Sala de Prensa


21
Julio 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Multimedia, más "rendimiento" y menos información

Los periodistas "multiusos"
del Chicago Tribune

Eric Klinenberg *

Internet, los teléfonos celulares, los faxes y los ordenadores portátiles se han convertido en instrumentos básicos desde hace poco tiempo, pero abundan ya las grandes teorías que nos explican cómo estos instrumentos van a transformar nuestras vidas (1).

Tres grandes mitologías estructuran este montón de conjeturas. Primero, se explica que las nuevas tecnologías de la información van a producir finalmente la famosa "aldea global" anunciada desde hace decenios, una comunidad internacional ligándonos a todos, los unos a los otros. A continuación, se afirma que los nuevos sistemas de comunicación permitirán desarrollar e intercambiar ideas de manera más democrática. Finalmente, se asegura que los nuevos medios de comunicación –es decir, sobre todo Internet, la prensa on line y la televisión por cable o por satélite– permitirán a los periodistas producir una información más completa y más fiable.

La diseminación de esta "cibercelebración", por las campañas publicitarias incesantes de las sociedades que venden la tecnología punta, ha conducido a cierto número de pensadores imprudentes a olvidar la diferencia entre potencialidad y realidad, y a creer que el porvenir de la sociedad de la información dependerá sólo de su imaginación. Sin embargo, el hecho de que su advenimiento coincida con una grave crisis de confianza respecto de los productores de información debería despertar algunas reticencias, y sugerir que las grandes empresas de prensa tienen como primer objetivo utilizar las nuevas tecnologías para asentar su dominio de la esfera pública.

Con frecuencia, este cambio de perspectiva no exige más que el simple paso de la visión macroscópica alimentada por el aparato ideológico de los mercaderes y aproximarse al terreno del sociólogo que dedica su tiempo a interrogar a los productores y a los distribuidores de información (2). Algunas semanas de investigación en Chicago, en un conglomerado mediático de tecnología de punta en la información más avanzada, The Tribune Company (la empresa que publica The Chicago Tribune), permiten poner a prueba los discursos entusiastas en el ámbito de estos asalariados que, a un ritmo frenético, se afanan en Internet, preparan emisiones de televisión y redactan sus artículos.

The Tribune es un conglomerado multimedia que no ha cesado de extender sus actividades. La empresa ha sido siempre identificada con el principal diario editado en su ciudad de anclaje, pero tiene además tres periódicos regionales, una gran televisión nacional, parte en otra cadena nacional, cuatro estaciones de radio, una editorial, y sociedades de producción y de distribución de emisiones televisadas. Ha invertido decenas de millones de dólares en la industria informática: diarios on line, guías, derechos de emisión de eventos deportivos, cadenas locales de televisión que difunden información continua... Genera alrededor de 600 millones de dólares de ganancias anualmente.

En The Tribune, la polivalencia mediática permite un modo de producción en el que cada medio busca utilizar los productos de los otros para mejorar su oferta. Aunque los pertrechos de las empresas estén dispersos, la sala de redacción central –antes dedicada exclusivamente a los periodistas de la prensa escrita, pero donde se han entronizado además un estudio de televisión, centenares de terminales y un equipo de grafismo y de fotografía ultramoderno– se ha convertido en el lugar central en donde se realiza la mayoría de las operaciones del complejo.

El verdadero trabajo de integración incumbe primero a los reporteros y a los redactores jefe. Deben proporcionar además el "contenido" (apelativo que, para definir lo que los periodistas producen, ha reemplazado a la de periodismo) de las emisiones de todos los medios de la empresa (3). Se imponen dos cuestiones: ¿cómo afecta esta integración a los hábitos de trabajo de los periodistas?, ¿cómo afecta a su vez este cambio a la calidad de la información producida?

Bajo la presión del mercado

Primera respuesta, los periodistas trabajan más; disponen de menos tiempo para realizar sus investigaciones y para escribirlas; producen informaciones más superficiales. Cuando, en los años 70 y 80, los sociólogos norteamericanos estudiaron las condiciones de trabajo de los periodistas, mostraron que los apremios de tiempo pesaban sobre la producción y, en consecuencia, disminuían su calidad, en particular en la televisión, donde los reportajes se realizan aún con mayor rapidez (4). Esas observaciones datan de una época en que los periodistas trabajaban sobre un tema dado y para un sólo tipo de medio.

Pero en la sede de The Tribune, la experiencia de los periodistas se ha convertido en otra cosa: el equipo local produce ocho versiones y tres ediciones del diario, siete emisiones de información televisada y un número incalculable de productos diversos para Internet. Si para la prensa escrita hay todavía equipos diferentes, para Internet y para el telediario local ya no hay nada que los diferencie. Los periodistas de prensa escrita que hace cinco años ocupaban solos la sala de redacción, continúan siendo el corazón de la empresa. Pero el mercado de periódicos se ha contraído y la concurrencia se ha intensificado en materia de televisión e Internet, por lo que Tribune ha redefinido el papel de los redactores, a fin de que puedan trabajar en varios medios a la vez.

Así, ahora, un periodista puede escribir un artículo para la edición de tarde, aparecer en la pantalla para tratar el mismo acontecimiento y dar consistencia a la información con los especialistas de Internet, sugiriéndoles relaciones con otros sitios o acontecimientos. Estas prácticas mantienen los costos en un nivel bajo y aumentan el rendimiento del proceso de producción. Pero absorben una parte del tiempo que los periodistas consagraban a sus investigaciones, al reclamar de ellos a la vez nuevas aptitudes profesionales (por ejemplo, ser telegénico) y una escritura mediática adaptable a cualquier tipo de soporte.

Las informaciones y los periodistas se ven afectados directamente por estas transformaciones. En Francia, el debate se concentra en los telediarios que, a falta de tiempo y espacio, no ofrecen más que una información superficial y mediocre (5). La misma observación podría hacerse en Estados Unidos: un telediario que dura treinta minutos (de los que ocho son de publicidad intercalada entre las noticias) contiene tanto texto como un artículo de primera página del New York Times. Pero a medida que los conglomerados mediáticos crean sinergias de producción entre sus diferentes soportes, los redactores jefe no sólo pierden el tiempo necesario para el buen tratamiento de la información, sino que sufren una presión que les conduce a escribir de tal manera que su producción se adapta a un denominador común.

Un caso especial es el de la televisión, lo que explica que los artículos se parezcan cada vez más a microrreportajes para la pequeña pantalla. Los responsables de la prensa escrita son conscientes de esa pérdida de rumbo. Un reciente sondeo indica que más de la mitad de los redactores jefe y de los directores de secciones deploran el carácter cada vez más superficial de las informaciones de la prensa escrita. Y dos tercios admiten que los periódicos prefieren interesarse más en las personalidades que en las cuestiones de fondo (6).

El nuevo sistema de producción amenaza tanto al tipo de información escogido como a la calidad de la investigación que lo ha precedido. Los responsables de la redacción deben alimentar el contenido de varios medios con un personal limitado. Los periodistas, obligados a tener un tema al final de la jornada, se limitan entonces a aquellos que pueden tratar sin esfuerzo. El periodismo de investigación y los temas que exigen una búsqueda exhaustiva y una reflexión más profunda son frecuentemente excluidos de oficio. En otros términos, el tipo de trabajo por el cual los periódicos norteamericanos tenían una gran reputación es el que publican ahora de manera excepcional. Bajo la presión de los gerentes, los redactores jefes utilizan las nuevas tecnologías como un argumento que les permite reafirmar su control jerárquico y con ello reducir un poco más el carácter democrático del trabajo periodístico. El resultado es una disminución de las informaciones serias propuestas al lector.

¿Por qué los periodistas aceptan una situación semejante? Por una parte, los cursos de periodismo, que privilegian una profesionalización acelerada, preparan a los futuros profesionales para estas condiciones de trabajo y este tipo de periodismo. Por otra parte, el mercado de trabajo se caracteriza por una concurrencia feroz y los periodistas, raramente sindicados u organizados, se sienten vulnerables. Conseguir un empleo en Tribune tiene tal atractivo que centenares de periodistas experimentados tratan de obtener contratos de prueba de un año, que, para los candidatos escogidos, no desembocarán en una titulación más que en un caso de cada diez.

Una vez en el puesto, el periodista ignora con frecuencia el tipo de aptitud que tendrá que desarrollar. ¿Y cómo podrá descubrirlo si tendrá la responsabilidad de tareas tan diferentes como la redacción de artículos, el montaje de reportajes televisivos y la concepción de vínculos Internet? Aquellos que entrevén el futuro de su profesión saben que, aunque la capacidad de escribir bien continúa siendo apreciada aquí y allá, se ha convertido en una capacidad en vías de rápida depreciación. Si han entendido que el periódico de mañana se parecerá cada vez más al que se ve por televisión, emplearán sus energías al tenor de ello.

Puesto que nada prueba que las nuevas tecnologías mejoren la calidad de la información, ¿de dónde viene la idea de que la digitalización (Internet) favorecerá la unificación del mundo en una aldea global de gentes informadas, llamadas "netizens" (ciudadanos internautas) en Estados Unidos? Porque ¿cómo negar que actualmente se puede leer Le Monde diplomatique en la pantalla (o se puede también escuchar radios internacionales) y captar la BBC, CNN o TV5 en una cadena por satélite?

Los nuevos media facilitan un cierto cosmopolitismo de la información. Sin embargo, los grandes grupos de comunicación utilizan frecuentemente tecnologías de punta con una finalidad diametralmente opuesta: les permiten fragmentar al límite, "dirigirse" al público a quien se sirve informaciones locales estructuradas en torno a su región, su ciudad o su código postal (7). De esa manera, la producción digital de información favorece el narcisismo, no el universalismo.

Hace veinte años, el Chicago Tribune procedía a un reparto geográfico de su zona de difusión y realizaba páginas especiales para cada una de las ocho zonas cubiertas. La impresión y la edición moderna han permitido al periódico generalizar esa lógica. No se contenta con imprimir páginas especiales para cada una de las zonas de la ciudad y de la región, sino que imprime desde ahora diferentes primeras páginas, modificando títulos y fotos en función de la localización de los lectores. Y conduce estudios de marketing muy avanzados para adaptar su "producto" a los temas de interés local.

Los sociólogos sostienen que los periódicos de una localidad contribuyen a la integración de los diferentes barrios yuxtapuestos en una comunidad social y política única. Incluso los diferentes periódicos, destinados a lectores distintos, participarían en la construcción de un espíritu de pertenencia a una colectividad urbana puesto que trata temas que conciernen al conjunto de la ciudad. Pero, en Chicago y su entorno, los lectores de la periferia –incluso cuando trabajan en la ciudad– no leen ya en su diario de residencia las informaciones que conciernen a la ciudad. Y aquellos que viven en el norte de la ciudad se verán privados de lo que concierne al sur. The Tribune puede atraer así a la vez a un público encerrado en sí mismo y a los publicitarios que quieren dirigirse a él.

Este dirigirle hacia uno mismo no se limita a los periódicos. Porque, aunque Internet ofrece informaciones sobre el mundo entero, los internautas utilizan sobre todo la red para recoger informaciones que les conciernen personalmente. En Estados Unidos, la difusión de noticias locales conoce, pues, un verdadero boom en Internet; los grandes grupos de prensa se disputan ya ese reducto. Los norteamericanos visitan los sitios locales mucho más que los que están dedicados a cuestiones internacionales en inglés, por no decir de los sitios en lenguas extranjeras.

Hace diez años, el Chicago Tribune disponía de doce oficinas en su sede y treinta y dos corresponsales en el extranjero. En la actualidad no cuenta más que con seis oficinas y veintisiete corresponsales. Semejante evolución refleja las tendencias nacionales. De 1975 a 1990, el lugar asignado a la información internacional cayó por debajo del 15 % del espacio o de la duración total para los medios de comunicación, periódicos y boletines de información televisada. En lugar de enviar corresponsales a cubrir los acontecimientos nacionales e internacionales, el periódico destina sus equipos a los barrios prósperos, allí donde ha abierto nuevas oficinas y donde dispone de lectores selectos. Los grupos de prensa han seguido, en suma, a los norteamericanos afortunados a las zonas en donde viven ahora.

Se ve que, si bien la revolución digital ha entrañado una modificación de la producción y de la distribución de la información, en cambio no ha provocado un gran cambio en la estructura del campo periodístico, –a menos que denominemos así la progresión en una lógica comercial y el abandono de valores y de exigencias que han caracterizado durante tanto tiempo a un determinado periodismo. Un antiguo redactor jefe del semanario Time estima que hoy la subordinación creciente de la información a las presiones del mercado supone "el dato destacado que caracteriza al periodismo norteamericano". Es también una de las menos cubiertas (8).

El antiguo director de la redacción del Chicago Tribune se lamentó recientemente: "El periodismo ha tenido siempre por función educar a la gente. Hoy, los propietarios estiman, al contrario, que no se trata más que de una franquicia (mercancía) como otra cualquiera, y que, como las otras, primero debe aportar dinero". El actual responsable de la dirección del Chicago Tribune dice lo mismo: "No soy el redactor jefe de un periódico; soy el patrón de una empresa de contenido" (9).

Esta ética está devaluando ya el conjunto de la profesión. Los patronos de la prensa norteamericana son los primeros en admitir –o en reclamar– la demolición del muro que separa la redacción del diario y su división comercial. Hoy, 192 diarios y semanarios han sistematizado incluso el principio de reuniones comunes entre las dos entidades (10). Pero si esa mezcla de especies es peligrosa, hará un poco menos opaca la naturaleza comercial de la industria mediática, lo que permitirá quizá acelerar el movimiento de desconfianza de la opinión, respecto a la información que se le vende. Ya, la acumulación de escándalos que han caracterizado recientemente al periodismo norteamericano (plagios, invenciones, obsesión por lo escandaloso y lo salaz) ha despertado la lucidez de un batallón de críticos, en Estados Unidos y en otros países (11).

______
Notas:

(1) Para uno de los mejores análisis sobre el tema, léase a Manuel Castells, La Société en réseaux, Fayard, París, 1998; para uno de los más populares, Nicholas Negroponte, L’Homme numérique, Laffont, París, 1995.

(2) Léase, por ejemplo, a Alain Accardo (dirigido por) Journalistes précaires, Editions Le Mascaret, Burdeos, 1998.

(3) Sobre este pasaje del periodismo de "contenido" en la Tribune, cf. Ken Auletta, "Synergy City", American Journalism Review (http://ajr.newslink.org/special/guide.html)

(4) Léase a Herbert Gans, Deciding What’s News, Vintage, Nueva York, 1979, y Todd Gitlin, The Whole World is Watching, University of California Press, Berkeley, 1980.

(5) Léase a Pierre Bourdieu, Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona, 1998.

(6) Léase a Serge Halimi, "Un journalisme de racolage", Le Monde diplomatique, agosto de 1998. Léase igualmente a Neil Hickey, "Money Lust: How Presure for Profit is Perverting Journalism", Columbia Journalism Review, Nueva York, julio/agosto de 1998.

(7) Léase a Ives Eudes, "Essor des chaînes hyper-locales aux Etats-Unis", Le Monde diplomatique, febrero de 1994, y Quentin Hardy, "The small screen gets even smaller in some US towns", The Wall Street Journal Europe, 8 de junio de 1998.

(8) Neil Hickey, op.cit.

(9) "I am not the editor of a newspaper. Y am the manager of a content company", citado en Ken Auletta, op.cit.

(10) Véase, Joseph S. Coyle, "Now the Editor as Marketer", Columbia Journalism Review, julio/agosto 1998.

(11) Para Estados Unidos, véase sobre todo el trabajo bimestral Extra publicado por la asociación Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR), 130 West 25th Street, Nueva York, NY 10001.


* Eric Klinenberg es investigador en la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos. © Le Monde diplomatique, edición mexicana. Este texto se reproduce en SdP con la autorización expresa de su directora general.


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