Sala de Prensa


29
Marzo 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El último saludo

Mónica Palm *

Gustavo Gorriti ha pasado no solo por su natal Perú, sino también por Boston (donde fue Nieman Fellow y CFIA Fellow en Harvard), Washington (fue Senior Associate del Carnegie Endowment) y Miami (Senior Research Associate del North South Center en la Universidad de Miami). Su última escala fue Panamá. Aquí llegó en febrero de 1996, primero como director asociado de La Prensa y, más adelante, como director afiliado. En el ínterin, publicó un libro (Sendero: Historia de la Guerra Milenaria en el Perú) y escribió frecuentemente para el New York Times, el L.A.Times y el New Republic. Es colaborador permanente de las revistas Gatopardo y Caretas, donde, por cierto, dio sus primeros pasos como periodista, en 1981. Esta es una de las últimas entrevistas que da en Panamá.

–¿En qué circunstancia se da su salida de La Prensa?

– Salgo de La Prensa cuando el grupo encabezado por Ricardo Alberto Arias, el ex canciller y colaborador de Pérez Balladares, logra una mayoría coyuntural en la reunión de la junta directiva del 15 de febrero y decide separarme. Aunque la maniobra estaba plagada de deficiencias de forma y de fondo, yo ya había tomado la determinación de no impedirla sino de canalizarla. Puede que él y sus acólitos hayan pensado que fue una exitosa acción de oportunidad, pero para mí fue cualquier cosa menos una sorpresa.

"Estaba cantada, se veía venir, y decidí que me brindaba la forma precisa de hacer un último servicio a La Prensa, antes de regresar a mi Patria: conseguir que el ex canciller Arias (hay tanto Arias en esta historia que de alguna manera tengo que diferenciarlo sin entrar en la caricatura) y Federico Humbert Arias, el otro caballo de Troya del PRD, enseñaran sus cartas con el tiempo suficiente como para darles a los accionistas de La Prensa la oportunidad de despertar ante el peligro y de prevenir la toma del diario el próximo 22 de marzo."

–¿Por qué no pudieron sacarlo de La Prensa en 1997 y ahora, en medio de unas circunstancias aparentemente más benignas, Pérez Balladares ha logrado lo que quería?

– Porque en 1997 decidí resistir y confrontar a un adversario al que perdió su arrogancia y desconocimiento de los términos que iban a actuar en dicha confrontación. Pérez Balladares y sus sicofantes (entre los cuales uno que hoy pretende ser presidente de La Prensa) se lanzaron alegremente a la ofensiva, pensando que iba a tratarse de un paseo de Fidanque a Toledano y se encontraron de repente atascados en un terreno en el que, hicieran lo que hicieran, perdían. El caso se convirtió en una batalla internacional por la libertad de prensa y de confrontación a las represalias de gobernantes corruptos. Permitió establecer nuevos y mejores niveles de coordinación entre las organizaciones defensoras de la libertad de prensa y de derechos humanos, con instancias que tenían capacidad de presión mucho más tangible. Al final, se logró una victoria que permitió mejorar sustantivamente -junto con otras medidas que se dieron poco después (la Relatoría por la libertad de prensa, las redes de respuesta rápida)- la situación del periodismo libre en el continente.

"Hubo, además, otro factor sumamente importante en 1997. La junta directiva de La Prensa y, muy en especial, su presidente Juan Arias Zubieta, comprometieron todo el apoyo de La Prensa en la resistencia contra la arbitrariedad. Es cierto que hubo algunas instancias de colusión y de sabotaje dentro de la empresa (esa es la pequeña historia patética que no merece siquiera ser detallada), pero La Prensa se irguió altivamente y enfrentó, como en sus mejores tiempos, a las criaturas de la dictadura. Y, como entonces, venció. El papel de Juan Arias en esa ocasión fue de una gran integridad y valentía. Puede haber cometido errores después, y de hecho los cometió. Pero su conducta durante esos meses largos de lucha fue honorable, valerosa y digna del respeto que en buena ley ganó.

"En esta ocasión, en el 2001, la situación era por completo diferente. Me encontraba a punto de completar cinco años en Panamá, tiempo suficiente como para redondear un ciclo y meditar sobre los siguientes pasos. Mi Patria había sido liberada de la cleptocracia mafiosa que la gobernó. A mí me cupo participar activamente en la parte final de la lucha contra la dictadura gangsteril, y me encontré pasando cada vez más tiempo en el Perú y dedicándole cada vez más pensamientos, sueños, vigilias, proyectos. Todo me indicaba y me indica que llegaba la hora de despedirse de Panamá y de retornar a mi suelo.

"Un tercer factor, el menos importante quizá, fue constatar la maniobra de takeover que preparaba el otro Arias, Ricardo Alberto. Puedo decir, al respecto, que previne a quien tenía que prevenir apenas empezó dicha maniobra, con la recolecta de proxies. Que, gracias a las fuentes cultivadas en sectores diversos, pude describir con exactitud cuál era el proyecto, quiénes apoyaban a Ricardo Alberto Arias, cómo lo hacían, y aconsejé lo que se debía hacer. No hablo de dos o de tres meses, sino de hace por lo menos medio año. No fui, además, el único en advertirlo. Cuando menos otra persona, una de las mejor informadas en Panamá, consideró su deber proporcionar la misma información. Pese a ello, no se hizo nada. Hubo negligencia, poca claridad, fatiga y hasta dilemas familiares que determinaron esa actitud inerte. El hecho es que Ricardo Alberto Arias pudo dedicarse a recolectar proxies sin enfrentar ninguna oposición. Al constatar lo que se venía, llegué a la conclusión de que no tenía sentido alguno intentar permanecer en la empresa. Había llegado el momento de partir, y lo único que me restaba era contribuir, mediante las circunstancias de mi salida, a generar la debida alarma entre los accionistas. Ello creo que se podrá lograr y me permitirá partir con el alma tranquila. Lo que pase de aquí en adelante ya concierne a los accionistas de La Prensa."

– ¿Qué aprendió de Panamá a través de las investigaciones realizadas?

– Hay un epigrama famoso, que se atribuye a John Le Carré, que define a Panamá como "Casablanca sin héroes". Yo sé que eso no es así. Hay mucho de Casablanca en Panamá, pero también hay héroes. No se los encontrará, salvo por vía de excepción, en la clase pudiente: ni entre aquellos que cifran su orgullo y hasta su identidad en la albura de su retaguardia y en su vocación por la endogamia, ni entre las fortunas comerciales de data reciente. Pero los hay, y bien que los hay, entre la clase media, entre los intelectuales y en el pueblo. El panameño sencillo, de a pie, tiene muchas de las mejores virtudes latinoamericanas. Es trabajador, sí señor, muy trabajador, acogedor, cordial. La camaradería sin dobleces que he vivido con, por ejemplo, la gente con la que he practicado judo -y ahí había una combinación muy interesante de personas- no la cambio.

"Panamá tiene también héroes cívicos de gran estatura. Personas que destacarían, y en más de un caso, ya destacan ejemplarmente en cualquier nación latinoamericana. A Guillermo Sánchez Borbón, por ejemplo, no se me ocurre describirlo de otra manera que como un espejo de virtudes, intelectuales, cívicas y espirituales. Si solo tuviera un poco más de ambición... He tratado poco a Rómulo Emiliani, pero lo admiro mucho. Miguel Antonio Bernal, Italo Antinori, Brittmarie Janson son tres panameños que han realizado, cada uno a su manera, un inmenso aporte intelectual, cívico y moral para construir el Panamá que debe ser. Curiosamente, hay cínicos que tildan a los tres de locos. Y yo digo que si hubiera cien locos como ellos, Panamá tendría hoy un desarrollo comparable al de Singapur, pero en democracia. Contágiense de esa locura, panameños.

"Tengo, como ya se sabe, una larga amistad con Roberto Eisenmann. Discrepo en muchas cosas con él, la última respecto a su papel de consejero al que no le hacen caso. También pienso que se ha ido demasiado rápido al pitagorismo tropical de pensarium y hamaca, aun entendidos como metáfora. Creo que la trinchera lo necesita a él y que él necesita a la trinchera.Discrepancias aparte, Roberto es un visionario con capacidad ejecutiva y es un hombre noble. En suma, una gran persona.

"Podría mencionar a muchas otras personas de gran mérito, pero la lista se haría de a verdad larga. Espero se sientan bien representados en quienes he mencionado. Me parece necesario, sin embargo, nombrar a una persona joven: Rafael Pérez Jaramillo, un excelente periodista, cuya diligencia fue decisiva para avanzar lo que se ha progresado en ubicar las tumbas clandestinas de los Pumas e iniciar el desentierro y las investigaciones.Pérez Jaramillo escribió una nota para su periódico, el Panamá América, reseñando la reunión del 15 de febrero en la que se me separó. Su periódico no la publicó. El la envió entonces a una publicación de internet, de donde la bajó El Siglo, que la imprimió. Como resultado de ello, Pérez Jaramillo está siendo despedido de El Panamá América. ¿Quieren ver el futuro? Ahí lo tienen. El precio que le están haciendo pagar en nada ha doblegado a este periodista. Y después dicen que no hay héroes en Casablanca.

"Panamá es un país hermoso, lleno de oportunidades, merecedor de un mejor destino. Soporta, como sucede con otras naciones, el peso muerto de elites incompetentes, corruptas y parásitas. Cuando se logre combatir eficazmente la corrupción y se le dé al pueblo, a la gente, los medios y herramientas para crecer, este país podrá lograr uno de los mejores niveles de vida del continente. Tienen todo lo que se necesita para lograrlo."

– ¿Cuál fue el reportaje que le planteó más retos? ¿Y el que más disfrutó?

– El último reportaje es siempre el más difícil. Teniendo eso en cuenta, los reportajes sobre Banaico y sobre la organización de Marc Harris estuvieron entre los más complejos desde el punto de vista del acopio de información. Ese desafío hizo que se lograra más datos sobre ellos que sobre ningún otro. La habilidad de Rolando Rodríguez, Julio César Aizprúa y, por un período corto, Aristides Cajar, en el caso Banaico; y de Miren Gutiérrez, Mónica Palm y, otra vez, Rolando Rodríguez, en el caso Harris, hizo posible que se alcanzaran resultados hazañosos en cuanto a la precisión periodística.

"Los casos de Castrillón Henao -con sus múltiples ramificaciones- y el de las visas a los inmigrantes chinos, ordenadas por Pérez Balladares, fueron difíciles porque se desarrollaron confrontando la activa resistencia de organismos poderosos, que utilizan los recursos de los contribuyentes para vigilarte, intervenir tu teléfono, acosarte judicialmente. Aún así, se consiguió información decisiva.

"Para dar una idea de las circunstancias en que se ha trabajado, le cuento las del último reportaje. Viajé en enero a Washington, invitado a una conferencia por el InterAmerican Dialogue. Busqué aprovechar mi estadía para tratar de obtener confirmación sobre la revocatoria de la visa de Pérez Balladares. Llevaba un tiempo coordinando esto con Betty Brannan -por teléfono y email- y no lográbamos confirmación on-the-record; que, dada la importancia del caso, era indispensable.

"En Washington, ensayé una línea de encuesta que, conjugada con el trabajo de Betty, produjo al fin la confirmación. Mientras lo hacía, Ricardo Alberto Arias vino a La Prensa para preguntarle a la presidenta del diario, Anabella Rubinoff, sobre qué estaba yo haciendo en Washington, que cuál era la naturaleza de mi viaje. Le mostró un email desde Washington en el que se reportaba mi presencia y se manifestaba inquietud sobre mis pesquisas. Que un miembro de la junta directiva estuviera marcando los pasos funcionales del director afiliado del diario hubiera sido antes inconcebible. Pero, claro, aquella era la época del Arias (Juan) que se enfrentó al gobernante que quiso avasallar la libertad de prensa. Y esta la época del Arias (Ricardo Alberto) que secundó entonces a dicho gobernante. De Washington viajé a Miami, donde realicé una batería de entrevistas sobre varios temas correlacionados. También me entrevisté con Alejandro Toledo, dentro de su habitación en el hotel del aeropuerto, y con apenas la presencia de su esposa, de Alvaro Vargas Llosa y de una persona más. Fue una entrevista coordinada por teléfono desde aquí, que no era reservada, pero que no comenté con nadie en Panamá. Hace pocos días, Federico Humbert Arias le preguntó retóricamente a otra persona de la junta directiva si sabía que yo me había entrevistado en Miami con Toledo. Ya se imaginarán cómo lo supo.

"Menciono ambos incidentes, porque en ningún caso se me pidió guardar reserva, y porque creo que no viene mal un poco de aquello que predicaba un gran peruano que se llamó Manuel González Prada: "Romper el pacto infame de hablar a media voz."

– ¿Qué casos deja pendientes?

– Más de uno: el más importante me parece que es el caso del consulado en Manila. Ya sacamos una nota, en colaboración con Rafael Pérez, que, aunque importante por sí misma, solo revela la punta de algo mucho mayor. Por lo que sé, el escarbar a fondo en ese asunto permitirá revelar un caso masivo, largo, continuado, complejo y metapartidario de corrupción.

"Las desapariciones y entierros clandestinos es otro caso importantísimo. ¿Quiénes participaron, quiénes supieron y nada hicieron? Me imagino que cuando se logre desclasificar los documentos estadounidenses de inteligencia de ese período, emergerán varias sorpresas.

"Puedo seguir con la lista. Hay casos no culminados del todo, otros por empezar. Pero al final los casos tienden a juntarse y cuando tiramos de un cabo, encontramos una red. Quedan muchos, muchos casos pendientes. Yo ya no podré hacerlos. Pero quedan también periodistas capacitados para llevarlos a cabo. Ellos precisan, sin embargo, de independencia editorial, de apoyo editorial, de libertad de prensa para hacerlo."

– ¿En qué han contribuido las investigaciones publicadas?

– A mostrar la realidad tal cual es. Todo lo que se logra es que la verdad de los hechos, liberados de cosmética y encubrimiento, salga a la luz. En una sociedad con instituciones normales, se supone que corresponde a las autoridades fiscales y judiciales proseguir con las investigaciones que los hechos expuestos ameriten. Pero aquí, donde el procurador Sossa se convirtió en uno de los más activos perseguidores del periodismo, y, en los hechos, en un encubridor; y donde, pese a sus quejas, resulta disfrutando de total impunidad ante la impotencia o la colusión de los otros órganos del Estado, la única esperanza es que la sociedad civil haga oír su voz.

"Mientras tanto, los periodistas de investigación y no los bribones, seguirán siendo encausados por cada nota certera, por cada delito descubierto."

– ¿Hay algo de lo que se arrepienta?

– De muchas cosas. De no haber sido más selectivo en mi trabajo. De no haberme dedicado con más intensidad al reportaje en general y al reportaje de investigación en particular. De haber pasado demasiado tiempo en los menesteres burocráticos del diario, a veces necesarios pero otras muchas estériles. De no haber trabajado con un mayor número de periodistas en La Prensa en proyectos específicos.

"De no haber sido más persuasivo con aquellos miembros de la Junta Directiva genuinamente comprometidos con la independencia periodística respecto a los peligros que se cernían sobre ella.

"De no haber sido más intenso y exigente en mi trabajo, conmigo mismo y con los demás.

"De no tener mejor genio. Pero, de otro lado, ¿quién quiere un periodista sacarinoso?

"De no escribir mejor."


* Mónica Palm es reportera de La Prensa de Panamá. Eesta entrevista fue publicada en ese diario, y se reproduce con autorización expresa de Miren Gutiérrez, editora de Negocios.


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