Sala de Prensa


25
Noviembre 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La ética en la supercarretera de la información

Emilio Filippi M. *

En un enjundioso artículo de tesis el joven periodista peruano Roberto Nicolás Silva Rodríguez hizo un paralelo entre la competitividad existente hasta ahora en los medios de comunicación considerados tradicionales (prensa, radio, televisión) y la irrupción en esa área de las publicaciones electrónicas en línea. La pugna arraigada, conocida y aceptada como legítima, ha estado primordialmente orientada en la búsqueda de primicias noticiosas, de informaciones mejor estructuradas e interpretaciones más lúcidas sobre el acontecer nacional o internacional. (1)

Sin perjuicio de avalar la rivalidad entusiasta de los competidores, el analista insiste en un principio que considera insoslayable: en cualquier caso el periodista debe observar una conducta ética que haga prevalecer los valores deontológicos sobre la utilidad comercial o la nombradía personal. Estos preceptos exigen tener en cuenta que la libertad que ejercen los periodistas para buscar, investigar y dar a conocer los hechos, siempre ha de realizarse en forma responsable teniendo en consideración que cuando se dice que el periodismo está al servicio de la verdad se está expresando una exigencia indudable: que a los periodistas les está vedado mentir y que la mentira puede tener muchas formas que, a veces, se disimula astutamente. Por ejemplo, omitiendo información. Presentar una verdad a medias es una forma de mentir. O, mirado desde otro ángulo, enfatizando solamente un aspecto de la información, el que conviene al medio o es del gusto particular del periodista. (2)

Todos los autores que abordan la ética periodística coinciden en otros aspectos que es necesario acotar. El deber de decir la verdad obliga al periodista a presentar las informaciones sin adjetivos calificativos, atribuir exactamente las expresiones de sus entrevistados, mencionar siempre las fuentes de información, identificándolas debidamente. Esto es muy importante subrayarlo, especialmente en estos tiempos cuando aumenta la tendencia de algunos a exagerar el derecho al secreto profesional, creyendo que éste da vía libre para imaginar fuentes o hacerse eco de personas que utilizan a los periodistas para divulgar irresponsablemente infundios o desinformar para mezquinos propósitos. Patricia Cruz subraya otra frecuente falta a la ética periodística, especialmente en la televisión, aunque también se da en otros medios: la inducción en las preguntas durante las entrevistas. Dice la académica: " En las entrevistas que se realiza a personajes públicos para dar información sobre algún acontecimiento o dar a conocer al público algunas características de ciertos personajes, en ningún caso el reportero debe apoyar o negar lo expuesto por el entrevistado y mucho menos elaborar las preguntas de tal manera que permita obtener una respuesta esperada". (3)

La autora también menciona el uso de los planos televisivos para ensalzar o demeritar la imagen de algunos actores de hechos noticiosos o hacer ostensible diferencia en los tiempos asignados para dar información sobre éstos.

Todos estos defectos tienden a repetirse también en Internet, aunque en otras dimensiones. Será necesario reconocer, sin embargo, que Internet, como supercarretera de la información, no solamente es un nuevo medio periodístico de comunicación, en cuanto difunde noticias, comentarios y opiniones sobre la actualidad, sino, además, es un instrumento destinado a globalizar datos, antecedentes y conocimientos generales o específicos sobre las más variadas materias. En este sentido, es más que un diario, una revista, una radio o un canal de televisión, ya que el cúmulo de material que entrega es capaz de cubrir todas las áreas del interés humano. Además, a través de la red es posible realizar una " interactividad", que va desde lo estrictamente personal a lo comercial, gremial, social o comunitario. El periodismo, en consecuencia, juega aquí un papel importante, pero no es el único. No obstante, es un hecho que los usuarios de la red la ven a ésta como otro medio de comunicación periodística e, incluso, los medios tradicionales que en un comienzo fueron reacios a darle importancia han terminado por rendirse a la evidencia: quienes ingresan a Internet buscan múltiples sitios, es cierto, pero muestran preferencia por las versiones digitales de los periódicos, de las radios y de la televisión. Es decir, de una competencia inicial, peligrosa para abatir la tradición, ha llegado a constituirse en un complemento indispensable que algunos consideran un valor agregado a los medios de origen.

Hay que considerar, sin embargo, que la producción de revistas o periódicos digitales, independientes de alguna matriz, editados en papel es, también, un hecho nuevo de la causa. Tanto por la existencia de "portadores" que asilan en sus sitios iniciativas autónomas, cuanto por el empuje de pequeños o grandes empresarios que buscan en la red una forma de construir el futuro del periodismo electrónico, hay aquí un fenómeno creciente que requiere una atenta mirada desde el punto de vista de la ética.

Para Javier Echeverría, la presencia de Internet como nuevo medio de comunicación abre espacios en direcciones múltiples que no existen en los otros, y que en la red son descentralizados e interactivos. "En los diarios, revistas y libros esto apenas existe, dice Echeverría, y otro tanto cabría decir de la radio y la televisión, a diferencia del teléfono que sí es interactivo, pero sólo es bidireccional, al menos en su formato actual". (4)

Hay también coincidencia en los estudiosos en dar al periodismo electrónico una importancia ética tanto o más grande que la de la que tienen los medios tradicionales. Y esto, por una razón fundamental. Internet, como medio de comunicación, se ha convertido en el que goza de una verdadera, auténtica e irrestricta libertad. Los periodistas que incursionan en la supercarretera no sufren censura de clase alguna, no hay leyes que impidan decir lo que el periodista considere importante revelar y el hecho de que surjan iniciativas particulares que no requieren grandes inversiones y, por lo tanto, no dependan de patrocinios empresariales o supervisiones externas, lo convierten en el lugar ideal para los profesionales que siempre han soñado con hacer realidad todas sus aspiraciones de trabajar sin trabas que obstaculicen su tarea de satisfacer a plenitud el derecho del público a ser leal, veraz y oportunamente informado.

Por cierto, tales ventajas comparativas no podrían jamás suponer que ello significa que los periodistas de los medios digitales tienen patente de corso para hacer de las suyas en el ejercicio de sus tareas informativas. Al contrario, la irrupción de los periódicos electrónicos debiera ser un aporte extraordinario a la expansión de la información exacta, precisa y honestamente expuesta. La falta de presiones políticas, económicas o religiosas es un aliciente mayor para que los periodistas conviertan su oficio en una forma cabal de servicio a la comunidad, destinataria final del derecho a saber que ésta tiene. Ello está íntimamente relacionado con la acucia en la búsqueda de la información, la objetividad, que no es otra cosa que contar la realidad de los hechos tal como ellos ocurrieron, la independencia, amplitud de criterio, tolerancia, y, sobre todo, con lo que se conoce como transparencia informativa. Ello es lo mismo que pedir al reportero un alto nivel de honestidad y de alejamiento de todo interés subjetivo en la exposición de las noticias. Lo mismo vale para las opiniones que, desde luego, siempre serán producto de la íntima percepción de quien las emite, pero al cual debe exígírsele que, al exponerlas, no tergiverse, falsee ni modifique interesadamente los hechos.

Tales normas éticas, exigibles en cualquier medio de comunicación, adquieren una especial relevancia en el periodismo digital, en el cual podría existir la tentación a divulgar rumores no confirmados, y por lo tanto absolutamente irresponsables, a incursionar en la vida íntima de las personas y agredir el honor o la dignidad de las mismas.

Las leyes de prensa que existen en muchos países responsabilizan a los autores de sus dichos, y extienden tal responsabilidad a los directores y propietarios de los medios. Como Internet es una especie de "intruso en palacio", que no está sometido a legislación alguna pese a los intentos que han surgido en muchas partes, todos ellos fallidos, es posible que se haya extendiendo la idea de que nada debiera oponerse a su expansión. Justamente ese punto es el que podría exponerlo más adelante a enfrentarse con una reacción negativa en cadena. En cambio, si al hacer uso de esa mayor liberalidad el periodismo electrónico se prestigia, por ser más pluralista, objetivo y creíble, podría poner en jaque a los medios tradicionales. El periodista y catedrático colombiano Javier Darío Restrepo, coautor con María Teresa Herrán de un libro sobre "Ética para Periodistas", en una entrevista con el director de la Agencia Colombiana de Noticias, Colprensa, afirmó, acerca de la influencia que Internet podría tener en el futuro de los medios de comunicación: " Si los medios no se preocupan de ganar una credibilidad y por prestar un servicio que pueda competir con la credibilidad y con el servicio de Internet, muy fácilmente van a ser reemplazados, al menos en parte, por la información de Internet. (5)

El mayor problema que afronta en estos momentos Internet tiene que ver con los contenidos no propiamente informativos que presentan muchos de los sitios de la red. Una encuesta realizada por la CNN en 1999 dio cuenta que un alto porcentaje de los internautas prefería abrir las páginas de sexo explícito, las revistas con contenido erótico y pornográfico, los chismorreos sobre personajes de la farándula y algunos políticos u hombres de Estado de moda. Esto, al decir de Javier Echeverría (6) nos permite dilucidar el tipo de espacio social generado por la red. Como muestra, dice, "valga un ejemplo que puede parecer anecdótico, pero resulta muy significativo. Como es sabido, uno de los sitios del World Wide Web más visitados es el de Playboy. Los directivos de esta revista plantearon en un momento dado cobrar a cada uno de los internautas que ojeara sus ficheros. En los días previos a la adopción de la medida, se produjo una verdadera avalancha de consultas, con el fin de archivar el mayor número de imágenes posibles. Ello dio lugar a que la decisión prevista fuera reconsiderada. Los directivos de Playboy decidieron adaptarse a la gratuidad tradicional de los contenidos de la red, añadiendo a cambio publicidad a sus imágenes".

La idea de convertir el periodismo electrónico en un negocio todavía no tiene resultados positivos, de acuerdo con balances recientes, por lo menos, en los sitios independientes de empresas tradicionales. En los que corresponden a versiones digitales de diarios, revistas u otros medios, generalmente son copartícipes de la publicidad de aquéllos, pero difícilmente podrán tener un financiamiento propio a través de anuncios colocados estratégicamente como banderolas de cabecera (banners).

Este aspecto de la situación ha hecho que en algunos parlamentos del mundo, incluyendo Estados Unidos, a pesar de la vigencia de la primera enmienda constitucional, que prohibe legislar para limitar la libertad de expresión en todas sus formas, se alcen voces destinadas a poner atajo a los excesos que pudieran cometerse o que se cometen a través de Internet. Tales iniciativas se fundan en que, a través de Internet, "pueden transmitirse datos, documentos, imágenes y sonidos de diversa naturaleza o contenido, sean lícitos o ilícitos, morales o inmorales, permitidos o prohibidos, benignos o nocivos". (7)

El abogado Renato Javier Jijena que es profesor de Derecho Informático y diplomado de la Universidad de Zaragoza, y es actualmente docente en la Universidad de Chile, reivindica un concepto que los profesores de ética periodística hemos señalado como básico para el sustento de la más plena libertad de expresión, de información y de opinión. Esto es, la autorregulación de los propios periodistas y, en sentido más amplio, cuando se trate de las otras áreas que cubre Internet, la autorregulación de quienes utilizan la red a través de sitios personales o corporativos. Esto debiera significar, desde luego, el conocimiento cabal de aquellos preceptos que nadie debiera jamás violar para mantener íntegramente vigente el imperio de los derechos de las personas.

Constitucionalmente, en Chile existe libertad de emitir opinión y la de informar, sin censura previa, en cualquier forma y por cualquier medio, "sin perjuicio de responder de los delitos y abusos que se cometan en el ejercicio de estas libertades". La actual Ley de Abusos de Publicidad y la futura Ley de Prensa definen cuáles son los medios a que se refiere la norma constitucional, y entre ellos no se menciona explícitamente a Internet, aunque no faltan los que interpreten que, al hablar de cualquier medio, se podría incorporar a la red. No obstante, como la única disposición legal existente al respecto es la Ley 19113, sobre delitos informáticos, que se refiere al uso malicioso desde el punto de vista tecnológico de los sistemas de tratamiento de información computacional, destrucción o apropiación indebida de las bases de datos y uso doloso de los programas ( software). No hay alusión a la red ni a la palabra Internet, de modo que, por el momento, El profesor Jijena subraya que hay un error conceptual y jurídico en quienes pretenden definir a Internet como un Medio de Comunicación Social, y por lo tanto, es equivocado afirmar que las responsabilidades que en derecho les caben a los medios de comunicación colisionan con las características técnicas de Internet, ya que, por no ser un medio de comunicación social, no se le pueden exigir responsabilidades. Jijena dice que lo que ocurre es que Internet forma parte de los medios de comunicación masiva, lo que no es lo mismo que los medios de comunicación social, perfectamente caracterizados en sus funciones. (8)

Lo dicho por Jijena tiene relación con una moción presentada en la Cámara de Diputados durante la discusión de la Ley de Prensa, que se encuentra en último trámite constitucional. En la moción se establece que "el que difunda o propale a través de los sistemas, redes y procedimientos de Internet, o de otros servicios de igual naturaleza, informaciones, contenidos o noticias contrarias a la moral, el orden público o las buenas costumbres, será sancionado con una multa de 15 unidades tributarias mensuales. Igual sanción se aplicará a quienes usen dolosamente tales servicios y redes, con el propósito de incitar al odio y la discriminación contra grupos de personas en razón de su raza, nacionalidad, sexo o religión, y a los que utilicen esos servicios o redes para difundir pornografía o efectuar la apología de la violencia".

El profesor Jijena hace varias objeciones a esta iniciativa. La primera es que se trata de una ley que sólo regirá en Chile, y que, por lo tanto, no pasaría de ser una mera declaración de principios, fácilmente vulnerables por la aterritorialidad de Internet. Se trata, en consecuencia de letra muerta. Pero, además, la moción recomienda que se estudie en un plazo de seis meses un procedimiento destinado a encontrar técnicas idóneas de resguardo contra los contenidos ilícitos. Esta es una forma de censura previa que, aunque de difícil ejecución, revela un afán de coartar este espacio de libertad que es Internet, pero con medidas declamatorias. Jijena hace otras observaciones de carácter procesal, que no viene al caso repetir aquí, porque nos desviaríamos del fondo de nuestro trabajo. (9)

En suma, no es a través de la ley positiva como se podrá enfrentar los problemas que pudiera crear, o que ya está creando Internet. Estamos seguros que el sistema puede ser extraordinariamente útil y valioso para acentuar la libertad de expresión, en sus áreas de información, interpretación y opinión, asegurar la independencia de los periodistas y su autonomía de gestión. Naturalmente, insistimos, tales bienes solamente serán ampliamente positivos para la comunidad si los periodistas que utilizan la red asumen con mucho celo sus deberes éticos, que no son diferentes ni antagónicos con los principios y valores aplicables a los profesionales de cualesquier otros medios de comunicación.

Esta preocupación por la ética periodística en el más amplio abanico de posibilidades existe actualmente en el mundo de una manera muy directa. Incluso en Internet hay sitios destinados a comentar las situaciones conflictivas creadas por diarios, revistas, radios o canales de televisión, señalando, al respecto la buena doctrina frente a cada falta. Es el caso de "Observatório Da Imprensa," de Brasil, y varios otros de Estados Unidos, que dan orientaciones acerca de lo que se debe o no hacer, instando a los periodistas a que autorregulen su actividad y eviten así que aparezcan críticos externos promoviendo legislaciones para establecer censuras previas o castigos ejemplares. Esta es una tarea que los periodistas tenemos que abordar con mucha seriedad y sentido de futuro, para prever desagradables o irreparables consecuencias el día de mañana.

_____
Notas:

1 Roberto Silva Rodríguez, "Competitividad y Ética", extracto de su tesis en Universidad Mayor de San Marcos, Lima, publicado en Sala de Prensa ( www.saladeprensa.org), Año I, Vol 2, No.9, julio de 1999.
2 Patricia Cruz, "La práctica de la ética en los medios de comunicación", Colección de Derechos Políticos, Academia Mexicana de Derechos Humanos. (También en
Sala de Prensa, Año II, Vol. 2, No.2, febrero de 1999.)
3 Patricia Cruz, Ibidem.
4 Javier Echeverría, "Internet y el Periodismo Electrónico",
Sala de Prensa, Primera Epoca, Vol. 2, 1998.
5 Oscar Domínguez G. "Las verdades de Javier Darío Restrepo", Revista "Pulso del Periodismo".
6 Javier Echeverría, ibidem.
7 Renato Javier Jijena Leiva, "Informe legal sobre la improcedencia de censurar Internet", Cámara de Diputados de Chile. (También en
Sala de Prensa, Año III, Vol. 2, No.17, marzo de 2000.)
8 Renato Javier Jijena Leiva, ibidem.
9 Renato Javier Jijena Leiva, ibidem.


* Emilio Filippi M. fue el director fundador del diario La Epoca, de Santiago de Chile. Este texto fue publicado en la Revista de Humanidades de la Universidad Nacional Andrés Bello, agosto del 2000, y fue entregado por su autor para su reproducción en Sala de Prensa , con lo que se convierte en colaborador.


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