Sala de Prensa

41
Marzo 2002
Año IV, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Información y democracia

Gerardo Albarrán de Alba *

Hacer periodismo es algo más que ser testigo privilegiado del mundo; implica tratar de explicarlo e incluso, a veces, inventarlo. En todo caso, el periodismo sólo se explica a sí mismo en función de la sociedad a la que sirve.

Partamos de una base: en México ejercemos el periodismo en una sociedad protodemocrática. La sola alternancia en el Poder Ejecutivo no nos instala entre las democracias consolidadas, ni con mucho. Antes, por el contrario, existen resabios de autoritarismo que la nueva clase política (si se le puede llamar así a los actuales responsables de la administración pública) está empezando a adoptar como propios, tras gozar durante casi un año la comodidad que implica ejercer el poder sin un entramado institucional de contrapesos articulados, reales.

El discurso de transparencia vendido por la administración de Vicente Fox pareciera buscar la justificación que legitime jurídicamente viejas formas de autoritarismo que –no hay que olvidar– la ciudadanía quiso cancelar no tanto con un voto en favor de Fox sino precisamente en contra de un abuso de poder que le despojó durante décadas de la centralidad política y social que le corresponde. La nueva oligarquía político-económica ha probado las mieles de la discrecionalidad, y parece que no le hace gestos.

La iniciativa de Ley de Acceso a la Información, redactada y promovida por académicos y periodistas, representa la posibilidad de devolver a la ciudadanía el ejercicio de su soberanía, particularmente si esto se combina con una prensa que logre maximizar el potencial de debate público. Los mexicanos hemos conquistado el voto; nos falta rescatar la voz1. Uno de los papeles de los periodistas es construir el marco cognitivo democrático de los ciudadanos, pero no como "cuarto poder" (como a veces nos gusta vernos a nosotros mismos), sino como un contrapoder que ejerza una función eficaz de vigilancia, control y freno del poder.

En un escenario de acceso real a la información pública, el ejercicio periodístico mexicano tiene claros retos y oportunidades. En ambos casos, debería traducirse en una información de mayor calidad y racionalidad que alimente el debate público y signifique mejores elementos para la toma de decisiones de cada individuo en su propio entorno social y político. Y esto se logra a través de la primacía del periodismo de investigación sobre el periodismo de filtraciones (interesadas, siempre), el de actualidad, el de declaraciones e incluso el de denuncia.

Una legislación que obligue al gobierno a abrir la información pública a todos los ciudadanos debería alentar a los periodistas a la investigación como método de producción informativa. El acceso a archivos y documentos cuya naturaleza es pública nos permitirá ejercer un mejor contrapeso y vigilancia de los poderes político y económico.

En este caso, de hecho, los retos y oportunidades que se abren con el acceso a la información pública son lo mismo: la consolidación de la democracia como un estado de la sociedad y no como una simple forma de gobierno.2

Una sociedad democrática depende de individuos bien informados, y la forma socializada de acceder a esa información es a través de la prensa. Así, los periodistas tenemos la oportunidad de contribuir a la construcción de una cultura democrática en nuestro país, y, al mismo tiempo, tenemos el reto de cerrar la brecha que existe entre los pocos que hacen política y aquellos a quienes afecta, para bien o para mal.

Recientemente, el periodista y profesor estadunidense Philip Meyer le comentó acertadamente a un amigo y colega uruguayo, Darío Klein, que "una sociedad democrática necesita modos de poner a prueba la realidad. Los políticos y los grupos de interés definen la realidad para que ésta se amolde a sus necesidades. Los periodistas de investigación pueden poner a prueba sus versiones de la realidad acumulando hechos que puedan crear una realidad más objetiva".

En el caso mexicano, la administración de Vicente Fox tiene la obligación de abrir el acceso a la información pública que durante siete décadas nos fue negado a los ciudadanos. Pero no sólo porque haya sido parte de su discurso para alcanzar el poder, sino porque su función básica es la de consolidar un entramado institucional que, en el corto plazo, se traduzca en un sistema de pesos y contrapesos eficaz para la consolidación democrática del país.

En tanto eso no ocurra, los periodistas seguiremos escribiendo sobre las cotidianas babosadas del presidente y de su equipo. Cuando contemos con un marco jurídico que garantice el acceso a la información pública, más allá de la retórica, simplemente las documentaremos.

Por lo pronto, conviene recordar que el periodismo de investigación –según el propio Darío Klein– supone el extremo más osado de la libertad de expresión: una prensa que investiga y denuncia a las propias instituciones que garantizan su libertad.

El periodismo de investigación puede aprovechar mejor que nadie este marco jurídico de acceso a la información (todavía hipotético) para ensanchar el espectro de la realidad de la agenda y debate públicos; para pasar del anecdotario político a la mayor claridad, profundidad y certeza de los fenómenos cada vez más complejos en los que debe hurgar; para develar lo que nos es ocultado, pero también para rescatar lo olvidado.

_____
Notas:

1 Véase Juan Francisco Escobedo, "Voz e información en una sociedad democrática", en el No.37 de Sala de Prensa, noviembre de 2001 (http://www.saladeprensa.org).

2 Según Tocqueville, esto implica la adopción de valores tales como pluralismo social, tolerancia, inexistencia de privilegios hereditarios, igualdad de derechos, respeto a las libertades... y también como un tipo de régimen o forma de gobierno en el que encontremos pluralismo de partidos, soberanía popular, ciudadanía, división y balance de poderes, elecciones libres y limpias periódicas, representación mayoritaria o proporcional… Sin embargo, esto no significa que la totalidad de la vida social deba quedar empapada por la democracia. Este es un sistema de "convivencia" y "confundir esta parte con el todo es un error fatal para la propia democracia".


* Gerardo Albarrán de Alba es director de Sala de Prensa, coordinador de Proyectos Especiales de la revista mexicana Proceso, y coordinador académico del Curso de Posgrado en Periodismo de Investigación y profesor de asignatura del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana. Es miembro del Consejo Editorial de Le Monde Diplomatique (edición mexicana) y del Consejo Asesor de la Fundación Información y Democracia, A.C., y vocal del Consejo Directivo del Centro de Periodistas de Investigación, A.C. (IRE-México). Actualmente cursa un Doctorado en Derecho de la Información por la Universidad de Occidente, con el apoyo del Programa Iberoamericano de Derecho de la Información de la Universidad Iberoamericana y del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Este texto es su presentación en el panel: "El derecho a la información y el ejercicio periodístico. Retos y oportunidades. La visión de los periodistas", durante el 2° Congreso Nacional de Derecho de la Información, realizado en Mazatlán, Sinaloa, México, el 23 de noviembre de 2001.


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