informar sobre lo que está pasando en el país.

Libertad de Prensa

La libertad de prensa sigue siendo uno de los elementos más preocupantes del conflicto colombiano. Según cifras del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), 37 fueron asesinados en todo el mundo como resultado directo de su labor en el 2001. Esta cifra supera en 13 el número de comunicadores muertos en el año inmediatamente anterior en parte, por la guerra que se libró en Afganistán, donde murieron 9 periodistas.

El segundo país en la lista, es Colombia con tres profesionales asesinados en el 2001. Este dato es relevante cuando se contrasta con las presiones que reciben quienes trabajan en medios de comunicación colombianos, puesto que de cada 10 consultados, 3.5 reconocieron que en último año han sido advertidos por lo que hacen.

Censura o regulación

En medio de la incertidumbre que causa el temor de perder el puesto, o las eventuales injerencias de funcionarios del gobierno, (54%) como razones que impiden el libre ejercicio de informar, una gran cantidad de periodistas consultados prefieren ante una inevitable censura, un código de ética del medio o la propia autorregulación, (80%).

Esta idea se ratifica más adelante al preguntarse de manera directa si al interior del medio se aplica la autorregulación, puesto que el 83% consideró que sí y además atribuyó el hecho a la convicción propia y la responsabilidad profesional (90%).

En una eventual autorregulación son otros los criterios prevalecientes ante la necesidad de restringir información para conocimiento de la opinión pública. Los propios hechos y no otro asunto, provenientes de la compleja realidad social, son los que deben conducir al comunicador a que en su criterio profesional, decida (autorregule) lo que es pertinente y legítimo comunicar de manera abierta y libre para el propio beneficio social (interés público) y no las veladas amenazas encubiertas en autocensura o enmarcadas en decisiones gubernamentales con la excusa de proteger el interés público. Así lo entiende la mayoría (63%), al referirse a la libertad de prensa frente a la iniciativa de la Comisión Nacional de Televisión propuesta en el último año en relación con controlar informaciones del conflicto armado.

La regulación no hará otra cosa que permitir la escogencia libre y equilibrada de asuntos noticiosos, los cuales no siempre harán parte de lo contingente y espectacular como únicos elementos determinantes en la noticia común, y que precede corrientemente la divulgación noticiosa si se trata de niveles de sintonía y raiting.

Por eso es de gran importancia la presencia de unos códigos de ética para cada medio que sirva de guía a los criterios de regulación. Y aunque un número alto de encuestados reconoce que no lo tiene (49%) o no lo conoce (4%), el resto le da toda vigencia al mismo (47%).

Rutinas Periodísticas

Un asunto de gran importancia para el futuro es el que tiene que ver con su credibilidad social. El 63% de los entrevistados, cree que sí hay credibilidad en las informaciones que ellos emiten del conflicto armado. Esto en parte se puede explicar por el tiempo dedicado a la gran difusión de este tipo de noticias en los medios masivos de comunicación. Para muchos comunicadores, quizás el tiempo dedicado puede traducirse en credibilidad, por eso es necesario hacer algunas aclaraciones.

En Colombia pocas personas ponen en duda la cantidad de tiempo que se destina en los medios para hablar del conflicto. A manera de ejemplo, tan sólo en un día, el domingo 20 de enero y ante la posibilidad de ruptura del proceso de conversaciones entre FARC y gobierno, los noticieros televisivos ocuparon más del 65% de sus emisiones del día a revelar detalles de lo que acontecía minuto a minuto en la Vereda Los Pozos.

Incluso uno de los noticieros en sus principales emisiones, contó con la presencia de un analista experto en el tema, quien desde el estudio y en directo, trataba de resolver las preguntas de las presentadoras quienes por espacio de 50 minutos hablaron de los posibles escenarios de una guerra total en Colombia. Por eso afirmar que los medios no informan sobre lo que ocurre, pueda resultar un tanto ligero. Lo hacen y con vehemencia, hasta el punto de dejar la sensación en la opinión pública de que lo hacen demasiado.

Otro asunto es el cómo están informando. El ciudadano corriente recibe extensa información sobre la búsqueda de la paz en Colombia. El trasfondo es diferenciar que tipo de información se genera sobre el tema y cómo la opinión pública, le califica y cualifica el hecho en sí mismo a partir precisamente, de la información suministrada por los medios de comunicación.

Esa es la naturaleza de lo social de los medios de comunicación. Su mérito y la vez, su mayor responsabilidad. De ahí que se insista en la revaluación del concepto tradicional de lo noticioso como algo llamativo y efímero. No se puede elaborar contenidos informativos del tipo "emitir para olvidar", como tradicionalmente se ha hecho, porque tal vez pueda causarse un efecto contrario, el efecto "bumerang", al que se refería en días pasados el periodista serbio Zlatko Dizdarevic invitado por la Corporación Medios por la Paz a Colombia, porque afectan la credibilidad de muchos periodistas que de manera sincera trabajan para informar de la manera más profesional.

Esto explica a su vez las opiniones divididas ante la pregunta del efecto producido por el ejercicio del periodismo frente a la misma libertad de expresión, como valor fundamental de la libertad de prensa. Mientras que el 45% reconoce que se ha fortalecido por cuenta de la práctica periodística, un 40% cree que se ha debilitado y un 13% que no ha ocurrido nada.

Derechos Humanos

Otro tema de gran trascendencia para el ejercicio del periodismo, es el relacionado con el tema de los derechos humanos. Ante la inquietud de si el tema recibe un tratamiento propositivo por parte de los medios, el 57% cree que sí ante un 37% que cree que no. Aquí el 6% no supo contestar, con lo que resulta preocupante de todas maneras que haya algunos periodistas que aún no tengan claridad al respecto.

Sin embargo resulta muy llamativo que el 44% cree para que esto sea posible, es necesario elevar la calidad de los periodistas. De nuevo en este sentido, el recurso humano parece ser lo más valioso para recuperar la credibilidad y el reconocimiento social del gremio ante la opinión. Esto puede resultar de suma importancia incluso para los propios empresarios del medio que deben entender que entre más capacitados estén sus propios comunicadores, la calidad profesional del medio aumentará, independientemente de las inversiones en tecnología que se puedan hacer en el mismo sentido.

Víctimas civiles

Un conflicto con las características del colombiano, debe contar con periodistas que reconozcan la importancia de divulgar y preservar los principios del derecho internacional humanitario. Son muchos los casos de violación que se comenten por parte de los actores armados y en los cuales se ven involucradas víctimas civiles. Esto parece estar claro para un 49% de los periodistas sondeados. De hecho gran parte de la información referida al tema del conflicto, se dirige a cubrir víctimas provenientes de masacres, secuestros o ataques militares indiscriminados.

Es una manera de hacer parte del conflicto mismo, no para proteger los intereses de los sectores enfrentados, sino al contrario, para defender a aquellos que no hacen parte de la guerra, pero que se ven envueltos en ella de manera desafortunada y ven en los medios de comunicación, el respaldo de sus quejas y necesidades no resueltas por el Estado. De lo que se trata es de no enrolarse en la guerra con sentimientos patrióticos a menos que estos, vayan en defensa de lo público, para aclararla y quizás ayudar a resolverla, bajo un modelo real de comunicación política.

Informar para dar puntos objetivos de referencia a la sociedad entera que por razones obvias, no entiende las razones complejas de un largo proceso de resolución del conflicto armado colombiano. Este asunto es bien importante, para fortalecer la opinión del ciudadano común, muy vulnerable al tema de la guerra y de la paz, aún más, cuando estamos en medio de una contienda electoral en la que las opciones fáciles y llamativas suelen aparecer arrastrando no-solo a los electores, sino también a los informadores que terminan escribiendo sus notas con la idea de que Colombia no tiene otra opción que la guerra generalizada.

La búsqueda incesante de la objetividad

Las dos últimas preguntas se dirigen a reconocer un viejo problema de la prensa moderna en el mundo entero. El síndrome de la chiva es un asunto no resuelto aún ni por los directores de los medios ni los dueños de los mismos, aunque paradójicamente reconocido y criticado por muchos de los comunicadores entrevistados al respecto.

El 82% de los periodistas cree que los medios en Colombia emiten informaciones sin confirmar. A su vez el 90% de las causas se reparten entre el síndrome de la chiva, los niveles de sintonía y la prisa en la emisión, en últimas, nombres distintos de un mismo problema.

En un proceso de información inconclusa como el que vive Colombia ante muchos aspectos de su conflicto interno, con la presión ineludible de una espiral de hechos que por su inmediatez y magnitud, generan una creciente tensión en las salas de redacción y emisión de radio y televisión produciendo a la vez, un reacomodamiento forzado de las agendas temáticas de los periodistas que elaboran los contenidos informativos, es necesario insistir en los riesgos de este síndrome que no hace otra cosa que restarle credibilidad a los medios de comunicación y capacidad de reflexión a las personas que están detrás de las noticias.

Nada más peligroso para los medios de comunicación nacionales que luego, pueden ser señalados injustamente por su sociedad, como los culpables de una impredecible situación, que no produjeron ellos, pero que tampoco hicieron nada para transformarla.

Finalmente es válido recordar una frase de John Moody, vicepresidente del Fox News Channel a propósito de la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo a fines del año pasado, la cual puede cobrar vigencia ahora para los propios medios colombianos: "Cubrir la guerra de Afganistán es como describir un gato negro en una habitación a oscuras".


* Germán Ortiz Leiva es analista internacional y colabora en el Observatorio de Medios de la Universidad de La Sabana, en Bogotá, Colombia. Es colaborador de Sala de Prensa.


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