Sala de Prensa


30
Abril 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El papel del periodismo de investigación
en la sociedad democrática
(II)

Darío Klein *

4. UNA VISION SISTÉMICA

Si bien la democracia necesita al periodismo de investigación, éste, a su vez, necesita a la democracia.

El periodismo de investigación colabora con la democratización de una sociedad, pero, al mismo tiempo, requiere que esa sociedad esté suficientemente democratizada como para permitir la existencia de periodismo de investigación.

Cuánto más democratizada esté la sociedad, más posibilidades existirán de desarrollar correctamente esta misión periodística, y cuánto más periodismo de investigación realicen los medios masivos, más incentivarán la democratización de la sociedad lo que, a la vez, puede permitir desarrollar un mejor, más eficiente y más libre periodismo de investigación.

El periodista de investigación sólo puede desarrollar su actividad hasta el final en una democracia. Pero aún en este sistema debe enfrentar importantes trabas y limitaciones que él mismo, con su tarea, puede ayudar a sortear y a solucionar.

No es necesario trasladarnos al escenario de una dictadura que, evidentemente, atenta contra la libertad de prensa y, por lo tanto, prácticamente imposibilita el periodismo de investigación (una práctica que dañaría la estabilidad del sistema dictatorial).

Pero en una democracia, los grados de libertad de prensa varían, al igual que los grados de transparencia oficial. Y, junto a ellos, también varía la profundidad y la facilidad o dificultad para realizar periodismo de investigación.

4.1. Condiciones para el desarrollo del periodismo de investigación.

De manera prescriptiva podemos decir que, para que el periodismo de investigación sea posible en un país democrático, es deseable la existencia de varias condiciones.

Que las empresas periodísticas:

  • estén dispuestas y en condiciones de apoyar empresarialmente esta actividad
  • destinen los recursos y le cedan el tiempo necesario a los reporteros
  • gocen de la suficiente independencia política y económica como para permitir una práctica periodística lo más libre posible

Y también que la ley y la puesta en práctica de la ley garanticen:

  • el libre acceso a registros públicos
  • protección a la práctica periodística y a la libertad de expresión
  • la protección al secreto profesional

Cuantos más elementos de estos estén presentes, más garantías y facilidades tendrá la práctica de investigación en los medios masivos y más cerca del grado de democratización ideal se encontrará el sistema.

Pero existe una diferencia sustancial entre lo deseable y lo posible, y es difícil encontrar todos esos elementos en estado puro.

4.2. Limitaciones para el desarrollo del periodismo de investigación

Uno de los principales obstáculos para que las condiciones ideales para el desarrollo del periodismo de investigación, y por tanto de la democracia, estén dadas, es el factor económico.

Como indica la profesora Quesada:

"la inmensa mayoría de los periódicos del mundo carecen de una independencia económica real que les permita librarse de todas las ataduras y compromisos" (Quesada, 1986, p. 90).

Esto implica, en primer lugar, que determinados grupos económicos o determinadas áreas de la sociedad (incluidas las empresas públicas que distribuyen publicidad oficial) puedan quedar fuera de la mirada inquisitiva del periodismo de investigación.

En estos casos, el medio reconoce que no puede prescindir de la publicidad de determinadas empresas y, por tanto, que no es capaz de llevar a cabo un proyecto que lo enfrente a esa fuente de ingresos y que represente un riesgo de perderla.

Refiriéndose al caso español, Rodríguez argumenta:

"hoy, pasados los fogosos momentos de la transición de los años setenta, ninguna empresa coherente osa publicar investigaciones sobre los grupos financieros de los que depende o de las empresas que se anuncian en sus medios" (Rodríguez, 1994, p. 37).

En segundo lugar, puede implicar que, sin considerar los beneficios económicos que puede producir el periodismo de investigación, el medio no esté dispuesto a invertir los recursos necesarios para desarrollarlo.

Sobre todo, que no esté dispuesto a apoyar el trabajo sin presiones y cierres diarios, a mediano o largo plazo, que requiere por definición el periodismo de investigación.

Otro de los obstáculos habituales para el correcto desarrollo del periodismo de investigación es la falta de transparencia en cuanto a los documentos o registros públicos.

En teoría, como dice Philip Meyer:

"la información sobre lo público ha de ser accesible de modo igualitario para todos los miembros del público" (Meyer, 1993, p. 292)

Esto, en Estados Unidos, "es sencillo de hacer con archivos de papel ante los que cualquiera puede presentarse a solicitarlos e inspeccionarlos" (ibid., p. 292).

"En 1989 un investigador contabilizó alrededor de 4,250 bases de datos disponibles en Estados Unidos, que eran accesible a través de 500 empresas de suministro de acceso simultáneo a diversas redes" (Meyer, 1993, p. 233).

Sin embargo, la transparencia pública que ofrece el sistema democrático estadounidense es tan paradigmática como poco común. En la mayoría de los países todavía persiste un celo excesivo por parte de las autoridades con respecto a la información, la documentación, las estadísticas, las bases de datos, la información sobre el financiamiento de las campañas políticas y los registros públicos en general.

En Estados Unidos existe una legislación favorable a la transparencia pública de toda documentación o estadística custodiada o elaborada por la administración. Además, este país cuenta con un llamado "Freedom of Information Act" (FOIA), una legislación que le garantiza específicamente a los periodistas acceso a todos los documentos del Estado que no estén clasificados como secretos. Y en el caso de documentos secretos, permite la posibilidad de solicitar acceso a ellos.

Esta es una instancia de apelación con la que cuentan los periodistas de muy pocos otros países.

Por otra parte, varios países latinoamericanos presentan otro inconveniente a la hora de permitir un correcto periodismo de investigación.

Son países que heredaron el viejo sistema de prensa partidaria y que, por lo tanto, no permiten la independencia política necesaria para realizarlo.

En primer lugar, porque el medio no puede investigar asuntos que impliquen a su partido. Y en segundo lugar porque, en el caso de hacerlo o de investigar a cualquier otro sector de la sociedad o a funcionarios de cualquier otro partido, carece de la credibilidad necesaria para legitimizar el trabajo.

4.3. Grados de democratización periodística

Retomando la visión sistémica que implica que el periodismo de investigación cumple un papel trascendente en la democratización, y que, a la vez, requiere de un grado creciente de democratización para desarrollar su tarea, podemos identificar cinco estadios de una sociedad, según su grado de democratización y según la calidad del periodismo que se practique.

  1. La primera etapa, la básica, es que el sistema garantice la libertad de prensa más elemental. La que permite publicar y emitir sin censura previa de ninguna autoridad estatal. Esto a pesar de que los medios y los periodistas puedan ser sometidos a distintos tipos de presión física, política y/o económica que impiden la existencia de investigación periodística.
  2. La segunda, es la que permite que los mass media comiencen a investigar, fundamentalmente casos de corrupción, aunque aún con ciertas limitaciones como, por ejemplo, el no investigar directamente al gobierno o determinados grupos económicos o sociales poderosos. Esta etapa suele asegurar a los medios protección judicial de su secreto profesional, una limitada independencia económica, e independencia política, para llevar a cabo el trabajo periodístico. Pero implica, normalmente, que las autoridades gubernamentales aún gozan de cierto control implícito, no regulado, que logran mediante la intimidación o mecanismos económicos como el aumento de la carga impositiva o la distribución desigual de la publicidad oficial.
  3. La tercera es la que permite que la prensa logre autonomía financiera y política con respecto al gobierno y sea capaz de investigarlo libremente. Supone que el sistema y las autoridades de los tres poderes democráticos ofrezcan la libertad suficiente como para ser sometidos al escrutinio de la prensa, sin tener forma implícita o explícita de controlarla, más allá de las habituales estrategias de defensa pública que incluyen las denuncias de difamación y de parcialidad del medio. Sin embargo, en esta etapa, todavía existen determinados grupos o sectores que, por su poder, fundamentalmente económico, logran escapar a la lupa periodística.
  4. La cuarta es ya un estadio superior de la prensa. Es cuando ésta es capaz de llevar a cabo investigaciones que vayan más allá de lo político y que involucren a todos los estratos y sectores sociales, incluyendo a los propios medios de comunicación. En este caso, los mass media cuentan con una independencia financiera y económica, además de política, que le permite no ser leal a ningún o a casi ningún sector social y/o económico.
  5. La quinta y última es cuando todos los estadios anteriores están garantizados y ahora, además, la sociedad y la burocracia pública alcanzan niveles óptimos de transparencia, permitiendo el acceso público a la mayor cantidad de documentación e información oficial.

Muy pocos países han logrado llegar a este estadio ideal de la democracia prescriptiva, a esa etapa avanzada de la relación entre medios de masas y sistema democrático. Estados Unidos puede ser un ejemplo, aunque no siempre.

4.3.1. Repercusiones deseables del periodismo de investigación

Otra circunstancia que sirve para medir el grado de democratización de un sistema, es el tipo de repercusiones políticas o judiciales que se producen cuando el resultado de una investigación toma estado público.

Como anticipamos en el capítulo II, aunque es tomado por los periodistas como un éxito cuando ocurre, no es ni debe ser la meta de ninguna investigación las consecuencias políticas o judiciales que esta pueda tener.

La consecuencia buscada por el periodismo de investigación es poner los temas en el debate público, enriquecerlo, mejorar la calidad de la democracia y de la comunicación, vender periódicos y publicidad, mejorar los ratings, derrotar a la competencia... Pero nunca juzgar. Esta tarea corresponde a la Justicia, al Parlamento o a la opinión pública.

Creemos, como el profesor Martínez Albertos, que:

"es la misma sociedad -y no un cuerpo elitista de profesionales del periodismo- la que verdaderamente actúa como perro guardián de los valores y las instituciones, aunque parezca hacia fuera que quienes muerden son los susodichos periodistas" (Martínez Albertos, 1994, p. 22).

Y también coincidimos con Montserrat Quesada, quien considera que después de haber realizado una correcta investigación:

"el periodista ya puede escribir su artículo y publicarlo con la certeza absoluta de que su trabajo habrá sido bien realizado; tal vez no conseguirá ningún resultado compensatorio de su esfuerzo, no logrará que las autoridades en cuestión pongan remedio al tema que denuncia o, en el peor de los casos ni siquiera sus lectores podrán acabar de creer el relato que se les cuenta, pero él habrá puesto su granito de arena para contribuir a otorgar a los medios de comunicación la responsabilidad social que deben asumir como empresas que son de marcado interés público: la responsabilidad de velar por que las instituciones democráticas funcionen correctamente y que nadie cometa excesos en contra de los intereses de los ciudadanos amparándose en los privilegios que indudablemente otorga el ejercicio de cualquier tipo de poder" (Quesada, p. 86, 1987).

Habla bien de una democracia que el sistema reaccione rápidamente a una investigación y ponga en marcha los mecanismos de control judicial o parlamentario. Eso indica el grado de madurez institucional, y el estadio democrático en el que se encuentra.

Pero eso no pueden garantizarlo ni proponérselo como meta los medios, aunque sí puedan exigirlo en editoriales o columnas de opinión.

En palabras de Bolch y Miller:

"Los periodistas sólo pueden indicar lo que necesita ser cambiado. El cuarto poder no promulga leyes, no hace cambios en las normativas ni prende al culpable por el pescuezo y lo ingresa a la cárcel" (Bolch y Miller, 1978, p. 11).

Reflexionando sobre el caso argentino, el periodista Horacio Verbitsky, anota:

"Desde hace un cuarto de siglo se señala como paradigmática la investigación periodística del caso Watergate. (...) A diferencia de lo que ocurrió y aún ocurre en la Argentina -donde el periodismo puede hacer oír su voz pero no hay respuesta institucional que corrija los hechos que señala- en los Estados Unidos los periodistas dieron el alerta temprano, pero las instituciones se encargaron de completar la investigación. La Corte Suprema de Justicia y no el Washington Post reclamó al presidente Nixon la documentación que el Poder Ejecutivo se negaba a entregar alegando un privilegio constitucional. Esto sugiere que la diferencia con Estados Unidos no está en el periodismo sino en la calidad institucional" (Verbitsky, 1997, p. 16).

De todos modos -y regresando a la visión sistémica ya planteada- el periodismo de investigación, por el mero hecho de existir y por su influencia en la opinión pública, puede presionar a las instituciones para que sean transparentes, y para que se saneen a sí mismas, en el peor de los casos, en los comicios generales y mediante el voto popular.

Obviamente es lícito que, sin forzarlo, el medio espere que el trabajo no caiga en saco roto. También es lícito que los periodistas se sientan frustrados cuando ven que nada cambia.

Pero esas son las reglas del juego democrático. Y lo cierto es que la mayoría de las veces, aunque no renuncie ningún implicado en la investigación, el trabajo tiene sus consecuencias, menos impactantes a corto plazo, pero más duraderas a largo plazo.

Por ejemplo, el crecimiento del periodismo de investigación como actividad de los mass media, la erosión a las defensas de aquellos que se ocupan de que nada cambie y, sobre todo, el enriquecimiento del debate público democrático.

5. EL EFECTO PERVERSO

A pesar de nuestra defensa del periodismo de investigación, como una tarea que tiende al enriquecimiento de los procesos de democratización, debemos dejar aquí anotados los riesgos que entraña este papel y, en palabras de Hirschman, el "efecto perverso" (Hirschman, 1991) que puede llegar a cumplir el periodismo en una sociedad democrática y, en especial, el "efecto perverso" que puede entrañar el periodismo de investigación.

Si bien la prensa y el periodismo de investigación tienden a enriquecer la democracia, su práctica irresponsable, puede no hacer más que dañarla.

Por práctica irresponsable entendemos varios de los puntos ya desarrollados:

  • que los medios asuman el papel de jueces
  • que los medios impulsen campañas para cumplir un determinado objetivo político más allá de la simple difusión de hechos
  • que los medios no respeten las normas básicas de corroboración de la veracidad y de realización de un correcto reportaje de investigación.

A estas circunstancias que pervierten la esencia misma del trabajo periodístico, algunos autores añaden otra: que los mass media se tornen demasiado poderosos.

Martínez Albertos lo ilustra así:

"El perro guardián es útil siempre que no sea más poderoso que sus dueños y no acabe tiranizándolos (...) Una prensa tan prepotente, tan cohesionada ideológicamente como es la de nuestro tiempo, en lugar de actuar como perro guardián acaba ella misma convirtiéndose en un verdadero poder fáctico" (Martínez Albertos, 1994, p. 17).

Citando al profesor Manuel Jiménez de Parga, Martínez Albertos agrega:

"La principal tentación del periodista (es) que en lugar de ser un regulador, un instrumento para la regulación política, se convierta en regidor. En este caso el periodista no se limita a describir y analizar los hechos sino a regirlos. Y regir, según el diccionario, equivale a dirigir, gobernar o mandar" (Martínez Albertos, 1994, p. 19).

Alain Minc, por su parte, planteaba de esta manera lo que para él era una constatación de lo que ocurre en Francia:

"En el imaginario colectivo, los hombres de los medios reemplazaron a los banqueros como símbolos de la pujanza clandestina y de la influencia invisible, del poder insaciable" (Minc, 1993, p. 7).

5.1. Los medios: sujeto y objeto del periodismo de investigación

En un artículo crítico respecto al papel de la prensa, titulado alegóricamente "La mordedura del perro guardián", Ted Smith argumenta que:

"la prensa es la única institución norteamericana que no se somete jamás al pleno rigor autocrítico del periodismo de investigación" (Smith, 1991, p. 24).

Y esa, creemos, es la clave: toda institución -hasta la prensa- si se la deja hacer sin control alguno, puede terminar por pervertir su tarea, por abusar de ella, por tiranizar o por corromperse.

Y el hecho de que la tarea periodística sea esencial en las democracias representativas modernas -como también lo son, por ejemplo, los tres poderes establecidos-, no le entrega a los periodistas licencia de impunidad.

Por eso, aunque estamos personalmente en contra de todo tipo de regulación del periodismo, consideramos importante que la mirada con lupa del periodismo de investigación también incluya a los propios mass media.

Si no quiere ser fiscalizada y restringida desde fuera, la prensa debe adoptar mecanismos para sanearse a sí misma autocontrolándose y estrechando sus propios códigos éticos.

Los medios masivos de comunicación son una institución democrática más y, como tal, deben someterse al escrutinio de las mismas instituciones que el resto de los ciudadanos, incluido el control de la prensa y del periodismo de investigación.

Creemos que, en este caso, es necesario que los periodistas dejen definitivamente de lado el corporativismo. Consideramos que si bien la lucha por la libertad de prensa es una lucha justa, como dice José Luis Dader, el corporativismo es uno de los "pecados capitales del periodista en su construcción de lo público" (Dader, 1992, p. 159-160).

Si bien es necesario que los periodistas y el resto del sistema velen por garantizar el libre ejercicio periodístico, también es importante encontrar mecanismos para, en palabras de Popper, evitar que éste produzca un daño excesivo. Y en este sentido, un periodismo de investigación no corporativista puede ser una respuesta.

Otro de los pecados capitales anotados por el profesor Dader es "el secretismo" (ibid., p. 161-162).

Este es otro efecto perverso que puede cumplir el periodismo en general y el periodismo de investigación en particular: que lo que es necesario ocultar para obtener información sobre un hecho sea más y más importante que lo que el medio va a revelar.

Es decir, que el medio pervierta su función y en lugar de servir para difundir sirva para esconder.

Otra crítica habitual contra el periodismo de investigación, que suele provenir de los políticos, es que en ocasiones trabaja coordinadamente con la Justicia.

Esto es cierto sólo en parte. Ha ocurrido que antes de publicar una historia, el medio entregue la información al juez o al fiscal para protegerse del ataque posterior o para proteger a las fuentes.

Además, muchas veces, periodistas y jueces, fiscales o funcionarios judiciales se retroalimentan en investigaciones determinadas, compartiendo o intercambiando información.

Sin embargo, siempre que la meta final de lo antedicho sea revelar y no ocultar, no lo consideramos una desviación ni una perversión, sino parte de la tarea y de las reglas de juego democráticas.

No se trata de una complicidad delictiva, sino todo lo contrario, una complicidad en busca de la verdad, una complicidad para proteger a los que cumplen esta tarea, una complicidad para que el público conozca y para lograr que lo que difunda el medio esté totalmente corroborado y sea lo más completo posible.

A la hora de defenderse de una investigación periodística, los poderosos suelen apelar a todo tipo de recursos, que muchas veces buscan inducir temor en la opinión pública.

Así aparecen las acusaciones de falta de patriotismo y, sobre todo, en las democracias nacientes, las acusaciones de que esta forma periodística termina por debilitar al sistema democrático y a sus instituciones, porque logra que los ciudadanos le retiren su confianza a los gobernantes.

Consideramos que este argumento es un buen intento de defensa por parte de la clase dirigente, pero nada más.

La desconfianza y la apatía hacia la política y los políticos nunca es consecuencia de la labor de la prensa.

El culpable no es el mensajero, sino el mensaje. La culpa no es del que investiga y publica honestamente sino del que pervierte su función, roba o desempeña una tarea en forma errática.

La solución para evitar el descrédito de los gobernantes no es dejar de investigar sino, todo lo contrario, investigar más, controlar más, para identificar los problemas a corregir antes de que sea demasiado tarde.

Como dice Philip Meyer:

"una democracia que intenta proteger de la información a sus votantes porque dicha información podría utilizarse irracionalmente, deja de ser una democracia" (Meyer, 1993, 305).


* Darío Klein, periodista uruguayo, es miembro del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Actualmente trabaja en la cadena de televisión estadunidense CNN, en Atlanta, como editor periodístico y periodista de investigación. Es doctor en periodismo, por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis realizada sobre Periodismo de Investigación, de la cual reproducimos ésta que la segunda parte del capítulo V.


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