Sala de Prensa


29
Marzo 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Gorriti

Roberto Eisenmann Jr. *

Maruja y yo conocimos a Esther y a Gustavo Gorriti cuando llegamos a Cambridge, Massachussets, en 1985 a participar en el programa Nieman de periodismo de la Universidad de Harvard. Hicimos amistad inmediata, porque éramos las dos parejas latinoamericanas ese año, y además porque compartíamos convicciones profundas sobre la democracia y el ejercicio de la madre de todas las libertades: la libertad de expresión. Era para el Perú, la época funesta de Alan García y Sendero Luminoso, y para nosotros, la época de Noriega. Gustavo había profundizado sus investigaciones sobre Sendero Luminoso, convirtiéndose en el experto sobre ese violento movimiento que pretendía ser una nueva creación con base peruana, pero con extensión universal. Sus investigaciones se convirtieron en libros muy reconocidos. Allí en Harvard, inicié, con una larga entrevista en el McNeil-Lehrer News Hour, mi lucha por desconectar a Noriega del Gobierno estadounidense. En no pocas ocasiones, Gustavo me ayudó con los medios estadounidenses, y se convirtió en un compañero de lucha. Conocedor de los riesgos que enfrentaba en cada viaje a Panamá, Gustavo nos ayudaba todas las veces con un manto de protección a través de sus contactos con todas las organizaciones de protección de periodistas habidas y por haber.

Al terminar el año en Harvard, salió la famosa pieza de primera plana en el New York Times sobre Noriega (para lo cual muchos panameños fueron colaboradores) y Noriega me culpó. Su Asamblea de mentira me declaró “traidor a la Nación” (mi medalla política más prestigiosa) e inicié mi segundo exilio. Gustavo regresó a Perú, Fujimori se hizo presidente, puso a Montesinos de asesor, y Gustavo se convirtió en el denunciante de las vagabunderías de éste. Y cuando Fujimori dio su autogolpe, el primer preso político fue Gustavo. Gracias al escándalo internacional que se formó, salvó su vida y se vio forzado al exilio.

En el año de 1995 entregué la presidencia de La Prensa a Johnny Arias. Johnny, por una coincidencia, conoce a Gustavo en Miami, e impresionado con su talento, le ofrece un puesto como director asociado de La Prensa. El resto -como dicen- es historia patria. En semanas, Gustavo llegó a conocer Panamá mejor que muchísimos panameños; desarrolló fuentes de información inigualables, e inició un periodismo de investigación profundo nunca antes conocido en nuestro medio. En el proceso, se hace de muchos y poderosos enemigos y, a los demás, nos pone muy incómodos porque en una u otra ocasión, los padrinazgos típicos de nuestros países reciben golpes por la verdad cruda que va descubriendo Gustavo. Las páginas de la sección de Negocios de La Prensa van creciendo en forma geométrica, comenzando con el “caso Banaico”, cambiando de ser sección dominada por gacetillas, a ser una de noticias investigadas. Luego del “me como mis palabras”, el gobierno de Pérez Balladares decide sacar a Gustavo de Panamá porque “no tiene familiares enterrados en esta tierra”, lo que según mi perspectiva, no es sino una ventaja como periodista, ya que puede investigar y escribir sin cálculo, y con palabras punzantes.

Gustavo y yo hablamos mucho, y muchísimo sobre Perú. Con la huida de Fujimori y Montesinos, se siente reivindicado en su lucha, además de muy solicitado porque es en el Perú, un héroe de la batalla contra la dictadura fujimorista. Hace varios meses conversábamos sobre su vuelta al Perú, y me pedía le relatara mis vivencias de cómo programar el “des-exilio”. Su vivencia panameña estaba por terminar, por circunstancias netamente peruanas.

Gustavo no es (ni será nunca) ganador de premios de popularidad. Como la mayoría de las personas talentosísimas, tiene además un ego proporcional a su talento. Por eso, no me sorprende la hostilidad que sienten muchos hacia él. Los periódicos importantes del mundo tienen siempre al menos uno de estos “Gustavos”. Por ejemplo, el New York Times, el diario que en mi concepto establece la agenda noticiosa en el mundo, en mis tiempos tenía a Seymour Hersh. Era un “problema organizacional” pero, a la vez, un ejemplo de cómo se ejerce el verdadero y profundo periodismo de investigación. Entraba y salía del Times cuando quería y exigía que “o sus investigaciones salían en primera plana o renunciaba”. Por su talento, el Times lo retuvo cuanto pudo. Las elites de Estados Unidos lo odian, por su total irreverencia hacia ellos y lo acusan de sensacionalista; pero su pluma investigativa sigue siendo de las mejores; trabaja donde quiere, cuando quiere y con el pago que quiere. Sus notas dan siempre la vuelta al mundo.

Así, los Gorriti y Hersh del mundo del periodismo producen mucha incomodidad y hostilidad, pero señalan el camino de lo que es un periodismo de verdad. Solo un periodista mediocre estará siempre “a la altura” y alejado de la controversia. Periodismo cómodo, simplemente no lo es. Hay que recordar que noticia es todo aquello que alguien quiere mantener en secreto; lo demás es propaganda.

Y ahora, al último incidente de Gorriti con La Prensa. Cuando uno maneja un poder (especialmente cuando éste es el cuarto), tiene como obligación primaria estar bien informado. En el caso de Gustavo Gorriti, la junta directiva de La Prensa, dirigida ahora informalmente por Ricardo Alberto Arias, mostró no estarlo. La decisión de sacar a Gustavo del periódico “desde ya”, cuando por razones distintas ya empacaba sus maletas para volver a Perú, fue un error gratuito que costará caro en percepción internacional al periódico y a su potencial nuevo presidente. El segundo golpe del one-two: cuando el Ministerio Público le prohíbe la salida del país, muestra una potencial alianza funesta para el periódico, que equivale a -como dicen en nuestra tierra- “meterse un cangrejo en la bragueta”. Se ha completado así el círculo de errores que pondrán a Gustavo nuevamente en la noticia internacional, solo que esta vez -desafortunadamente- al costo de la reputación del periódico.

La junta directiva debería haber aprendido ya que periodistas del calibre de Gustavo no escriben para un periódico, ni siquiera para un país, sino para un mayor universo. Como a los verdaderos amigos se les hiere con la verdad para no destruirlos con la mentira, les digo a mis amigos de la junta directiva que en todas estas movidas Gustavo no puede perder, no importa qué ocurra. Pero Ricardo Alberto y la junta directiva pierden ganando. Error de juicio garrafal. Mal comienzo y peor mensaje a los accionistas próximos a reunirse en asamblea general.


* Roberto Eisenmann Jr. es fundador del diario La Prensa de Panamá y actual presidente de la Fundación Libertad Ciudadana. Este artículo fue publicado en La Prensa, y se reproduce con autorización expresa de Miren Gutiérrez, editora de Negocios.


Tus comentarios, sugerencias y aportaciones
nos permitirán seguir construyendo este sitio.
¡Colabora!



| Volver a la página principal de SdP |
|
Acerca de SdP | Periodismo de Investigación | Etica y Deontología |
|
Derecho de la Información | Fuentes de Investigación |
|
Política y gobierno | Comunicación Social | Economía y Finanzas |
|
Academia | Fotoperiodismo | Medios en Línea | Bibliotecas |
|
Espacio del Usuario | Alta en SdP |
|
SdP: Tu página de inicio | Vínculos a SdP | Informes |
|
Indice de Artículos | Indice de Autores |
|
Búsqueda en Sala de Prensa |
|
Fotoblog |

© Sala de Prensa 1997 - 2008


IMPORTANTE: Todos los materiales que aparecen en Sala de Prensa están protegidos por las leyes del Copyright.

SdP no sería posible sin la colaboración de una serie de profesionales y académicos que generosamente nos han enviado artículos, ponencias y ensayos, o bien han autorizado la reproducción de sus textos; algunos de los cuales son traducciones libres. Por supuesto, SdP respeta en todo momento las leyes de propiedad intelectual, y en estas páginas aparecen detallados los datos relativos al copyright -si lo hubiera-, independientemente del copyright propio de todo el material de Sala de Prensa. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de Sala de Prensa sin la autorización expresa del Consejo Editorial. Los textos firmados son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente el criterio institucional de SdP. Para la reproducción de material con copyright propio es necesaria, además, la autorización del autor y/o editor original.