Sala de Prensa


4
Marzo 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Noticias de alto riesgo

Javier Darío Restrepo *

La noticia del asesinato de Nelson Osorio Patiño se publicó al día siguiente de su muerte junto con la referencia a su vinculación con Leonidas Vargas, un hombre detenido bajo la acusación de narcotráfico y paramilitarismo. Osorio, un periodista de deportes en radio y televisión, murió cuando un sicario disparó sobre él cuatro veces antes de huir en una moticicleta en la mañana del 27 de agosto pasado.

Dos semanas antes, otro sicario había disparado contra Amparo Jiménez y le había dado muerte en el amanecer del 12 de agosto, cuando la periodista regresaba a su casa después de dejar a su pequeño hijo en la escuela. Jiménez coordinaba un programa para guerrilleros reinsertados y las actividades de Redepaz, una entidad que promueve acciones de reconciliación en todo el país. Estos dos trabajos los había asumido al abandonar temporalmente su labor de reportera de televisión a causa de las amenazas de muerte que había recibido al conocerse su trabajo de investigación sobre los grupos paramilitares que operan en la hacienda Bellacruz y que habían obligado a decenas de familias campesinas a abandonar la región.

El narcotráfico y la violencia política han sido las principales causas de muerte de periodistas en los últimos 15 años. El 23 de junio de 1997 se conoció un comunicado de las Farc, el más antiguo y poderoso de los grupos guerrilleros del país, en el que declaró objetivos militares a los periodistas que, a su juicio, estuvieran desinformando a través de los medios de comunicación. Tres meses después, el 29 de septiembre, reapareció el grupo de Los Extraditables –narcotraficantes sucesores de Pablo Escobar– para amenazar de muerte a quienes defendieran desde la prensa la extradición con retroactividad.

Cuando un periodista es asesinado en Colombia, se busca al asesino en una de esas dos direcciones, aunque no se descarta, como en el caso de Osorio Patiño, que su muerte pueda explicarse por su vinculación con el narcotráfico. Esa sola sospecha es una muerte moral que se agrega a su muerte física. Son personas que el mismo día mueren dos veces. Sucedió así con otro de los periodistas asesinados este año, el reportero de radio y televisión, Bernabé Cortés, muerto en Cali el pasado 19 de mayo. Las reseñas periodísticas sobre su asesinato consignaron, como parte de su hoja de vida, que su nombre había figurado en las listas de presuntos destinatarios de dineros del narcotráfico, reveladas ante la justicia de Estados Unidos, por el excontador del Cartel de Cali, Guillermo Palomari.

En cambio, otras muertes se han explicado, desde el primer momento, como represalias de los narcotraficantes contra periodistas que no se dejaron intimidar por sus amenazas y que los enfrentaron con severas denuncias sobre sus delitos. El más famoso de ellos fue el director del periódico El Espectador, Guillermo Cano, asesinado por orden de Pablo Escobar el 17 de diciembre de 1986. El más reciente de esos casos fue el del columnista del diario El País, de Cali, Gerardo Bedoya, asesinado en esa ciudad el 21 de marzo de 1977. De inmediato, las autoridades relacionaron su muerte con la posición de rechazo y condena de los narcotraficantes, asumida en sus escritos.

El asesinato del periodista de radio, Nelson Carvajal, el pasado 16 de abril en Pitalito, Huila, fue explicado inicialmente como cumplimiento de las amenazas de las Farc, que habían declarado a Radio Sur, la emisora de Carvajal, como "objetivo militar.". En cambio, a Henry Rojas, corresponsal del periódico El Tiempo, en Arauca, en el extremo oriental del país, asesinado el 28 de diciembre de 1991, le dispararon desde la otra trinchera, la del ejército nacional. Según los resultados de las investigaciones, fueron dos soldados activos, Wilson E. Daza y José A. Cristiano Riaño, quienes dispararon sobre él y le dieron muerte. Los autores intelectuales de esa muerte, sin embargo, permanecen desconocidos. Una combinación de narcotráfico y de corrupción es la que combatía desde la radio el periodista Jairo Elías Márquez, en su emisora de Armenia, Quindío, cuando lo asesinaron el 20 de noviembre de 1997. Las autoridades vincularon a un político de la región a este caso, que es objeto de investigación.

Situados en medio de los cinco fuegos –guerrilla, paramilitares, militares, narcotraficantes y delincuentes a sueldo de funcionarios corruptos– los periodistas colombianos sienten que la suya es la más peligrosa profesión del país. Un brillante columnista confesaba recientemente que los temas del narcotráfico, el paramilitarismo y la guerrilla habían sido excluidos de su columna porque quería vivir para ver crecer a sus hijos.

La lista de periodistas muertos consta de 108 nombres entre 1977 y 1995 y fue publicada por la Defensoría del Pueblo que, en un cuidadoso seguimiento de los procesos judiciales que se adelantan por esas muertes, ha comprobado que, salvo casos excepcionales, todos permanecen impunes. La Defensoría solicitó oficialmente a la Fiscalía información sobre los 108 casos para concluir que 101 casos permanecen en la impunidad y que en los 6 restantes hubo identificación y captura de los asesinos materiales, pero no de sus autores intelectuales. La investigación más completa ha sido la del asesinato de Guillermo Cano, en la que los sicarios y el pagador fueron detenidos, e identificados sus autores intelectuales: los narcotraficantes Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha. Por la muerte de Henry Rojas fueron detenidos los dos autores materiales, lo mismo acaba de ocurrir tras el asesinato de la periodista Amparo Jiménez y con el asesino de Fredy Elles, un fotógrafo muerto en Cartagena el 18 de marzo de 1997.

Pero aún cuando han sido descubiertos los autores materiales, los autores intelectuales continúan impunes porque, suponen las autoridades, se trata de personas con poder suficiente para ordenar las muertes y mantener encubierta su relación con el delito. En los ocho meses, desde enero hasta agosto, han sido asesinados en Colombia:

1.- Oscar García Calderón, cronista taurino. 22-02-98, en Bogotá.

2.- Didier Aristizábal, periodista de radio. 03-03-98, en Cali.

3.- José Abel Salazar, periodista cultural. 14-03-98, en Manizales.

4.- Nelson Carvajal, director Noticiero RCN (radio). 16-04-98, en Pitalito.

5.- Jorge Boada. Independiente. 18-04-98, Bogotá.

6.- Bernabé Cortés, reportero de radio y TV. 19-05-98, en Cali.

7.- Víctor M. Ramos, corresponsal de radio y TV. 21-07-98, Bogotá.

8.- Amparo Jiménez, corresponsal de televisión. 11-08-98, en Valledupar.

9.- Nelson Osorio Patiño, periodista deportivo en radio y TV. 27-08-98, en Bogotá.

Una estadística desconocida es la de los periodistas amenazados y la de los periodistas que han tenido que huir hacia otros países. El más conocido de estos casos es el del camarógrafo de TV Richard Vélez, quien durante una confrontación entre soldados y campesinos que protestaban por la destrucción de sus sembrados de coca, grabó la imagen de un militar que golpeaba con la culata de su fusil a un campesino inerme. Esa imagen, que conmovió por su crudeza a los televidentes, tuvo un alto costo para el camarógrafo que, días después de abandonar el hospital en donde fue atendido tras la paliza con que lo castigaron los militares, recibió las primeras amenazas de muerte que, finalmente, lo obligaron a abandonar el país. Recientemente, las autoridades de Estados Unidos lo autorizaron para trabajar en su territorio como un gesto de solidaridad.

Colombia se ha convertido en un territorio minado para los periodistas. Muchos, ante la noticia de un nuevo asesinato, se preguntan con ansiedad : " ¿Quién será el próximo?" Porque siempre parece haber uno en lista.


* Javier Darío Restrepo es ganador del Premio PROCEPER a la Etica Periodística, 1997. Dedicó 27 años de su vida profesional a la televisión, 18 de los cuales trabajó como reportero del noticiero 24 Horas, de Colombia. Es columnista de El Espectador, de Bogotá, y El Colombiano, de Medellín. Es coautor de un libro sobre ética periodística y frecuentemente imparte seminarios y talleres sobre el tema. Este texto se reproduce de la revista Pulso del Periodismo, con autorización de su editor.


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