Sala de Prensa


31
Mayo 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los varones y su dios

Ursula Weiser *

"Cristina Sánchez, la primera y única mujer que ha tomado la alternativa, se retira de los ruedos", dice una cabeza perdida entre los diarios madrileños, una nota de importancia moderada a juicio de cualquier jefe de redacción, tan sólo una nota más que se suma a las que uno lee entre el despertar y la taza de café. Para los criterios de la mayoría de los medios de comunicación, en su lugar casi podría estar cualquier otro asunto, cualquier otro retiro: "Juan Pérez se retira del baloncesto... etcétera".

Mientras leía, la noticia adquirió para mí un significado distinto. Me preguntaba: ¿Qué opinarán otras mujeres de esto? Seguramente la mayoría no lee la sección de deportes, pensé. De pronto, de aquél encabezado se desdoblaron otras fatales cabezas de periódicos perdidos en el tiempo: "Sor Juana Inés se arrepintió de todo lo que escribió, y descubrió en último momento que su vocación era ser la Susanita del Siglo de Oro español, revela su diario íntimo"; "Madame Curie no descubrió la radioactividad, sino sólo el barniz de uñas"; "Despiden a la única mujer que tocaba en la filarmónica de Berlín: `Desafinaba continuamente', afirman sus compañeros de atril"... y así, sucesivamente, hasta que aquel movimiento feminista de los años sesenta se desdibujó en un bla... bla... bla, cuando descubrí que algunas de sus dirigentes terminaron golpeadas por sus maridos.

La matadora de 27 años de edad, quien retó al universo masculino por antonomasia que representa la tauromaquia, anunció en conferencia de prensa su retiro prematuro (con tan sólo dos temporadas), porque sus colegas se niegan a compartir cartél con ella.

Cristina Sánchez se quedó a unos instantes de salir por la puerta grande de Las Ventas, en la Feria de San Isidro del año pasado. "Quizá Dios, que también es hombre, le mandó las tres cornadas que se lo impidieron", me dijo una amiga entre la risa y el resentimiento.

Ante todo, la discusión no está en si nos gusta o no lo que hace Cristina, si nos parece quizá grotesco, si es buena, si su peor defecto está a la hora de matar al toro, si disfrutamos o no de la fiesta brava, si los ecologistas tienen o no razón en que es una barbarie injustificada o si la tienen los artistas e intelectuales que defienden "la plasticidad" del toreo: una mujer se ha rendido ante el más absoluto de los silencios de sus congéneres.

Qué lejano parece aquel día de mayo de 1996 en que Cristina tomó la alternativa en Nimes, Francia, de manos de Curro Romero, quien aquella tarde le dijo que si bien el toreo consiste en acariciar, ella sabría hacerlo mejor que cualquier hombre. Hoy Cristina admite: "El mundo del toro está hecho por y para el hombre, pero me queda el orgullo de haber hecho historia." Quizá no sólo en el mundo del toreo, querida.

Cristina se convierte entonces en un último suspiro solitario, perdido en el maremágnum de declaraciones. Las mujeres seguimos sin atender a lo que nos pasa como subconjunto de la sociedad. Allí prevalecen inquebrantables, a pesar de cualquier esfuerzo, las líneas estereotípicas que rigen la conducta humana.

Es una lástima que no podamos ser tan pragmáticas como Berit Ass, ex lideresa del Partido Demócrata Socialista de Noruega, quien mientras ocupó una curul en el parlamento se quejó de tener que soportar adulaciones impertinentes por parte de sus colegas parlamentarios cuando trataba de discutir algún asunto referente a la política: "En algunas ocasiones, saltaba por ahí algún caballero con expresiones como: `Trae un vestido muy bonito hoy, Berit'. Ante tal situación, mi técnica de contraataque ha sido emplear el mismo método --relató en ese entonces--. Al día siguiente, y cuando aquel caballero trata de plantear alguna propuesta de ley, intervengo repentinamente y le digo: `Trae una corbata muy bonita', o `su pelo luce más brillante que nunca, ¿qué se ha puesto?'".

¿Qué pasaría por la cabeza de Cristina al leer en las crónicas taurinas que la gente la vitoreaba en las plazas solamente por su atractivo físico y no porque desarrollara una buena faena? Hemos perdido además el derecho de ser mediocres, de ir pasando por la vida así nomás como cualquier hombre.

Ciertamente el pragmatismo de Ass no es infalible ante cualquier situación, muchas veces pagar con la misma moneda resulta contraproducente.Sólo se invierten los papeles, pero la relación dominante-dominado continúa. El error, pienso, quizá está en que nos hemos entretenido creyendo que en efecto el hombre es el enemigo a vencer.

Cristina ha decidido, a pesar de todo, partir con la frente en alto, y al final de esta temporada torear algunas corridas más: "He salido por las puertas grandes de Madrid, Sevilla y la Plaza México, y eso, que es una página de oro en el toreo, va a quedar ahí, aunque de momento parezca que se ha hundido el barco y que todo lo que he hecho quedará bajo las aguas".


* Ursula Weiser es periodista free lance; publica en Proceso y Triple Jornada, donde apareció este artículo en julio de 1999, que se reproduce con la autorización expresa de su autora. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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