Sala de Prensa


34
Agosto 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La prensa en Uruguay

La prensa también se ahoga en sus miserias

Jorge Jauri *

En uno de los momentos más mediocres de la producción periodística nacional, las encuestas coinciden en informar que la profesión concita los mayores índices de aceptación y consideración de la opinión pública. Tal paradoja invita a una reflexión sobre la "crisis de la prensa" desde el área de la oferta periodística.

Con tal paradoja instalada es natural que, desde un análisis económico elemental, sea pertinente preguntarse –pese a todo- si en el Uruguay de hoy las razones determinantes de la "crisis de prensa" residen en el área de la demanda.

Una primera impresión daría para pensar que si los consumidores de los servicios de prensa tienen una opinión positiva sobre sus proveedores de información, también tienen una valoración semejante sobre el servicio que aquellos generan, y de una u otra forma, los consumidores pagan. Una aproximación a la realidad un poco menos incauta la contextualiza un poco más y entiende esa "aceptación" como una valoración muy relativizable; con lo que a la gente piensa de sus delegados políticos, de sus proveedores de justicia, de seguridad o, incluso, de educación y salud. Desde esta aproximación, para la población los comunicadores tendrían sólo un poco más de aceptación que la del personal político, la policía y el ejército, los profesores y los médicos.

Con todo, aún desde esta perspectiva, la valoración y las expectativas que tiene la población sobre los comunicadores y su oferta excede ampliamente la capacidad de este conjunto para utilizar tales créditos.

Preguntas inquietantes

¿Es realmente así? ¿Qué quiere decir que, desde esta visión, la crisis de la prensa sea una expresión de incapacidad de la oferta? ¿Podría pensarse que -tal como sucede en prácticamente todas las cadenas industriales, la prensa está en crisis porque no logra mejorar y sostener una oferta adecuada? Si fuera así: ¿qué transformaciones deberían operarse para que la prensa, utilizando la fortaleza del crédito –relativo- de la población recreara su oferta? Y por último: ¿qué efectos generaría en el mercado y el país la creación de una oferta sustancialmente mejorada de la prensa nacional?

Responderse estas preguntas supone realizar un ejercicio bastante más complejo que trabajar sobre los lugares comunes que rodean la discusión nacional sobre la prensa. Colocar los focos sobre el área de la oferta, aunque más no sea por un momento, se asemeja a un ejercicio de introspección dolorosa y ardua de llevar a término sin ayudas. Empero, es desde allí y con sus actores desde donde deben surgir los aportes más significativos para revertir la crisis.

Imaginemos por un momento que damos por obvia la identificación de algunas de las causas de la crisis (recesión y caída del gasto estatal, discrecionalidad de la publicidad estatal, ampliación de la oferta externa, caída de la capacidad adquisitiva de salarios e ingresos, y varias etcéteras más).

Desde la perspectiva alternativa y no frecuentada en general, la crisis de la prensa es la crisis de su oferta. Y sus causas principales serían:

  • La escasez de estructuras empresarialmente aptas para desarrollar y mantener un servicio crecientemente complejo y que, además, ahora está sometido a una fuerte competencia.
  • Ausencia de normas que sanciones y estimulen la profesionalidad. En principio normas de autoregulación explicitadas en códigos y documentos públicos (ver recuadro).
  • Ausencia en el programa sindical de reivindicaciones que presionen a los emisores públicos calificados de información de calidad. Si el Estado uruguayo produce una información deficiente, es aún más descalificada la vinculación profesional de los comunicadores y los emisores de la información.

De la mera lectura del enumerado surgen nuevas inquietudes y, sobre todo, un listado de tareas.

El Estado: un selector comprometido

Mientras al Estado se le siga demandando sólo una distribución más "justa" de la publicidad oficial la "crisis de la prensa" está asegurada. Las campañas de comunicación modernas impedirán cada vez más un control real de la "justa" distribución de la publicidad oficial. Pero, además, triste destino tienen los medios y los periodistas que sólo aspiren a vivir de ese igualitarismo con el cual se les debe conceder los dineros que gasta el Estado en publicidad. Este problema es parte de otro, mayor y complejo: las omisiones del Estado en la creación de mejores condiciones de competencia leal en practicamente todos los sectores de actividad.

Hay otra responsabilidad omisa sobre la cual no se repara en general y que si cuestiona severamente la acción del Estado en la materia: la distribución de los insumos de calidad para elaborar los servicios de prensa, en particular los informativos. La información de calidad o al menos la provisión abundante de insumos para generarla es un servicio que, al igual que la educación tiende a igualar o diferenciar a los ciudadanos en "las condiciones de partida". La responsabilidad del Estado es insoslayable y por ella debe velar la Justicia en una dimensión extravagante para las posibilidades de comprensión actual de sus jerarcas. En el Uruguay no son demasiado frecuentes las iniciativas de jueces o fiscales de intentando preservar las condiciones de competencia o la "democratización" de la información.

El Estado uruguayo no sólo es omiso en velar por las condiciones de competencia en un área tan vital. Además, interviene negativamente en la distribución del flujo informativo. Los casos de los infinitos "papers" de información de calidad que deambulan o se archivan en los escritorios públicos y que son conocidos por los amigos antes de liberarse al uso público es tan conocido que la gravedad del método ya pasa desapercibida. Empero esto tampoco parece pasible de ser modificado desde una auto reforma presidida desde el propio Estado uruguayo.

La ciudadanía se ha educado en la aceptación de una de las causas más graves que deterioran el menú informativo que se le ofrece: los uruguayos parecen aceptar que en el Estado haya siempre un burócrata capaz de definir a que información puede acceder la comunidad. Naturalmente en todo lo esta que haya sido repasada y utilizada convenientemente por el jerarca de turno y sus amigos.

Esta y otras realidades afines han transformado al consumidor de información en un sujeto pasivo, que no diferencia ni exige, que confía en que lo bueno es aquello que al final del espinel burocrático alguien le ha ofrecido luego de salvar todos las veladas censuras del método. En definitiva, un servicio que le sirve muy poco y por el cual está dispuesto a pagar cada vez menos.


* Jorge Jauri es periodista. Este texto se publicó en Bitácora, suplemento del diario uruguayo La República, y se reproduce en Sala de Prensa con la autorización expresa de su editor, Carlos Santiago.


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