Sala de Prensa


39
Enero 2002
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los periodistas de los nuevos tiempos

Xosé López *

La experiencia de la formación de periodistas durante los últimos veinticinco años en los distintos ámbitos geográficos y culturales debe aportarnos datos para el nuevo modelo que demandan todos los sectores de la Comunicación para el siglo XXI. Se trata de un conjunto de proyectos poco homogéneos, al menos por lo que se refiere a Europa, ya que cada país ha formado a los periodistas de manera diferente. A pesar del nuevo marco supranacional creado, la Unión Europea, todavía no se han dado pasos para estudiar aspectos generales de un plan común para la formación de los futuros comunicadores.

Es un proyecto que algunas voces ya han reclamado, aunque con fines diferentes. Pero lo cierto es que la Comunicación despierta cada vez más interés y las universidades han reforzado su atención a esta materia, bien con la creación de facultades o con departamentos para explicar en distintos ámbitos de las ciencias sociales el papel de la comunicación en la nueva era.

Nadie -o casi nadie- duda que las transformaciones sociales y tecnológicas del último cuarto de siglo han creado un marco favorable para convertir numerosos oficios en profesiones especializadas, la mayoría de las cuales han encontrado un hueco en la Universidad, necesitada de abrirse a la sociedad y de estar más en contacto con las tendencias de la sociedad civil. Esto es, al menos, lo que ha ocurrido en España, que en la década de los setenta llevó a la Universidad el periodismo, hasta ese momento en escuelas de ciclo medio -diplomaturas de tres años-.

Con todo, la preocupación por la formación de los periodistas nació mucho antes de la creación de las citadas escuelas. Fue el periodista y profesor Fernando Araujo quien, en 1887, abrió en Salamanca un curso privado de periodismo. Fue, pues, un adelantado de su tiempo, ya que en Europa, sólo en Alemania, en 1690, Tobías Peucer, elaboró una tesis e impartió varias conferencias sobre la formación del periodista. Este pionero de la investigación académica sobre el periodismo no tuvo muchos seguidores, por lo que no se generalizó el interés de la academia por la comunicación y por la formación de los futuros periodistas.

A pesar de estas iniciativas, en España no hubo escuela de periodismo hasta 1926. Nació de la mano del diario católico El Debate, de Madrid, que promovió cursos intensivos por medio del presbítero gallego Manuel Graña, formado en Estados Unidos en cuestiones periodísticas. A partir de ese momento la formación de los periodistas encontró un nuevo camino.

El interés por la formación

La preocupación existente en Europa -especialmente en Alemania- por el papel del periodista en el siglo XVII no fraguó en un proyecto para llevar la enseñanza del periodismo a la Universidad. Tampoco en otros países europeos hubo esta preocupación. Fue en Estados Unidos donde antes afloró este interés, a final del siglo XIX, y que desembocó en el siglo XX en la creación de una gran red de universidades con estudios de comunicación. El paso de los años ha demostrado que han sido los norteamericanos los que más esfuerzo han realizado por llevar la enseñanza del periodismo a la Universidad.

En Europa, durante el siglo XX, poco a poco han ido apareciendo facultades de comunicación o departamentos de comunicación, no se sabe muy bien si para seguir el modelo americano o como parte de un movimiento propio. Lo cierto es que todavía hoy hay una gran diversidad de modelos y que un repaso por los distintos países muestra un mosaico singular. En muchos países la formación de los profesionales todavía se hace en las escuelas y en los medios de comunicación, de la mano de veteranos profesionales.

A pesar de este panorama, existe una coincidencia general en los medios y en la profesión: cada vez es más necesaria la formación para los profesionales del periodismo. Es cierto que todavía hay quien sigue considerando el periodismo un oficio. Pero no es menos cierto que cada vez son más los expertos que hablan de profesión. Y aumentan los que abogan por la formación en la universidad y por la necesidad de investigar los entresijos dela comunicación.

Profundas transformaciones

La informatización de las redacciones y la incorporación de la tecnología digital ha puesto de manifiesto el inicio de una nueva era para los medios. Ahora, con la convergencia de las telecomunicaciones, la informática y los contenidos, ya nadie duda de que sí estamos en un nuevo escenario donde los viejos paradigmas resultan ineficaces y donde los ciudadanos parecen dispuestos a exigir más a los mediadores sociales.

Como primera respuesta a los nuevos desafíos, las facultades de comunicación han tenido que actualizar sus planes y lo han hecho de acuerdo con las demandas del mercado y con las exigencias de una buena formación para vencer los retos actuales y futuros. Buena parte de los trabajos de cambio de los planes de estudio se han basado en criterios de eficacia y de sintonía con lo que pasa en el hipersector de la comunicación.

De hecho, la mayoría de los centros de formación de comunicadores en España han estrechado sus relaciones con los medios y se han aproximado a la realidad del sector. El resultado ha sido el mantenimiento de asignaturas no específicas -sociología, filología, historia, economía,...-, pero se ha reforzado la presencia de contenidos específicos de comunicación, tanto teóricos como prácticos.

Innovaciones necesarias

El próximo cambio de siglo debe aprovecharse para avanzar en esta dirección ya iniciada en las universidades españolas y, en general, en Europa. Es necesario corregir errores del pasado y aprender de las experiencias cosechadas con los planes renovados. Y, con las nuevas propuestas que elaboremos, deberemos articular un programa de innovación en la formación de los licenciados en comunicación. Este programa deberá tener en cuenta los nuevos perfiles profesionales.

Es necesario trasladar el debate sobre la necesaria actualización de los planes de estudio a todos los ámbitos del mundo de la comunicación y del mundo académico. De este debate deberán salir las líneas generales del programa de innovación en la formación, que debe contemplar tanto a los futuros licenciados como a los que ya trabajan en el hipersector. Para estos últimos debemos elaborar propuestas de formación continua.

Si somos capaces de acercarnos a lo que pasa en el hipersector de la comunicación y a las tendencias de los nuevos perfiles profesionales, sabremos elaborar un programa innovador para formar los nuevos periodistas que se precisarán en la nueva era que está a punto de comenzar. Estos nuevos periodistas precisarán una buena formación general para entender lo que pasa en la sociedad y cómo funciona ésta, así como una buena formación especializada para trabajar con las herramientas actuales.

__________
Bibliografía:

- De Pablos Coello, José Manuel (1997): Amarillo en prensa. Ediciones Idea, Santa Cruz de Tenerife.
- Díaz Nosty, Bernardo (1998): La mejora de la práctica docente en Comunicación periodística. Universidad de Málaga, Málaga.
- González Reigosa, Carlos (1997): El periodista en su circunstancia. Alianza Editorial, Madrid.
- Husson, Didier/Robert, Oliver (1991): Profession journaliste. Eyrolles, París.
- Rodríguez López, Francesca (1994). L’ensenyament de Periodisme a Europa. Centre d’Investigació de la Comunicació, Barcelona.
- Túñez, Miguel (1996): Da teoría á práctica. Perfil do periodista galego. Edicións Lea, Santiago de Compostela.
- Vigil y Vázquez, Manuel (1987). El periodismo enseñado. De la Escuela de <El Debate> a Ciencias de la Información. Editorial Mitre, Barcelona.
- VV.AA. (1993): Apuntes de la sociedad interactiva. Fundesco, Madrid.


* Xosé López es profesor de Periodismo en el Departamento de Ciencias da Comunicación de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Santiago de Compostela y colaborador de Sala de Prensa.


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