Sala de Prensa


31
Mayo 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Los desafíos de la comunicación de género

Sara Lovera *

En el siglo XXI se consolidará la gran revolución que marcó al siglo XX: la de las comunicaciones y su complejidad.

El panorama es basto y profundo. La comunicación ha recibido nuevos y variados epítetos. Del cuarto poder con que se calificó a la prensa hemos pasado a la convicción de que entramos en la sociedad mediática.

Internet y el correo electrónico se han convertido en instrumentos básicos de todos los actos de comunicación en todo el globo terráqueo. ¿Quién los tiene?, ¿cómo se manejan?, ¿a dónde llegan?, ¿cuál es su influencia real?, son preguntas que se hacen especialistas en todo el mundo. Nadie conoce respuestas precisas. Lo que sí se sabe es que sus mensajes y contenidos influyen en la construcción de la humanidad.

México no vive en una isla. Los impactos de esta silenciosa y profunda revolución son del todo diversos y desconocidos. Un mensaje hoy puede "atravesar longitudinalmente todas las esferas de la vida" y sus impactos serán imperceptibles al lego en el asunto y pueden -se dice- determinar perfiles humanos y poner a debate la cultura; revoluciona ya, en todo el globo, el proceso de transculturación.

La comunicación es un todo inmenso, difícil de desenredar y mirar. En este mundo, el periodismo es una vía trascendente para conseguir actos de comunicación. Se puede realizar en cualquiera de los nuevos ámbitos, desde el portal postmoderno hasta la todavía la pequeña radiodifusora con bobinas y una cinta elemental. Se hace con el impreso producto de maquinarias sofisticadas y manejadas con sistemas electrónicos avanzados, hasta en la vieja prensa plana del diario de una pequeña población mexicana.

Según Gómis, el periodismo puede considerarse un método de interpretación sucesiva de la realidad social. Quién lo ejerce como profesión u oficio lo sabe. Es -dicen sus más febriles militantes- una pasión milenaria y forma parte de la vida. El periodismo también puede ser uno más de los espejismos con que se teje la realidad. Curiosamente, definir qué es periodismo no genera debates de alcance o ambición científica. Se da por supuesto que se sabe qué es periodismo. Se describen sus actividades y, con frecuencia, sus hábitos.

En la actividad en sí, en la vida diaria, la ruleta del poder ha producido diversas clases sociales dentro del ejercicio profesional: editores, que detentan la propiedad de los medios, y periodistas, que llevan a cabo la recopilación de hechos y datos. Dos puntas de un mismo lazo. Pero también existen lectores y espectadores, que toman de éste conocimientos, verdades y expectativas; quienes buscan entretenimiento y ficción. El contenido varía, se bifurca y puede tener un mayor o menor impacto en la vida de cada individuo.

Se habla de la opinión pública. ¿Qué es la opinión pública? No hay lugar alguno donde se halle dicha definición. Lo cierto es que el periodismo es el instrumento que crea y recrea la historia cotidiana, que refleja o distorsiona la realidad más inmediata, y promueve opinión, puntos de vista. Al definirse como cuarto poder se le reconoció su capacidad de influencia sobre el acontecer cotidiano. Hoy día se habla de que esa opinión participa directa o indirectamente en el desarrollo y aplicación de políticas públicas.

Pero, sin duda, el periodismo es la caja de resonancia de todos los poderes y de éste se sirven principalmente los poderosos. Sabemos, también, que puede convertirse en un instrumento para la democratización de las sociedades, porque se trata de un servicio público. En México, el derecho a la información está inscrito en la Constitución. O sea, la información y la libre expresión de las ideas son un derecho humano intransferible e irrenunciable.

Así, podría decirse que el periodismo es un fenómeno de interpretación, un método para interpretar periódicamente la realidad social del entorno humano. Esta interpretación no se da de una vez y para siempre. Es sucesiva: empieza y termina en cada edición. No puede ser completa y hasta pretende no serlo. La función principal de la interpretación (Wright, 1980) es cuidar consecuencias indeseables de la comunicación masiva de noticias. Su espacio debiera conducir a la reflexión.

De esa función le viene el poder. Hoy día en México, de la mano de este proceso profundo que se llama transición a la democracia, el periodismo (impreso, radiado, televisivo o vitural) vive momentos de redefinición trasendente.

Según Oscar Edmundo Palma (revista Equis, julio 1999), la prensa estará cumpliendo 502 años de existencia. El periodismo, en cambio, nació con la práctica social de la humanidad. Parece así consustancial a todo lo humano. El primer periódico de que se tenga memoria es el mural Acta Divina, creado durante el imperio romano, hace 2 mil 60 años y así se forjó la información social que comenzó a tener un carácter abierto y concreto al nacer la imprenta en 1445. Ahora en la era de la alta tecnología de la información hemos saltando de Gutenberg a Bill Gates.

El panorama es riquísimo. En América Latina -según el mismo autor- se editan más de 900 diarios, con un tiraje total que no sobrepasa los 10 millones de ejemplares. En México existen 311 diarios registrados y nuestro país ocupa el primer lugar en el subcontinente latinoamericano en número de diarios. Tenemos la tercera posición mundial en el mismo sentido. Sólo en el Distrito Federal se editan 30 periódicos, todos los días. Así, en pocas palabras, está el panorama.

Hay que considerar que las noticias corren por todos los otros medios en forma automática e instantánea. México tenía en 1998 más de mil 155 radioemisoras y televisoras de servicio público, según la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión, y el público potencial puede significar al 70 por ciento de la población, aproximadamente 71 millones de personas. Existen cuatro agencias de noticias que llegan a decenas de diarios y radioemisoras (Notimex, la agencia de El Universal, Infosel y Lemus).

Un capítulo a parte significaría hablar de cómo se ha popularizado la información horizontal a través de Internet. Todos los días conocemos de uno nuevo, una revista, un periódico virtual, una nueva cadena o red.

Los dueños o editores son inmensamente variados, existen fuertes monopolios, al lado de propuestas y recomposiciones de capital en en línea. Los productos televisivos ofrecen al teleespectador todas las opciones y parece claro que el mercado está dividido entre dos grandes productoras de televisión y algunas de cable; las repetidoras de poderosas cadenas mundiales como CNN tienen su preferencia y son inmensos hoy día los negocios de la comunicación. La Agencia Latinoamericana de Información (ALAI) asegura que en este campo cada 30 días se duplica la inversión y la ganancia.

Lo que unifica a los medios hoy día es que tienen uniformada la interpretación de la realidad. Una abre cualquier portal y en cada uno haya horóscopos y noticias de espectáculos, asuntos vanales o deportivos. Cadía hay más espacios sólo para comprar y vender. Los dueños están definiendo el gusto y el traslado de conocimiento a millones de personas, con frecuencia de distinto origen cultural. La inmensa mayoría pueden definirse como correas de transmisión de lo que los centros del poder y el comercio quieren difundir. Su estructura globalizada asegura mercados y respuestas culturales según sus intereses particulares.

La situación se es más compleja si consideramos que no existe un marco legal claro y definido de cómo deben funcionar los medios de comunicación de masas en México, lo que da a dueños, editores y concesionarios de los medios una libertad sin límite. Es absurdo que existan al menos cuatro ordenamientos legales, de distintas épocas, fuera de la realidad y que no responden a las necesidades y actitudes de la población, que están fuera del contexto político. El colmo es que hace 25 años que se discute la reglamentación del Derecho a la Información, y nadie está dispuesto a tomar en serio hacerlo.

Ese panorama puede considerarse legítimamente como uno del poder patriarcal de todas nuestras sociedades, donde las nuevas propuestas o pensamientos no tienen espacio para actuar. Así, los medios en México van a la zaga de los cambios sociales y no existe ninguna instancia que los vigile o les exija responder a la sociedad.

¿Y las mujeres qué?

El inmenso panorama de los medios, sus canales noticiosos e informativos produce -como afirma Regina Festa- una especie de mareo. Es tan grande el espacio como pequeño lo que se pueda hacer. Una teoría que hemos ensayado las mujeres de cara a esta realidad es desarrollar estrategias que realmente incidan en el cambio de contenidos del mensaje de los medios. Dejar de hacer lo alternativo en espacios marginales, para realmente incidir en los cambios.

Sin embargo, podría asegurarse que ninguna empresa alternativa o marginal podría intentar contribuir al cambio cultural desde la perspectiva de las mujeres, considerando que los medios son poca cosa. Saber que existe este inmenso espacio, ese mosaico, tendría que simbrarnos hasta las entrañas si lo que queremos es ofrecer alternativas de vida, distintas a lo que culturalmente se ha edificado en los últimos 4 mil años.

La crítica feminista ha llenado miles de cuartillas explicando cómo los medios -de la prensa menos tecnificada al portal más novedoso- ha distorsionado nuestra imagen, tomando de la realidad únicamente lo que es funcional a un sistema edificado por los varones. ¿Como nos ven? ¿Cómo nos proyectan?

Yo he escrito que la prensa ha jugado un papel político concreto, compartiendo el devenir histórico del país, desde la formación de su estado independiente. La tarea de la prensa, como observadora y testigo de los acontecimientos, su capacidad crítica y su influencia, al entrar en el juego de intereses de los poderosos, la convirtió rápidamente en un instrumento de mediación simbólica entre el Estado y la sociedad, de ahí el calificativo de cuarto poder.

He dicho igualmente que es un instrumento de propaganda, capaz de manipular, omitir, desformar y al mismo tiempo orientar a la (difusa y confusa) opinión pública. Lo cierto es que la prensa interviene, circula ideas, verdades y puntos de vista sobre el acontecer social, en forma creciente e instantánea.

La prensa se convirtió, al consolidarse el Estado Revolucionario del siglo XX, en un instrumento de ese Estado y sus intereses. Se incluyó dentro del grupo gobernante, como un poder adicional del sistema. No podemos determinar en qué momento prensa y poder en México se convirtieron en lo mismo.

Pero el sistema fue alterado en los años 60, momento que se identifica en México como el que marcó un quiebre político trascendente, que muchos especialistas consideran como el momento en que se inició en nuestro país la transición democrática. Esta situación también impactó a la prensa, aunque sus cambios han sido mucho más lentos que los ocurridos en la sociedad. Aparecieron nuevas prouestas, como es el caso del diario El Día, que nació en 1964, como resultado de una conferencia de los comunistas. No obstante la prensa todavía es una aliada eficiente y funcional de los intereses y necesidades del poder gubernamental.

La prensa ha sido un espacio que puede utilizarse para distintos fines. Es a un tiempo el soporte del Estado instituido y una fuente de poder y presión frente a ese Estado. Su maravillosa contradicción abre espacios y posibilita, con una buena estrategia, abrir endiduras para la expresión de una sociedad cada vez más consciente de sus derechos. Esto lo han considerado muy distintos grupos, incluidos los de la apuesta feminista (no con la permanencia y hondura suficientes, pero con gran creatividad, como veremos más adelante).

Los tirajes de medios impresos, como hemos visto, son millonarios. Se calculan en casi 5 millones al año en México. La edición de revistas, impresos especializados y de análisis político rebasan toda imaginación. Hay medios de influencia regional y de circulación variada, existen pueblerinos y de grupo, especializados y abiertos.

A ello, como decía más arriba, se suma la distribución de informaciones por las agencias de noticias; hay toda clase de medios y empiezan a ser de la mayor importancia los productos informativos, a través de la tecnología de punta. El desafío es cómo romper el monopolio de enfoque, siempre distorsionador de la imagen de las mujeres.

En los últimos 30 años la presencia femenina en la factura informativa ha ido creciendo geométricamente. Existen diarios, revistas, estaciones de radio donde las mujeres pueden llegar a constituir hasta más del 50 por ciento del personal.

Nada de ello, sin embargo, ha significado todavía un cambio fundamental en el contenido y enfoque de las informaciones. Este es el gran reto del siglo XXI.

Lo simbólico y lo real

No podemos negar que en los últimos años han sucedido importantes cambios en la sociedad mexicana y en la vida concreta de hombres y mujeres en el mundo. Estos cambios han originado nuevos entretejidos en la vida de relación y las mujeres -como género- hemos ido tomando otros lugares, haceres y propuestas en la sociedad, que no son reflejados y con frecuencia son fustigados por amplios sectores de la sociedad y también por los medios.

Paralelamente a estos cambios ocurridos en la vida simbólica y material de hombres y mujeres existen nuevos análisis de esta realidad que obligan a considerar que el desarrollo desigual de las distintas prácticas sociales constituyen y construyen otras formas de subordinación-liberación, frecuentemente marginalizadas en los medios. Ya no es posible entonces ver la opresión de las mujeres como una categoría preconstuida e inamovible o universal.

En el mundo de las reivindicaciones políticas de las mujeres, las luchas por la igualdad de los salarios y de las funciones, por el acceso al poder en las instituciones sociales a igual título que los hombres, o bien en la diferencia, son hechos a considerar en la visión preconcebida de cómo somos las mujeres. Es urgente reconocer que somos distintas a lo que éramos a principios de siglo, aun cuando en importantes segmentos de la población las mujeres y también los hombres, mantengan imaginarios culturales tradicionales. Existe una idea muy generalizada de que millones de mujeres están rechazando los atributos tradicionalmente considerados como femeninos o maternos. Eso no es del todo cierto. Pero el nuevo imaginario existe, aunque al ser invisibilizado por los medios los cambios de fondo son lentos y desiguales.

Para acercarnos a lo que sucede en los medios es necesario tomar en cuenta estos cambios ocurridos en muchos territorios, tanto como la intervención de más y más mujeres en los procesos de transformación social, como en aquellas que conscientemente trabajan para el cambio de su realidad. Entonces es evidente que urge insertar una nueva estrategia. En ese sentido la crítica feminista a los medios empieza a tomar en cuenta diversos factores: uno importante es, sin duda, que a pesar de todo, persiste en la sociedad un sistema sexo/género activo, que debemos destruir. Tanto como dilusidar sobre el significado del voto femenino en la elección de Vicente Fox (julio del 2000), para ubicar con claridad el imaginario femenino respecto del cambio político y la alternacia en el poder.

Estudiar el imaginario, explorar hasta dónde se mantiene como invariable la estructura donde la femineidad se ve subordinada a la masculinidad, es otro de los grandes desafíos y puede dar pautas a un periodismo moderno, incluyente, con nuevos temas y motivos de investigación. Reconocer los cambios en los papeles de los hombres y las mujeres se convierte así en un referente básico en la tarea periodística.

También habría que develar esos cambios y estudiarlos, saber cuándo y cómo operan en los contenidos y mensajes de los medios. Una podría afirmar que a pesar de la reticencia de editores y concesionarios hay pequeños cambios en el orden simbólico: un ejemplo es el discurso de las telenovelas, que ven como común a una mujer divorciada o emprendedora, pero que siguen proyectando, y así afirmando, algunas conductas y actitudes tradicionales. Esto nos hace afirmar que dichos cambios, algunos trascendentes en la vida real, no se articulan automáticamente al discurso de los medios.

Camino lleno de espinas

Al final del siglo XX existen algunas certezas: los medios de comunicación predominantes constituyen un instrumento para propagar el paradigma del desarrollo patriarcal, el del poder; son una herramienta para fortalecer el estado actual de cosas, así como la estructura controlada desde las cúpulas decisorias, muchas de ellas fuera de la realidad y el control nacional.

Los medios -de la prensa escrita a Internet- podrían ser también un instrumento para aumentar las disparidades y convertir a los pueblos y a sus mujeres en consumidores contumaces tanto de bienes como de ideologías.

Kamla Bhasin, socióloga feminsita, al analizar qué significan los medios para la población del sur del mundo, afirma que la entrada de las transnacionales mediáticas consiguió hacer ventas masivas, sólo al tronar de un clic, y al mismo tiempo trasladan -sin control nacional- los discursos internacionales del poder global.

Otra certeza es que muchas de nosotras pensamos que ya es tiempo de analizar los medios, desde la crítica feminista, no sólo como instrumentos de poder y control, sino como probables instrumentos para el cambio.

Es claro además que los cambios en el contenido y mensaje de los medios está ligado al cambio en los escenarios económico y políticos globales. Ahí, en ese análisis, las mujeres estamos obligadas a encontrar sus contradicciones y usar los caminos que esas contradicciones ofrecen a nuestros intereses. Si el extremo peligroso es que se eternizará el modelo explotador, el libre mercado y la afirmación de sociedades excluyentes, el otro es el de la democracia. El tema es cómo encontrar el hilo conductor a nuestro favor y eso depende de quién y cómo intervenga en el proceso de producción de los medios. De ahí la importancia de insertarnos en las nuevas tecnologías y el conocimiento del lenguaje de los medios.

Niestros saberes están ahí. Es tiempo entonces de elaborar, como decía antes, una nueva estrategia para nuevos medios. Tenemos que analizar el significado de la globalidad, de la manera como operan los monopolios, de la existencia de acuerdos internacionales, de la defensa y promoción de los derechos a la información y la libre expresión. De la urgencia de incluir con profundidad temas, análisis, informaciones de esa realidad social que denota diversidad, propuestas, agendas de promoción para las mujeres, y, por supuesto, del uso y manejo de las nuevas tecnologías. Ello ayudará a despejar el miedo que paraliza, con la idea de que la globalización nos subsume.

Hagamos algo en contrario

Existe una corriente feminista que también quiere hacer un uso instrumental de los medios. Una corriente que se cree con poder, para usar esos instrumentos en favor de sus ideas o imágenes personales. Lo grave es que los medios están controlados por grandes consorcios de nuevo cuño. Un ejemplo lo son los convenios de la gran empresa de Bill Gates y las transnacionales telefónicas como ATT. La justificación es su uso a través del diálogo con los grandes medios. Lo que hace falta es saber si esta estrategia podría ser real.

Lo que aquí trato de decir es que el panorama, como nunca antes, se presenta escindido, precisamente por la gran competencia entre los consorcios comunicacionales. La revisión de haceres que plantea Ana Ma. Portugal nos podría dar algunas claves. ¿Se pueden hacer hoy pactos, alianzas, discusiones, diálogos, con los dueños de los grandes medios, a partir de la agenda de las mujeres?

El desafío es identificar esas posibilidades. No podemos negar que existe un halo de esperanza. Los cambios ocurridos entre las cúpulas controladoras del poder y de los medios han generado, lentamente, esta posibilidad.

Es verdad que se ha producido otra cultura a lo largo de los dos últimos siglos. Frecuentemente los medios han captado algunos de estos cambios. La cultura feminista subyase en muchas de las protestas ciudadanas, algunas de las cuales hoy traspasan el umbral de los medios. Hablar de tolerancia, no violencia, derechos humanos, política incluyente, es también hablar el lenguaje aprendido en el movimiento feminista.

La doctora Marcela Lagarde nos ha hecho reflexionar, por ejemplo, sobre lo que significó la escritura para las mujeres. Sin la escritura y sin la imprenta, jamás hubiéramos conocido el pensamiento de nuestras ancestras. Tampoco conoceríamos la historia de sus luchas. Sin el feminismo investigador tampoco. Entonces ¿qué hacer?

Frente a este inmenso entramado y desafío que son los medios, nuestra esperanza tendrá que fundarse en lo que tenemos y en cómo en cada época hemos roto el silencio.

Y así se rompe el silencio

La globalización que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación abren nuevos caminos y ofrecen oportunidades para hacer visible la condición de las mujeres en dimensiones diferentes. Es posible que haya una nueva lectura sobre nuestra condición; hemos puesto bases suficientes. Lo que todavía es incierto es si el movimiento de mujeres o feminista lo sabe.

Si bien la crítica feminista puso un foco rojo ahí donde se nos ha representado con espejos distorsionados, ha sido posible, contradictoriamente, crear una cultura feminista, realmente existente. Hemos rescatado la experiencia personal y colectiva de las mujeres "que han pintado el mundo y sus vidas como vitrales coloridos". Es decir, esta cultura se ha desarrollado y difundido; ha sido construida a través de la escritura y de la experiencia de las mujeres. Hoy esos pensamientos surgidos de la reflexión en pequeños grupos, develados en libros, espacios académicos y grupos sociales, podría asaltar los medios de comunicación de masas.

De la misma manera como tomó la palabra Sor Juana, como lo hicieron las Violentas del Anahuác, las feministas de los años 70 decidieron crear sus propios medios, con resultados alentadores. Pero eso ya no es suficiente. Al final del siglo, las periodistas cibernéticas empezaron a hacer su parte.

En los años 70 balbuceaba la globalización y nos parecía distante un mundo revolucionado y globalizado de los medios de comunicación. Nuestros contenidos subversivos y transgresores, la crítica a las instituciones patriarcales, dio lugar a la creación de un lenguaje ideologizado y altisonante, frecuentemente acompañado de la diatriba y la descalificación al mundo de los hombres. Entonces sabíamos que eso era un hecho mediático. Así impactamos, irrumpimos las buenas conciencias, nos fotografiaron y televisaron. Fuimos realmente existentes.

Muy rápido nos expulsaron de los medios; habíamos dejado de ser noticia. Hicimos entonces los nuestros. De estas experiencias, en México surgió Foro de la Mujer, en Radio UNAM; la Barra de Mujeres en Canal 13; la Causa de las Mujeres, en Radio Educación, y la ya legendaria revista Fem.

Creamos cadenas de comunicación personal, telarañas infinitas. Difundimos la polémica feminista en la revista Siempre¡ y empezamos a nombrar los derechos silenciados.

En los primeros años de la década de los 80 algunas feministas escribían en los diarios El Universal, Excélsior y unomásuno. Surgieron iniciativas como el colectivo Cine Mujer y se empezó a crear una lengua nueva.

Cientos de folletos, cuadernos de reflexión, análisis y testimonios, circularon profusamente. Siguen circulando. Es decir, habíamos utilizado ampliamente la escritura y lentamente la imagen. En esos años ya era una revolución el fax. La comunicación crecía.

Nuestros medios llegaron a miles de mujeres. Pero el hoy es más desafiante. En esa medida, en la que nuestra palabra fue colectivizándose, surgieron nuevos grupos de mujeres y múltiples conocimientos. Nacieron así muchos y variados programas de radio en emisoras universitarias y culturales.

Mientras tanto en los periódicos, en las redacciones de noticiarios y en el manejo tecnológico de los medios de comunicación de masas, todo era crecimiento y cambio. Sin que ello fuera percibido por la sociedad, se reformulaban los monopolios y se popularizaba o socializaba su avance tecnológico. Las computadoras invadieron las redacciones de los diarios, se multiplicaron los noticiarios radiales, antes inexistentes: balbuceaba lo que se conoce hoy como radio hablado y de discusión pública, micrófonos abiertos e intervención ciudadana. Miles de mujeres ingresaron como trabajadoras de esos medios.

A finales de la década de los 80 apareció la protesta civil. Muchas mujeres contribuyeron en ello. Pero los medios, esos, los grandes, estaban otra vez ausentes del movimiento como tal. Nosotras, primero expulsadas, nos habíamos marginado, y durante un largo periodo también estuvimos desligadas de esos medios.

Así sucedió la revolución alterna. Frente al control tradicional de sólo varones en los medios, la llegada masiva de mujeres a distintos espacios de los medios alteraba todo el entramado. Ellas, nosotras, ocupamos todas las actividades, desde la reporteril y de locución, hasta la de producción, programación, editorial, de contenidos y de reflexión. Incluso de dirección.

Sin embargo en este tramo no hubo un cambio significativo en los contenidos de los mensajes mediáticos. Como en otras esferas del hacer público, las mujeres de medios repitieron las formas de hacer y jerarquizar las noticias. En la práctica, los medios seguían ocultando nuestras propuestas. Se mantuvo el modo de hacer periodismo con visión patriarcal. La llegada masiva y creciente de mujeres a los medios se convirtió en una quimera. No había -no existe aún- una relación entre éstas, las mujeres de los medios, y las otras, las mujeres de nuevo lenguaje y aprendizaje, las libertarias. Los medios incluso fueron fuente de crítica negativa a las propuestas y al trabajo de las mujeres feministas.

Esta también fue la época en que surgieron y se masificaron en la televisión las telenovelas, llegó a un millón semanal el tiraje de las revistas femeninas y empezó a aparecer una nueva imagen: la de la mujer moderna. ¿Quién no recuerda el éxito de la revista Cosmopolitan y a la Chica Cosmos? Una idealización consumista de la doble jornada femenina y el nuevo mandato fue convertirnos en la mujer perfecta. Esta imagen sigue congelada en la conciencia de miles de mujeres.

Algunos intentos

A pesar de este inmenso divorcio entre las ideas del naciente movimiento feminista y el amplio de mujeres y los medios de comunicación de masas, hubo importantes experiencias nacionales e internacionales. En los años 80 la revista Fem, de información y reflexión feminista, que daba testimonio del pujante movimiento de las mujeres, se propuso circular dentro del diario unomásuno para llegar a ámbitos distintos a los de las iniciadas o activistas; se produjo en Canal 13 el programa "A brazo partido", surgió "La causa de las mujeres" en Radio Educación, apareció la página de "La mujer en el mundo" en el diario El Día, aún vigente.

Los contenidos de estos espacios comunicacionales intentaban testimoniar el cambio que operaba en las mujeres, sus reflexiones, sus propuestas y sus luchas, que eran muchas; también difundían la reflexión feminista y daban cuenta de las primeras iniciativas en la academia; testimoniaron los deseos y sufrimientos de las mujeres.

En lo internacional ya funcionaba la agencia de noticias "Servicio Especial de la Mujer IPS" y el proyecto de la otra agencia latinoamericana, "fempress", que daba cuenta de los sucesos más importantes en la región con una perspectiva feminista. Eran agencias especializadas en reflejar a esta otra mujer que nacía en la sociedad mundial, una que iba convirtiéndose en sujeto político y construía una nueva ciudadanía.

Sin embargo, estas experiencias hasta finales de los años 80 tampoco impactaron en forma importante el contenido e informaciones de los grandes medios.

En el movimiento feminista y amplio de mujeres persistía una postura marginal y contraria a intervenir los medios.

El gran cambio

Ana María Amado da cuenta de cómo la crítica y el hacer feministas no habían tomado como un aspecto fundamental para su intervención en la sociedad a los medios de comunicación de masas, a la gran prensa. Las periodistas habían hecho lo suyo; según ella, ya entonces la aparición y desarrollo de la comunicación alternativa, no marginal, que había aparecido a partir de los años 80. Es decir, no obstante el divorcio, en los 90 se identificaron cientos de mujeres periodistas en todo el mundo realizando esfuerzos descomunales pero aislados para difundir imágenes más realistas y objetivas de la mujer actual.

En México dos hechos marcaron este cambio. El primero es la aparición del suplemento mensual feminista dobleJornada dentro de la edición normal del diario La Jornada que nació en marzo de 1987 y murió en 1998, pero del cuál surgió su segunda época con Triple Jornada.

Este suplemento se propuso dar cuenta de la condición social de las mujeres, con una apuesta periodística profesional usando las reglas del juego de la comunicación comercial. Escribir reportajes y reflexiones para el gran público, cuyas formas de presentación fueran muy semejantes a los confeccionados por el poder, pero con contenidos distintos. Este suplemento pudo competir con la información periodística nacional y colocarse durante mas de once años en la preferencia de muchos lectores y lectoras. Sin embargo su influencia real fue limitada.

Uno de sus principales desafíos fue encontrar el equilibrio entre el lenguaje tradicional y las claves feministas de la información, los textos reflexivos y la divulgación feminista. Cómo informar, qué informar, hasta dónde introducir el lenguaje críptico de la secrecía feminista o cómo cambiarlo, fue tema permanente de preocupación para el grupo editor.

El otro hecho importante ha sido el proceso de cambio en el movimiento y las propuestas de los organismos internacionales -tanto de las fundaciones privadas como de Naciones Unidas- para intervenir los grandes medios. Temas como los de derechos de las humanas; la salud reproductiva; las experiencias de vida y grupales, así como las propuestas elaboradas en los terrenos nacional e internacional, para el avance de la mujer, han sido detonantes para el futuro. Aunque no han conseguido suficientes espacios, son palancas indiscutibles para el cambio.

Existe en estas preocupaciones y reconocimientos la convicción de que la mitad de la población sigue invisibilizada en los medios, que los mandatos internacionales no han pasado a la discusión de la opinión pública y hay dificultades para impulsar políticas públicas en favor del avance de la mujer.

Algunas nuevas estrategias se han puesto en boga. En ellas abreva el movimiento de mujeres y se han generado experiencias importantes: redes de comunicadoras y perfeccionamiento de algunas alternativas comunicacionales están a discusión; existe la preocupación por ensayar nuevos lenguajes y la creación de redes computacionales como herramienta para la circulación horizontal de las ideas. Todo ello se ha puesto en práctica.

El gran desafío

Pero estas experiencias no serán suficientes si las mujeres no se apropian de las nuevas tecnologías y no opera en los medios un proceso democratizador.

Una esperanza adicional en la complejidad del uso, tenencia y distribución de los mensajes progresistas y revolucionarios en los medios es sin duda el control del conocimiento y su divulgación, como divisas para la transformación social y el logro de la equidad y la justicia.

Los cambios culturales parecen urgentes e ingentes. El siglo XXI ha sido considerado como el siglo de las mujeres, frase figurativa que implica tomar de sus creaciones culturales, de sus claves vitales, de sus propuestas para reformar al mundo y de sus saberes acumulados como creación cultural universal en favor del desarrollo humano.

El desarrollo tecnológico de las comunicaciones ofrece una herramienta fundamental. Pero no será suficiente, si no existe la voluntad social e individual de todos y todas las seres humanas para transformar este mundo violento, injusto, inequitativo y desigual.

Desde distintos foros las mujeres hemos ido elaborando una agenda para el siglo XXI, hemos recorrido a través de dos siglos algunas estrategias y propuestas, hemos develado nuestra historia: "Durante las dos últimas décadas, los movimientos de mujeres y la investigación académica feminista han hecho evidente la posición subordinada de las mujeres, en la estructura, organización y programación de las industrias de la comunicación", lo que incluye el reconocimiento a la falta de participación y representación de éstas, de nosotras, en los medios tradicionales (por ejemplo, la falta de control de la mujer sobre los canales de comunicación), la permanencia de la visión sexista que se tiene sobre la mujer, su ausencia en los contenidos de la información noticiosa y su acceso desequilibrado a las nuevas tecnologías de la comunicación".

A pesar de que la participación femenina en la hechura de contenidos y mensajes en los medios alcanza ahora porcentajes inimiaginables, el cambio sigue siendo muy lento. El gran reto es encontrar las mejores vías para que se produzcan transformaciones profundas, tanto en el contenido, como en la democratización de los medios. La lucha es por la inclusión de una visión de género, incluyente, no sexista y democrática. La utopía es que estos deseos dejen de ser una quimera.

Habrá que elaborar un código de ética en los medios para que éstos recuperen su papel de servicio público; habrá que llamar a una nueva alianza a los trabajadores de los medios con la causa de la mujer y la suya propia; será necesario intervenir como sociedad civil, con la armadura de una nueva ciudadanía para propiciar estos cambios.

Esta apresurada e incompleta reflexión sobre los medios y sus contenido de género de cara al siglo XXI nos obligó a crear Comunicación e Información de la Mujer y a impulsar la Red Nacional de Periodistas.

Creemos que la alianza entre comunicadoras y comunicadores, con una propuesta de desarrollo humano y de revolución genérica, será capaz de acompañar los cambios que hoy operan en las conciencias de millones de personas, y será capaz de mediatizar los efectos más nefastos de la globalización del capitalismo salvaje, patriarcal y violento.

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Bibliografía consultada

-Michele Mattelart. "Mujeres, poder, medios: Aspectos de la crisis", en Mujer y medios de comunicación, Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, Mayo de 1994.

-Kamla Bhsin, socióloga hindú. Ponencia presentada en la conferencia Women Empowering Communication, Bankok, febrero de 1994.

- Marcela Lagarde. Feminismo, género y desarrollo humano. Ed. Horas y Horas. Madrid, España 1996.

-Marcela Lagarde. Cuadernos Feministas (presentación). mimeo. 17 de octubre de 1997.

-Sara Lovera Mujer, género y medios de comunicación. mimeo. CIMAC 1990.

- Viviana Erazo y Adriana Santa Cruz. Compromolitan. Ed. Universidad del Tercer Mundo, México, D.F., 1978.

-Ana María Amado, corresponsal de fempress, Argentina. "Estrategias para entrar a los medios masivos", en Mujer y comunicación, una alianza posible; Gloria Bonder, compiladora. Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC) y Centro de Estudios de la Mujer (CEM), Buenos Aires, Argentina, agosto de 1995.

- Pilar Riaño. "Ni pasivas ni silentes. Por todos los medios: Comunicación y género", en Ediciones de la Mujer, No. 23. Isis Internacional. Santiago de Chile, diciembre de 1996.

- Información basada en estudios preparados para la División de Estadísticas de la Secretaría de las Naciones Unidas. Departamento de Información Pública, abril de 1995.


* Sara Lovera es periodista. Secretaria ejecutiva de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC) y forma parte de la coordinación colegiada del Foro de Nacional Mujeres y Políticas de Población; de la Red Nacional de Periodistas, y es asesora en comunicación de organismos nacionales e internacionales. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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