Sala de Prensa


35
Septiembre 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   

M É X I C O

Hacia un régimen distinto
en las relaciones prensa-Estado

Rogelio Hernández López *

Desde la elección presidencial, en julio del 2000, México respira vientos de cambio. Al iniciarse mayo se cumplieron 150 días de un Poder Ejecutivo federal de distinto origen político. Pero el proceso de la transición democrática parece demasiado lento y quedarse en un proyecto de alternancia. En el ambiente político lo que más impera son las buenas intenciones y el activismo de Vicente Fox y sus nuevos mandones.

En materia de comunicación social también predomina la misma etapa de chapoleo, es decir de desbrozar caminos sin que arraiguen los cambios profundos que la sociedad movilizada ha exigido durante décadas.

Sin embargo, es en este terreno, en el sistema nervioso de la sociedad mexicana, donde se perciben más claramente los indicios de cambio en las voluntades de los interlocutores para modificar el estado de cosas que el PRI-gobierno y los empresarios de los medios de difusión masiva construyeron para su conveniencia.

El motivo mayor para estos cambios de actitud es la posible nueva legislación.

Desde hace 23 años, cada que se habla de reglamentar el artículo 6° constitucional ("el Derecho a la Información será garantizado por el Estado") el tema, que implica regular a los medios de prensa, ha provocado climas de tensión entre estos y el poder público formal.

Durante ese tiempo, los periodistas o más específicamente, los propietarios de los medios más poderosos y sus informadores afines, han impuesto su oposición a que existan normas jurídicas a su ejercicio y además han impedido que fluya públicamente el debate y que afloren la críticas al comportamiento y la responsabilidad del periodismo.

Pero, desde la elección de un gobierno diferente aparecieron aires de cambio en este territorio. Para los observadores escrupulosos los datos aparecen cotidianamente. Pero a los escépticos hay que ofrecer dos microclimas (como fotografías) que lo prueban.

El primero fue entre agosto y septiembre del 2000, cuando resurgió abiertamente el viejo tema de legislar, por las escaramuzas que sostuvieron los principales medios de prensa con varios actores políticos simultáneamente, en especial contra el equipo de Vicente Fox, ya entonces presidente electo.

El segundo fue entre febrero y marzo del 2001, cuando estas escaramuzas ya no fueron de los políticos contra los periodistas en general sino de los empresarios de la radio y la televisión y los de la prensa escrita, sin aparente coordinación, que virtualmente doblegaron las intenciones del gobierno foxista de tomar las primeras decisiones de Estado en materia de comunicación social.

Ambos microclimas dejaron varias estelas novedosas e interesantes:

  1. En septiembre se creó un clima público de escrutinio a la prensa como no se había visto en décadas.
  2. La observación a los medios desde distintas esferas no produjo confrontaciones atroces --- por ejemplo, campañas de mentiras desde los medios para descalificar a los críticos-- como en otras ocasiones.
  3. El clima de septiembre hizo que el debate se abriera un poco más y se reflejara en varios medios importantes. Y para abril, la observación y crítica a los medios, desde los propios medios, parecía ya una tendencia hacia la consolidación.
  4. En septiembre sólo entre algunos medios impresos se acudió a los viejos prejuicios de que cualquier norma legislativa implica afectar negativamente la libertad de empresa. Es decir no hubo campaña en contra.
  5. En cambio, asomó una nueva disposición de la poderosa Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT) y desde septiembre comenzó, incluso a pedir pide que se legislara en la materia.
  6. Desde septiembre los dos grupos más organizados de empresarios de la prensa escrita también abandonaron su actitud contraria a cualquier legislación y para marzo, el de los 17 diarios mexicanos vinculados a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) hasta propuso cuatro leyes específicas en la materia.
  7. Resaltó nuevamente la ausencia en el debate, de uno o varios interlocutores de periodistas organizados a pesar de que en el país existen casi 200 organizaciones gremiales o profesionales, pero ninguna de alcance nacional o con influencia notable en el gremio. Es el eslabón más débil y con más retrasos de la cadena productiva de la información de interés público.
  8. Igualmente, se mostraron también las debilidades del poder público respecto de este tema:
    1. Que en el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León, nunca hubo interés, ni órganos de gobierno con funcionarios capacitados, para diseñar políticas públicas que garantizaran el libre flujo de la información para la comunicación social y mucho menos intenciones de legislar. Fue así, porque prevaleció su visión neoliberal de suponer que este también es un mercado que se autorregularía y no previeron las graves distorsiones en el régimen de propiedad y en el virtual secuestro y mal manejo de la información por el comercialismo.
    2. Que esa debilidad amagaba con ampliarse en el nuevo régimen, porque en los primeros meses después de la elección presidencial, el equipo encargado por Vicente Fox para los asuntos de comunicación social tuvo yerros muy notables en el flujo de su información, además de las carencias operativas que enemistaron a muchos reporteros.

    Eso y otras cosas mostraron severas limitaciones de gente capacitada y, en consecuencia, de conceptos y políticas de Estado también en esta materia. En el fondo quedó la sensación de que en el presidente electo y su equipo cercano padecían de aislamiento en esta materia y de una honda incomprensión sobre la etapa, la fenomenología del periodismo y de los medios de difusión masiva en el México de fin de siglo.

    Para abril, algunas de las percepciones del gobierno foxista en materia de comunicación social se confirmaron, especialmente de la carencia de personas capacitadas y experimentadas en el ramo. Donde hubo modificaciones y avances fue en la visión y diseño de criterios para una posible política de largo alcance que han ido mostrando paulatinamente con acciones, un tanto dispersas pero bien asesoradas, para montar estructuras de Estado y crear legislaciones pertinentes y con suficiente consenso de los interlocutores.

  9. Todo lo anterior permitió además de visualizar un escenario diferente para la recomposición de las relaciones entre los medios y el Estado, de otra ganancia positiva; alimentar la escasa epistemología del comportamiento de la prensa porque:
    1. Se sintetizaron los cambios más recientes de la presencia, composición e influencia de los medios de difusión masiva donde se incluyen los de prensa.
    2. Se pudo evaluar mejor su ejercicio periodístico
    3. Se ajustaron algunos conceptos y categorías para entender y describir a los medios de prensa y al sistema de información masiva en México.
    4. Afloraron los elementos del déficit que, en materia del derecho a la información, tiene la sociedad mexicana.
    5. Y, se pudieron identificar los primeros mínimos legales que muchos medios y profesionales aceptarían para normar su ejercicio.

Pero entre todas las lecciones de septiembre y marzo, sobresalen dos:

La visión y acciones que mostraron el presidente electo y su equipo, sobre el poder real de la prensa y de los medios en particular, de la excesiva importancia que tienen para que, sin importar el tipo de régimen político que se establezca, los vínculos y relaciones de los nuevos pactos políticos estarán más permeados que nunca por el factor más moderno e ineludible de la democracias occidentales, la mediación poderosa y casi irrebatible de la prensa. Hay autores que definen a este nuevo rasgo como la democracia mediática. Para ese poder, por lo menos lo intuyen en el gobierno, se requieren también reglas nuevas y relaciones diferentes, es decir transparentes.

Por otro lado, si bien ha sido muy importante, por novedosa, la disposición de los empresarios para discutir la posible reglamentación, mantienen su oposición real a que ninguna de las nuevas normas acoten sus espacios de obtención de utilidades económicas y en cambio si demandan, especialmente los de medios electrónicos que se cambie la Ley Federal de Radio y Televisión para que se desregule y liberarice más aún a esa industria, que se deroguen aspectos que, según ellos, les perjudican como el impuesto del 12.5 por ciento que pagan en especie y los avisos de advertencia de anuncios y programas. Los de la prensa escrita también demandaron leyes, para imponer obligaciones al Estado y a los gobiernos y protección a ciertos aspectos del ejercicio periodístico y también rechazaron cualquier nueva norma para sus obligaciones como empresas de medios o para protección de sus públicos y sus trabajadores. En suma, la nueva actitud de los empresarios parecía la de aceptar nuevas normas, pero que estas se apliquen, como diría don Teofilito, en los bueyes de mi compadre.

Primera crónica de escaramuzas saludables

Desde fines de julio los periodistas comenzaron a ser tema noticioso y de polémica en el ambiente político mexicano.

Los primeros agarrones fueron contra el equipo foxista y no parecían más que hechos aislados. Surgieron después de la gira de Vicente Fox, como presiden electo hacia América del Norte. Uno de los dos responsables de asuntos exteriores de entonces, Jorge Castañeda, en su artículo de la revista Proceso se refirió negativamente a los reporteros que los acompañaron e implicó que no eran los más preparados para abordar este tipo de asuntos tan importantes.

Los comentarios del intelectual de origen de izquierda molestaron a muchos periodistas y comenzaron a responderle en todos los foros y géneros, tanto en serio como en una campaña de ironías donde se mofaban de las recomendaciones de "El güerito" de que deberían saber inglés y leer el New York Times. En especial varios columnistas sacaron parte de su historial profesional y le criticaron acre y desmesuradamente porque asumieron un fuerte menosprecio a la profesión.

Pero no paró allí. Casi paralelamente a la campaña contra Castañeda, algunos de los periodistas que se sintieron "agraviados" comenzaron a divulgar lo que su visión crítica confirmaba todos los días en el equipo foxista, pero especialmente en las oficinas de Reforma 607, donde despachaban los personajes cercanos y que después estarían en el gabinete de trabajo.

Los reporteros refregaron en crónicas y reportajes las contradicciones y fricciones entre los distintos equipos del presidente electo, resaltaron la desorganización, su falta de recursos, acusaron que había excesos de control y de cerrazón en materia informativa y hasta se pitorrearon de la carpa de plástico blanco, con dos o tres máquinas de escribir destartaladas, sin teléfonos y con un par de letrinas como la "gran sala de prensa" que instalaron para ellos, como muestra, decían, del respeto y la dignidad que ofrece el gobierno del cambio a los informadores.

Entre periodistas sabíamos que la apreciación de Castañeda es objetiva, en muchos sentidos. A buena parte de los empleadores no les preocupa la capacitación permanente de quienes les sirven todos los días. No obstante, nos sumamos a la protesta, no sólo por gremialismo, sino porque el asesor especial, debía entender y aceptar que su rol personal como intelectual independiente y libre en sus opiniones ya había cambiado y como parte del equipo que gobernaría, sus criticas deben acompañarse del contexto y de las propuestas de remedio. Y no lo hizo. Uno de los costos políticos de su desubicación, fue la decisión de Fox y él mismo de "bajar su perfil público" para no exponerlo. Esa escaramuza, la ganaron los periodistas.

Una lección que dejó tal escaramuza, fue de algo que tenemos claro en el medio periodístico pero que muchos políticos no entienden todavía, incluidos los foxistas: estos agarrones seguirán porque son permanentes. Son parte inevitable de la relación entre periodistas y políticos. A ningún reportero o columnista profesional le gusta que lo traten como empleado. Y eso no sólo es por dignidad sino porque el comportamiento profesional de los periodistas debe ser necesariamente autónomo y eso nos ubica casi como adversarios. Los políticos, de cualquier partido, tienen que profesionalizar también sus criterios, conceptos y estilos de trabajo en relación con la prensa pero en especial con la comunicación social.

Los climas de "histeria"

Posteriormente, por las características actuales del trabajo que se realiza en la prensa mexicana, singularmente en la escrita, permitieron la divulgación de varios asuntos de impacto que fueron detonantes en la aparición de un clima de escrutinio paralelo a los que esta crea, pero ahora contra el propio ejercicio periodístico.

Primero fue la revelación de las reporteras del diario Reforma, Guadalupe Mercado y Mireya Olivas sobre el asunto Cavallo, el argentino acusado de torturador que fungía en México como Director General del Registro Nacional de Vehículos.

Tal noticia cobró espectacularidad porque el Renave ya tenía su propio ambiente noticioso en la prensa, es decir era un asunto de interés y de trascendencia. Había ya, de por medio, un conflicto político y social sin visos de solución porque se cuestionaba el haberlo entregado a particulares y al cobro elevado que se imponía. Era un asunto nacional que crecía, entre otras razones porque se oponían a él varios gobernadores de oposición y del PRI y por la jefa perredista del gobierno del Distrito Federal. Cuando apareció la nota, el desenlace del conflicto se hizo inminente y amagaba con el descrédito a sus diseñadores y operadores.

Otras lección de esos días sobre el clima político contrario al Renave y a quienes estaban ligados, es que indudablemente sí fue sobreestimulado por la prensa por tratarlo casi todos los días, desde distintos ángulos informativos y de comentarios que aparecían en los sitios más sobresalientes. Y esa sobreestimulación de los conflictos o de los temas difíciles de la política mexicana es inevitable en las condiciones actuales de la prensa que opera con mucha autonomía, busca y acepta filtraciones de todo tipo, investiga, que realiza un escrutinio casi feroz de la cosa pública.

No será el primer asunto que derive en esos resultados, porque si es noticia dura y trascendente, es una mercancía vendedora que se aprovecha hasta el infinito, y si así actúa la mayoría de los medios de prensa. Y cualquier asunto así tratado, por su cuantía y persistencia cotidiana es sujeto potencial de climas adversos como el que envolvía al Renave.

Otro clima pero en espejo cóncavo

Después ocurrió el suicidio, insuficientemente aclarado, del subsecretario de Comercio, responsable directo de la autorización del Renave, Raúl Ramos Tercero quien, entre sus cartas póstumas asentó que le pesaba demasiado "el clima de histeria que se ha generado", que no estaba dispuesto a enfrentar el futuro descrédito. Y claramente inducía que una parte de las causas de su fin corporal era el comportamiento irresponsable de la prensa: "¿Y ustedes ante quien responden?... mi sueño sería que los medios sean responsables ante la ley como somos todos".

Entonces, el escrutador comenzó a ser escrutado como nunca en México. Se levantó un clima similar a los que fomentan los periodistas pero en forma de espejo, en el que se miraron según la objetividad de cada cual.

El sacudimiento fue general. Ramos Tercero había escrito otra carta para Javier Corral Jurado, que como diputado del Partido Acción Nacional en la anterior legislatura, había encabezado el intento más serio de reglamentación del Derecho a la Información y que fue obligado a retirarse del tema por la campaña basada en mentiras de los medios principales, que así demostraron su poderío de entonces.

Asomó la autocrítica

Con la misiva al ahora senador, entre los periodistas menudearon, primero las muestras de rechazo a los reproches, más por instinto, pero luego comenzó a mostrarse una actitud autocrítica. En el fondo, comenzó a reinstalarse el viejo temor a que se trataran de imponer controles en el nuevo gobierno.

Las posiciones fueron tan diversas como opiniones pueden tener los medios y sus columnistas. Los editoriales de la mayoría de los diarios capitalinos fueron totalmente defensivos. El de El Universal –el diario político con mayor circulación nacional-- fue el prototipo. Por otro lado, Jorge Fernández Menéndez, en el novedoso nuevo diario Milenio, interpretó que el reclamo a los medios era a futuro "por los ataque que le irían a hacer". José Fonseca del conservador El Heraldo de México aceptó que los medios si están obligados a "realizar un profundo examen de conciencia". Miguel Ángel Granados Chapa en el influyente diario Reforma aseveró que la interpelación de Ramos Tercero "nos remite a una cuestión de fondo la de lograr el equilibrio dinámico entre el escrutinio penetrante y el respeto a las personas" porque, argumentó el columnista "ciertamente es vitanda la costumbre periodística de poner en jaque o destruir reputaciones o de exagerar hasta la nausea lo que es reprobable". En el diario centro izquierdista La Jornada, Julio Hernández López, uno de los columnistas más leídos quien ha mostrado simpatías abiertas porque se reglamenten las obligaciones de la prensa ese día, reactivamente desestimó las acusaciones del fallecido subsecretario porque en la tarea periodística del caso Renave "no puede haber pecado o culpa alguna". Carlos Ramírez en El Universal coincidió con Fernández Menéndez porque "en las cartas se advierte un temor por el acercamiento de los medios a problemas mayores de licitación. Sergio Sarmiento en Reforma asumió que el caso de Ramos Tercero "nos obliga a los periodistas a una reflexión ética, pero defendió la labor desarrollada porque "un periodista que atiende a las repercusiones para decidir si va a publicar una nota se convierte en un propagandista". Ernesto Villanueva, académico especializado en legislación de medios, escribió en La Jornada que el deceso "no debería ser ocasión para satanizar la importante contribución de los medios, conminó a la reflexión profunda sin posturas fundamentalistas y propuso reflexionar sobre los mínimos que se pueden reglamentar ahora.

A pesar de los contrastes de todas estas opiniones, predominó la actitud defensiva. Pero también asomó otra muy necesaria.

Caso especial de las reacciones en los medios fue el de apertura ejemplificante que tuvo Milenio diario ante el hecho. El mismo 8 de septiembre, publicó reacciones diversas a las cartas acusatorias de Ramos Tercero; una nota específica de los comentarios que hizo el Senador Javier Corral, destacando su reflexión de que es "urgente contar con un ombusdman de los medios"; la columna de Fernández Menéndez sobre el tema; la colaboración semanal del muy oido periodista radiofónico, José Cárdenas donde defendió que no de debe "replantear el papel, los medios tienen que responder ante los públicos y a sí mismos"; una crónica que firmó Laura Martínez desde New York refiriendo el caso del almirante estadounidense, Jeremy Borda que se suicidó porque la prensa le investigaba sobre el origen dudoso de una condecoración que había recibido. Y además de todo ello, el diario publicó una aportación académica de Raymundo Riva Palacio, su director, sobre el tema de lo público y lo privado entre los periodistas con un código de prácticas que él propone para el gremio.

El deceso y las cartas de Ramos Tercero, desataron con mayor fuerza ese otro clima de escrutinio, pero ahora al propio periodismo. Las rencillas de Fox y su equipo con los periodistas se sumaron al ambiente. Julio Hernández López y Carlos Ramírez, sin decirlo con precisión interpretaron en sus siguientes columnas que se levantó tal clima porque el terreno o la atmósfera general de incredulidad que vive el país contra los políticos también alcanza a la prensa cuando se crean estos climas. Una de las críticas más punzantes a la prensa fue la del intelectual Héctor Aguilar Camín en la revista Proceso, donde refería una nota supuestamente mentirosa en Bucareli 8 de El Universal que le afectaba y que la hacía concluir que efectivamente hay un comportamiento sin reglas ni normas "entre los buenos (periodistas) están los desalmados. Si hay impunidad. Nada acota a ese poder. Los códigos de ética no se aplicarán. Es una anomalía predemocrática, escribió el intelectual.

En tres días el clima creció. Las reacciones de los periodistas se fueron diferenciando todavía más. Todos percibían bien el medio ambiente. Unos aceptaban la improfesionalidad, el mercantilismo en la información, el poderío excesivo de los medios, otros advertían que se trataba de una confrontación violenta.

Muestras de ambas posiciones fueron las columnas Astillero de Julio Hernández López en la Jornada y Estrictamente Personal de Raymundo Riva Palacio en Milenio diario.

El tema –escribió Julio corrigiendo su posición de tres días antes-- merece reflexión profunda, más allá de los incidentes sangrientos relacionados con las ráfagas epistolares de Ramos Tercero, de la impericia y tozudez del equipo de Fox y de las desidias de fin de sexenio de Zedillo (quien, por cierto, se tomó libre el fin de semana en Nueva York mientras que su equipo de prensa hizo todo lo posible para no ayudar a los periodistas). En el marco de la transición democrática mexicana (sea esto lo que sea, vaya en el grado que vaya), es totalmente imprescindible la modernización de la actividad de los medios y su sujeción a leyes claras y justas.

La voracidad mediática –subtituló su siguiente párrafo-- En efecto, la sociedad mexicana está inerme ante algunos de los abusos y excesos del poder de los medios. Suelen darse casos en los que fama, honra y dignidad de los ciudadanos son avasalladas por la voracidad mediática. Dada la premura con la que se realiza en lo cotidiano la labor periodística, y los naturales márgenes de error que toda actividad tiene, podría entenderse la comisión de errores e injusticias. Pero no es ese el punto grave, sino la reticencia empedernida de medios y periodistas a reconocer tales equívocos, y la vocación autoritaria de zarandear aún más a quienes llegan a quejarse o protestar, para que con ese ejemplo zaherido no haya más muestras de insubordinación ciudadana ante la prensa.

Responsables ¿ante quién o quiénes? ---preguntó para responderse--- Bajo tales condiciones de minusvalía, los mexicanos han aprendido a retraer sus derechos en relación con los medios. Todo político o funcionario sabe que resulta más costoso, en términos de imagen pública, entablar un litigio con un periodista o un medio que, en todo caso, dejar pasar el agravio o la falsedad. Lástima que Ramos Tercero lo haya escrito (por sí o por inducción) y por tanto le haya inoculado el virus del desprestigio, pero ciertamente, ¿ante quién respondemos los medios y los periodistas por nuestros errores?, ¿cuál es nuestra responsabilidad? ¿Ante qué autoridad respetable e imparcial se puede recurrir cuando se es víctima de un abuso periodístico?

En contraste, Riva Palacio interpretó el clima un tanto diferente en su columna que tituló "El Choque viene".

La carta póstuma que dejó el subsecretario de Comercio Raúl Ramos Tercero a Alejandro Junco, propietario de Reforma , --juzgó Riva Palacio-- no podía haber llegado en el mejor momento. Con el terrible contexto de su muerte y responsabilizando de ella, en primera instancia a Reforma, y después a los medios de comunicación en general, la exacerbación creciente con la prensa se ha convertido en una confrontación violenta. Las partes están polarizadas. Medios y poderes públicos están enconadamente enfrentados y los dos tienen su parte de razón, aunque parafraseando a George Orwell, unos más que otros.

Tratar ahora de aprovechar la lamentable muerte del subsecretario para darle un sentido práctico al suicidio, es querer matar al mensajero. Los medios no son agentes políticos sino intermediarios que han estado actuando crecientemente en la política al asumir su papel de vigilantes en un régimen que se ha ido abriendo al escrutinio público, en el tránsito del autoritarismo a la democracia. Su influyente papel obedece, sobretodo, a la crisis de las instituciones y a la pérdida de credibilidad en el discurso político, llevando precisamente a los políticos a utilizar los medios como vehículos de comunicación y trasladar a ellos la esfera pública del debate. Los medios han crecido en la medida en que la política, actores e instituciones se han ido achicando. Si los pilares del Estado tuvieran una biografía como poderes independientes del Ejecutivo y hubieran jugado el papel que les corresponde en el Estado, los medios no estarían por encima de ellos, como a veces parece que sucede, sino se limitaría a ser su vaso comunicante, donde el protagonismo nunca recaería en los medios.

Riva Palacio, notablemente exaltado se excedió en su valoración y en la defensa del poder de los medios y su actuación, sin embargo aceptó que deberían revisarse. Dijo: Naturalmente que la distancia crítica que han asumido los medios sobre la política y los políticos, no ha gustado. Todavía se quiere a una prensa abyecta y subordinada, aunque quien lo exija haya cambiado de color o de partido. Eso no puede ni debe ser. Si bien los medios tienen todavía un largo camino hacia la autorregulación y a terminar de aprender a manejarse en un sistema democrático, también sus interlocutores tienen que detenerse en su carrera a reflexionar sobre su papel y comportamiento, donde quizás se darían cuenta que aquello que más critican en los medios, es de donde principalmente cojean.

Más temperatura al clima

Paralelo al debate que comenzaba a abrirse, los periodistas parecieron poner más enjundia en tu actitud de escudriñar a los focos de poder. Ninguno de los medios que impulsan la investigación dejó de publicar temas difíciles tanto en los estados como en la llamada prensa nacional. Hubo materiales demasiado memorables o punzantes para ciertos focos de la política. Carlos Marín en Milenio diario abrió otro flanco con una amplia investigación sobre el ejército y sus afectaciones por el narcotráfico; Daniel Moreno de Reforma exhibió que el equipo foxista cobraba salarios equivalentes a los que se pagan en la administración pública a pesar de que todavía no se habían instalado en el nuevo gobierno; Miguel Badillo, en El Universal, divulgó que Vicente Fox era espiado telefónicamente desde la campaña electoral y lo probó con la trascripción de varias conversaciones del presidente electo que éste aceptó como verdaderas.

La riña con Fox ya estaba desatada

En ese ambiente, los periodistas investigadores y sus medios siguieron siendo tema de conversación en los corrillos políticos, pero la prensa en general comenzó a ser analizada y criticada desde distintos flancos: en la academia, en las cámaras, en las fuerzas armadas, en el clero. Gran parte de ello se reflejó en la prensa misma como muestra de su actitud abierta y autocrítica. Pero con Fox, se inició la segunda bronca.

Desde el punto más importante, en el del siguiente gobierno sexenal, Vicente Fox, primero en conferencia de prensa, trató de encubrir su molestia por los temas de los salarios y el espionaje, pero remilgó contra los diarios y sus reporteros, les pidió dar sus fuentes; días después desde su "descanso dominical en Guanajuato volvió a recriminarles por un programa de radio de "hacer una tormenta en un vaso de agua" con el asunto de los salarios de sus colaboradores, mientras que a algunos columnistas y analistas los criticó por buscar "poner piedritas en el camino y buscar desacreditar" a la próxima administración.

Reporteros, columnistas, conductores de noticieros en radio y eventualmente los de televisión en mil formas defendían su derecho y obligación de escrutar al poder público sin que por ello tengan que ser sancionados.

Pero el clima crecía. Los señalamientos a los "excesos" de la prensa mejor organizados abiertos y críticos fueron de los académicos en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del episcopado mexicano.

El debate en la academia

Del 18 al 22 de septiembre se realizó un encuentro académico que, pesar de estar preparado con mucha anticipación, se dedicó como interlocutor para el debate, el Coloquio Internacional, Derecho a la Información y Derechos Humanos. La participación de los investigadores académicos se extendió a la Universidad Iberoamericana hasta el día 23.

Este sector, el académico, en lo general ha sido apoyador de la reglamentación del derecho a la información y de imponer ciertos controles a los excesos que cometen los medios.

Allí el jurista Diego Valadés acusó que los medios de prensa cuentan con instrumentos altamente intrusivos de la vida privada de las personas.

Francisco Bastida, constitucionalista de la Universidad de Oviedo, España ubicó que la Liberalización de la información, en realidad significó la privatización, con la formación de oligopolios en los medios y que ese es el nuevo obstáculo de la información que impide la formación libre de opinión pública y el desarrollo de otros medios alternativos.

Javier Corral ahora Senador, y José Carreño Carlón –ex coordinador de Comunicación Social de Carlos Salinas de Gortari-- reiteraron en complemento que la democracia es ficción cuando se incauta ese derecho para la sociedad y no se le concede garantías.

Jorge Carpizo, ex rector de la UNAM, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos, ex Secretario de Gobernación y esxProcurador, junto al periodista Julián Andrade y el especialista Marc Carrillo de la Universidad de Barcelona España, remataron en el último día del coloquio que los medios deben gozar de amplias garantías pero deben tener limites y a cambio defendieron los derechos de los periodistas del secreto profesional y de cláusula de conciencia.

Un día después de ese coloquio, durante su conferencia en la UIA, Marcelo Dascal, catedrático de la Universidad de Tel Aviv interpretó bien que la prensa se mueve entre dos imágenes de sí misma: Una, de objetividad, de reflejar y no influir en la realidad y la otra, en la que tienen e imponen su propia agenda y "construyen su realidad".

Precisó que, según experiencias de otros países, la legislación para los medios debe ser mínima: procurar la libertad de la información, impedir la existencia de monopolios en los medios e imponer fuertes sanciones a la difamación.

Las exposiciones de los académicos, fueron desplegadas en Excélsior y en la Crónica de Hoy pero los otros diarios no les hicieron el vacío total, como solían cuando se enjuiciaba su comportamiento. La radio y la televisión, para no variar, estuvieron prácticamente ausentes porque paulatinamente van perdiendo la iniciativa periodística y sólo siguen y agrandan los temas que les gustan y venden originados en la prensa escrita.

El episcopado

El 23 de septiembre, durante el Jubileo de los Comunicadores, realizado en la diócesis de Ecatepec, el obispo Onésimo Zepeda indicó –de acuerdo con la nota de Crónica-- que se deben de adecuar a los autores de los medios, ya que existe una crisis de amarillismo en la información. "No hace falta una ley mordaza, pero sí se debe informar con la verdad, al informar mal, se perjudica con la mentira y la mentira divide y solamente se puede cambiar en la medida de que ustedes,-los medios de comunicación-participen".

El prelado manifestó que en los medios de comunicación se debe crear un código ético con el fin de que no se viole la vida privada de las personas públicas, ya que se cae en un libertinaje de la información. Onésimo Cepeda pidió a los comunicadores que no se vendieran ni rentaran su libertad por conservar su empleo, ya que al aceptar el dinero por parte de alguna dependencia o funcionario se pierde la libertad de decir la verdad.

El "cambio" de la CIRT

El clima siguió estimulándose por otras participaciones y además comenzó a corregir antiguas posiciones.

Eso se percibió con precisión el 27 de septiembre, cuando la Cámara de la Industria de la Radió y la Televisión, anuncio que aceptaba que se reglamente y que participaría en la discusión formal que organizara el Congreso de la Unión.

El razonamiento y la táctica de los empresarios de los medios electrónicos fueron clarísimos. Advirtieron que las condiciones políticas del país han cambiado, que la atmósfera general de incredulidad ha disminuido poco y está afectando al mercado de la información, que está creciendo el clima de debate sobre las obligaciones deontológicas para el manejo de la información. En ese marco decidieron entonces cambiar su papel de opositor franco a la posible reglamentación pero calculando que sumándose a la discusión, con todo su peso, que es el mayor en la comunicación social, sacarán ventajas importantes aunque éstas se opongan al bienestar social. Una de las notas periodísticas que reflejaron su decisión, no tiene desperdicio. Hay que leerla con extremo cuidado. Se publicó en la primera plana de Excélsior.

Acepta la CIRT que se Legisle Sobre Derecho a la Información

Garantizar el Desarrollo, Pide

ALBERTO NAVARRETE

Los concesionarios de radio y televisión aceptaron la propuesta panista de legislar en materia de derecho a la información, siempre que la iniciativa se dirija a garantizar el desarrollo de los medios de comunicación y coadyuve a derribar obstáculos.

De la administración de Vicente Fox los propietarios de medios electrónicos esperan políticas promotoras y, en particular, adelantaron que negociarán la disminución de los tiempos oficiales gratuitos (actualmente de 12.5%) que por ley otorgan al gobierno.

Además, desean que se supriman las "leyendas precautorias" -aquellas impuestas por la Secretaría de Salud en los anuncios de tabaco y bebidas alcohólicas, principalmente- que atentan contra el patrimonio de los anunciantes, indicaron Eugenio Bernal, presidente de la Asociación de Radiodifusores del Valle de México, y Eduardo Sánchez, asesor de la presidencia de la CIRT.

Al presentar el programa de trabajos de la Semana Nacional de la Radio y Televisión, que incluirá la participación tanto del Presidente Ernesto Zedillo y funcionarios de su gabinete, como de miembros del equipo de transición del Presidente Electo, Eduardo Sánchez planteó que, ahora que nuevamente se pone sobre la mesa el proyecto para reglamentar la información, "queremos entrar al debate".

Y en ese sentido, mencionó que las modificaciones deben abarcar incluso otras normas, como la que desde hace 40 años establece a los concesionarios de radio y televisión la obligación de ceder al gobierno 12.5% de sus tiempos de programación, prerrogativa que Eduardo Sánchez calificó como un "impuesto confiscatorio".

Bernal, quien además encabeza a la división radio de Televisa -la misma que hace apenas unos días anunció su fusión con Grupo ACIR-, rechazó la aparente concentración de concesiones de radio y televisión en pocas manos, al señalar que hay en el primer caso más de 1,400 concesionarios en todo el país.

Por lo mismo, consideró que nada hay de malo en los procesos de fusión o alianzas entre grupos; por el contrario, representa el signo de los tiempos a nivel mundial, como una de las estrategias corporativas para hacer frente a los retos de la globalización.

Eduardo Sánchez asistió a la rueda de prensa en representación del presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT), Adrián Vargas Guajardo, quien -se señaló- no pudo asistir por enfermedad.

Segunda crónica: tres activistas en campaña

A principios de marzo del 2001 eran percibidas con mucha claridad, tres campañas político-mediáticas de largo alcance. Luego de las prolongadas campañas electorales por la Presidencia de la República y de los primeros cien días del gobierno que acabó con el régimen anterior, ya nadie duda en México que el escenario mediático se ha consolidado en México como el territorio privilegiado de las contiendas políticas. Vicente Fox ganador de las elecciones federal gracias a lo que algunos llaman la mediocracia, ya como presidente se convirtió en el activista más singular del país, que no quiere menguar su alta presencia en el escenario de los medios. Marcos y el EZLN, gracias a ese activismo presidencial y a los vacíos que generó la lentitud del aparato político de la alternancia, decidieron realizar su campaña político-militar-mediática más exitosa desde 1994. Y, los empresarios de los medios de comunicación, desde dos flancos, desataron su capacidad de activismo, que antes sólo había asomado, para realizar una campaña definitoria de leyes que les redituó en una victoria temporal.

Esos tres actores se trocaron en guerreros, en el sentido más filosófico del termino. Los clásicos impusieron la tesis de que la guerra es la prolongación violenta de la confrontación política. Y el arte de la guerra ha permeado a generaciones de políticos así como a las categorías y adjetivaciones de la acción política pacífica. Así, por ejemplo, las campañas en política o bélicas significan ofensivas guerreras sean militares o políticas. Y sus estrategias tienen como objetivo principal, aprovechar un escenario o terreno específico, para vencer al adversario y, para vencerlo hay muchas formas: convencerlo, anularlo, desarmarlo o matarlo. Algunas campañas, son defensivas para impedir que el adversario avance y se imponga.

Esas tres campañas, dentro del tierno nuevo régimen de México, sacudieron casi diariamente al país durante el 20001. Fueron las muestras, acaso más significativas, del cambio que ocurre en la política mexicana y sus formas de hacerla que desbordaron los métodos avejentados de analizar y rebasan al conservadurismo de muchos observadores "científicos" que se suponen de avanzada. El lenguaje, los estilos y los cálculos de los tiempos para la acción cambian aceleradamente en la política mexicana, y aunque por sí no anuncian transformaciones profundas, si son como el preludio de modificaciones sensibles a la infraestructura de relaciones entre todos los actores nacionales.

La marcha del EZLN

Durante febrero y marzo del 2001, el tema que más espacios y tiempo ocupó en los medios fue el de la marcha zapatista. Por su trascendencia y, por supuesto, el carácter vendedor, atrajo a todos los medios y como ganancia adicional esa cobertura extraordinaria permitió observar y analizar su comportamiento general y sus posiciones políticas. Hubo medios periodísticos no especializados, como Milenio y Crónica que dedicaron parte de sus espacios al análisis de los otros medios.

Es decir para estos meses, la actitud de escrutinio a la prensa pareció conformarse en una tendencia autocrítica permanente. Para que esto pudiera ocurrir debe señalarse que desde mucho antes ya se habían desplegado varios esfuerzos en ese sentido de publicaciones especializadas como Media Comunicación, Etcétera, Zócalo, Revista Mexicana de la Comunicación y en los trabajos eventuales que insertan publicaciones políticas como Proceso, La Crónica de Hoy y Milenio Diario, más destacadamente.

De la cobertura a la marcha zapatista hubo demostraciones de algunos cambios que se registran en los medios de prensa. Sin duda, más notables fueron los contrastes del profesionalismo en el tamaño de los medios, los mayores de la prensa escrita comisionaron a más personas y equipos y, obviamente lucieron más. Pero todos dejaron ver su posición política respecto de la marcha y sus contenidos. La Jornada siguen siendo el recipiendario mayor y favorable de las causas del EZLN. En Televisión destacaron la cobertura y tratamiento profesional de MVS, Canal 40 y la inserción en temas político de Canal 22, con Pepe Cárdenas. Los tres son de señal restringida. En las televisoras comerciales fueron muy señalados "el oportunismo" de promover un festival por la paz y el achicamiento del tema en sus noticiarios hasta que se produjo la presencia de los comandantes indígenas en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados.

La de Vicente Fox (Comunicar es gobernar)

Una de las premisas que acuñó temprano Vicente Fox Quesada, el político-ranchero-mediático, fue que "gobernar es comunicar" (y usar a los medios para ganar, aunque no lo declaré formalmente).

En sus primeros cien días como Presidente que quiere ser diferente, se confirmó como un activista febril, con un amplio y moderno concepto de la comunicación moderna.

A ese Fox, Presidente activista, no le gusta esperar la institucionalización de sus decisiones, se adelanta, corre, se tropieza, se desboca y deja atrás hasta a sus equipos más cercanos.

Pero en comunicación social si tiene claridad y decidió permanecer en campaña y "jalar" a sus equipos de trabajo.

También por ellos, al concluir la campaña zapatista en la tribuna de la Cámara de Diputados, en lo general hubo aceptación y apoyo tácitos a la actitud del Presidente Fox de dar todas las garantías a la marcha y justificar sus razones de fondo. Al final se concluyó que esa batalla mediática la había ganado Fox "arriesgando hasta mi puesto", aunque no se hubiera reunido en ese ciclo con los insurgentes. Igualmente hubo convergencia en reflejar el crecimiento de apoyo social que ha ido consiguiendo el grupo de los 24 mandones del movimiento indígena y en especial las habilidades comunicativas del subcomandante Marcos.

Con la marcha, por si hiciera falta se reconfirmó la importancia que tiene, para el quehacer político nacional, el escenario mediático y cómo aprendió a estar en él e influirlo Vicente Fox desde candidato hasta presidente. José Luis Reyna, el investigador del colegio de México, en una colaboración periodística de esos días sostuvo que "los mensajes de fondo y forma, de los interlocutores, expuestos tan abiertamente están provocando profundos reacomodos en las relaciones políticas y las instituciones como el sistema de partidos".

Centralizar y atrofiar

Para marzo ya eran claras las concepciones del gobierno foxista en materia de medios.

Lo primero era hacer sentir a través de la imagen, la palabra y el activismo foxista bien reflejado en los medios, que se estaba frente a un gobierno diferente. Se cambiaron logotipos, estilos, esquemas. Al principio daban la impresión que sólo les preocupaba la forma. Percepción que se agrandó, en los hechos, con la división de las tareas de comunicación social y sus responsables en tres focos: el manejo cotidiano de los asuntos de prensa y la relación con los medios se dejó a cargo de un equipo superior a las 200 personas al mando de Martha Sahagún en la presidencia de la República. Los asuntos de imagen, opinión pública e instrumentación de campañas institucionales de gobierno en Guillermo Ortiz, también en la Presidencia. La tercera oficina, con un perfil de imagen prensa más bajo, poco a poco mostró que en el gobierno foxista si había más claridad en los asuntos de comunicación social, como necesidades de la transición democrática, fue en la Secretaría de Gobernación y directamente en su Subsecretaría de Comunicación Social al mando de José Luis Durán Reveles.

Y al cumplirse los cien días de gobierno, contra lo opinión de algunos observadores serios quedó claro que el gobierno Fox ha definido bien su estrategia de incidir en esos dos niveles, con dos planes paralelos y con tiempos bien identificados: para los cotidiano, realizar simultáneamente comunicación directa e indirecta (en medios) desde la presidencia, y para el mediano plazo ir transformando paulatinamente el régimen legal del sistema de la información de interés público desde la Secretaría de Gobernación.

Su visión e instrucciones para la comunicación directa es que ésta debe ser permanente, personalizada, de mano, en reuniones cerradas o actos masivos como él lo acostumbra desde candidato y así instruye que lo hagan sus secretarios y auxiliares más cercanos, aunque de estos muy pocos demostraron poder hacerlo en los primeros meses de gobierno y la información oficial padeció muchas atrofias.

Para lo cotidiano, estableció dos medidas en el estilo de gobierno y los instrumentos básicos para realizarlos: diferenciar la imagen mediática del nuevo gobierno con respecto al anterior e informar, a los medios lo más profusamente. Todo para no disminuir la popularidad ganada en su tránsito de candidato a presidente. Ese móvil personal, que explica su activismo, tiene su traducción en esas dos medidas de gobierno.

El instrumento operativo para lo cotidiano –como se sabe-- fue fijado en una vocería en la Presidencia, instancia gubernamental que ha intentado marcar las pautas y tiempos para el resto del aparato presidencial mediante oficios, instructivos, prohibiciones y concentrando la información principal de las dependencias en la oficina de la vocería. Mas, para lograr la efectividad de ese instrumento no fueron suficientes cien días y en cambio fueron muy criticados los trompicones y pifias propias de la novatez de concepciones y equipos para esta operación.

Lo más criticable del diseño centralizador desde la presidencia es que el gobierno de Vicente Fox demostró que no pudo eludir la tentación centralizadora de la información de interés público. Sus técnicas, tácticas y estilos hasta abril eran muy parecidos a los gobierno del PRI excepto en la figura del vocero presidencial. Incluso se armaron calendarios para reuniones sistemáticas con los "líderes de opinión pública" (columnistas, conductores estelares de noticiarios y directivos de medios por separado) para lograr impactos mayores que otros supuestamente seguirían.

Pero esa centralización tendrá que ser cambiada, porque los primeros resultados negativos que produjo fueron atrofias en la circulación de la información gubernamental, un tanto porque en las oficinas de prensa de la secretarías y dependencias predominaban inexpertos pero principalmente porque casi se les prohibía emitir informaciones que no fueran autorizadas. Lo que derivó en embotellamientos y saturación de asuntos en Los Pinos y enojo de periodistas y medios que antes habían conseguido otras informaciones en distintos puntos gubernamentales.

Las intenciones legisladoras

Para las políticas de largo alcance, Vicente Fox Quesada, contra lo que algunos aseguran, si ha definido modificar, a fondo, el asiento jurídico de los medios masivos de información, incluidos los del Estado, calculando que ésta es una tarea para el mediano y largo plazos. Sobre el sentido que tendrán estos cambios se ha producido mucho nerviosismo e incluso activismo entre algunos actores de la comunicación social.

Para ello también eligió un instrumento que ya existía dentro de la Secretaría de Gobernación, pero lo circunscribió a lo normativo y a la negociación política de fondo.

Santiago Creel y José Luis Durán Reveles fueron armando una agenda con decisiones y temas vinculados a la reforma de los medios del gobierno y a la definición paulatina de políticas e instrumentos de Estado:

El responsable de esta agenda, José Luis Durán Reveles, subsecretario de Comunicación social, comenzó rápidamente su labor trasladando el dominio del Instituto Mexicano de la Radio a la Secretaría de Educación Pública, como estaba Radio Educación. Luego decidieron casi refrendar las reglas del gasto en publicidad que había heredado del gobierno anterior, un poco porque les ganaban las fechas para hacerlo y un mucho para medir las reacciones de los beneficiados o afectados, su plan es hacer una ley con mayor alcance en ese tipo de gasto gubernamental; ellos decidieron aplicar encuestas que indicaran los temas maduros para legislarse, se arrimaron asesores expertos en los temas, hicieron una primera ronda de platicas con los interlocutores más notables y conformaron que había "cierta madurez para legislar", aplicaron la táctica de apoyarse en el Congreso de la Unión, con ayuda del senador Javier Corral, para que el Senado recomendara la aplicación de la ley en el caso de la rebeldía de las televisoras comerciales para retirar de los horarios estelares los llamados Talk Shows, mandaron hacer estudios de prospectiva en casos de temas conflictivos como dar garantías a la prensa escrita en materia de información pública y protección a alguno de sus derechos, pero obligándolos a la autorregulación o como reformar las concesiones en materia de radio y televisión y, entre otras cosas, decidieron también crear el primer órgano de Estado en la materia: el consejo de Radio, Televisión y Cinematografía, como órgano tripartiita con un consejo asesor de expertos para regular las actividades en estas ramas.

Pero los interlocutores principales, o sea los empresarios de la prensa escrita y los medios electrónicos, se enteraron y se produjo otra escaramuza y otro miniclima de debate del que Proceso hizo una amplia crónica que remató con opiniones de expertos.

Un paso atrás

"Cuando la mañana del miércoles 7 de febrero el secretario de Gobernación, Santiago Creel, anunció que el lunes siguiente (12 también) se instalaría el Consejo Nacional de Radio y Televisión, en una ceremonia prevista en la residencia presidencial de Los Pinos, se anticipó que por fin se daría vigencia plena a la ley en esa materia. Pero tras una comida de los concesionarios de radio y televisión con el presidente Vicente Fox, la tarde de ese mismo día en Los Pinos, la decisión del gobierno federal cambió. Y la ley sigue sin cumplirse.

"En vez de la instalación de ese Consejo, órgano rector del Estado… el gobierno federal, "felicitó" la creación del Consejo de Autorregulación de la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT)

De los análisis presentados en esa misma revista, Beatriz Solís y Ernesto Villanueva coincidieron en la tesis que la deontología no sustituye a la ley, cuando mucho permite más credibilidad, pero no garantiza la responsabilidad social. Además de ellos, otros analistas dieron la victoria a la CIRT. Con igual o peor contundencia, Miguel Ángel Granados Chapa,("Plaza Pública", Ref. 15:) comentó Fox prefirió el punto de vista de Joaquín Vargas que el de su Secretario de Gobernación.

Otro adelante

La CIRT, con su reticencia a que se formara el Consejo Nacional y al anunciar el suyo de autorregulación, demostró su poder y exhibió exceso de tolerancia o debilidad del gobierno federal.

Por su parte, la SIP amparada en México en 17 diarios mexicanos, encabezados por El Universal, por esos días realizó un seminario abierto sobre el derecho a la información y sirvió para que ratificara que se oponen a cualquier reglamentación a sus responsabilidades sociales. Pero, mostró también un buen augurio al aceptar que se legisle. Estos diarios fueron los mismos que han desatado campañas contra cualquier tipo de reglamentación en tiempos recientes. Al final hicieron cuatro propuestas que fueron bien recibidas directamente por Vicente Fox al recibirlos en los Pinos.

Propuestas que seguramente tendrán el apoyo de la comunidad periodística y que parecen crear mayor consenso a las intenciones de legislar de la la Segob.

  • Ley de acceso a la información oficial (ya la tienen ganada, incluso en la Secretaría de la Contraloría ya existe un proyecto que ha sido confirmado públicamente varias veces por el Presidente )
  • Ley de transparencia publicitaria (La Segob ya tiene las intenciones de legislar en la materia y avanza en un proyecto que incluye subsidios a los medios que no puedan competir con los grandes corporativos).
  • Ley sobre el secreto profesional del periodista
  • Ley de organización de medios públicos.

El quinto mínimo

Así, paulatinamente se ha ido venciendo la gran resistencia a legislar en materia de comunicación social. Hay ya, por lo menos cuatro puntos para normar que son aceptables por la mayoría y un quinto parece estarse procesando.

El 8 de marzo, Julio Chávez Sánchez colaborador de Etcétera, en su línea de internet, informó que "luego de ser instalado el Consejo de Autorregulación por parte de empresarios de la radio y la televisión, el diputado panista Lionel Funes comentó que en breve se instalará una mesa en el Congreso para la revisión integral de la ley que regula los medios electrónicos". Incluso añadió que "legisladores panistas vinculados con el tema, establecieron que antes de revisar la Ley Federal de Radio y Televisión que data de 1961, debe hacerse un registro público para conocer quiénes y cuántos son los concesionarios y permisionarios de los medios electrónicos y bajo qué condiciones les fueron entregados los respectivos permisos".

Lo cierto es que la Segob promovió una mesa de diálogo y concertación donde participan legisladores y empresarios, particularmente los de los medios electrónicos y donde presumiblemente se armen los consensos principales para legislar.

Un asunto que evidentemente falta en la agenda legislativa es el necesario estatuto jurídico para los periodistas, que reconozca quien es, como se forma y que hace un periodista, sus necesidades de capacitación, de especialización, de salario, de organización, de cláusula de conciencia de secreto profesional. Existen varias encuestas entre reporteros que lo demandan. Pero, los periodistas, como tal, no son interlocutores en el debate por la legislación, carecen de organizaciones nacionales, incluso de la mínima unidad más allá de responder ante agresiones o asesinatos.

Con todo, lo que va madurando son ciertos consensos. No el tipo de ley que habrá. Falta todavía la intervención de los partidos en el Congreso de la Unión, que han demostrado un altísimo margen de autonomía y en esta materia podrían confirmarlo, sobre todo cuando no es tiempo de elecciones que es cuando suelen plegarse a este poder sin restricciones todavía.

El debate mayor viene. Seguramente tendrá su mayor desarrollo en el siguiente periodo ordinario de sesiones legislativas y será cuando se decida por los mínimos o hacer una sola reglamentación del artículo sexto constitucional que obligue a todos los actores de la comunicación y no sólo al gobierno. Habrá otras sorpresas, porque entre otras cosas, el debate todavía es muy incompleto y tendrá que ventilarse la regulación de propiedad y concentración de medios.

Por lo pronto siguen soplando los vientos de cambio por el nuevo gobierno y podrían construirse algunas decisiones de Estado que la transición democrática necesita. Los medios están ya en el ojo del huracán. Pero existe también el riesgo de que la legislación que se negocie se aplique, como dirían los grandes empresarios, en los "bueyes de mi compadre".


* Rogelio Hernández López es periodista desde 1977. Ha sido reportero, editor, jefe de información, director, articulista en diversos medios mexicanos, entre otros Excélsior, El Universal, CNI-Canal 40, Grupo ACIR. Actualmente escribe artículos o ensayos en diarios y revistas, es responsable de prensa de la Comisión Ciudadana de Estudios Contra la Discriminación y profesor universitario. Ha producido cinco libros. El más reciente es Sólo para periodistas (Editorial Grijalbo, México,1999). Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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