Sala de Prensa


39
Enero 2002
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Información, transparencia y relaciones públicas

Abdiel Antonio Gutiérrez *

En el fondo y en la superficie soy periodista.

Llegué al Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá para dirigir la oficina de información, prensa y relaciones públicas después de 10 años de ejercer el periodismo en radio y televisión.

Debo confesar que hasta hace muy poco, me pareció que las oficinas de relaciones públicas, son aquellos lugares donde los periodistas envejecen, descansan y eventualmente ganan un poco mejor. Que el talento del encargado de esa oficina se medía en su capacidad de llevarse bien con todo mundo, redactar comunicados insípidos, organizar conferencias intrascendentes y fiestas opulentas. Que los "relacionistas" pueden ser como aquellos payasos, heridos por el desprecio de la trapecista, pero convencidos de su inexorable destino de hacer al público reír.

Era una percepción generalizada. Basada en la experiencia que tuve con muchos "relacionistas" desde mi condición de reportero. Porque desde ese rol, las cosas se ven de una manera muy egoísta.

Pensamos que como reportero uno soporta todo, no por estupidez, sino por sobre vivencia, por astucia. Asumimos que las sandeces de una fuente, no se comparan a la satisfacción de encontrarse cara a cara con la noticia. Por eso se soporta mucho. Desde las excusas infantiles, el ocultamiento malicioso de la información, hasta los ataques físicos y morales.

La habilidad en el "reporteo", en gran parte depende de un prejuicio congénito: todo es mentira, nadie quiere decir toda la verdad.

Todo es mentira, especialmente cuando hay un "relacionista" presente.

En mi país, usualmente se trata de un ángel caído del cielo de los medios, que ahora opera en las oscuras sombras de una oficina gubernamental o privada. Un rinconcito donde apenas es un diablillo, un pillo diestro en la tarea de contaminar la opinión pública, sumiso y temeroso en presencia del mismísimo Satanás.

Un día, amparado en muchas excusas personales, decidí entrar en ese infiernillo y como buen escritor de historias cortas, supe encontrar los argumentos para auto convencerme que comunicar desde una oficina de relaciones públicas no es tan malo.

Estas son algunas de mis excusas:

  • Se puede servir al país, engrasando los engranajes de comunicación del Gobierno.
  • Con convicción, se pueden endosar las acciones positivas de un ministro.
  • Vale la pena dar la cara, cuando se es sincero.

Es un deber y moralmente válido remitir aclaraciones públicas, exigir derecho a réplica en los medios, maldecir el libertinaje, la ignorancia y la impaciencia de ciertos políticos y periodistas cuando se empeñan en mentir con inocultable saña.

Ahora que estoy aquí, pienso que puedo servir a un país manteniendo una visión objetiva de la realidad; recibiendo del funcionario jefe la dignidad, atención y respeto profesional. Se puede hacer un buen trabajo, si hay esmero en ser reconocido, no por la habilidad para mentir o para hacer al jefe inaccesible a los reporteros, sino en la medida que se le pueda orientar para hacerle destacar sus buenas intenciones, su honestidad y talento gerencial. Y por encima de él, poner en relieve las instituciones, los proyectos y las ideas que beneficien a los incontables miserables que aun esperan y merecen un trabajo decente y abnegado de parte de sus gobernantes. Ese es el tipo de cosas que con mas imaginación que esfuerzo cobran realce y perduran en el tiempo.

Las obligaciones no incluyen sumarse a las filas de aduladores que por gozar de prebendas o por temor al despido, no reparan en las mas burdas exhibiciones de servilismo. Diciendo sí, cuando se debe decir no. Guardando la sana crítica a una acción errada, en esas preciosas oportunidades que se tienen de crecer con la franqueza y la verdad.

Es gracioso encarar los reclamos de mis compañeros de la prensa, cada vez que se sienten insatisfechos. Gracioso, no es la palabra. Quizás curioso, porque a mi me tocó mas de una vez descargar mi ansiedad con ese funcionario, que se me aparece siempre fresco como una lechuga recién desgajada. Sobre todo cuando se acerca la hora de cierre, hay que editar, me quedan varias notas pendientes y aquel se niega o no tiene la información que requiero para armar mi pieza. De pronto, me resulta difícil verme a mi mismo en ambos roles y recuerdo aquello con añoranza.

Sin embargo, como reportero creo que ahora puedo hacer mejor mi trabajo, en la medida que entiendo que estoy haciendo otro tipo de periodismo, una forma de "reporteo" al por mayor. Administrando con criterios amplios abundante información vital para el país. La gran mayoría, información pública que todos los ciudadanos pueden libremente acceder, sin mas limitaciones que aquellas que impone la lógica disponibilidad del tiempo.

La información del Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá, debe llegar a todos, periódica e ininterrumpidamente. Debe ser exacta e inequívoca. No como a veces suele pasar con los informes del Estado del Tiempo, que en la mañana pronostican un día claro, desmentido por un chaparrón; o como el horóscopo que vaticinó amor, dinero y salud, el día que finalizó en odio, quiebra y enfermedad.

Es necesario que todos los actores del mundo económico dispongan equitativamente de indicadores oficiales, de manera que sus decisiones de negocios y consumo sean racionalmente analizadas y ejecutadas.

Personalmente sostengo que la información económica oficial es a veces difícil de interpretar, pero no debe dejar de ser absolutamente confiable, especialmente para los que no son especialistas en la materia. Debe ser como al abordar un avión, donde generalmente desde sus asientos los pasajeros no ven el camino, pero saben exactamente a donde el piloto los está llevando.

En cuestión de negocios y economía, siempre habrá particulares con capacidad para contratar consultores que investiguen, analicen, informen y recomienden decisiones en base al comportamiento socio económico del país, apoyados en encuestas y recursos tecnológicos.

Pero la mayoría de la gente no dispone de esas facilidades. Allí cobra mayor vigencia la labor de la oficina de información, prensa, relaciones públicas o como quieran llamarle, en su misión de garantizar un acceso equitativo a la información.

Ciertamente, se imponen algunas restricciones naturales. Por ejemplo, el Ministerio de Economía y Finanzas en Panamá tiene por un lado, la administración tributaria entre sus atribuciones y por el otro, la administración del Estado y todo lo concerniente a la contratación de bienes y servicios. En ese contexto, puede presentarse la tentación de divulgar información legal, necesaria y estrictamente confidencial, como son las declaraciones personales de renta y el producto de las investigaciones tributarias que se realizan en la Dirección de Ingresos; los datos concernientes a actos públicos que filtrados inoportunamente pudieran beneficiar a particulares o afectar los intereses del Estado y la colectividad; los planes de inversión en la bolsa, ciertas bases de los procesos de privatización, algunas fases en las negociaciones de deuda, el programa fiscalizador de Aduanas, son algunos ejemplos en los que la información requiere ser administrada con celo. De lo contrario, una imprudencia puede interpretarse también como un acto de corrupción.

Afortunadamente para mí, en mi trabajo no tengo dificultades para manejarme según los principios que ya expuse. Es más, tengo razones para pensar que el Ministro con quien trabajo, comparte y promueve conmigo estos principios básicos. Supongo que no es el único en el gobierno que piensa así. Sin embargo, todavía no estoy convencido que todos los Directores de oficinas de información estén en la misma circunstancia que yo. Además, las mas recientes contrataciones oficiales (incluyendo la mía), sugieren que existe en el gobierno de Panamá la impresión generalizada de que los asuntos de información e imagen los puede resolver una cara de la tele. Eso obviamente, no es cierto.

Nadie debe ocultar eternamente una verdad pura, ni puede sostener para siempre un disfraz de pulcritud sobre la lacra.

Cada día que pasa descubro mas y mayores retos, desde la óptica del compromiso profesional y moral, con mi país y mi familia. En esa línea pienso que así como la objetividad y la veracidad deben ser la clave del éxito de las noticias como negocio, la transparencia y la honradez deben serlo para cualquier institución y funcionario.

Cuando las cosas no se están haciendo bien y honestamente, puede que temporalmente ayuden las triquiñuelas de un "buen relacionista". Organizando agradables convivios, sirviendo buenos bocadillos en las conferencias de prensa, firmando un par de contratitos de publicidad entre colegas amigos, es posible extender la agonía de una imagen moribunda, pero al fin y al cabo, no creo que mismísimo mago Merlín se atreva a arriesgar su reputación.


* Abdiel Antonio Gutiérrez es director de la Oficina de Información, Prensa y Relaciones Públicas del Ministerio de Economía y Finanzas de Panamá. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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