Sala de Prensa


36
Octubre 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los medios de comunicación estadunidenses después del 11 de septiembre

Entre la tentación "patriótica" y la autocensura

Alexandre Lévy y François Bugingo *

Diez años después de la guerra del Golfo, un conflicto cuya realidad ha sido ampliamente ocultada a los medios de comunicación, la administración estadunidense lanza una nueva serie de operaciones militares, en respuesta a la ola de atentados que ha afectado a la costa Este de Estados Unidos y ha causado cerca de 6.000 muertos. Y de nuevo, señala el diario The New York Times, "en este período patriótico, las divergencias se vuelven discretas". "El sentimiento de orgullo nacional que se ha extendido por el país, tras los atentados del 11 de septiembre, plantea una vez más el debate sobre el equilibrio entre seguridad del Estado, libertad de expresión y patriotismo". Este influyente periódico estadunidense revela, en su artículo de primera página del 28 de septiembre de 2001 que, en varias ocasiones, las manifestaciones de los representantes de la prensa han provocado la cólera tanto de las autoridades como del público estadunidense, y han sido motivo de sanciones: suspensión del programa en cuestión, retirada de los anunciantes publicitarios del medio, o desautorización e incluso despido, pura y simplemente, del periodista por parte de su empleador. Estos incidentes se añaden a una larga lista de obligaciones y presiones más difusas de las que han sido víctimas medios de comunicación estadunidenses y extranjeros, entre ellos Internet, desde el 11 de septiembre.

Muchos periodistas y observadores ya ponen en duda la objetividad y la independencia de la prensa estadunidense, especialmente la de los canales de televisión, en este período de esfuerzo de guerra. Igualmente, en Estados Unidos han empezado a alzarse algunas voces para poner en guardia a la opinión pública contra una degradación de la libertad de expresión y de opinión, libertad garantizada por la primera enmienda de la Constitución, en beneficio de un refuerzo de la seguridad. "Estamos frente a un enemigo que explota lo que hace de nosotros una sociedad fuerte y eficaz: la libertad, la apertura y la movilidad. Tenemos que garantizar que seguiremos siendo una sociedad abierta en la que se respeten las libertades individuales. Si no lo hacemos, el enemigo habrá ganado", ha declarado, entre otros, Strobe Talbott, antiguo número dos del Departamento de Estado en la Administración Clinton. Pero esas voces siguen siendo minoritarias, ahogadas en un paisaje mediático ampliamente movilizado para cubrir las consecuencias de los atentados, los preparativos y luego el seguimiento de la respuesta estadunidense. Mientras que las críticas parecen también atenuadas por la emoción provocada por este acto de terrorismo dramático, la muerte de miles de inocentes y el dolor de las familias enlutadas.

Cediendo a las llamadas de unidad nacional, las organizaciones estadunidenses tradicionalmente dedicadas a la defensa de las libertades individuales, se mantienen en la discreción. Estiman que es todavía demasiado pronto, incluso que sería mal visto, hacer sonar demasiado fuerte la alarma sobre acontecimientos considerados ampliamente "secundarios". "El shock del 11 de septiembre parece haber anestesiado los ánimos más militantes, dejando lugar a una tolerancia de facto respecto a comportamientos policiales y judiciales más graves que de ordinario", constataba, el 17 de septiembre de 2001, Sylvie Kauffman, periodista y antigua corresponsal del diario francés Le Monde en Nueva York. Pero hoy, cuando el país se lanza a una nueva operación militar, es mucho más necesaria la vigilancia de las organizaciones de defensa de los Derechos Humanos y las libertades individuales.

Para un cierto número de regímenes es una gran tentación sacar provecho de la emoción provocada por los atentados perpetrados el 11 de septiembre en Estados Unidos, para restringir la libertad de prensa y, más ampliamente, para amordazar a la oposición, en sus respectivos países, con la excusa de la lucha antiterrorista. Así, en países como Pakistán, Israel, en los territorios de la Autoridad Palestina o Liberia, Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha tenido noticia de varios casos de violación de la libertad de prensa, que son consecuencia directa de los acontecimientos ocurridos en suelo estadunidense.

Poniendo mucho interés en no ser confundida, de ninguna manera, con esos regímenes, la organización hace pública aquí una serie de incidentes relativos a la libertad de prensa, constatados en Estados Unidos entre el 11 de septiembre y el 7 de octubre de 2001, fecha de la respuesta militar estadunidense. En su mayoría han sido publicados y comentados en la prensa estadunidense, o en sitios de Internet especializados. ¿Se trata de actos de censura o de autocensura? ¿Se trata de una política deliberada de las autoridades o bien es una opción de los propios grandes medios de comunicación? ¿Qué piensan los periodistas estadunidenses y extranjeros que trabajan en Nueva York? ¿Y las organizaciones de defensa de la libertad de prensa? Para intentar responder a todas estas cuestiones, dos representantes de RSF han viajado a Estados Unidos y se han entrevistado con representantes de los medios, defensores de los Derechos Humanos así como especialistas de la prensa estadunidense.

Primer sospechoso: Internet

La amplitud sin precedentes de los atentados de Nueva York y Washington, así como el supuesto recurso de los terroristas a las técnicas informáticas más avanzadas, hacen temer a los internautas un reforzamiento de la vigilancia en la Web, tal y como desean los servicios de seguridad. Como atestiguan diversas fuentes coincidentes, tan sólo algunas horas después de los atentados, agentes del Federal Bureau of Investigation (FBI) se presentaron en las sedes de los principales proveedores de acceso a Internet en el país (Hotmail, AOL, Earthlink, etc.) para recabar informaciones sobre eventuales intercambios por e-mail entre los terroristas. Amparándose en el anonimato, algunos ingenieros que trabajan para esas empresas manifestaron a la revista estadunidense en línea Wired que los agentes del FBI también querían instalar el servicio de vigilancia electrónica "Carnivore" (recientemente rebautizado como DCS1000) en el ordenador principal de los proveedores de acceso con base en Estados Unidos. "El martes por la noche, los agentes del FBI se presentaron en nuestro lugar de trabajo para instalar sus máquinas, cuenta un ingeniero. Prometieron encargarse de todos los gastos de instalación y explotación". Otro, que trabaja para Hotmail, precisó que el FBI exigió -y consiguió- de sus responsables todas las informaciones procedentes de las cuentas cuya dirección incluía la palabra "Alá". Todos los grandes proveedores de acceso parecen haber seguido el ejemplo de Hotmail y haber colaborado plenamente con los servicios de seguridad estadunidenses.

El sistema Carnivore permite, después de ser instalado en un proveedor de acceso a Internet, registrar y almacenar todos los datos intercambiados por sus usuarios. Muy criticado por los defensores de las libertades individuales en Estados Unidos, este sistema no se había utilizado hasta ahora más que con el consentimiento previo de un juez. Un texto titulado "Combating terrorism act", votado con toda urgencia, después de media hora de debate en el Senado, el 13 de septiembre (es decir, apenas dos días después de los atentados), libera ahora a los servicios de seguridad estadunidenses de tener que conseguir el aval de la justicia para la utilización de Carnivore. Para hacerse efectivo, el texto debe ser aprobado todavía por una comisión paritaria compuesta por miembros del Senado y de la Cámara de Representantes.

En el mismo impulso, muchos responsables estadunidenses la han tomado con la criptología. Este procedimiento permite a los internautas proteger la confidencialidad de las informaciones intercambiadas por la Net, cifrándolas con ayuda de programas, el más conocido de los cuales es el programa PGP (Pretty Good Privacy), que se puede telecargar gratuitamente en numerosos sitos. Ya en el pasado marzo, Louis Freeh, director del FBI, dijo que estaba convencido de la utilización de la criptología en las redes terroristas. El 13 de septiembre, el senador republicano Judd Gregg propuso, en un discurso pronunciado ante el Congreso, la prohibición global de los programas de criptología, de los que sus difusores no hubieran proporcionado a las autoridades públicas la clave que permite descifrar los mensajes. "Nos tememos que las autoridades utilicen la emoción del momento para finalmente alcanzar su objetivo: prohibir la criptología", ha explicado a RSF un defensor estadunidense de los programas PGP. Otros militantes de la protección de la vida privada en la Net, como John Gilmore de la organización estadunidense Electronic Frontier Foundation (EFF), han llamado a multiplicar los sitios espejo que proponen programas de cifrado de venta libre.

Hay que recordar que, tras el primer atentado contra el World Trade Center, en 1993, el FBI descubrió en el ordenador portátil del responsable del ataque, planes para desviar once aviones de línea estadunidenses. El FBI empleó entonces diez meses en descifrar los ficheros, la mayoría de los cuales se habían cifrado con ayuda del programa PGP. A lo que los defensores de la criptología responden que la información ya ha puesto de manifiesto su debilidad en este asunto, sobre todo porque los terroristas parecen haber utilizado métodos que escapan ampliamente a la vigilancia electrónica. El creador del PGP, David Zimmerman, que estuvo a punto de ser encarcelado en Estados Unidos, en 1980, por difundir su programa, ha defendido una vez más su postura en una reciente entrevista concedida a la revista Futur(e)s: "Tanto en el Congreso, como en los tribunales o en las columnas de los periódicos, el país ya ha debatido esta cuestión durante la última década. Y, todos juntos, hemos decidido que la sociedad ganaba más que perdía con una criptografía fuerte. No hay que olvidar que la criptografía salva vidas en todo el mundo. El programa PGP lo utilizan organizaciones de defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo, y especialmente bajo las dictaduras" (citado por la revista en línea Transfert, 17 de septiembre de 2001).

Televisión: de la espontaneidad al rigor patriótico

Filmado prácticamente en directo, el ataque contra el World Trade Center ha sido un acontecimiento trágico y espectacular a la vez, como destinado a la televisión. "No hay que olvidar que el objetivo de los terroristas, Manhattan, es no sólo el corazón financiero sino también la capital de los medios de comunicación del país", recuerda un periodista estadunidense. Jamás un acontecimiento de esta amplitud había sido filmado y fotografiado "en caliente", a la vez por las cámaras de vigilancia, las de los aficionados y las de los profesionales. Durante los primeros días, no estuvo regulado el acceso al lugar de los ataques. Muchos fotógrafos y operadores aprovecharon para acercarse lo más posible a los impactos. Estados Unidos estaba separado del resto del mundo tras el cierre de las líneas aéreas; únicamente los periodistas estadunidenses y los corresponsales extranjeros destinados en Nueva York, cubrieron los acontecimientos. Como no tenían necesariamente experiencia de conflictos o catástrofes naturales, la mayor parte de los preguntados por RSF afirman haber experimentado el "shock de su vida" al conocer la noticia de los ataques terroristas, y al dirigirse al World Trade Center. Naturales de Nueva York, o residentes allí desde hace muchos años, afirman con mucha emoción haber cubierto "el acontecimiento más importante de su carrera". No esconden su simpatía por los estadunidenses, y en especial por los neoyorquinos, en este difícil período: "Al principio reaccioné más como neoyorquina adoptiva que como periodista", testimonia Stéphanie Tremblay, coordinadora de los programas en francés de Radio Canada. "Ante todo, los terroristas han atacado a mi ciudad y a mi forma de vivir". "Nunca pensé que un día tendría que cubrir un acontecimiento así en mi ciudad", añade Don Emmert, responsable fotográfico de la Agencia France-Presse. "Soy canadiense, subraya Marc Greenought, productor de radio para los programas en inglés de Canadian Broadcasting Company (CBC), pero durante algunos días me he sentido profundamente estadunidense".

Todas personas preguntadas por RSF en Nueva York lo recuerdan: los canales de televisión estadunidenses fueron los primeros en cubrir el acontecimiento, y fueron una excelente fuente de información durante los primeros días: "Redactamos los primeros despachos sobre el ataque del World Trade Center con los ojos pegados a las pantallas de televisión", cuenta Michel Moutot, jefe de la oficina de la Agencia France-Presse en Nueva York. "Los canales de televisión estadunidenses tienen medios incomparables, y nos los ofrecieron inmediatamente", continua. Una constatación que comparte Eric Leser, el corresponsal del diario francés Le Monde quien, durante la entrevista concedida a RSF, también insistió en la importancia que, en un primer momento, tuvo para su trabajo la información proporcionada, en tiempo real, por los diferentes canales de televisión estadunidenses. La asociación Fairness and Accuracy In Reporting (FAIR), muy crítica con los grandes medios de comunicación estadunidenses, también admite sin embargo que la cobertura de los primeros días fue globalmente satisfactoria. "Hemos asistido incluso al acontecimiento de un periodismo de nuevo tipo, espontáneo y sincero", se felicitó ante RSF Steve Randell, un responsable de la organización.

Pero sólo una semana después, el tono y el contenido de los canales de televisión estadunidenses había cambiado. "Creo que la inflexión fue el discurso de George W. Bush ante el Congreso, el 20 de septiembre de 2001, estima Eric Leser. Después, los medios de comunicación han adoptado un tono resueltamente patriótico y la información ha empezado a perder en beneficio de la propaganda". El periodista francés añade que, desde entonces, cada vez consulta menos los canales de televisión y más en cambio Internet, donde numerosos sitios ofrecen informaciones más críticas y alternativas sobre la actualidad. Una opción compartida por muchos corresponsales extranjeros, interrogados por RSF en Nueva York.

Los representantes de RSF han podido constatar el cambio de tono y ambiente que se produjo en las televisiones estadunidenses que siguió al discurso del 20 de septiembre del Presidente Bush, en el que hizo un llamamiento a dirigir una "guerra contra el terrorismo". La suerte de las víctimas quedó relegada a un segundo plano; los canales de televisión dedicaron todo su tiempo de antena a celebrar a los "nuevos héroes" del país: bomberos, fuerzas de policía y del ejército, políticos…Y, sobre todo, a mostrar la imagen de una nación indivisible y combatiente, dispuesta a librar una guerra contra los que la habían atacado. "La nueva guerra de América" y luego "En guerra contra el terror" (CNN), o "América contra-ataca" (CBS) han sido las consignas, acompañadas de la ahora omnipresente bandera estrellada, impresas en la pequeña pantalla. "Los programas ahora se convierten en tambor que resuena y bandera que ondea al viento. Ya no se trata de información" comenta, a finales de septiembre, otro corresponsal extranjero, Richard Hêtu, periodista del diario canadiense La Presse, preguntado por RSF. Un periodista francés, especialista de los Balkanes y que cubrió, entre otras cosas, la intervención de la OTAN en Serbia, estima también desde Nueva York que la televisión estadunidense ha "entrado en guerra": "En lugar de boletines informativos, los estadunidenses ven spots publicitarios a la mayor gloria de su país". Como ejemplo, las 62 estaciones regionales de televisión del grupo Sinclair Broadcast emiten una publicidad de su página web con la siguiente declaración: "Todo el equipo de nuestra cadena apoya la acción del Presidente y de los dirigentes de nuestra nación en su deseo de poner fin al terrorismo. Si está usted de acuerdo, dígalo", prosigue el mensaje que invita a los telespectadores a pronunciar en el sitio web del canal.

Stéphanie Tremblay, preguntada igualmente por estos desbordamientos patrióticos, ha declarado no sentirse "sorprendida" por esta particularidad de los canales estadunidenses de televisión. "Yo sabía, en cambio, que si quería escuchar informaciones más críticas, y que dieran una mayor perspectiva del acontecimiento, tenía que conectarme a la BBC o a TV 5", estima. Una de sus colegas, Chantal Lavigne, también reconocía la voluntad de los medios de comunicación estadunidenses de participar en "el esfuerzo de guerra". "La mayoría de los presentadores estrellas de la televisión han afirmado que eran estadunidenses antes que periodistas", recuerda.

Los periodistas y los responsables de los medios de comunicación estadunidenses preguntados por RSF o bien han desmentido enérgicamente tanto haber hecho propaganda, o bien, por el contrario, han asumido y justificado plenamente esa opción. "Las imágenes del ataque contra el World Trade Center no tienen equivalente en la historia de los conflictos, subraya en una entrevista concedida a RSF, Paul Khlebnikov, periodista de la influyente revista económica estadunidense Forbes. En la guerra de imágenes, los terroristas han marcado un punto decisivo. Por eso la guerra que va a dirigir América no debe ser solamente policial y económica, sino también psicológica, y por tanto mediática. Matar a Ben Laden no será suficiente, también habrá que abatirle simbólicamente". Khlebnikov no se siente en absoluto inquieto por el tono belicoso y propagandista que hayan podido adoptar algunos medios de comunicación estadunidenses. Lo atribuye "a un sobresalto de civismo" compartido por todos los estadunidenses. "En los primeros días, se llegó a temer un hundimiento de la moral de los estadunidenses. Luego, como en tiempos de guerra, tuvieron un sobresalto cívico que se propagó en la prensa. Y aunque a veces los medios de comunicación han carecido de objetividad, eso no ha ocurrido nunca bajo presión de las autoridades. La objetividad en el periodismo no debe significar ausencia de valores. Los medios, en conjunto, han hecho un trabajo excelente, concluye. Especialmente la televisión, ha triunfado".

Paul Khlebnikov no es el único, en la prensa estadunidense, que ha sacado esta conclusión. Sandy Genelius, portavoz del canal de televisión CBS News, en una entrevista con RSF se felicita de los comentarios que ha leído en la prensa sobre el trabajo de su emisora. "Y sin embargo, los periodistas no son amables con nosotros, prosigue. De hecho, hemos sido buenos, no nos hemos volcado en la propaganda como algunos", estima arañando de paso al principal competidor de CBS, el canal de información continuada CNN Internacional. En cuanto al presidente de este último, Chris Cramer, se había congratulado, el 18 de septiembre, por el trabajo realizado por su cadena: "CNN jamás ha faltado a su compromiso (…): proporcionar una información equilibrada y conferir autoridad a América y al mundo. Los 4.000 hombres y mujeres de CNN no han escapado al shock ni al horror de lo que ha sucedido. Sin embargo, la cobertura del acontecimiento que hemos dado a nuestro público, y a los demás medios de comunicación, es un testimonio de profesionalidad y de integridad".

Las imágenes que no se han dado: ¿censura o "cuestión de gusto"?

Apenas una semana después de los atentados, algunos responsables de los medios de comunicación europeos, especialmente franceses, cuestionan la imparcialidad de los canales de televisión estadunidenses, sospechosos de no mostrar "todas las imágenes", principalmente las de las víctimas de los atentados. Posteriormente se han formulado críticas contra las autoridades estadunidenses, acusadas de impedir que los medios de comunicación pudieran captar y difundir algunas imágenes de los lugares del drama. Así, Robert Namias, director de información del principal canal privado francés, TF1, deplora en varias ocasiones este "filtrado" que identifica con la "censura". "Lamento vivamente la censura que Estados Unidos nos ha impuesto, declara el periodista al diario francés Le Figaro, el 26 de septiembre de 2001. Las imágenes estadunidenses que los medios de comunicación franceses han comprado fueron filtradas, tratadas y depuradas por las autoridades estadunidenses ¿Cómo quieren que hagamos nuestro trabajo cuando está prohibido el acceso a las informaciones, y rodeado de las fuerzas del orden? Yo no quería enseñar imágenes horribles pero, para hacer correctamente el trabajo, hay que tener un mínimo de conocimiento". Esta postura es compartida, en diversos grados, por otros patrones de los canales de televisión franceses, aunque no es un unánime. "No era suficiente el horror de los dos aviones que se estrellan contra las torres?", se pregunta Hervé Brusini, director de información nacional en el canal público France 3. Su colega de France 2, Olivier Mazerolle, estima que nunca habría ofrecido imágenes sangrientas en pantalla pero admite que los canales estadunidenses se resisten a la hora de rodar ese tipo de imágenes "por razones patrióticas". Sin embargo, los periodistas franceses están de acuerdo en denunciar las condiciones, cada vez más duras, de acceso al lugar del World Trade Center, y la mala voluntad de las autoridades para dejar circular libremente a la prensa, en el perímetro de seguridad.

En el transcurso de su investigación en Nueva York y París, los representantes de RSF han intentado saber un poco más sobre la ausencia de imágenes de las víctimas y sobre las condiciones de acceso al lugar del World Trade Center. Jim Rutenberg y Felicity Barringer, periodistas especialistas en medios de comunicación del New York Times, entraron, la noche del 11 de septiembre, en diversas redacciones de televisión para preguntar a sus responsables sobre las opciones editoriales de los canales. "Empezaban a llegar imágenes horribles", constatan. Había sangre. Había cuerpos desmembrados. A pesar de que algunos periodistas querían mostrar esas imágenes, el director del canal MSNBC, Erik Sorenson, decidió no difundirlas: "Creo que existen muchas maneras de enseñar el horror, sin caer en lo sanguinolento", estima. "¿Hay algo más horrible y visual que un inmueble de 110 pisos cayéndose ante vuestros ojos?". Sin embargo, algunos canales como NBC, CBS, CNN y Fox News, difundieron las imágenes de aquellas personas desesperadas que saltaron del inmueble ardiendo. Después lo lamentaron: "Fue una mala decisión, confiesa Bill Wheatley, vicepresidente de NBC News, la imagen es realmente demasiado perturbadora". Los que, como el canal ABC, se negaron a enseñar esas imágenes, se explican: "La pregunta es: ¿se informa o se causa un dolor inútil?" Los que, como CBS, difundieron la imagen, también se justifican: "Eso es el terrorismo (..) Por una parte, se quieren respetar los sentimientos del oyente, por otra se quiere enseñar lo que los terroristas han cometido realmente".

También Michel Moutot, de la Agencia France Presse, recuerda esa serie de fotos que le conmovieron enormemente: "Por la ropa, se podía reconocer fácilmente la identidad de las personas que habían saltado por las ventanas". Sin embargo, esos clichés eran completamente "pasables", estima. Efectivamente, varias fotos de esta escena, tomadas por reporteros de las grandes agencias internacionales, aparecieron a lo largo de la semana en la prensa estadunidense y europea. Los redactores jefe que publicaron esas imágenes, como Glenn Guzzo, del diario The Denver Post, han hablado después de la virulencia de las críticas de sus lectores. "¿No tenéis sentimientos, respeto por las familias que han perdido a sus seres queridos?", manifestó indignado un lector.

En este punto, está claro que se tomaron muchas imágenes duras y que circularon por los medios de comunicación estadunidenses. Fueron ellos quienes, en conciencia, decidieron difundirlas o no. "Parece poco probable que las autoridades hayan querido ejercer un control sobre esas imágenes, visto que ni siquiera sabían como proteger al Presidente del país", analiza un observador. "El negarse a difundir las imágenes duras fue una opción editorial de mis colegas, añade Paul Khlebnikov del Forbes. En tanto que ciudadanos del país, se plantearon la cuestión: ¿se pueden enseñar pedazos de cuerpos en este período de duelo y de recogimiento nacional?". Fue una "opción editorial", confirma Sandy Geneluis, de CBS News, a RSF. "Teníamos vídeos sensibles, teníamos imágenes gore. Pero, en todo momento, nos planteábamos la cuestión: ¿aportamos algo más a la historia difundiéndolas? Y así, hemos hecho públicas las imágenes únicamente por el placer de demostrar que las teníamos".

Esta repentina retención de los medios de comunicación estadunidenses ha sorprendido a muchos observadores extranjeros. En un análisis titulado "Los muertos sin rostro del World Trade Center", el periodista Michel Guerin, especialista en imagen en el diario francés Le Monde, constata la paradoja: "5.550 personas habrían muerto o desaparecido en la jornada negra del 11 de septiembre (..) pero no ha aparecido ninguna imagen, o casi ninguna, de los cadáveres en la televisión, ni se ha publicado en la prensa" (21 de septiembre de 2001). Un pudor de geometría variable, según Dominique Wolton, director de investigación en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), citado por el diario francés Libération (19 de septiembre de 2001). "Esto debería dar una gran lección de modestia a los medios occidentales, que no dudan en enseñar masacres cuando se producen en Ruanda", añade. Otros, como el historiador especialista en imagen Marc Ferro, no ven en ello nada de sorprendente: "Durante los conflictos, nunca se enseñan los muertos propios, sino los del adversario. Los estadunidenses quieren limitar la imagen del traumatismo que han sufrido, de la derrota, de la afrenta y la mortificación".

Sandy Genelius, portavoz de CBS News, a quien RSF ha podido plantear directamente estas cuestiones, se defiende una vez más de la utilización de un doble estándar. "No es cierto que hayamos dado pruebas de retener mucho material. Aplicamos las mismas reglas cuando filmamos en Ruanda o ante las ruinas del World Trade Center". Preguntado igualmente sobre las críticas que se han formulado al otro lado del Atlántico, el portavoz de CBS corta: "No los leo y, de todas maneras, eso importa poco. Solamente sé que aquí, en Estados Unidos, nuestro trabajo ha sido apreciado y aplaudido por todos".

Un representante de RSF ha podido también detenerse sobre esta cuestión con Tom Golstein, profesor emérito en la prestigiosa Universidad de periodismo de Columbia, al sur de Manhattan, quien estima que se trata únicamente de una "cuestión de gusto". "Los medios de comunicación estadunidenses han decidido no enseñar ese tipo de imágenes. ¿Eso plantea realmente algún problema?", ha comentado el profesor. ¿Se trata de un caso de censura? "Rotundamente no. Es un asunto de gusto. Una diferencia cultural, si usted quiere. En todo eso, es algo que no me preocupa en absoluto".

Un criterio que parecen compartir una gran mayoría de los periodistas estadunidenses, e incluso extranjeros. Como el canadiense Marc Greenought, de CBC, no ocultan su sorpresa, incluso su irritación, ante las críticas formuladas por los medios europeos respecto a la falta de las imágenes más duras y sangrientas de las víctimas del World Trade Center, y las restricciones para el acceso al lugar. "No lo comprendo, declaró a RSF. En tanto que periodista, tuve acceso a todo lo que necesitaba para realizar mis reportajes: al sufrimiento, a la emoción, a la humanidad en cada esquina de la calle. No había ninguna necesidad de ir a buscar la sangre bajo los escombros para esto."

Detenciones y llamadas al orden

Durante los primeros días, después de los atentados del 11 de septiembre, los medios de comunicación estadunidenses adoptaron, ciertamente, una actitud común que consistía en no "añadir horror al horror" y en participar en la recuperación de un sentimiento patriótico y nacional. Al hacerlo, sus responsables se hicieron eco del deseo de una gran mayoría de su público, que reaccionó vivamente a las primeras imágenes emitidas tras los atentados. Sin embargo, a eso hay que añadir reglas muy estrictas para el acceso al lugar de la catástrofe, y órdenes tajantes de las autoridades junto a algunas sanciones contra los fotógrafos recalcitrantes.

El perímetro del Wrold Trade Center fue rápidamente encuadrado y protegido por las fuerzas de seguridad estadunidenses, tras la confusión de los primeros días. "Policías neoyorquinos, más bien cooperando con la prensa, garantizaban las idas y venidas por el lugar. La llegada de la Guardia Nacional (policía militar) acabó con esta situación", recuerda todavía Moutot de AFP. En torno al lugar aparecieron verjas, luego se amplió el perímetro de seguridad en varias calles al sur y al norte de Manhattan. Para los periodistas, la policía y el ejército, juntos, pusieron en práctica un sistema de acreditación complejo. Según el diario Los Angeles Times, el 19 de septiembre la policía empezó a incautarse las películas de los fotógrafos y los turistas que estaban cerca del lugar. A muchos fotógrafos se les retiraron los permisos de acceso por no obedecer las órdenes de las autoridades presentes en el lugar. La organización de defensa de la libertad de prensa estadunidense, The Reporters Committee for Freedom of the Press (RCFP) estima que "al menos cuatro periodistas" fueron detenidos y acusados de violar las reglas de acceso al lugar del World Trade Center. Entre ellos, Ian Austin, fotógrafo de la agencia Aurora Quanta Productions, que permaneció en detención provisional durante tres días, antes de quedar en libertad sin ningún cargo. "Los policías me dijeron que querían hacer de mí un ejemplo", afirmó. Todos los periodistas del diario Dallas Daily News se vieron privados de su acreditación, a causa de la detención y la "mala conducta" de uno de los fotógrafos del periódico.

En una entrevista concedida a RSF, Don Emmert, responsable de fotografía de AFP en Nueva York, ha evocado ampliamente las consecuencias que esas restricciones, y esas llamadas al orden, tuvieron en el trabajo de su agencia. "En términos fotográficos, franjas enteras de este drama no se cubrieron, estima. La causa es muy simple: no se nos dejó trabajar. A pesar de que teníamos una auténtica demanda de nuestros clientes del otro lado del Atlántico, no pudimos proporcionarles las imágenes que esperaban. No pudimos acceder a los hospitales, no pudimos hacer libremente fotos del World Trade Center después de la catástrofe".

"Una vez se nos pidió, directamente desde la oficina del alcalde de Nueva York, que no difundiéramos una imagen de los bomberos dejando pasar, con el casco bajado, el cuerpo encontrado de uno de sus compañeros", continua Don Emmert, de AFP, que también denuncia las actuales condiciones de acceso al lugar. "Son dignas de un Estado policial, constata. "Durante los pools organizados, se nos deja filmar únicamente lo que las autoridades quieren vernos filmar. Los que circulan libremente son los fotógrafos militares de la Marina estadunidense y de la FEMA (Federal Emergency Agency). Ellos proporcionan fotos muy bellas a las agencias, pero no hay que esperar ver cadáveres". Aunque la prensa estadunidense continua publicando fotos de las ruinas del World Trade Center, todos los medios, incluidos los tabloides, tienen que contentarse con esos pools, con clichés tomados de lejos y que solamente presentan grandes planos del lugar.

Sin embargo, para algunos periodistas que trabajan en Nueva York, la respuesta al debate sobre la falta de imágenes de las víctimas del World Trade Center, es muy simple. "Simplemente, dudo que quede algo por enseñar", avanza prudentemente el corresponsal del diario francés Le Monde. Una opinión que comparte Richard Hêtu, del diario canadiense La Presse, quien estima que los cuerpos literalmente se "desintegraron". "El World Trade Center se ha convertido en un inmenso crematorio, continúa. Como escribí en un artículo, el polvo de los restos del World Trade Center todavía lo respiramos es, probablemente, también el de las cenizas de las víctimas".

La voz de América no debe ser la de sus enemigos

Otros varios incidentes, equiparables a violaciones de la libertad de prensa, han salpicado la vida de los medios de comunicación tras los atentados del 11 de septiembre. Han estado causados por intervenciones de las autoridades criticando a tal o cual medio, o por los propios patrones de los medios que han juzgado oportuno sancionar a tal o cual periodista, por manifestaciones "subversivas"; y, a veces, por los dos a la vez, sin que al medio afectado le sea posible establecer cual ha sido la verdadera razón de la sanción. Así, cuando el canal de televisión ABC decidió, el 19 de septiembre, no seguir dando imágenes de los dos aviones empotrándose en las torres del World Trade Center, oficialmente lo hizo "para no banalizar este dramático acontecimiento". Muchos observadores sospechan, sin embargo, que hubo presiones por parte de las autoridades y, sobre todo, un deseo formulado por el propietario de esta influyente network, la compañía Disney.

El ejemplo más flagrante de la censura corporativa, es decir cuando el responsable del medio de comunicación sanciona a un periodista por sus opiniones, lo dieron dos diarios: The Texas City Sun, del Estado de Texas, y el Daily Courier, del Estado de Oregón. El 23 de septiembre de 2001, Les Daughtry Jr., propietario desde hace diecisiete años del Texas City Sun, tomó la pluma para excusarse ante sus lectores por un artículo publicado por uno de sus redactores jefe, Ron Gutting, que en un artículo titulado "Bush no ha estado a la altura para dirigir al país", publicado al día siguiente de los atentados, criticaba la actitud y las decisiones tomadas por el presidente estadunidense. Entre otras cosas, había escrito: "(el Presidente) vuela a bordo de su avión a través de todo el país, como un niño amedrentado que busca refugio en la cama de sus padres después de una pesadilla". "Presento igualmente mis excusas a todos los líderes de nuestro país, y muy especialmente al presidente George W. Bush, por haber publicado un artículo tan mal inspirado y tan poco apropiado que sólo puede suscitar cólera y disgusto", escribió Les Daughtry en la primera página de su periódico. Mientras tanto, Ron Gutting ha sido despedido, sin más formalidades, del principal diario del Estado de Texas, feudo de la familia Bush.

Su colega Dan Guthrie, del Daily Courier editado en Grants Pass, corrió la misma suerte, por razones similares. El 15 de septiembre, en una sección de humor del diario, el periodista escribió: "El Presidente se esconde en un agujero de Nebraska en lugar de regresar a Washington", añadiendo que estaba "muerto de miedo". Lo que obligó al redactor jefe del periódico, Dennis Mack, a coger la pluma para excusarse ante los lectores: la crítica de nuestro jefe del ejecutivo (..) debe ser responsable y apropiada. Tratarle de miedoso, así como al resto de nuestros dirigentes, en el momento en que América intenta unirse tras los sangrientos atentados, no es ni responsable ni apropiado". Resultado, Dan Guthrie también ha perdido su trabajo, aunque por "razones personales", según su empleador.

En ninguno de los dos casos se han podido constar presiones de las autoridades. Las reacciones, muy vivas, de los lectores del periódico, parecen haber sido decisivas en la decisión de sancionar a los dos periodistas. En cambio, en otro caso ampliamente comentado por la prensa estadunidense, un presentador de televisión provocó reacciones muy vivas en la Casa Blanca. Después del crash voluntario de los dos aviones en las torres del World Trade Center, Bill Maher, presentador estrella del programa "Politically Incorrect", en ABC, declaró el 17 de septiembre de 2001: "Hemos sido muy descuidados enviando misiles de crucero a casi tres mil kilómetros de aquí; por el contrario, permanecer en un avión que se sabe que va a explotar contra un edificio, diga usted lo que quiera, pero eso no es descuido". Las palabras provocaron también la cólera de muchos telespectadores y supusieron la retirada inmediata de los dos principales patrocinadores del programa, las compañías Federal Express y Sears. Muchos canales de televisión afiliados a la red de ABC, especialmente en Nueva York y Washington, anularon la difusión del programa de Bill Mahler, sobre todo después de que Ari Fleisher, portavoz de la Casa Blanca, calificara esas declaraciones de "antipatrióticas". "Los medios de comunicación y los estadunidenses deben tener cuidado, en este período, con lo que dicen y lo que hacen", concluyó, al día siguiente de la emisión, Ari Fleisher. Los periodistas presentes cuando se produjo esta declaración en la Casa Blanca después se dieron cuenta de que la mención "lo que dicen" no figura en el texto de la transcripción oficial de la conferencia.

Otra decisión, muy comentada, de la administración estadunidense ha sido el intento de las autoridades de prohibir, a finales de septiembre, la difusión de una entrevista con el jefe supremo de los talibán, el mollá Omar, en la emisora de radio Voice of America (VOA). Esta emisora, cuyos programas se reciben en más de 50 países del mundo, está financiada por el Congreso, con el objetivo "de explicar América al mundo". Pero disfruta de una gran libertad editorial. Claude Porsella, jefe del servicio en lengua francesa de VOA, ha precisado a RSF, desde la sede de la emisora en Washington, el contenido de la entrevista que provocó la ira de las autoridades: "Uno de mis colegas del servicio en lengua pashtu había conseguido el scoop de su vida: una entrevista con el mollá Omar. VOA no pensó nunca en emitir la totalidad de la entrevista, cuyos extractos formaban parte de un reportaje más general que incluía, igualmente, intervenciones de la administración estadunidense, el análisis de un experto en el Islam y las posiciones de la Alianza del Norte. El mollá Omar se declaraba convencido de que Ben Laden no podía estar detrás de los atentados". El Departamento de Estado, que forma parte del consejo de administración de VOA, pidió a los demás miembros que no autorizaran la emisión de esta entrevista, prevista para el 28 de septiembre de 2001. "Voice of America no es la voz del mollá Omar y no es la voz de los talibán, se justificó un responsable estadunidense. Resultaría inapropiado gastar dinero de los contribuyentes en difundir los comentarios del jefe del movimiento que protege a los terroristas responsables de los ataques del 11 de septiembre".

"Esta decisión provocó gran consternación entre los periodistas de VOA, declara Claude Porsella. El director de información protestó y más de 150 periodistas firmaron una petición. Después de esta movilización, y ante el alboroto que provocó el incidente en la prensa, Voice of America, que en un primer momento renunció a difundir la entrevista, finalmente decidió hacerla pública el 25 de septiembre, sin que por el momento haya sido objeto de sanciones por parte de la administración estadunidense. "Hemos ganado una batalla, afirma Claude Porsella. Pero dudo que la historia termine aquí. Probablemente, van a rodar cabezas", teme el periodista.

Con motivo de la polémica, los periodistas de VOA pudieron constatar la solidaridad de sus colegas de los grandes medios estadunidenses, especialmente de la prensa escrita. Así, desde el principio del asunto, el influyente diario The Washington Post puso sus páginas a disposición de los periodistas de la emisora, antes de tomar posiciones, en un editorial fechado el 26 de septiembre: "Este episodio pone de manifiesto un reflejo de censura que nunca desaparece en tiempos de guerra o de casi guerra, un reflejo que es apenas menos nocivo cuando retrocede prontamente que cuando se cuestiona". Y concluía: "Pero los responsables de los medios deben resistirse a ese instinto de censura y de autocensura, antes de que se ejerza y no después. A menudo nos dicen que la mejor manera de ganar frente a los terroristas es continuar defendiendo las libertades de este país. Esas libertades incluyen igualmente el respeto del derecho de los estadunidenses a escuchar comentarios que pueden molestar a algunos de ellos, e informaciones que les permiten conocer mejor al enemigo".

A principios de octubre, las autoridades estadunidenses manifestaron una vez más su irritación con los medios que dan la palabra a los "enemigos de América". Esta vez, fue el canal árabe de información continuada, Al-Jazeera, de Qatar, la que se atrajo las iras de la administración Bush al emitir, en varias ocasiones, imágenes y entrevistas de dirigentes talibán y de Ossama Ben Laden. El canal es conocido especialmente por su entrevista, realizada en 1998, con el que denomina "el jefe del movimiento 'Al Qaida'". Esta entrevista se emitió íntegramente, en varias ocasiones, tras el 11 de septiembre. El 2 de octubre, la embajada estadunidense en Qatar, se dirigió oficialmente a las autoridades del país para protestar contra la actitud de la emisora, acusada de dar una cobertura "sesgada" de los acontecimientos del 11 de septiembre, así como "de animar sentimientos anti-estadunidenses" en el Medio Oriente. El 3 de octubre, después de una entrevista con el Secretario de Estado, Colin Powell en Washington, el jeque Hamad bin Khalifa al-Thani, emir de Qatar y principal accionista del canal, declaró que los oficiales estadunidenses le habían pedido que usara su influencia para la cobertura de los acontecimientos. El jefe del Estado precisó que no pensaba intervenir en la línea editorial del canal. La administración estadunidense se ha quejado una vez más del canal qatarí, después de la difusión, al día siguiente de los primeros ataques estadunidenses, de las declaraciones de Ossma Ben Laden, prometiendo a Estados Unidos "que nunca va a sentirse seguro". "Sí a la libertad de prensa, pero pensamos que es inaceptable ofrecer una tribuna a ese tipo de ideas violentas. Estamos preocupados por el hecho de que Ossama Ben Laden pueda utilizar los medios de comunicación para extender sus ideas", declaró un representante del Departamento de Estado, citado por la agencia Reuters. Al mismo tiempo, el presidente Bush estaría dispuesto a aparecer en esa cadena. Al-Jazeera, que dispone de una oficina permanente en Kabul desde 1998, es uno de los pocos medios de comunicación que todavía permanecen en la capital afgana y en Khandahar. Famosa por la calidad de sus programas, su profesionalismo y su independencia, "la CNN del mundo árabe" es la más vista en aquella región del mundo. Es regularmente objeto de críticas por los países árabes que temen la tribuna que representa para los opositores de todo tipo

Conclusión: ¿La primera enmienda en peligro?

Citado por el New York Times, el jurista Floyd Abrams, especialista de la Constitución estadunidense, estima que la cuestión del patriotismo y de la libertad de palabra, acostumbra a debatirse en el país en tiempos de crisis. "La Primera enmienda se pone a prueba cada vez que se pone a prueba el país. Cuando nos sentimos amenazados, cuando nuestra existencia se cuestiona, la Primera enmienda y sus valores a veces se subordinan a otras prioridades".

Esta opinión parece ser compartida por varias organizaciones estadunidenses de defensa de la libertad de prensa, que estiman que es todavía demasiado pronto para alarmarse por los acontecimientos reseñados en este informe. "Esto no me preocupa demasiado, ha declarado Lucy Dalglish, directora del Reporters Committee for Freedom of the Press. Los medios de comunicación, como el resto de la sociedad, se han vuelto hipersensibles después de los atentados. Yo misma, me doy cuenta de que soy mucho menos sarcástica o desenvuelta que de costumbre. Probablemente, todos nos parecemos en tiempos de crisis". Por otra parte, su organización ha establecido una relación de las consecuencias del 11 de septiembre sobre la libertad de prensa, aunque sin tomar postura sobre los hechos. En una entrevista concedida a un representante de RSF, Ann Cooper y Joel Simon, respectivamente directora y vice-director del Committee to protect journalists (CPJ), la principal organización estadunidense de defensa de los periodistas en el mundo, han estimado que en otras partes del globo continúan cometiéndose violaciones mucho más graves contra la libertad de prensa. En ese aspecto, Ann Cooper comentó la prohibición a Voice of America de emitir la entrevista con el mollá Omar: "Las críticas del Departamento de Estado contra VOA ponen de manifiesto un reflejo, casi instintivo, de algunos gobernantes; en tiempos de conflicto, no difundir las palabras de los adversarios. En algunos países, ese reflejo tiene fuerza de ley. En Rusia, los medios que publicaron entrevistas con los líderes chechenos, han sido denunciados ante la justicia. En Angola, la policía ha retenido a periodistas que habían difundido las declaraciones de un comandante rebelde. La diferencia -crucial- entre estos casos y el que os preocupa es que VOA emitió su entrevista a pesar de la oposición del Departamento de Estado y, hasta el momento, no ha sido objeto de ninguna sanción". Ann Cooper subraya que es "la tolerancia de una prensa libre la que permitirá seguir viva a nuestra democracia". Por tanto, no cree que la libertad de prensa peligre en Estados Unidos: "Los periodistas estadunidenses no nos necesitan para defenderse. Tienen a sus medios y a toda la profesión para apoyarles, en caso de peligro".

Tina Golstein, de la Columbia University of Journalism, comparte igualmente este punto de vista y sigue confiando en la capacidad de los medios estadunidenses y de las organizaciones profesionales, para defender sus intereses. "Patriotismo, independencia, libertad de palabra: debatimos estas cuestiones prácticamente todos los días, en los periódicos o en las aulas de la universidad. Pero es demasiado pronto para sacar conclusiones del debate. Los medios de comunicación, que en su mayoría han hecho un excelente trabajo cubriendo los atentados, deben ahora lograr seguir haciéndolo: continuar haciendo su trabajo pero en tiempos de conflicto".

Sin embargo, después de esta investigación, realizada desde París y en Nueva York, la organización Reporteros Sin Fronteras estima que persisten algunas razones para estar inquietos:

  • En efecto, se han constatado varios intentos de las autoridades estadunidenses destinados a controlar el trabajo de los medios de comunicación: detenciones de fotógrafos cerca del World Trade Center, voluntad de las fuerzas del orden de filtrar las imágenes tomadas en ese lugar, intento de prohibir la entrevista del mollá Omar en VOA y presiones sobre Al-Jazeera, la televisión de Qatar, para que deje de emitir imágenes de Ossama Ben Laden. Todas ellas intervenciones que, sea cual sea el contexto, no son aceptables.
  • La ofensiva contra la confidencialidad de los mensajes por Internet, así como un cierto número de medidas contenidas en la legislación "antiterrorista" que va a adoptarse, constituyen una amenaza real contra las libertades individuales y colectivas.
  • La simbiosis que parece estarse operando entre el tono de los principales patrocinadores audiovisuales y la política oficial de Estados Unidos puede, al final, minimizar el papel de perros guardianes de la democracia que, hasta ahora, tenían la mayoría de los medios de comunicación.
  • Los casos probados de censura corporativa, como los despidos de dos periodistas por comentarios juzgados excesivos, pueden abrir la vía a la autocensura y a la falta de crítica en la prensa.
  • El establecimiento de los "pools" de fotógrafos en el lugar del World Trade Center, y la complicación de los criterios de acreditación, son un mal augurio para una cobertura libre e independiente de las acciones que emprenda Estados Unidos en represalia por los ataques terroristas del 11 de septiembre.

En este momento difícil para Estados Unidos, en estos días de emoción, incluso de legítima cólera, RSF ha podido constatar, sin embargo, la fuerza del arraigo de los principios de la Primera enmienda en el país. Entre los numerosos artículos dedicados al tema, en los principales periódicos del país, la organización ha notado también la reacción de ese lector del New York Times al debate desencadenado por las declaraciones de Bill Mahler: "Los canales de televisión que no han retransmitido el programa Politically Incorrect, y los anunciantes que lo han boicoteado, son los culpables de falta contra el patriotismo, y no su presentador. Sería terrible que una de las primeras víctimas de la guerra por nuestra libertad fuera nuestro derecho a debatir con fuerza todas las opiniones, incluso las más impopulares en el país. Poco importa la importancia de las declaraciones incriminadas durante el programa. El derecho de su presentador, y el de sus invitados, a ejercer la libertad de expresión no debe escarnecerse" (Scott Blakeman, Nueva York, 26 de septiembre de 2001).


* Alexandre Lévy y François Bugingo son investigadores de Reporteros sin Fronteras (RSF). Este es el informe de la misión que realizaron en Nueva York , entre el 26 de septiembre y el 2 de octubre de 2001.


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