Sala de Prensa


31
Mayo 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La propiedad intelectual
en un entorno electrónico

Luis Fernando Ramos Simón *

I.

La propiedad intelectual es uno de los asuntos más cruciales en el desarrollo de la edición electrónica. La implantación de las nuevas tecnologías de información va a exigir un cambio en las condiciones económicas y jurídicas apropiadas para la difusión de información porque la edición electrónica separa la información de su soporte material. La naturaleza intelectual e inmaterial de la información tiene en un entorno digital gran versatilidad; por ejemplo, confinada en una red abierta, socava los cimientos sobre los que se asientan los derechos económicos y morales de la propiedad intelectual: el control de la distribución de ejemplares, la representación de las obras, el reconocimiento de la autoria, la modificación de las tesis esenciales de la obra sin ni siquiera el conocimiento del autor, etc.

Quizás por esa razón, los editores de publicaciones científicas han configurado esa versatilidad según su punto de vista. Prefieren que los nuevos documentos no estén regulados por contratos de compraventa, como los libros, o de suministro, como en las suscripciones tradicionales, sino mediante contratos de licencia de utilización de información. De este modo, el documento deja de ser poseído por la biblioteca que lo conserva o presta a sus usuarios sino que se convierte en depositaria temporal sujeta a un régimen de explotación negociada. Esas licencias se otorgan para un documento dado en un sitio dado. De este modo, la remuneración tiene lugar en el momento de la entrega del documento o por abono en el caso de las redes locales; siempre en función del numero de usuarios, de los puestos de trabajo o de los accesos simultáneos. Este nuevo modo de economía de la información se distancia así de la tradicional aplicada a los libros y revistas y se asemeja a la de las bases de datos. De este modo, una biblioteca o unidad de información va a tener poco interés en conservar recursos de información que no va a poder utilizar sin permiso de los autores o de sus derechohabientes hasta pasados unos cien años, cuando entren en el dominio público, y, muy probablemente, tenga interés para muy poca gente y sea muy costosa su conservación.

Esta hipótesis está lejos de ser teórica o catastrófica. La propuesta de directiva relativa a la armonización de determinados aspectos de los derechos de autor y derechos afines en la sociedad de la información (COM [97] 0628 – C4-0079/98 – 97/0359 [COD]), tramitada por el Parlamento Europeo en febrero de 1999 (DOCE C150, 28-5-1999) contempla la incorporación a las legislaciones nacionales de los países miembros, lo que está provocando duras criticas por parte de las asociaciones que defienden los derechos de los profesionales de la información. Para el seguimiento de este debate sobre la citada propuesta de directiva, se puede consultar (en español) la dirección de Internet http://www.upf.es/bib/pagines/ecup.htm.

II. La información como producto

Por otra parte, la producción de información, en el amplio sentido de elaboración, tratamiento y difusión de información, no puede ser tratada siempre como un acto de creación de información, base sobre la que se asienta el derecho de propiedad intelectual, porque la información es, por un lado, substrato de conocimiento y, por otro, un recurso económico fundamental en la sociedad de la información. Por ambas razones, el monopolio de explotación económica que otorga el derecho de propiedad intelectual no puede dejarse exclusivamente a la conveniencia de una persona o grupo, que puede privar o establecer condiciones abusivas para el acceso a ese recurso cultural o económico, con gran potencial para generar desigualdad social en ambos casos. En su concepción actual, la información como recurso económico recibe tratamiento ya indefendible para los demás recursos, subordinados en todas las constituciones modernas al interés general.

En particular, en el ámbito de las instituciones científicas y académicas toda la producción realizada no puede ser objeto de trabas a causa de los posibles derechos económicos que pueden invocar el o los autores y sus editores. En una economía basada en la información y el conocimiento, el saber no es el producto de una actividad individual sino el fruto de cuantiosas inversiones que se inician en el sistema educativo estatal y se extienden hasta los departamentos de investigación y desarrollo de las instituciones científicas y empresariales, muchas veces en ámbitos supranacionales. Por lo tanto, es urgente investigar cómo se comporta el saber como recurso económico, como demanda Peter Drucker en el libro La sociedad poscapitalista (Barcelona: Apóstrofe, 1993, p.183 y ss), y establecer mecanismos que hagan compatibles su aprovechamiento social con la retribución a los legítimos titulares de ese saber.

Un paso en ese sentido puede consistir en separar los procesos de producción de información de los actos de creación de información. En la actualidad, goza de la misma protección un informe sobre la estimación de las ventas de automóviles para el siguiente semestre que una novela. El primero es, probablemente, el resultado de combinar varias estadísticas de ventas precedentes, estimaciones sobre consumo de distintos productos y previsiones macroeconómicas generales a los que se les aplican distintas técnicas predictivas residentes en un programa informático. Por el contrario, la escritura de un novela -aun cuando podamos encontrar algunas situaciones intermedias, y ahí está el problema- evoca situaciones únicas y verdaderamente originales. Mientras que en un caso cualquiera que haga el estudio de mercado llegará al mismo resultado, en el acto creativo cada autor dará un tratamiento distinto, por muchas personas que aborden el mismo asunto. En un caso las leyes del mercado son consustanciales al producto, pero las creaciones no pueden tratarse como mercancías.

III: Conclusión

En resumen, en estos primeros años que están configurando un nuevo modelo social basado en la información, la preponderancia social y económica que ha adquirido ésta ha generado grandes expectativas entre los usuarios de información y los titulares de los derechos. Como principio, el ejercicio de los derechos de propiedad intelectual en un contexto digital debe ser compatible con la función de difusión de información, sea con propósitos comerciales, estéticos o cualesquiera otros. Por otra parte, la introducción de las nuevas tecnologías de información que permite la rápida reproducción de las obras y disponer de gran cantidad de almacenamiento, fácil o y barato, debe ser puesta al servicio de todos. Para ello, los poderes públicos en ámbitos nacionales y supranacionales deben evitar la concentración y el control de la información en unas pocas manos... cosa que sucederá si, como nos tememos, el asunto se deja al libre juego del mercado.


* Luis Fernando Ramos Simón es director de la Escuela de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad Complutense de Madrid, España. Articulo publicado en DICIT - Publicación de la Universidad Nacional de Córdoba - Secretaría de Ciencia y Tecnología- Escuela de Ciencias de la Información- Vol. 2 Nº 11- Julio de 1999. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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