Sala de Prensa


36
Octubre 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La otra ratonera

Carlos A. Sortino *

En algo estamos de acuerdo con mi colega y compatriota Waisbord: "una de las contradicciones de la democracia liberal (es) pretender que la información sirva al bien público cuando es producida según otros fines". Aunque más aún acordamos cuando leo en otro ensayo de su autoría referido al periodismo de investigación1: "Las expectativas democráticas pueden ser cumplidas limitadamente, mientras que no afecten intereses políticos o económicos".

Pero me asalta la duda: no sé si se trata de una contradicción, como afirma en la primera proposición (en cuyo caso podríamos alentar ciertas esperanzas) o si se trata de uno de sus ejes constitutivos, como afirma en la segunda proposición (en cuyo caso podríamos acordar que los medios de comunicación constituyen un aparato ideológico de mercado).

Allí reside el punto central de "La ratonera", que pretendo desanudar (quizás vanamente) preguntándome para quién trabajamos los periodistas, según el tipo de periodismo que hagamos. Tan simple como eso. Ni cerca estuvo mi colega y compatriota Waisbord de dar en el blanco, pues el blanco no es él, esa es otra ratonera que desvía el eje de la discusión. Si se sintió agredido por mí, le pido disculpas. No fue mi intención. No lo considero mi enemigo. Ni siquiera la conozco.

El blanco es el apartado que bauticé "el caso y la trama". Porque no es la prensa o el periodismo liberal el objeto de mi crítica, sino el sistema capitalista mismo. Así que, desde esta perspectiva, es muy poco importante, dentro de este sistema, lo que pueda hacer yo como docente o como periodista investigador (si no denuncio ese sistema) o lo que pueda hacer como periodista investigador o como docente mi colega y compatriota Waisbord (si no denuncia ese sistema).

Lamento que este ¿debate? no tenga la dimensión que merece (o que yo creo que merece) y se pierda en una increíble rencilla personal. Las diatribas de mi colega y compatriota Waisbord que no hayan sido respondidas al final de este artículo, podrán los lectores mismos responderlas en favor de uno u otro, pues ambos escritos están a la vista y son muy claros. Quien sea capaz de leer desapasionadamente podrá darse cuenta que mis deslices malintencionados sólo surgen de la descontextualización de quien los señala.

Así que me ocuparé sólo de observar algunas de sus incomprensibles exasperaciones:

1) Debo explicarle a mi colega y compatriota Waisbord que soy capaz de reconocer un error y otorgarle el crédito que merece. Allí donde hablo del origen del periodismo, debí haber escrito "se consolidó" en lugar de "nació". Aunque sería saludable dejar de lado de una vez por todas el enciclopedismo acrítico como fuente de conocimiento y reflexionar libremente acerca de qué tipo de prácticas caracterizamos como periodísticas, para insertar en la proposición criticada "nació" o "se consolidó". O cualquier otra palabra que resulte de nuestra reflexión basada en el análisis crítico de la información disponible.

2) Debo explicarle a mi colega y compatriota Waisbord que se equivoca al afirmar que no reconozco que la debilidad de los mecanismos de rendición de cuentas en la estructura institucional de las democracias contemporáneas es responsable de todas las calamidades que padecemos. Claro que es así. Ocurre que esas débiles estructuras institucionales son funcionales al sistema capitalista. Y creo que esa es la cuestión central, por lo que aliento la sustitución del concepto "debilidad" por el concepto "fortaleza".

Trataré de ser claro: soy socialista, casi anarquista. Y no simpatizo, como dice mi colega y compatriota Waisbord, con el periodismo revolucionario (sin comillas): deseo ese periodismo, que hoy no existe más que en pequeños medios alternativos desconectados entre sí, por lo que lejos están de conformar un sistema y, mucho menos, de tener una proyección social significativa, quizás porque tampoco exista un proceso sociocultural revolucionario que lo contenga. La revolución no es un fenómeno mediático, es una praxis política.

No he leído en el escrito de mi colega y compatriota Waisbord una sola frase que lo identifique ideológicamente en forma directa. Tal vez no quiera hacerlo. Tal vez no pueda hacerlo. No lo sé. Lo que sé es que cuando sentí que iba a lograr alguna aproximación, mi colega y compatriota Waisbord me gambeteó: "No sé si es pertinente explicar mi posición frente al Banco Mundial o el Departamento de Estado, ya que a Sortino no le interesa". ¿Cómo que no me interesa? ¿Cómo lo sabe mi colega y compatriota Waisbord? ¿Lo sabe? Claro que es pertinente. Claro que me interesa. Si tantas veces lo ha dicho, ¿qué le cuesta decirlo una vez más?

Sobre todo teniendo en cuenta que me cuesta mucho trabajo leer, que me resulta imposible entender y que a mi colega y compatriota Waisbord le disgusta la gente que sabe qué decir antes de leer (en este caso, antes de preguntarme), la gente que es intelectualmente deshonesta e improlija, la gente que trampea y defrauda a los lectores. Lectores que, por otra parte, son caracterizados por mi colega y compatriota Waisbord casi como idiotas (igual que al autor de sus lecturas). ¿Qué lector -sobre todo de SdP- puede caer en la trampa o ser defraudado en temas que, seguramente, conoce muy bien, o por brillantes actos de creatividad intelectual sobre escritos a los que cualquiera puede acceder?

3) Debo explicarle a mi colega y compatriota Waisbord que no lo estoy acusando de nada y que no caracterizo su trabajo porque no lo conozco integralmente. Nada personal. Sí caracterizo al periodismo de investigación que impulsa el Banco Mundial como funcional al sistema capitalista. Pero tampoco: el mismo Banco Mundial lo caracteriza de ese modo. Si mi colega y compatriota Waisbord tiene algún grado de responsabilidad en ese trabajo, ha sido su decisión y no puedo saber qué es lo que lo ha impulsado a tomarla: identificación ideológica, necesidad económica, estrategia académica, honestidad intelectual (tiene un derecho legítimo a creer, como muchos, que se puede pelear desde adentro del sistema), una combinación de varios de estos factores, no lo sé. No puedo juzgarlo. Por eso no necesito evidencia.

Sí puedo caracterizar (o juzgar, si mi colega y compatriota Waisbord así lo prefiere) aquello que conozco. Por ejemplo: el caso Watergate. Dice mi colega y compatriota Waisbord que no lo presenta como ejemplo suyo porque -lejos de aquellos saltos analíticos admirables que tanto detesta- no lo dice en primera persona y porque en otro escrito (su libro) lo critica. Pues bien, no he leído su libro. No tengo la obligación de hacerlo -nadie tiene la obligación de hacerlo- porque supongo que él no incurrirá en la deshonestidad intelectual en la que yo he incurrido y no utilizará el impersonal polémico para referirse a un hecho que luego no será puesto en crisis en ese mismo escrito (lo que le otorgará indemnidad), dado que es un recurso tan viejo como el lenguaje: "perdón, señor, yo no dije lo que usted dice que dije". Podría yo utilizar el mismo recurso: una simple lectura de mi comentario al ejemplo de Watergate y se advierte que no hablo de mi colega y campatriota Waisbord, sino del ejemplo que presenta.

4) Debo explicarle a mi colega y compatriota Waisbord que tal vez mi pereza intelectual -que se traduce en no haber leído lo último que se ha publicado sobre el tema, quizás porque, de todos modos, no lograría comprenderlo- me haga decir que no considero que las prácticas individuales haya que observarlas fuera de contexto, pues están contenidas en prácticas sociales que las condicionan (para bien o para mal). Por lo tanto, debo caracterizar el trabajo de una persona no sólo como un producto individual, sino como un producto social. No me parece casual que mi colega y compatriota Waisbord no critique el caso Watergate en el sitio del Departamento de Estado o el periodismo al servicio del sistema capitalista en un emprendimiento del Banco Mundial, y sí lo haga, según él, en otros trabajos.

Creo que no alcanza con decir, al referirse a la agenda del periodismo investigativo, que "por lo general, se han dado a conocer delitos oficiales pero sólo excepcionalmente se han denunciado abusos cometidos por grandes empresas o desigualdades sociales"2 y que las denuncias periodísticas "tienden a concentrarse en crímenes individuales y puntuales más que en la concentración del poder, y a presentar un tratamiento liviano más que informes en profundidad"3.

Y no alcanza porque se proyectan desde ese discurso dos -para mí, falsas- premisas rectoras:

  1. Que el periodista elige libremente qué dará a conocer y cómo será su tratamiento del tema, premisa que alienta la idea de su falta de capacitación y/o compromiso social.
  2. Que la concentración del poder (¿político o económico?), los abusos de las grandes empresas, los problemas sociales, ocurren porque hay algunas malas personas que ejercen el poder (económico o político) sin preocuparse por los efectos sociales de sus actos.

Ambas premisas sientan sus bases en la convicción de la responsabilidad individual absoluta: hay gente buena y hay gente mala y es su elección elegir el camino del bien o el camino del mal. Esta convicción tiene también su correlato social: la economía de mercado está fundada en la ley de la oferta y la demanda y todos tenemos igualdad de oportunidades, por lo que el mejor producto en calidad y precio será el triunfador. Pero ocurre que la concentración de poder no es otra cosa que la tendencia natural de acumulación del sistema capitalista y que el mercado está controlado por unas cuantas empresas multinacionales apoyadas políticamente por los gobiernos de sus países de origen. Al diablo con la responsabilidad individual absoluta. Al diablo con la ley de la oferta y la demanda.

Dice mi colega y compatriota Waisbord que las contribuciones del periodismo de investigación "están limitadas por intereses políticos y económicos y por una cultura periodística obsesionada por intrigas entre funcionarios gubernamentales. El periodismo investigativo existe dentro de las limitaciones de las empresas periodísticas y la cultura de las redacciones. Las empresas esperan conseguir éxitos económicos más que enriquecer debates públicos, y la cultura de las redacciones tiende a seguir fórmulas de cobertura más que a expandir y bucear una variedad de temas de interés público"4. Este es otro ejemplo concreto de aquella convicción: no creo que sea posible separar "la cultura de las redacciones" de las "limitaciones de las empresas periodísticas". Más bien creo que aquella "cultura" es un producto de estas "limitaciones".

Insisto: lo que en realidad molesta (al menos, a mí me molesta) no es la adhesión a tal o cual campo ideológico, sino su ignorancia u ocultamiento. Y no estoy hablando de mi colega y compatriota Waisbord: estoy hablando del periodismo de investigación que cada uno de nosotros puede hacer, según reflexione antes (o no) y según reconozca después (o no) desde cuáles fundamentos y hacia cuáles objetivos, lo que le hará medir (o no) cuál es la proyección de su fuerza dentro del sistema dominante.

Sólo espero que esta increíble rencilla personal no persista y que se metan al ruedo, haciendo caso omiso de ella, quienes tengan algo sustancial para decir.

_____
Notas:

1 El buen periodismo: las contradicciones irresueltas del periodismo de investigación", en Revista Contribuciones, abril/junio 2001, publicación del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Latinoamericano (CIEDLA) de la Fundación Konrad Adenauer (www.kas-ciedla.org.ar).

2 Ibídem.

3 Ibídem.

4 Ibídem.


* Carlos A. Sortino es periodista de la revista En Marcha (La Plata, Argentina), docente de la cátedra Periodismo de Investigación en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata y miembro fundador de la asociación civil sin fines de lucro Justicia sin Fronteras. Es colaborador de Sala de Prensa.


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