Sala de Prensa


1
Enero 1999
Año II, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Surrealismo documentado

Gerardo Reyes *

Un suplemento dominical de un periódico de Madrid ha clasificado el libro de García Márquez "Noticia de un Secuestro" en la sección de las obras de ficción más vendidas en los últimos meses. Injusto disparate para un novelista que se gastó más de tres años de su vida ahuyentando sus fantasías mientras buscaba los datos legítimos de una pavorosa realidad que merecía desde hace mucho tiempo un libro de no ficción.

"Noticia de un Secuestro" es la primera obra de García Márquez escrita con rigor de reportero investigador. Sus maravillosas crónicas de los países socialistas, los reportajes de cuando era feliz e indocumentado y el "Relato de un Náufrago" forman parte de un género diferente, que algunos llaman periodismo literario.

Se trata de esos artículos del Gabo bohemio, colmados de hipérboles macondianas que delataban la incontrolable tentación del escritor de explotar al máximo y en primera persona los detalles absurdos, como las ratas muriendo de sed en Caracas, los contrastes, como el de las checas dando su vida por unas medias de nailon, y las grandes injusticias, como la cometida con Vicente Hernández Marval, taxista venezolano condenado por un asesinato que no cometió.

En esa época, en la que se escribía con tinta y aguardiente, García Márquez afirmaba que en Bogotá llovía 360 días al año ("Colombia: al fin hablan los votos"). Ahora, en su nuevo libro, el Gabo investigador prefiere la precisión de filigrana y cita los archivos del Instituto Meteorológico para dar una idea exacta de las condiciones climatológicas en la madrugada en que Maruja Pachón fue secuestrada.

El nuevo trabajo del Premio Nobel es un relato de 10 secuestros ocurridos en 1990 y ejecutados por "Los Extraditables", organización creada por el legendario capo de las drogas Pablo Escobar para forzar al Gobierno a revocar el tratado de extradición.

La idea del libro surgió en 1994 a raíz de varias conversaciones que el escritor sostuvo con Maruja Pachón cuando era ministra de Educación del Gobierno colombiano.

Maruja estaba empeñada en que nunca hablaría de esa tragedia con nadie, a excepción de su marido.

"Hablar era como volver a ese hueco", recuerda.

Escribir, sin embargo, era un proyecto que guardaba para una fecha indefinida, con la esperanza de dar a conocer detalles de una historia que los colombianos habían olvidado por las mismas razones que ella no quería recordar.

Dice García Marquez en su introducción que, en principio, la crónica era sobre el secuestro y el rescate de Maruja, pero después se dio cuenta de que era imposible desvincular aquel secuestro de los otros nueve que ocurrieron al mismo tiempo en el país.

"En realidad no eran diez secuestro distintos –como nos pareció a primera vista–, sino un solo secuestro colectivo de diez personas bien escogidas y ejecutado por una misma empresa con una misma y única finalidad", escribió García Márquez.

Además de Maruja, los rehenes fueron: Diana Turbay Quintero, hija del expresidente Julio César Turbay; Azucena Liévano, editora del noticiero de televisión Cripton; Juan Vitta, redactor; Richard Becerra y Orlando Acevedo, camarógrafos; Marina Montoya, hermana del asesor del expresidente Virgilio Barco, y Francisco Santos, jefe de redacción de El Tiempo.

Montoya y Turbay murieron en manos de los secuestradores.

En varios seminarios de periodismo he escuchado con frecuencia la pregunta de cuáles son las ventajas que se pueden combinar del periodismo de Estados Unidos y las del periodismo latinoamericano.

Creo que la respuesta está en el libro de García Márquez pues allí se funden las virtudes de ambas escuelas. De la americana tiene el afán de la precisión en los datos fríos y técnicos, la obsesión por los detalles, la necesidad de los testimonios puntuales y entre comillas; de la latina tiene la cálida exploración del carácter de los personajes, los ambientes y las licencias para interpretar sin conjeturas.

"Gabo estaba obsesionado con los detalles", me dijo Maruja cuando la entrevisté para El Nuevo Herald. "Estaba muy interesado en qué pasaba todos los días del secuestro, quería corroborar cómo se vestían los sicarios captores, qué decían y qué hacían", explicó. "Para mí fue como una terapia sicológica."

Esa mezcla de factualidad y surrealismo documentado, la obsesión por la minucia útil y por esas situaciones sin aparente importancia que terminan reflejando el filo más elocuente de la historia, mantienen vivo al lector ante un drama que, por ser tan doméstico, a veces tan legalista y tan político, podría mandarlo a dormir.

Como ocurre en todas las obras de personajes reales, siempre quedan reproches al autor por lo que dejó de decir o por lo que dijo en forma equivocada. Gabo no se ha librado de esas críticas, especialmente de sus paisanos, que estuvieron más cerca del drama.

Unos dicen que fue insensible con Marina Montoya; otros, que fue condescendiente con el entonces presidente César Gaviria, que se mostraba como un mandatario intransigente con los narcos, pero que terminó negociando con ellos, y otros extrañaron al menos una pequeña semblanza de la vocación asesina de Pablo Escobar.

García Márquez es consciente de las limitaciones al confesar la "sensación de insuficiencia" que compartió al terminar el trabajo con las personas que sufrieron con él "la carpintería confidencial del libro", la periodista Luzángela Arteaga y Margarita Márquez Caballero, prima del escritor.

Para los periodistas latinoamericanos humildes que todavía creen que pueden aprender algo más, la lectura de "Noticia de un Secuestro" tiene varias lecciones provechosas. La primera, que es este un excelente, estimulante para escribir en profundidad sobre acontecimientos que en su momento quedaron mal contados.

En este proceso, cuando ya todos los reporteros se han ido, no hay cámaras ni micrófonos, y los protagonistas tienen la mente más despejada, entonces llega el periodista sin afanes, hace de nuevo las preguntas elementales, recorre los escenarios de la historia y descubre todas aquellas cosas importantes que se dejaron de decir.

La otra lección es metodológica. La forma como García Márquez organizó el material es una guía practica para escribir dramas colectivos.

Pero lo importante de este trabajo, y por supuesto no aparece en términos docentes en el libro, es que se trata de un excelente manual de cómo hacer entrevistas. Todos esos detalles que describe el escritor no surgen cuando el periodista se sienta escribir, sino cuando está frente a su personaje, y sirven para que su libro no lo pongan en las librería en los estantes de ciencia ficción.


* Gerardo Reyes es miembro del equipo de investigación de The Miami Herald. Este texto es reproducidodel número 28 de la revista Pulso del Periodismo, editada por el International Media Center de la Florida International University, con la autorización de su editor, John Virtue.


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