Sala de Prensa


22
Agosto 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La ciudad que los medios no leen

(Un ensayo sobre la otra cara de la "luna")

José Guillermo Anjel R. *

"No quiero tener una esposa que sea mi ama de llaves, que cocine, limpie y compre, pero me gustaría contar con una compañera, alguien con quien compartir libros, películas y poesías, una persona con quien hablar por las noches. Incluso me gustaría tener hijos y criarlos para saber algo más sobre Michael Jackson".
Ken Follet. EL VALLE DE LOS LEONES.

A mí el ejemplo aquel del hombre que muerde a un perro siempre me pareció extraño, porque era llamativo pero no contundente. Y si bien así era como se definía el verdadero sentido de la noticia, que estaba cifrado en la novedad y lo inusitado, en este caso un hombre rabioso y un perro asustado, ¿qué sucedería cuando lo cotidiano fuese hombres mordiendo perros? Porque lo novedoso, cuando ya es común y se presenta de manera permanente, deja de ser noticia. Imagino, entonces, que habría que volver al perro que mordía hombres.

Esto de la extrañeza ligada al espíritu de la noticia fue el método de otros tiempos, los de la guerra por la novedad. Y de eso sólo quedó el síndrome de la "chiva", este afán de decirlo primero que los demás sin soportar lo dicho con el análisis, la confrontación o la moralidad. Síndrome que lleva a una carrera desaforada por el pequeño dato, por la reiteración de lo dicho y por el teatro. Y por el facilismo, que todos van por la punta del iceberg pero ninguno profundiza como es debido. Se dirá que vivimos días de tiempos cortos y de información emocional.

Y así, mientras los medios se pelean un trozo de la noticia, noticia que es repetitiva y de aires similares, donde el pan esta compuesto por violencia, corrupción, frivolidad, héroes de gol y pitts, declaraciones de guerras y supuestas victorias, la otra realidad no existe para los periodistas. Es que los directores de los medios les han confundido el concepto de actualidad y se las han definido como aquello que genera miedo o euforia. Pero, ¿qué acontece con el resto de la actualidad? Por actualidad entiendo lo que sucede hoy, bueno y malo, divertido y asustador. Y por objetividad logro entender el equilibrio entre las informaciones que recibe un receptor, que además de sustos también quisiera que le hablaran de gente como él.

La realidad es un compuesto de situaciones varias. Y así como es realidad esto que nos asusta, también es realidad aquello con lo que nos gustaría identificarnos. Y en este punto, es donde los medios no hacen una lectura de la otra ciudad, la que estudia y trabaja, monta en metro y sale a un cine. La que vive a la búsqueda de un mañana y asimila enseñanzas del entorno y la comunidad. Esta otra ciudad, la no leída, escapa al miserabilismo y asume posiciones de vida común y corriente, de clase media, con deseos y logros pequeños, pero no por eso menos interesantes y necesarios de ser conocidos por el colectivo.

En el siglo 18. Jane Austen rompió el esquema de las novelas truculentas o de argumentos atroces escribiendo historias domésticas, donde supuestamente no pasaba nada. Narraba la vida cotidiana, los pequeños amores, las ansias de la cocina, el orgullo de haber preparado una buena mesa o la satisfacción de haber entendido un sermón. No había morbilidad en sus relatos. Igual pasó con Hemingway cuando, para escapar de los argumentos violentos de cacería y guerra, escribió la novela "Al otro lado del río y entre los árboles", donde plantea una historia de amor y una muerte digna, sin hienas rientes. Claro que esta novela que no fue bien recibida porque se salía del esquema del escritor que, como gran periodista, creo, buscó una lectura de la otra cara. Imagino que "Al romper el alba", vaya a sufrir de la misma acusación de no violencia.

Las ciudades no leídas por los medios son una suma de microhistorias con ejemplos de valentía, amor por los demás, satisfacciones personales y gente sentada en las bancas de un parque soñando. Y estas microhistorias también son dignas de ser contadas en calidad de información actual. Es más, necesarias de ser conocidas porque ellas generan modelos a seguir y plantean una vida más fácil y atractiva para vivir, menos dura. Un periódico como Good News from Colombia, es una muestra clara de que se puede escribir de la otra cara de los acontecimientos que hoy nos dan como noticia. Allí hemos escrito sobre inventores, músicos, novelistas, estudiantes creativos, niños avanzados, amas de casa que han hecho de su hogar un territorio digno para la vida; hemos escrito sobre fabricantes de novedades, sobre la belleza de nuestras tierras, sobre los logros de los técnicos y los pasados amables que construyen nuestra historia. Se ha leído la otra cara.

Durante un día acontecen muchos hechos importantes positivos. Hechos que oxigenan la negritud de las malas noticias. Y lo que es más importante, que producen optimismo y le restan protagonismo a esto que nos asusta. Ayer, por ejemplo, sucedió que una maestra inauguró con sus alumnos los pupitres hechos por ellos. También pasó que una mujer fue a parir tranquila porque el vecindario le proporcionó todos los elementos para su bebé. Y sucedió que un estudiante terminó de hacer un programa de computador para facilitar las tareas de sus compañeros y la enseñanza de su maestro.

La realidad es mi realidad, decía Schopenhauer, y todo, anotaba también, es un acto de la voluntad. Vemos lo que queremos ver y construimos el espacio real que queremos. La pregunta que me hago, es ¿bajo la óptica de la realidad de quién estamos viendo el mundo? ¿La de uno que tiene su realidad destruida y por eso pregona la destrucción? ¿O la de otro que tienen una realidad en construcción y por eso quiere contar que la palabra imposible no existe?

El mundo se acaba cuando nos dicen que se acaba. Y se construye cuando nos dicen que se construye. El centro de economistas de la universidad Carlos tercero de Madrid, ha llegado a la conclusión de que el motor de las economías y las sociedades es el optimismo y que su destrucción acelerada es el pesimismo. Creo, el optimismo vendría de esa cara de la ciudad que no se lee, que ahí están los ejemplos a seguir, los pequeños asombros, la reconciliación con los días. Y ese optimismo, donde el actor es el ciudadano medio, equilibraría el negativismo de las noticias de primera plana. Es que los medios deben dar opciones de realidad y no inclinarse por una sola y la más fácil, que es la truculenta, aquella que manipula y no exige análisis ni reflexiones profundas.

El fin del mundo está cerca porque nos anuncian la realidad a través de una gente que tiene el mundo destruido. Y como dice Kavafis, ya para ellos no hay salvación, no importa a que lugar se dirijan. Es que su realidad está podrida. Y es terrible que esto suceda, porque el mundo es un conjunto de opuestos donde los bueno y lo malo existen. Siempre ha sido así. Y siempre, me atrevo a pensarlo, lo bueno ha superado lo malo. Es que el hombre inteligente busca vivir en mejores condiciones cada día. Y en esta búsqueda corrige errores, planea, prueba y asume lo posible, es decir, esto que no genera dudas.

La ética es el derecho que tenemos a ser felices. Y esta ética la construimos con costumbres que consideramos buenas porque nos permiten leer lo positivo que hacemos. Pero todo parece indicar que los medios, en especial los sonoros y los audiovisuales, están abiertamente opuestos a esta ética. Y entonces, como en los mitos escatalógicos y milenaristas, van oliendo aquello que está oscuro y sabe mal. Y así legitiman los intereses de quienes utilizan el caos como ejercicio de poder. Como acontece en "El Señor de las Moscas" de Golding, novela que es una fábula terrible de la forma en cómo nos aniquilamos a nosotros mismos. Claro que en el opuesto de esa metáfora de lo horrible, también hay una metáfora de lo bello, que es el cuento de "La Isla Desconocida de Saramago", donde un sueño se alimenta de dos que creen en él.

En este momento alguien habrá terminado un buen trabajo, otro hará proyectos con su mujer, el de más allá planeará un futuro para sus hijos y ustedes, los que están aquí en frente, deberían ser noticia porque ejercen de oyentes para que mañana tengamos un día mejor, porque en lugar de la ciudad a oscuras verán la ciudad de los colores, esa que nos pertenece en calidad de derecho porque no tenemos otra y nuestra obligación es hacer de ella un sitio donde vivir sea bueno.

Cierro este comentario con una cita de Fernando Savater: Mientras el periodista quiera ser el protagonista de los hechos y no un informador de ellos, la truculencia será la noticia. Y acoto: es que es más fácil y supuestamente atractivo posar de superhéroe que de persona que aprende de los hechos que anuncia.

Gracias.


* Ponencia para la Feria del Libro de Medellín (septiembre 5 de 1999). Escrito en Medellín, ciudad construida con el trabajo de los que no hacen parte de las malas noticias.


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