Sala de Prensa


3
Marzo 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Reporteros encubiertos

Charles Green *

Un nuevo caso judicial (pendiente de sentencia al escribir estas líneas) pone en el tapete un tema de ética que los periodistas vienen debatiendo desde que el primer hombre en la edad de las cavernas fue de cueva en cueva a poner al día a sus residentes de cuál era el último precio de cotización de los filetes de mastodonte.

¿Hasta dónde debe profundizar un reportero en una información? ¿Es correcto mentir o actuar como si uno no fuera periodista cuando la historia trae consigo algo que perjudica el bienestar público?

La cadena estadounidense de televisión ABC, envió a un equipo de su programa "Prime Time Live" para que consiguieran empleo en un supermercado Food Lion e investigaran cómo se manipulaban los alimentos en el lugar. Los reporteros utilizaron cámaras ocultas para documentar un trabajo periodístico en el que se acusaba a la cadena de vender queso mordido por ratas y reempacar carne echada a perder de manera que pareciera fresca.

La cadena de supermercados pidió una compensación de $2,500 millones por daños causados por el programa, que se transmitió en 1992. La compañía no desmintió las acusaciones que se le hicieron ni reclamó haber sido víctima de una nota infamatoria. En su lugar, presentó una demanda por fraude y transgresión de sus predios. Según afirmaron, el programa "Prime Time Live" utilizó métodos ilegales para hacer su trabajo de manera encubierta en tiendas de dos estados. La compañía alegó, además, que las cintas grabadas le pertenecen, puesto que fueron tomadas por reporteros que formaban parte de su plantilla y que filmaron durante su horario de trabajo.

Un jurado determinó que la cadena Food Lion debe recibir una compensación de $5,5 millones por daños punitivos. El veredicto en este caso se dio a conocer la misma semana en que una corte federal de la Florida ordenó que la cadena ABC y uno de sus productores paguen la suma de $10 millones a un banquero de Fort Lauderdale llamado Alan Levan, quien presentó una demanda judicial por publicación de libelo.

Algunas personas argumentan que los reporteros nunca deben actuar de manera encubierta y ninguna historia justifica que el periodista mienta. El que un periodista actúe como si fuera otro conduce a la pérdida de credibilidad y, sin credibilidad, ningún reportero u organización periodística puede servir a su público. Otros manifiestan que los reporteros tienen una obligación mucho mayor con su público y que, por lo tanto, no puede estar en ningún y tipo de sensibilería. Si para conseguir una historia que pondrá al descubierto un gran error o que protegerá al público de cualquier perjuicio, es necesario valerse de un subterfugio, entonces vale la pena.

Quienes están a favor de esta línea de pensamiento señalan que, a menudo, las organizaciones que se encargan del cumplimiento de la ley recurren a subterfugios para apresar a delincuentes. Un policía puede actuar como un narcotraficante, un ladrón o incluso un asesino, para poner en prisión a quienes transgreden la justicia. Según sus puntos de vista, la obligación de los periodistas de permitir que el público conozca lo que ocurre es tan importante como la que tiene la policía de proteger la vida y las propiedades de los ciudadanos. Por tanto, afirman, es correcto que un reportero actúe de manera encubierta para realizar una investigación periodística.

En 1995, una corte federal de apelaciones, en Estados Unidos, falló a favor "Prime Time Live" en otro caso en que los reporteros fingieron ser pacientes para filmar sus visitas a varios oftalmólogos. La corte estableció que la cadena no era responsable de transgresión de propiedad, invasión de privacidad y de instalar mecanismos electrónicos de grabación, como alegaban la clínica y dos de sus médicos.

Decidir si un reportero debe actuar de manera encubierta o no, es el tipo decisión que pone a prueba de fuego a los editores. Cosas como esta son las que hacen difícil caminar por la cuerda floja. El resultado del juico entre la cadena de supermercados Food Lion y la ABC podría tener un fuerte efecto en la manera en que trabajan los reporteros investigativos en los Estados Unidos.

En otro orden de cosas, y para mantenernos al tanto de los últimos acontecimientos que plantean cuestionamientos éticos: Richard Jewell, el guardia de seguridad que fue identificado por algunas organizaciones periodísticas como sospechoso de la explosión en las Olimpiadas y a quien más tarde el FBI declaró libre de sospechas, presentó una demanda judicial contra la cadena de televisión NBC por los comentarios hechos por su presentador Tom Brokaw acerca del incidente.

El abogado de Jewell dijo que su representado recibirá una compensación monetaria de la cadena, pero se negó a revelar otros detalles del acuerdo aunque dijo que la NBC no se retractaría públicamente. La cadena afirmó que prefirió llegar a un acuerdo fuera de corte para proteger a sus fuentes confidenciales.

Los abogados de Jewell Jewell's attorneys alegaban que Brokaw había insinuado al aire que Jewell era el responsable de la explosión del 27 de julio, en la que una mujer murió y otras 100 personas resultaron heridas.

El 26 de octubre, Jewell fue declarado fuera de sospecha por el gobierno. Sus abogados le han pedido al Atlanta Journal-Constitution –el primer periódico que publicó que Jewell era sospechoso– que se retracten de la historia. No obstante, el diario ha mantenido que su cobertura fue correcta. Según dijo su abogado, Jewell iniciará una demanda por difamación contra el periódico.


* Charles Green es director del Centro de Prensa Internacional, de la Universidad Internacional de la Florida, en Miami. Durante 25 años fue corresponsal y ejecutivo de The Associated Press. Este texto se reproduce de la revista Pulso del Periodismo, con autorización de su editor.


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