Sala de Prensa


22
Agosto 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


El Periodismo de Investigación
y la antropofagia global

Juan Jorge Faundes Merino *

Con un grupo de alumnos del Seminario de Periodismo de Investigación de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago, hemos tratado de identificar la noción más predominante de periodismo de investigación que existe en América Latina; los principales obstáculos que enfrenta este tipo de periodismo, y los métodos que los periodistas investigadores utilizan para vencer esos obstáculos. Para ello, analizamos gran parte de la bibliografía que acerca del periodismo investigativo existe en habla hispana.

La noción predominante establece que la línea que separa esta clase de periodismo de la investigación periodística habitual es la intención de investigar para revelar aquello oculto que personas, grupos, instituciones, el Estado o fuerzas o aparatos en general intentan impedir que se conozca.

El periodista argentino Horacio Verbisky ha llegado a sostener: “Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda”. (Verbitsky, 1997:16)

Los principales obstáculos son de perogrullo: dificultad o imposibilidad de acceso a las fuentes estatales o privadas; esfuerzos de las fuentes por impedir que se investigue; amenazas.

Las principales soluciones a esos obstáculos: amor por la verdad, la justicia, la libertad y la solidaridad; coraje, perseverancia y tenacidad. Lo demás son instrumentos propios de toda investigación científica y social, además de técnicas detectivescas.

Quiero sostener, y en lo posible demostrar, que el periodismo de investigación, además de caracterizarse por revelar lo oculto que otros quieren mantener silenciado y, precisamente por ello, necesita ser radicalmente contracultural, asistémico, disfuncional respecto de lo establecido, e instalarse en la perspectiva de la disidencia. De lo contrario, jamás será libre para poner al propio modelo establecido, a la forma de sociedad imperante, como objeto de sus indagaciones.

LA INVESTIGACION Y EL PERIODISMO

Todo ejercicio del periodismo debe ser investigativo. No se puede informar de aquello que no se conoce. Y, para conocer, hay que investigar. La investigación, rigurosa, es una exigencia —si se pudiera decir sin caer en lo ontológico— de la naturaleza del periodismo. De lo que el periodismo es.

La investigación es un requisito indispensable para todos los géneros. Tanto para comunicar en un nivel descriptivo, propio de lo que podríamos llamar de una semántica de los sucesos (tarea informativa); como para hacerlo en un nivel más profundo, buscando su sentido histórico-social (tarea interpretativa), o como para juzgarlos desde la posición estratégica, valórica asumida por el hablante (tarea opinativa). En todos estos casos se requiere de una investigación previa. Ya lo dijimos: no se puede comunicar aquello que se desconoce; no se puede encontrar el sentido de aquello que no está establecido como un hecho; menos, aún, podremos juzgarlo.

Me parece que la palabra reportear nos aligera de la responsabilidad investigativa. Se reportea cuando se pone una grabadora en la boca de una fuente cualquiera; se reportea cuando se es el corre ve y dile entre el gobierno y la oposición; entre un político y su rival; entre “A” y “B”.

La investigación es necesaria porque no existen las fuentes inocentes. Ha de presumirse que tras todo texto o acción de una fuente, hay una intencionalidad estratégica que está al servicio de un determinado proyecto. Y si ello no fuera consciente, tras todo texto o acción de una fuente hay una funcionalidad o una disfuncionalidad respecto de un objeto-valor en disputa. El periodista —cualquiera sea el género que trabaje—, debe partir de esta presunción de no-inocencia de las fuentes.

PERIODISMO E IDEOLOGIA

La investigación es necesaria para socavar, debilitar, contaminar, denunciar y, en lo posible, destruir la ideología dominante. Se trata de investigar para identificar los recursos y estrategias de la ideología que la clase hegemónica global impone a las grandes masas paupérrimas, explotadas y consumidoras del planeta. Esta nueva “clase social global” está formada por los principales propietarios, accionistas y ejecutivos de las grandes corporaciones globales (multinacionales, transnacionales), su modo de producción es el capitalismo global, su ideología el neoliberalismo global que proclama paradójicamente el fin de las ideologías, su forma preferida de gobierno: las “democracias de mercado”.

Cuando se afirma que la prensa, la radio y la televisión dan a la gente “lo que la gente quiere”, tendríamos que preguntarnos: ¿por qué lo quiere la gente? ¿Qué podrán querer el niño o el joven o el adulto expuestos durante varias horas-día a la televisión, la radio y los diarios, sino aquello que esos mismos medios le inducen?

La ideología es descrita por el holandés Teun van Dijk como “las normas básicas, los valores y otros principios destinados a la consecución de los intereses y objetivos del grupo, además de a la reproducción y legitimación de su poder” (1997:39). Por lo tanto todas aquellas ideas, valores o normas que contribuyan a la legitimación y reproducción del poder la clase hegemónica global, serán elementos de la ideología global. Y, correspondientemente, en los subniveles locales, la ideología local.

En 1983 —hace quince años— a propósito de un informe de la UNICEF, escribí un poema que se llama “Tic-Tac” y que comienza así:

“Dos segundos en la Tierra:/ un niño muere víctima de la pobreza y del hambre... / Dos segundos: / un niño muere entre cada tic - tac del reloj de mi muñeca... / Tic-tac (en Africa), Tic-tac (en Asia), Tic-tac (en América Latina)... ”.

Quince años después mi reloj ya no hace tic-tac porque la Tierra progresó. Ahora es un pequeño y silencioso computador. Hace quince años ese poema lo escribí en una máquina dactilográfica. ¡Ahora tengo un note-book AcerNote Light pentium intel inside, todo en inglés, importado, conectado a Internet y con 40 megas de memoria Ram!... Pero —siempre según la UNICEF— siguen muriendo de hambre y pobreza un niño cada dos segundos, 43.200 al día y 15.768.000 al año. ¡Un país de niños muere de hambre en un año! En estos quince años, desde que escribí el poema y la Tierra progresó tanto, han muerto 236 millones 520 mil niños de hambre. ¡Todo un continente!.

¡Muy poderosa ha de ser la ideología dominante como para que los periodistas sigamos pensando que hay asuntos más importantes de los que informar! ¡Muy poderosa ha de ser la ideología dominante para que sigamos convencidos de que nada podemos hacer, de que no somos responsables, de que es el costo de nuestra estabilidad y del progreso! ¡Muy corrupta ha de ser la ideología que proclamó el fin de las ideologías, el re-nacimiento del capitalismo salvaje, nuestra nueva condición de ciudadanos consumistas, del mercado como el becerro de oro asignador de bienes y de males, la Declaración Universal de los Derechos Humanos como treinta principios tranquilizadores de conciencias mientras están en el papel... pero subversivos si se exigen!

Hoy preocupa a muchos la crisis asiática... Pero desde hace más de 15 años la UNICEF viene denunciando el genocidio más horroroso de la historia de la especie humana. Un continente de niños está en crisis permanente.

Quizás si uno de los peores enemigos de los periodistas investigadores sea la ideología hegemónica y sus tretas tranquilizadoras de conciencia. Porque suele ser un adormecedor de la propia conciencia periodística.

DIVERSOS “PERIODISMOS” DE INVESTIGACION

Como con casi todo, en materia de periodismo de investigación no se puede generalizar. No se puede hablar de un periodismo de investigación, sino de diversos periodismos de investigación. El periodismo de investigación no puede ser ajeno a la médula de los males de cada sociedad particular. Es distinto investigar desde la perspectiva del Norte que desde el enfoque del Sur. Es distinta la noción de corrupción desde la mirada del Norte que desde los ojos del Sur. Es diferente el concepto de robo en la mente de quien tiene hambre, al concepto de robo en la de quién está harto. Es incompatible la idea de propiedad de la tierra capitalista europeo occidental que anida en el cerebro de un terrateniente, a la idea de la tierra como diosa madre generadora de la vida y de la gente, a quien, a la inversa, nosotros pertenecemos, sentimiento-pensamiento del pueblo mapuche. El periodismo de investigación debe estudiarse, por lo tanto, desde los aspectos peculiares de cada cultura y situación enunciativa. Sin perjuicio de ello, hay también una panorámica cosmopolita que ilumina y da sentido a las particularidades.

No puede quedarse la noción de periodismo investigativo en la superficie de lo detectivesco, que rastrea aquello oculto pero trivial, y superficial. El periodismo de investigación debe bajar —en cada situación particular— a las profundidades del Infierno: allí donde se manejan los hilos del bien y del mal, de la vida y de la muerte. Allí se bajó durante y después de la dictadura militar chilena tratando de descubrir el destino de los detenidos-desaparecidos; los negociados de quienes se hicieron magnates con las privatizaciones; el verdadero alcance de la pobreza en medio del mito del milagro consumista. Allí bajó en la dictadura militar argentina la Agencia ANCLA, no ancla de aferrarse al fondo del mar, sino ANCLA de “Agencia de Noticias Clandestinas”, ancla de aferrarse al fondo de la verdad (Verbitsky, 1997: 19).

En el caso —un caso global, para estar a tono con los tiempos, tiempos que hacemos nosotros como se dijo en el acto inaugural de este seminario—, en el caso de los 236 millones 520 mil niños muertos de hambre y pobreza en los últimos quince años, el periodismo de investigación debiera preguntarse: ¿Quiénes son los responsables de los genocidios —no ya por cámara de gas— sino por hambre? ¿Qué hacer para terminar con este pecado social que nos involucra a todos? Y no hablamos de otros genocidos más cotidianos como la contaminación por smog; por los productos que ingerimos en cada comida; el proceso de privatización de la salud, los accidentes del tránsito, el genocidio cultural de mapuches y pehuenches, etc. ¿Cómo dicta el mercado la relación costo-beneficio para establecer qué es más rentable, y más rentable... para quién?

Para comprender este “caso global” el periodismo de investigación tendría que situarse en una perspectiva histórica. Y recordar que desde el genocidio que comenzó en Nuestra América hace 500 años, cuando la voracidad del naciente capitalismo europeo en expansión colonialista se nutrió del oro, de la plata, de la cultura y de la sangre de los pueblos indígenas, primero, e indígenas y mestizos después; pasando por las dos feroces guerras mundiales (producto de los antagonismos internos del capitalismo de la primera mitad del siglo XX), hasta nuestros 236 millones 520 mil niños muertos por hambre y pobreza en los últimos quince años, éste, nuestro modo de vida civilizado occidental, capitalista y cristiano, ha sido escandalosamente genocida. ¡Mucho más escandaloso que el sexo oral del Presidente Clinton con su secretaria!

Desde hace 500 años, la “rentabilidad” y “calidad de vida” de unos pocos (de un puñado de conquistadores europeos audaces; de un puñado de europeos colonizadores pícaros; de una minoría de criollos tanto o más picarones que ellos; de una minoría contemporánea de empresarios y magnates nacionales y globales), desde hace 500 años, la rentabilidad y calidad de vida de estos pocos —que ha chorreado, sí, admitámoslo, a ciertos segmentos medios—, se ha construído a costa del genocidio de los muchos.

DE CARROÑEROS A CONTRACULTURALES

El periodismo de investigación —en un sentido general— se caracteriza por develar aquello oculto que fuerzas socioculturales mayores o menores impiden que se conozca. Por lo tanto, no es aquel periodista detective que se ocupa de escudriñar entre las intimidades de los personajes top para alimentar las páginas de las revistas del corazón o de los tabloides sensacionalistas. No es aquel recolector de carroña para la prensa mercantil (Al contrario: la prensa mercantilista debiera ser blanco de los periodistas investigadores). Estos periodistas carroñeros —y este tipo de periodismo, el de los muckrakers (escarbadores de suciedad, reveladores de escándalos)—, se generó y existe precisamente para alimentar a la prensa que sólo tiene la ganancia líquida, el negocio, como máximo ideal. El escarbador de suciedad es semejante al productor de pornografía. Usar las intimidades para el negocio sucio. No es ese el periodismo de investigación al que nosotros hacemos referencia.

He puesto el ejemplo de los niños que mueren de hambre en el planeta porque hoy las empresas funcionan globalmente. Y me atrevería a asegurar que las zonas del mundo donde la mano de obra es más barata... son las zonas donde hay más hambre. Cada vez

que en nuestros siúticos malls compramos bienes importados baratos... en el otro extremo

de la cadena de producción hay un padre o una madre asiáticos o africanos o latinoamericanos, explotados a salarios de hambre. Y alguno de sus hijos se está muriendo. En la cúspide de la pirámide, aquellos pocos magnates —burgueses globales— que, en este contexto, más bien son antropófagos globales. El global-antropofagismo, la fase actual del imperialismo (y no digo caníbales, porque el canibalismo fue la defensa de los caribes de las Antillas para contrarrestar al invasor europeo).

LAS ESFERAS DE LA INVESTIGACION

¿Hasta dónde investigar? (O, lo que es lo mismo: ¿desde qué esfera formular las preguntas que guiarán nuestra investigación?):

¿Investigar sólo preguntando desde y en las esferas del consenso —sobre aquello que todo el mundo encontraría bien que se investigue: verbigracia: el narcotráfico, la corrupción de los burócratas, la delincuencia callejera, etc. —; o investigar además en las esferas de la controversia legítima —aquello acerca de lo cual es socialmente legítimo discrepar: el financiamiento de las campañas políticas, el tráfico de armas, el juicio a los militares que violaron los derechos humanos, etc.—; o también, y por sobre todo, investigar desde la esfera de la disidencia; es decir, desde aquella esfera de lo socialmente tabú?

Porque hoy es un mérito aparecer en Fortune encabezando los listados de más ricos del mundo, pero sería muy mal visto calificarlos de global-explotadores. Y, peor, culparlos de los 236 millones 520 mil niños genocidados de hambre en estos últimos quince años.

Investigar desde la disidencia es reunir datos que pongan en cuestión el global-antropofagismo, datos que justifiquen e impulsen una forma humanitaria y justa de producción y distribución de la riqueza. Investigar desde la disidencia es reunir datos que pongan en evidencia los estereotipos, fetiches y otros recursos discursivos reduccionistas que la cultura hegemónica utiliza para legitimarse, perdonarse y reproducirse. Investigar desde la disidencia es identificar aquellos supuestos (o presupuestos) que permanecen inocentados cuando, inclusive, se habla contra la corrupción y la probidad. Porque justamente allí, en aquellas situaciones que se dan por estables y constantes y pre-existentes es donde anida el germen de la corrupción a gran escala.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define corrupción como “acción y efecto de corromper o corromperse” y, corromper, como “alterar y trastrocar la forma de alguna cosa” y como “echar a perder, depravar, dañar, podrir...”, además de “sobornar”, “pervertir o seducir”, “fastidiar, irritar” y “oler mal”.

Sin duda que la forma que la especie humana ha adoptado en estos últimos siglos, pero sobre todo en las postrimerías del siglo XX, para organizarse y producir, es un modo de organización y de producción corrupto. No hay duda que la muerte por pobreza y hambre de un niño cada dos segundos, 43.200 al día, 15 millones 768 mil al año, y 236 millones 520 mil en los últimos 15 años, constituye la alteración y trastrocación de la forma de alguna cosa. En este caso de los niños: los rostros se ponen esqueléticos y los vientres se inflan. Una vez cadáveres, sin duda que los niños se echan a perder, se dañan y se pudren. A nosotros el sistema corrupto nos deprava y nos soborna y nos pervierte con la “sociedad” de consumo que nos seduce en las burbujas urbanas residenciales de las clases ricas y de los malls. Cuando reflexionamos en ello desde la impotencia en que nos ha sumido la cultura dominante, nos sentimos irritados y fastidiados. En cuanto al mal olor...

Deberemos distinguir por lo tanto al menos tres tipos de periodismo de investigación:

a) El que destapa suciedades y escándalos para nutrir el negocio sensacionalista (se interroga y habla desde la controversia legítima);

b) El que investiga con propósitos altruistas dentro de los límites de la cultura hegemónica, sin ponerla en cuestión (se interroga y habla desde el consenso y desde la controversia legítima);

c) Aquel que está dispuesto a problematizar e investigar desde la disidencia y la contracultura (la propia cultura hegemónica es puesta en cuestión; los fundamentos del sistema, del orden sociocultural vigente son puestos bajo sospecha).

ANEXO

PERIODISMO - CORRUPCION - PRENSA ARGENTINA

“La espada allanó el camino. La concentración vertiginosa del poder económico es premisa y consecuencia del modelo neoliberal, exaltado por sus beneficiarios a partir de mejoras en los indicadores macroeconómicos cuyo sombrío correlato social es la marginalidad y la exclusión. El exacervado individualismo de los vencedores desprecia como sensiblería anacrónica los valores colectivos y la solidaridad. La única crítica bien vista al modelo es la de los recursos perdidos en el sumidero de la corrupción que podrían aplicarse a paliar las penurias de la malnutrición, al ignorancia y la enfermedad. En la denuncia de los hechos de corrupción gubernativa la prensa demuestra hoy el valor que no tuvo cuando ocurrieron las peores violaciones a los derechos humanos [...] El rol de la prensa es relativamente simple y lo cumple relativamente bien. Pero su enfoque de la corrupción tiende a trivializar lo que describe. En todo el continente se ha especializado en el seguimiento de los políticos corruptos, pero se interesa menos por el poder económico que los corrompe y por la corrupción estructural del modelo” (Verbitsky, 1997:11)

“...el periodismo (en su conjunto, no las excepciones, que existieron y que son honrosas) está cumpliendo por primera vez con los roles que sí le corresponden. Aunque tal vez esto requeriría alguna definición. Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?” (Verbitsky, 1997:16, negrillas nuestras).

______________

BIBLIOGRAFIA

(Autores citados en la ponencia)

- Giménez, Gilberto. 1981 Poder, estado y discurso, México, UNAM, 3a. ed. 1989.

- Van Dijk, Teun A. 1997 Racismo y análisis crítico del discurso, Barcelona, Paidós.

- Verbitsky, Horacio. 1997 Un mundo sin periodistas. Buenos Aires, Planeta (tercera edición: enero de 1998, de la que se cita).


* Juan Jorge Faundes Merino es director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile, donde también dirige el Proyecto Centro de Investigación en Periodismo (CINEP). Hasta la fecha ejerce como corresponsal free-lance de la revista española Tiempo, del diario argentino Página/12 y del diario colombiano El Espectador. Esta ponencia constituye un documento de trabajo del Proyecto de Investigación DICYT N° 278.- “CONSTRUCCION DE UNA TEORIA GENERAL DEL PERIODISMO, DISEÑOS DE METODOLOGIAS DE PRODUCCION Y ANALISIS DE TEXTOS PERIODISTICOS...”, (Departamento de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, DICYT, de la USACH, 1998.) Proyecto Centro de Investigación en Periodismo (CINEP), Escuela de Periodismo USACH. Este es su primer texto en Sala de Prensa.


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