Sala de Prensa


32
Junio 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Etica periodística contemporánea
en Nicaragua

"Ya la misión del periodista no se ve, como antaño, ardua y gloriosa. Los que aman su carrera y su pluma, los que se consagran con decisión a ese oficio, que es un sacerdocio, tienen que ver con vergüenza cómo se convierte la tinta en lodo y la pluma en puñal, cómo hay quienes no ven lo alto de su misión y sean fáciles al halagoal interés...", débiles al engaño, ruines

Rubén Darío

 

Guillermo Cortés Domínguez *

Es asombrosa la actualidad de este párrafo de Rubén Darío acerca del ejercicio del periodismo de comienzos de siglo, y más todavía, la vigencia de sus implicaciones éticas. Por cierto, Darío fue el primer periodista nicaragüense en el exterior que se ganó la vida ejerciendo esta profesión u oficio, desempeñándose como redactor en varias publicaciones, sobre todo en El Mercurio y La Epoca (Chile, 1886); La Prensa Libre y El Heraldo (Costa Rica, 1891); La Nación, La Tribuna y El Tiempo (Argentina, 1893); y las revistas Mundial y Elegancias (Francia, 1911). Desde 1886 hasta 1913 escribió para diarios argentinos y chilenos.

Darío hoy está particularmente muy fresco en la memoria de los nicaragüenses, pues hace apenas unos meses un certamen de la radioemisora BBC de Londres através de la internet, concluyó con la elección por mayoría, de Rubén Darío, como el personaje del siglo de América Latina. El concurso de la BBC londinense tuvo tal repercusión en Nicaragua, a veinte mil kilómetros al otro lado del océano, que fue tomado por los nicaragüenses como un asunto de orgullo nacional que incluso provocó que el Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), convocara en particular al estudiantado de primaria y secundaria, y en general a toda la población, a tomarse la red mundial de computadoras para saturarla de votos a favor del Príncipe de Las Letras Castellanas, logrando darle alcance al libertador Simón Bolívar --que había despegado como un corcel desbocado y llevaba la delantera--, y luego dejarlo rezagado y perderlo de vista por una enorme diferencia. Fue un acto de honor, de consecuencia con lo mejor que ha producido Nicaragua, junto al patriota Augusto C. Sandino. Era un imperativo moral que Darío no quedara atrás.

Precisamente la ética periodística parte de la autoconciencia, de principios morales firmes y coherentes, que autogobiernan el quehacer profesional, y que dictan al periodista lo que es bueno y lo que es malo, tanto en el proceso de recolección de la información, como en el de elaboración del producto final que llegará a los usuarios de los medios masivos de comunicación. De la ética dependerá si el periodista es un mercenario o un profesional. El imperativo moral guía al pensamiento y a la mano que escribe. Al aceptar la conducta moral como obligación, los periodistas y propietarios de medios de comunicación social contraen una responsabilidad consigo mismos y sobre todo, con la sociedad.

La actitud ética del INC --ajustada a una conciencia nacional alrededor de la importancia de Darío como personalidad literaria mundial renovadora de las letras hispanas--, marca, no obstante, un gran contraste con la actitud del gobierno, y en particular del Presidente de la República, licenciado en Derecho Arnoldo Alemán, de permanente hostilidad hacia los periodistas y los medios de comunicación social independientes de Nicaragua.

La barrida de los divulgadores y uso político de la publicidad estatal

Desde antes de tomar posesión en febrero de 1997, tras ganar las elecciones cuatro meses atrás, ya los nuevos gobernantes habían decidido barrer con todos los periodistas divulgadores estatales y sustituirlos por afines al Partido Liberal Constitucionalista (PLC), triunfador de los comicios nacionales. El profesionalismo quedó pisoteado en favor de la militancia política, y nuevamente la verdad perdió, por un momento, frente a necesidades de propaganda de una bandera partidaria. Fue una transgresión a la ética periodística, en cuya base se encuentra precisamente la principal misión del periodista: decir la verdad, que es el principio básico de una concepción deontológica de la ética periodística. La veracidad informativa es el cimiento de la ética profesional del periodista.

Con la barrida de los divulgadores el nuevo gobierno priorizó la lealtad política en contra del ejercicio profesional, es decir, optó por el control de la información y su comunicación a la sociedad únicamente desde el punto vista oficial partidario. ¿Para qué continuar con los servicios de experimentados periodistas profesionales, si lo que querían era aduladores del partido gobernante? Y aunque el trabajo de divulgación estatal tiene un alto contenido de relaciones públicas, también esta disciplina se basa en la verdad al establecer vínculos con los diversos usuarios de una institución.

Sólo unas semanas después de haber asumido el gobierno, la administración liberal constitucionalista, sin mediar licitación pública ni privada, favoreció a sus amigos y concedió la pauta publicitaria estatal a cinco agencias, concentrándola en tres de ellas, iniciando así el uso de la publicidad del estado como arma política. Uno de los socios de una de las agencias beneficiadas, era Jerónimo Gadea, en ese momento novio oficial de la Primera Dama, María Dolores, la hija del Presidente viudo, que asumía gallardamente el papel que le hubiera correspondido a su difunta madre. Fue una flagrante violación a la ética para controlar a los medios y a los periodistas, pues las empresas de información periodística se financian fundamentalmente con la publicidad. En ese momento, en una economía apenas estabilizándose tras una guerra que postró al país, la pauta publicitaria estatal era casi imprescindible, ante un sector privado todavía débil y balbuceante.

Una lista de medios y periodistas "enemigos", a excluir de la pauta publicitaria gubernamental, fue entregada a los nuevos divulgadores, comisarios políticos del gobierno. Así, por ejemplo, aunque un alto funcionario de la estatal empresa eléctrica ENEL ordenara pautar un anuncio en la Revista Medios y Mensajes, de la cual soy su editor, el divulgador Juan Velásquez Molieri se negó a hacerlo, aduciendo que yo estaba en la "lista negra".

La áspera respuesta a Gustavo Ortega

El Presidente de la República encierra una extraña paradoja: ante grupos de pobladores con quienes tiene contacto personal, es un excelente comunicador, bromea, abraza a las personas, cuenta chistes, es campechano, utiliza un lenguaje coloquial, y rápidamente logra establecer una atmósfera cercana y hasta íntima. Sin embargo, con los periodistas y los medios de comunicación social, es lo contrario: tiene una extraordinaria capacidad para pelearse con los hombres y mujeres de prensa, es hostil, malcriado, grosero, pedante y maleducado. Desde el inicio de su gobierno comenzó a chocar públicamente con los profesionales de la información, con quienes se molesta e irrita con suma facilidad. Al parecer, su espíritu verticalista y autoritario, le impide tolerar la naturaleza inquisitiva de los periodistas, quienes lo trastornan y le hacen perder la cabeza.

El ejercicio del periodismo implica una responsabilidad social, de manera que los periodistas están comprometidos con la población a servirle la verdad, es decir, lo que realmente ocurre. Y como son seres humanos, con una subjetividad, con un filtro formado por su educación, su experiencia, su técnica, su cultura, etcétera, ese apego a los hechos no es mecánico ni automático, sino que pasa por una interpretación, y es desde esta perspectiva que los expertos comunicólogos consignan que los medios crean la realidad, y no que la reflejan, ni que los periodistas fuéramos inmóviles espejos sin cerebro ni sentimientos. Y en ese filtro que observa, procesa, analiza, descodifica, codifica y emite información, juega un papel determinante la ética, para que haya un balance y un apego a los valores morales socialmente aceptados: fidelidad a los hechos, honestidad, respeto, solidaridad, lealtad, responsabilidad, y todo cuanto contribuya a una comunicación balanceada y de servicio.

Han pasado tres años desde que Arnoldo Alemán asumió la Presidencia de la República, pero nada, ningún milagro, ni siquiera la urgente necesidad de mejorar su imagen y la del gobierno en su conjunto, ha conseguido que él deje de ofender y molestar a la prensa independiente. Con motivo de la reunión de donantes en Estocolmo, convocada en 1998 para cooperar con la reconstrucción de Centroamérica, sobre todo con Honduras y Nicaragua, tras el desastre causado por el huracán Mitch, el Jefe de Estado y varios periodistas nicas, se encontraron en la capital sueca.

Días antes, la entonces novia del Presidente, María Fernanda Flores Lovo, recibió permiso para ir a Miami en busca de cura a problemas de salud, según justificó públicamente su jefe, el entonces ministro de Educación, José Antonio Alvarado. Pero la enfermita apareció radiante comprando alegremente en una de las calles céntricas de establecimientos lujosos de Estocolmo, y cuando el periodista del diario La Prensa, Gustavo Ortega, le preguntó al Mandatario qué hacía su novia ahí, éste le respondió ásperamente, "yo no me meto con tu mujer ni con tu hermana...". Es la ética del gobierno. La respuesta del Primer Ciudadano apareció en primera plana en los diarios locales.

Terrorismo fiscal y amenaza a televisoras

Pareciera que el presidente Alemán no tolera la libertad de expresión, y que la opinión pública, es decir, el clima nacional de opinión prevaleciente, actúa como un poderoso valladar que le impide modificar el marco legal de libertad de expresión heredado de los Acuerdos de Esquipulas de 1987, que pusieron fin a la guerra, y que devolvieron las libertades individuales y sociales a Nicaragua. Este ambiente de irrestricto respeto a la libertad de expresión fue impulsado de manera especial durante el gobierno de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, quien en lealtad a su esposo, el Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, premiado con el María Moore Cabot, de la SIP, en 1977, propició un entorno sin precedentes a favor de los periodistas y los medios de comunicación, aunque en su administración durante un tiempo se hostigó, negándole anuncios, al naciente diario La Tribuna. Fue la época de oro del periodismo nacional, dicen algunos colegas.

Impedido de modificar las leyes que aseguran la libertad de expresión, el gobierno ha intentado otros medios, por ejemplo, el terrorismo fiscal, también enderezado contra empresarios críticos de la administración liberal. Grupos de auditores de la temida Dirección General de Ingresos (DGI), se sumergieron con excesivo interés en los estados de resultados y balances financieros del diario La Prensa, después que éste modificara su línea editorial e informativa progubernamental, y retomara la política de fiscalización de la gestión pública con la que fue consecuente hasta su asesinato, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Es más, la empresa periodística La Prensa inició en 1998 una integración empresarial horizontal, incursionando en la industria de artes gráficas mediante una inversión estimada en más de 700 mil dólares, para imprimir toda clase de publicaciones incluyendo libros y guías telefónicas. La Prensa cumplió con los requisitos, precalificó como competidora en una licitación de la guía telefónica nacional, y presentó la mejor oferta, pero le fue escamoteada la victoria, ante un competidor colombiano, Publicar, que ha elaborado los directorios de los últimos años. El estira y encoge causó que en este año 2000 Nicaragua no tenga un directorio telefónico.

Entre pleito y pleito con periodistas, el gobierno amenazó a las estaciones de televisión con retirarles la frecuencia de transmisión, si no expandían su cobertura a todo el territorio nacional. Los dueños de canales de televisión reaccionaron preocupados y molestos, pues ello requiere cuantiosas inversiones no previstas a corto plazo, mucho menos a lo inmediato. Luego el gobierno suavizó su posición, pero ya la herida estaba abierta. Durante una visita oficial a México, el Presidente Alemán exploró la posibilidad de utilizar a bajo costo los servicios de un satélite azteca, para que las televisoras locales puedan bañar todo el país.

Transgresiones comunes a la ética

Y no es que los periodistas nicaragüenses seamos unos virtuosos y ejemplares practicantes de la ética periodística, pues casi a diario vemos en los diarios y estaciones de televisión rostros de jóvenes acusados, pero aún no condenados por ningún tribunal de justicia, y su nombre queda manchado para siempre aunque después el juez dicte sobreseimiento definitivo. Aparecen las iniciales de los nombres y apellidos de jóvenes violadas, junto al nombre del barrio, y los nombres de sus padres o parientes, sin que prácticamente nada falte para reconocer a la víctima. Escenas sangrientas son comunes en primeras planas y páginas de sucesos, así como titulares interesados, que no se ajustan al contenido de la información.

Con frecuencia observamos en los noticieros de televisión entrevistas de prensa del Presidente Alemán, donde periodistas preguntan como si estuvieran acusando, y se ponen en evidencia ante las cámaras cuando no obtienen la respuesta que quieren. Hay que admitir que al Mandatario le ha tocado lidiar con un grupo de mujeres y hombres de prensa sumamente hostigosos, que muchas veces formulan preguntas de una manera agresiva y hostil, y a veces, desde plataformas partidarias. Supuestamente esta es la razón por la cual el periodista Mario Mairena, de El Nuevo Diario, fue descalificado por la Presidencia de la República, para atender las conferencias de prensa del Presidente. El secretario de Comunicación Social, Gilberto Wong, informó oficialmente la decisión, y cuando Mario intentó entrar a una conferencia del titular del Ejecutivo, fue impedido por la fuerza pública. Lo acusaron de comportamiento no ético, de estar sesgado y comprometido con una actitud política antigubernamental, en otro penoso capítulo de agresión a la libertad de expresión.

Los periodistas y los medios estamos lejos de cualquier perfección, hay muchas deficiencias, pero es mil veces preferible una prensa libre, aunque débil profesionalmente, que una libertad de expresión amordazada, bajo el control gubernamental. El único control que no afecta a la libertad de expresión, y que más bien la enriquece, es el autocontrol mediante un código de ética profesional del periodismo, es decir, la autoregulación que parte de la voluntariedad de someterse a la conducta moral. De todos modos, la irresponsabilidad en el ejercicio de la profesión, puede ser sancionada a posteriori mediante la legislación sobre injurias y calumnias, de acuerdo al Código Penal vigente. También en este aspecto el gobierno quiso meter sus narices, al intentar una modificación al articulado sobre injurias y calumnias, para penalizar, de manera particular, a los periodistas. La iniciativa no prosperó.

En la Revista Medios y Mensajes, que edito desde hace más de siete años, publicamos a principios de los años noventa una serie de reveladoras fotografías de una periodista del diario prosandinista Barricada, Elisa Maturana, con un jefe de un grupo de excontras llamado "El Chacal", que se rearmó durante el gobierno de doña Violeta Chamorro. El caso no fue explicado en la revista, lo que hubiera resultado aleccionador, más bien sólo expuesto --y no de la mejor manera--, un aspecto o detalle probablemente privado, de un complejo fenómeno, digno de estudio, que incluso llegó a dividir a la redacción central y a los corresponsales de este desaparecido diario, que fue tema de discusión y fricciones en su consejo editorial, y que concluyó con la terminación del contrato de la periodista. En este caso, la revista, en ese entonces llamada Periodistas, y que pretendía estimular el desarrollo del periodismo profesional, faltó a la ética al exponer. En cuanto al caso, en el corazón del mismo se encuentra un conflicto ético entre el deber moral con el diario al que se trabaja y con los compañeros de trabajo, y un interés personal.

Denigrar a los colegas

Durante esos primeros años de la década de los 90, una periodista, Ada Luz Monterrey, propietaria de El Atabal, un programa radial dominical de noticias, entrevistas y comentarios, se caracterizó por denigrar abiertamente, sin ninguna reserva, con los peores epítetos, de la manera más agria y cruel, a sus propios colegas periodistas. La feminista Sofía Montenegro y la dirigenta de la UPN, Olga Moraga, fueron dos de sus víctimas. En varios códigos de ética de organizaciones nacionales e internacionales de periodistas, este tipo de acciones se tipifican como de las peores faltas a la ética que un periodista puede cometer, al igual que el plagio.

Este caso no es único, varios dueños de medios suelen despotricar desde sus micrófonos, entre ellos el siempre polémico Carlos Guadamuz, de Radio Ya, una emisora que casi desde su fundación, se convirtió en la del primer lugar en cuanta encuesta de opinión se realizara. El propietario de esta radio, quien "no tiene pelos en la lengua", atacó virulentamente, sin ningún límite, con cuanto epíteto e insulto se le ocurriera, la honra de personas como el Cardenal Miguel Obando y Bravo, Sergio Ramírez Mercado, Dora María Téllez, y cuanto individuo o institución estuviera en su mira, como la Policía Nacional.. El escritor de "Margarita, está linda la mar", respondió a Guadamuz calificando a su radioemisora como un "albañal radiofónico".

El destino le jugó una mala pasada al propietario de Radio Ya, veterano militante sandinista, antiguo amigo del alma del expresidente Daniel Ortega, con el que estuvo prisionero durante más de cinco años en las cárceles somocistas. Durante las elecciones de 1996, Guadamuz se postuló como candidato a alcalde de Managua y contó con el apoyo del FSLN, sólo que a última hora, el Frente Sandinista orientó a su militancia a votar por otro candidato sandinista, Herty Lewites. Guadamuz quedó resentido con Ortega, con quien rompió relaciones a fines de 1999 cuando éste pactó con su archienemigo Arnoldo Alemán, reformas a la Constitución Política y la Ley Electoral.

Desde Radio Ya, Carlos Guadamuz criticó sin tapujos el pacto PLC-FSLN, y en particular a Daniel Ortega y a su hermano Humberto, a quienes acusó de múltiples delitos. Días después, en cuestión de horas, su nueva postulación como precandidato del FSLN para los comicios municipales de noviembre próximo, fue rechazada por el aparato partidario, luego expulsado del partido, y cerrada su emisora mediante tres intempestivos embargos en los que se coludieron con una efectividad inusual, funcionarios judiciales y autoridades policiales. La mano larga del pacto FSLN-PLC --severamente criticado por los medios de comunicación social más importantes--, dejó a Guadamuz sin Beatriz y sin retrato, en lo que constituye el más peligroso ataque contra la libertad de expresión ocurrido en los últimos años.

Desde su bancarrota, Guadamuz comenzó a ofrecer patéticas disculpas a cuantos había ofendido con sus encendidas bravatas de todos los días desde Radio Ya. Lo más lamentable de este triste episodio para la libertad de prensa, es que la radioemisora clausurada, fuera de los terribles excesos de su propietario, se caracterizaba por su servicio a la comunidad: durante todo el día, como en una caravana interminable, la gente más pobre llegaba al local de la radio o llamaba por teléfono, señalando problemas, denunciando injusticias, solicitando ayuda: una caja para un niño muerto, comida para una familia hambrienta, dinero para cubrir exámenes médicos o una intervención quirúrgica urgente. Su eslogan, "la del indiscutible primer lugar", se correspondía absolutamente con la realidad.

Conflictos de interés

No hace dos años, el noticiero de televisión 100% Noticias escandalizó a la opinión pública cuando transmitió un video como prueba para incriminar de tráfico de drogas a una empresa distribuidora de gas butano que recién se estaba instalando en el país. El caso fue presentado como periodismo investigativo por el director del noticiero, Miguel Mora. Uno de los más leales y de los principales anunciantes del noticiero, Tropigás, era precisamente la compañía que monopolizaba la distribución del gas para cocinar en el mercado nicaragüense. Más aún: el video transmitido fue distribuido discretamente a los medios por la misma empresa Tropigás, a través de su divulgador, el periodista Luis Mora Sánchez. Era un video efectivamente sobre narcotráfico, pero de hacía varios años, y del cual los socios mexicanos de la incipiente empresa Zeta Gas que pretendía abirse mercado en Managua, fueron absueltos en los Estados Unidos.

El noticiero de televisión, al tener como anunciante a Tropigás, estaba inhibido de participar en una acción que podría dañar la imagen de la nueva competencia en ciernes para la compañía monopolista, y en beneficio de ésta. Era muy obvio que el noticiero caía en la posición de atacar al competidor de uno de sus principales anunciantes. Además, el caso ya había sido ventilado en los Estados Unidos, y absueltos los procesados, por lo que el video no probaba ningún delito de los socios de Zeta Gas. Por lo demás, el pretendido periodismo investigativo no había descubierto o desentrañado nada por lo cual inculpar a Zeta Gas.

En el periódico más popular de Nicaragua, El Nuevo Diario, es frecuente encontrar en las notas informativas una mezcolanza entre información y opinión del periodista, en contravención con una norma ética que manda a una clara diferenciación, de manera que si el periodista quiere expresar su punto de vista, lo haga en la página o sección de opinión del medio.

También ocurre en algunos medios una grave falta a la ética profesional, como es presentar publicidad como si fuera información o parte del contenido del medio. La ética periodística es clarísima: hay que diferenciar de manera inconfundible la publicidad, de la información periodística, para que los usuarios no reciban gato por liebre. Si algo es pagado, entonces es publicidad, y debe rotularse como tal, de manera visible, que sea rápidamente percibida por los lectores, para que esté prevenido de que ese material, al ser pagado por alguien, es una nota interesada, unilateral, sesgada desde el punto de vista de quien la paga, y, ¡claro está!, diferente de una nota informativa, que se debe únicamente a la verdad, a los hechos, y por tanto debe presentar todos los puntos de vista relevantes sobre el asunto.

La relacionista pública del Instituto Nicaragüense de Energía (INE), Juliana Hernández, me comentó hace unos dos años, que varios periodistas radiales le ofrecieron cubrir todas las conferencias de prensa y otras actividades informativas de esta institución, a cambio de un pago. Grave desapego a la ética. Los periodistas deben informar todo aquello de trascendencia de las instituciones estatales, sin ser voceros oficiales, como parte de su función social, y no porque les paguen por ello. Se violenta la ética porque eso ya no es periodismo, ni siquiera publicidad, pues se realiza como periodistas, en nombre del periodismo, presentando la información como contenido y ocultando que hay un pago de por medio.

El aleccionador "Caso Ramón Parrales"

Un ruidoso oleaje de violaciones a la ética periodística sepultó de un plumazo, en un abrir y cerrar de ojos, a Danilo Lacayo, el presentador de Buenos Días, el programa de opinión estrella de la televisión de Nicaragua. Danilo se había convertido en el acompañante de todas las mañanas de amplios sectores de los nicaragüenses, hasta que el gobierno "descubrió" que estaba recibiendo subrepticiamente grandes cantidades de dinero de parte de la Contraloría General de la República, escondido bajo una identidad que no era la suya: Ramón Parrales.

Apartemos el contenido político de "El Caso del Fantasma". El dilema ético, desde la perspectiva del periodismo, no es por esconder su identidad, y usar otra, sino por recibir dinero por investigaciones privadas que realizaba enmascarándose bajo su condición de periodista. El conseguía información, no para las audiencias de su programa, sino para la Contraloría, pero valiéndose de las facilidades que le daba ser el famoso y bien relacionado conductor de Buenos Días. Imaginen la inseguridad de un entrevistado, quien no atinará a saber si Danilo le preguntará como periodista, o como trabajador a sueldo de la institución fiscalizadora del uso de los bienes públicos, como bien lo planteó Francisco Chamorro, el editor de El Nuevo Diario.

Otro legajo de transgresiones a la ética se evidenció cuando Danilo Lacayo intentó defenderse de las acusaciones del gobierno de recibir dinero a escondidas, con un nombre falso. En sus dos últimos programas, Lacayo dijo que efectivamente había recibido dinero para realizar investigaciones periodísticas para la Contraloría, y que, además, no le quedaba ningún billete a él, pues la plata se distribuía entre las personas que le daban información. Por un lado, admite que sobornaba para que le suministraran información, lo cual es inaceptable éticamente; y por otro, pretendió hacer aparecer como periodismo investigativo, lo que era investigación privada. Habría otro dilema ético en este caso sensacional que aún está abierto, si los pagos incluyeran la frecuente presentación del contralor Agustín Jarquín Anaya, en el programa Buenos Días, de modo que la comparecencia de personajes en el programa de entrevistas y comentarios, ya no dependería del interés noticioso que representaran, de su trascendencia social como personajes, sino de quién paga, con lo cual se violaría flagrantemente el concepto ético del periodismo como función social.

¿Es lo mismo la noticia y el negocio?

En una entrevista en la Revista Medios y Mensajes edición No. 9, de enero de 1994, un conocido y polémico periodista ya desaparecido, Emigdio Suárez, confiesa desenfadadamente que "para mí, lo mismo es la noticia que el negocio". Su viuda y sus hijos han adoptado y llevado esta máxima hasta los extremos. ¿Y cuál es el problema?, dicen, si la empresa no es rentable, no hay noticia. Hay un hilo fino, pero firme y contundente, que sirve de línea divisoria entre el periodismo profesional y el mercantilismo de la información. Precisamente esta es una de las razones de la ética, porque sólo ella, desde la conducta moral, puede establecer los límites correctos.

La ética periodística no cuenta con la simpatía de todos los colegas. En 1995, un grupo de periodistas integrado por Rodolfo Tapia Molina, Darwing Juárez, Ofelia Morales, Mario Fulvio Espinoza, Olga Moraga, José Torres, Xiomara Chamorro, William Briones y este servidor, elaboró una propuesta de Código de Etica Profesional de los Periodistas de Nicaragua.

Fue imposible que las dos asociaciones de periodistas, la UPN y la APN, discutieran conjuntamente la propuesta para aprobar un instrumento que sirviera de referencia para la autoregulación del ejercicio profesional. Enfrentadas por la guerra de los años ochenta, una con el gobierno sandinista y otra con la contra, los directivos de ambos organismos tenían dificultades hasta para platicar entre ellos, pues se miraban como enemigos irreconciliables. Las trincheras y barricadas de la guerra, continuaban levantadas. Así, el proyecto no progresó.

Tres años después, el grupo de periodistas que ganó las elecciones para dirigir por dos años a la UPN, intentó en su congreso de toma de posesión, en febrero o marzo de 1998, discutir y aprobar este proyecto de Código de Etica. El artículo 1, que dice: "El periodista asume el principio de que la información es un bien social y no una mercancía", de inmediato fue cuestionado por el periodista Pompilio Baca, yerno del desaparecido Emigio Suárez, y fue tal la controversia, que hasta hoy no se ha vuelto a hablar del asunto.

La ética: contención a la política y el mercado

Hace unos tres meses, sometí a debate entre un grupo de estudiantes de II Año de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Centroamericana (UCA), el tema de la ética periodística, y me llamó poderosamente la atención --también reconozco que me causó cierto malestar-- que varios de los alumnos, y especialmente uno de ellos, despreciara de entrada la conducta moral, señalando que es algo irreal, utópico y fantasioso, porque los periodistas están gobernados por la política y el mercado. No deja de tener cierta razón el estudiante, sin embargo, entre más poderosas sean las fuerzas que tratan de influenciar al periodismo, más necesidad hay de una ética profesional.

Tras la firma de un tratado marítimo entre Honduras y Colombia, que cercena a Nicaragua 130 mil kilómetros cuadrados de su privilegiada plataforma continental, el diario progubernamental La Noticia publicó, el 30 de noviembre pasado, una primera plana con titulares que fabricaban un escenario de guerra. Uno de los cintillos dice: "Presidente Alemán Insinúa Defensa Armada de Nuestra Soberanía". La palabra "Insinúa" no logra atenuar el contenido belicista. Por si fuera poco, el otro titular es: "Altos Jefes Militares Reunidos", como si estuvieran diseñando la campaña militar a desarrollar en el teatro de operaciones, y completa el cuadro guerrerista, "Honduras Pretende Robarnos". Además, el titular del Editorial, también en primera página, es: "Otra Vez nos Rodean los Lobos Hambrientos". Otro cintillo expresa muy sugestivamente: "Asamblea Acuerda Contraataque", y cierra con el título, "Honduras Intenta Despojarnos en Beneficio de Colombia".

En nombre de la patria y de la defensa de la soberanía nacional, ¿es ético propiciar un clima de guerra? Dos de los países más pobres del continente americano enfrascados en una guerra..., sería terrible para ambos pueblos. ¿Es bueno aconsejar la guerra, es conveniente, es humano? No puede ser un periodismo ético semejante acto de irresponsabilidad, rayana en lo criminal. Y ese mismo espíritu guerrerista continuó por varios días.

A fines de 1999 el diario La Prensa adoptó una drástica decisión que trajo a debate otro gran dilema ético: el de los regalos a los periodistas. En víspera de Navidad, ocasión en que los funcionarios gubernamentales suelen hacer obsequios a los comunicadores sociales, La Prensa los prohibió, para evitar conflictos de interés, reorientándolos hacia acciones de beneficencia. Uno de los editores del diario, Fabián Medina, públicamente escribió a favor, pero algunos periodistas de base, en privado expresaron su desencanto, porque no cae mal una canasta de alimentos o una botella de whisky en época de festejos. En un Editorial, el progubernamental diario La Noticia aprovechó para censurar acremente la decisión de La Prensa, y acusó a los dueños de este periódico de obtener pingües beneficios empresariales, mientras restringía el acceso a los regalos a periodistas que tienen muchas necesidades.

El dilema ético que plantean los regalos estuvo presente también cuando un grupo de periodistas intentó que el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, condonara las deudas en la Colonia del Periodista, proyecto habitacional construido por una institución gubernamental en terrenos donados a las mujeres y hombres de prensa por la administración de Daniel Ortega. La iniciativa no prosperó y hubo periodistas que se levantaron en contra de semejante petición, argumentando que debían pagar su casa, como cualquier otro ciudadano.

Los privilegios que ahora ofrece a los periodistas el Presidente Alemán

El mismo cuestionamiento ético tiene el sorpresivo ofrecimiento del Presidente Alemán de una Ley de Protección, Dignificación y Estímulo del Ejercicio del Periodismo, que concede a los periodistas salario mínimo, pensión de vejez y exoneración de impuestos de introducción para importación de vehículos. Con una historia de enfrentamiento permanente, ¿por qué este repentino amor? ¿Hay que aceptar estos privilegios? Sólo la ética puede resolver este dilema. Por un lado, los periodistas no tenemos ninguna corona para ser tratados bajo un régimen especial, diferente del resto de la población. Los maestros y los médicos de servicio público devengan salarios miserables, ¿porqué no también un salario mínimo y otros beneficios para ellos?

Por otro lado, y en la lógica del dicho popular de que "no hay almuerzo gratis", por alguna razón el gobierno quiere congraciarse con los periodistas. ¿Será acaso por el período electoral que ya se abrió?, o porque ha llegado a la conclusión de que urge mejorar las maltrechas relaciones con este gremio. El Presidente Alemán querrá algo a cambio de estos privilegios para los periodistas, querrá influenciar el contenido de sus notas, modificar la orientación crítica y fiscalizadora de las mujeres y hombres de prensa. Si se aceptan regalos conscientes de que ello implica abrir un espacio a una influencia externa a nuestra condición profesional, implicaría una transgresión a la ética. Si estos ofrecimientos del gobierno constituyen privilegios en relación con otros profesionales, entonces no deben ser aceptados, lo cual no significa que los sindicatos y asociaciones no deban continuar luchando por mejorar las condiciones de trabajo y de vida de sus agremiados.

La crítica es una obligación ética

Me pregunto si es ético hacer estas consideraciones sobre nuestro ejercicio profesional, si es ético dar nombres y apellidos en cada caso analizado, si es conveniente, constructivo y oportuno. Y respondo que sí, absolutamente, aunque ello implique ganar animadversiones y hostilidades. No me caracterizo por ser polémico, mis artículos no levantan polvaredas, quizás soy cuidadoso en el uso de las palabras y en la construcción de la argumentación, tampoco soy estridente, y además, también puede ser falta de "punch", lo que es una deficiencia, pero preferiría mil veces que alguien me refute con argumentos, a la molestia escondida o, más bien, agazapada y rencorosa, que espera la ocasión para dar un golpe.

Recientemente solicité a Miguel Mora que incluyera en su segmento de noticias económicas una nota informativa sobre una importante adquisición tecnológica que hicimos en Editarte –la empresa de la cual soy socio, bajo la cual se publica la revista Medios y Mensajes--, y me dijo que sí, pero no lo hizo, insistí, y tampoco. No pude evitar asociar su comportamiento a un artículo que publiqué recientemente sobre periodismo investigativo, en el que señalé el conflicto de interés en que cayó su noticiero con el caso Zeta-Gas –explicado en este ensayo--. Lo encontré una vez en la UCA y aunque me habló, estaba notoriamente contrariado. Me dijo que José Abraham Sánchez, que había realizado la "investigación", estaba molesto por lo que escribí, entonces lo invité a que diera su punto de vista, lo cual reiteré después, por escrito, pero ninguno de los dos escribió una línea.

Sí es totalmente ético abordar estos problemas nuestros, de nuestro periodismo, cuando se hace desde una perspectiva técnica, sin ningún ánimo de ofender, con hechos, evidencias y todo aquello que constituya un soporte para los enunciados. Si no nos examinamos críticamente, no podremos avanzar, además, no es bueno para la profesión, ni para la libertad de expresión en general, que los atropellos que nosotros mismos cometemos no sean señalados y censurados, porque, en vez de propiciar un ejercicio profesional del periodismo, se estimulan prácticas antiprofesionales que no sólo demeritan al gremio, sino que perjudican a toda la sociedad, al país en su conjunto. No podemos ser fiscalizadores de la gestión pública, eximiéndonos de ser fiscalizados. La crítica es una obligación ética.

Desde hace unos ocho años cargo una espinita, como una cruz, luego de una mala cobertura periodística que hice para el diario Barricada de una conferencia de prensa de la entonces directora de la pequeña y mediana industria, María Hurtado de Vijil, y no es que no haya tenido otros errores, pero en particular este caso mi conciencia me lo señala. No recuerdo los detalles, pero en la nota informativa indebidamente introduje un comentario haciendo una asociación sin sentido entre lo informado por la funcionaria y los intereses políticos de su hermano Carlos Hurtado. Recuerdo que fue un impulso repentino, como un relámpago durante el misterioso y fascinante proceso de escritura. Y lo puse. Entregué la nota y se publicó. Al día siguiente me reclamó el Director del periódico y yo no tuve más que aceptar mi error. Creo que la funcionaria protestó personalmente a Carlos Fernando Chamorro, pero no envió una nota escrita, y quizás por eso el periódico no publicó una aclaración, o yo lo he olvidado por salud mental.

Posteriormente, Cristiana Chamorro me contó que el periodista de La Prensa que cubrió esa misma actividad, Denis García Salinas --con quien estudiamos y trabajamos juntos-- también incurrió en no sé qué problemas durante esa cobertura. En esos días, a principios de los noventa, Denis y yo gozábamos de una reputación de excelentes periodistas de prensa escrita, pero nuestro desempeño en este caso, al parecer fue deficiente.

Esa experiencia me ha quedado como un morado en el ojo. El año pasado, investigando sobre la competitividad de los empresarios, solicité una entrevista con la directora del Centro Nicaragüense de Exportaciones e Importaciones (CEI), que es precisamente la víctima de mi error. La posibilidad de estar cara a cara con María Hurtado reabrió inmediatamente mi herida, no obstante, me propuse aprovechar esta circunstancia para cauterizarla hablando del tema con ella durante la entrevista, pero no me dio la cita. Espero que acepte mis tardías disculpas.


* Guillermo Cortés Domínguez es director de la revista sobre comunicaciones, Medios y Mensajes, que se edita en Managua, Nicaragua. Es colaborador de Sala de Prensa.


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