Sala de Prensa


28
Febrero 2001
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


LIBRO

La democratización de los medios

"Creemos en una escuela que despierte los sueños de nuestra juventud,
que cultive la solidaridad, la esperanza y el deseo de aprender, enseñar y transformar el mundo."

MST (Movimiento de los Sin Tierra. Brasil)

Manuel Chaparro *

Nos estamos acercando irremisiblemente al final de un milenio, al inicio de un nuevo siglo que estará marcado, con seguridad, por los mayores progresos que la ciencia conocerá, fruto de los extraordinarios desarrollos científicos realizados, básicamente, en las últimas décadas. Hemos creado ingenios no tripulados capaces de navegar y explorar el espacio de nuestro sistema solar, estamos a punto de conseguir el mapa genético completo, descubierto la producción de energías alternativas no contaminantes, procesar millones de datos en segundos con equipos miniaturizados, crear autopistas de información que alcanzan todos los rincones del planeta... Visto así parecería que los seres humanos nos acercamos cada día más a un mundo capaz de ofrecer soluciones para todos y a todo.

La balanza, sin embargo, no está ni mucho menos equilibrada. Todo cuanto hacemos parece estar exclusivamente orientado a satisfacer ambiciones de mercado, es decir, a proveer de más riqueza a una minoría privilegiada y acaparadora. Un hecho que, incluso, parece estar socialmente aceptado y relacionado con el propio destino modificable, sólo, por el azar. Los mensajes propalados por los medios de comunicación, uniformadores de valores cada vez más universales y carentes de cualquier energía vital constructiva, contribuyen a ello.

Todo el beneficio que esta sociedad es capaz de generar sólo sirve, mayoritariamente, para perpetuar conductas etnocentristas, posiciones dominantes en las relaciones culturales y económicas. En definitiva; los aspectos más perversos de los seres humanos, o debiéramos decir, en este caso, del hombre como género dominador.

Antes nos movilizan las imágenes de marcas comerciales, que los asuntos de conciencia y las expresiones públicas en pro de la resolución de los problemas trascendentales que afectan a la humanidad. De esta forma a las escasas y minoritarias manifestaciones en demanda de paz para Kosovo, hemos contemplado coberturas informativas festivas de los rostros de éxito en las 625 líneas apoyando, hamburguesa en mano, acciones como la de la Fundación Ronald McDonald, sin que ni siquiera se conozcan sus objetivos, sus fines. La multinacional de la hamburguesa se da un baño de publicidad gratuita y sin hacer aportaciones de sus enormes beneficios recauda fondos sin fines concretos invitando a consumir sus productos. Nada se dice acerca de sus intereses ganaderos que han terminado por deforestar zonas vitales de la Amazonia. Tenemos una nueva ONG dedicada a paliar el hambre del mundo vendiendo hamburguesas. No es un ejemplo único, otras firmas de refrescos y de la seudoalimentación se dedican también a explotar las conciencias y mejorar sus ventas con estas estrategias.

La revolución científica que debería contribuir a solucionar los graves problemas a los que se enfrenta una humanidad cada día con más desiguales, no es capaz de desequilibrar esta balanza de manera favorable. Los últimos descubrimientos médicos de impacto en los medios de comunicación han destacado más por los costes para sus potenciales usuarios y los beneficios que rentan a sus descubridores, que por las soluciones que aportaban a los problemas de salud. No sólo la desideologización social cuenta como causa principal en este fenómeno, también la pérdida o la inexistencia de una conciencia crítica en la sociedad.

Es aquí donde los medios de comunicación debieran jugar un papel trascendental y, fundamentalmente, los medios audiovisuales, los de mayor impacto y los únicos cuya descodificación es universal. Es necesario defender la democratización de los medios, de las redes de comunicación, del espacio radioeléctrico, de los usos tecnológicos, para que el pensamiento único, traducido hoy en mero afán de posesión y consumo, tienda a aprovechar las sinergias de los desarrollos realizados por la ciencia.

Suscitar esta conciencia, buscar apoyos firmes para las políticas democratizadoras de los medios ha sido el objetivo fundamental del II Congreso de Radios y Televisiones Públicas, Locales y Alternativas. Medios de base, comunitarios, de estructuras de dirección horizontal y potenciadores de la conjugación entre lo local y lo global. Estos medios ampliamente reivindicados por la sociedad civil son auténticos catalizadores sociales donde están presentes las nuevas corrientes de pensamiento relacionadas con la participación y la cogestión de los medios, donde la configuración de la agenda diaria se rige por otros intereses ajenos a los poderes que controlan los grandes multimedias.

El futuro tecnológico que se dibuja presenta, por un lado, todos los alicientes necesarios para ser optimistas: la digitalización de las emisiones terrestres hará posible una mayor presencia de canales tanto en radio como en televisión. Pero, por otro lado, se adivina que la concentración del mercado difusor se mantendrá, favoreciendo a los mismos operadores. De esta manera, sin que el audiovisual español haya resuelto la convivencia entre los medios alternativos sin ánimo de lucro y los comerciales, se pretende dar un salto meramente cuantitativo y cualitativo sólo en sus aspectos técnicos, sin prever el impacto regresivo que la exclusividad de los contenidos comerciales y la ausencia de criterios de servicio público puedan tener sobre la sociedad.

El debate acerca de la democratización de las telecomunicaciones está directamente relacionado con la superación de un déficit democrático histórico. El fin de los monopolios públicos en Europa significó un primer paso para terminar con el control paternalista de los medios por parte del Estado, pero ha significado también el abandono de los fines de servicio público que regían en los medios audiovisuales. Importa el share, la cuota de presencia porcentual en los hogares, que permite el objetivo único de rentabilizar el servicio, sólo, desde una perspectiva comercial, mediante la introducción de programas potenciadores de los denominados instintos vagos. En países como España donde no se ha creado una autoridad audiovisual independiente con capacidad ejecutiva y sancionadora, este problema aún se acusa más.

Por otra parte, la ausencia de esta figura elemental e imprescindible no termina de favorecer un desarrollo óptimo de los medios locales como catalizadores del principio básico que da sentido a nuestra democracia: la participación. La debilidad de nuestra sociedad civil reside en el hábito asentado que relaciona; participación, con el ejercicio de delegar responsabilidades una vez cada cuatro años.

En todos los órdenes la participación se convierte en el activo más importante de una sociedad. Los medios locales comunitarios, públicos o asociativos, son imprescindibles para hacer rentables los valores de progreso que trata de socializar el sistema educativo en las generaciones que tendrán que decidir el destino futuro. Valores que no siempre tienen reflejo en los comportamientos sociales generales, ni en la prédica mediática de nuestro sistema audiovisual. En este sentido, el paisaje actual de la radio y la televisión no ha terminado, al menos en España, por hacer compatible la coexistencia en términos de igualdad entre los distintos niveles; locales, regionales y nacionales o estatales, en el que estos dos sistemas de comunicación de masas deben estar presentes.

Estas son algunas de las premisas contenidas en este libro fruto de la reflexión de expertos cuyas experiencias vitales constituyen aportaciones de máximo interés. Es incuestionable que, tarde o temprano, se pondrán en marcha los resortes que permitan optimizar socialmente los recursos de la radio y la televisión, pero igual de incuestionable es, también, el hecho de que un mayor retraso conducirá a tener que reparar un daño mayor, el de un mercado que avanza sin control hacia la desregulación: el abandono del concepto del servicio público, la privatización del espacio radioeléctrico, la desproporcionalidad entre la oferta y la demanda reflejada en la abundancia de contenidos estériles y la imposibilidad de atender criterios democráticos de representatividad y participación.

Sólo reconociendo esta fea realidad, magnificada en sus aspectos negativos, podemos permitirnos ser más optimistas a la hora de reivindicar y afrontar la modificación de las reglas del juego.

La Séptima Asamblea Mundial de la Radio Comunitaria, Amarc 7, celebrada en agosto de 1998 en Milán debatió los problemas de la digitalización de las frecuencias y la ausencia o exclusión de las emisoras alternativas de los distintos foros constituidos en torno al Digital Audio Broadcasting. Ni siquiera en los países desarrollados se ofrecen garantías suficientes que hagan posible la existencia futura de los medios comunitarios en la banda reservada a las emisiones digitales.

En muchos países del mundo, gran parte de América, se sigue limitando el derecho de acceso; la condición de emisor, a la capacidad económica de comprar la licencia facultativa. Es absurdo hablar de democracia y someter el principio de igualdad a la disponibilidad económica que permite la ocupación y privatización de espacios de dominio público con el sólo objeto de obtener el beneficio de un sistema que no habla de iguales.

La hipocresía de nuestras democracias, del actual sistema de mercado dominante, de la libre competencia entre desiguales, no nos deja ver la importancia de replantear el carácter participativo de la sociedad civil. El proceso de marginalización del individuo, fundamentalmente en las sociedades más desarrolladas, favorecido por su consideración como instrumento productor de bienes, empobrece y determina nuestro sistema democrático.

En el fondo de todo ello lo que subyace es la monopolización de la opinión por un sector mediático con vinculaciones cada vez más estrechas a intereses empresariales ajenos a la comunicación. Fenómeno que extermina corrientes de opinión que exigen no sólo mayor pluralidad, sino mayor identificación con el espíritu que predican nuestras constituciones.

La actual aparición de un mayor número de medios locales, en casos como el de España, no siempre tiene que ver con una mayor pluralidad. Ante la falta de una voluntad reguladora aparecen intereses de todo tipo en el ámbito de los medios locales, entre los que, desgraciadamente, vuelven a dominar los especulativos: medios privados vinculados a intereses políticos locales, a grandes grupos de comunicación, e incluso, aunque en menor medida, instrumentalizados directamente desde el poder local bajo el eufemismo de "públicos". Una parafernalia mediática que en nada contribuye a un ejercicio de higiene democrática.

En qué sentido podemos hablar de una sociedad más desarrollada por contar con mayor número de medios audiovisuales, locales, regionales o nacionales. Es que los 238 sistemas emisores de televisión existentes en Andalucía o los más de 700 existentes en España acercan a este país a sociedades más asentadas y evolucionadas del norte de Europa. Desde luego no en los parámetros en que lo hacen países como, por ejemplo, Holanda, donde los requisitos de participación social y ausencia de lucro son imprescindibles para garantizar el acceso a la condición de emisor, donde el equilibrio entre los medios comunitarios locales, presentes en el 90 por ciento del territorio, y los de difusión estatal, es modélico.

No parece ni mucho menos que este sea el caso español. La responsable de las relaciones externas del CSA, Isabelle Mariani, ponente de este Congreso calificó el paisaje francés anterior a la intervención de la Autoridad Audiovisual como de Far West, un calificativo que ante los despropósitos del actual gobierno y la debilidad de la anterior legislatura es complemente extrapolable a España.

Ningún gobierno ha tenido la valentía de legislar dando amparo a los medios asociativos. La Ley de las Emisoras Municipales aprobada en 1991 no ha garantizado a los ayuntamientos disponer de la concesión definitiva para la prestación del servicio. La Ley de Televisiones Locales por Ondas de 1995 no se ha desarrollado ante la negativa del gobierno central a la planificación del espectro y el mercado ha seguido creciendo sin control. A estas deudas históricas de nuestro sistema democrático se añaden las recientes decisiones orientadas a favorecer aptitudes monopolísticas en la televisión privada de cobertura estatal al posibilitar paquetes accionariales de hasta un 49 por ciento, o la supresión de la obligatoriedad de que las acciones de las empresas radiofónicas sean nominativas, lo que no ayuda a la transparencia en la propiedad de los medios. Medidas, estas últimas tomadas sin debate previo, ni negociaciones de consenso. El mismo camino de insensateces parece conducirnos a próximas regulaciones en torno a la radio y la televisión digital terrestre. Los intereses económicos y el control de la opinión pública han dominado en estas decisiones por encima de criterios de racionalidad y aprovechamiento de recursos en beneficio de la ciudadanía.

Los criterios de reserva del espacio radioeléctrico se proyectan siempre favoreciendo y respetando a los grandes grupos multimedias. Actualmente, en países como Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil, todos ellos inmersos en amplios procesos democratizadores, se asiste a la amenaza de cierre discriminado de los medios comunitarios asociativos que tanto han venido y vienen aportando a la modernización de sus sociedades, a reimplantar la cultura de la participación y de la utilización de la democracia. Todo ello, por supuesto, ante el silencio cómplice de los grupos dominantes que no entienden de esta necesaria coexistencia situada más allá del estricto marco de la competitividad especulativa.

Fue enormemente satisfactorio, en cambio, ver como otro país, sumido en el caos de las reyertas armadas, ha legislado muy positivamente en favor de los medios comunitarios. Las leyes colombianas, recientemente, amparan la existencia de los modelos comunitarios de radio y televisión, y sus autoridades han empezado a considerarlos herramientas básicas para el desarrollo social y, fundamentalmente, para rescatar a una tropa de jóvenes sin ocupación y sin perspectivas, presas de los cárteles y los grupos armados. Es gratificante saber que experiencias como las narradas en el anterior Congreso, celebrado en Jerez, por la periodista Silvia Posada en torno a las teledifusoras barriales de Medellín, han propiciado un activismo social de gran calado y suscitado motivación entre quienes aspiran a dejar de vivir en la miseria. ¿Puede en este progreso residir el miedo de quienes ya poseen lo que otros también reclaman en justicia?

Por muy utópicos que a priori puedan parecer los planteamientos, debates, reflexiones y conclusiones aquí expresadas, fruto del II Congreso de Radios y Televisiones Locales Públicas y Alternativas, es digno de destacar el grado de aplicaciones prácticas puestas en marcha por actores locales comprometidos con la búsqueda de nuevas identidades culturales en torno a valores de progreso y sus óptimos resultados, con ello se cumplen dos objetivos fundamentales de este foro: agitar las conciencias y promover nuevos diseños comunicacionales, las ponencias aquí reunidas son buena muestra de ello.

Este segundo Congreso consiguió, nuevamente, suscitar el interés de responsables y trabajadores de medios locales, de miembros activos de la comunidad universitaria y la sociedad civil, venidos de todas las comunidades autónomas. La satisfacción de una red como EMA-RTV por poder contribuir al clima de debate y a una mayor concienciación social lleva implícito el compromiso de la defensa y divulgación de las conclusiones del foro. Si el impacto del audiovisual es hoy incuestionable, lo escrito en estas páginas goza de la perdurabilidad, de la capacidad de retener el tiempo y la memoria colectiva.


* Manuel Chaparro es periodista y profesor de la Universidad de Málaga, donde coordina el doctorado Medios Regionales. Este texto es la introducción del libro La Democratización de los Medios (Memoria del III Congreso de la Radiotelevisión pública local y alternativa), publicado por la Asociación de Emisoras Municipales de Andalucía de Radio y Televisión (EMA-RTV, de la que también es director) y la Diputación de Sevilla. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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