Sala de Prensa


21
Julio 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Prensa boliviana:
desafíos y virtudes

Raúl Peñaranda U. *

La prensa boliviana tiene muchos rasgos positivos, algunos de los cuales la diferencian del periodismo de otros países y, en algunos aspectos, le permiten liderizarlo.

La prensa en Bolivia es, sin duda, pluralista y respetuosa. Casi todos los sectores políticos, sociales e ideológicos tienen cabida en ella. No existen síntomas de racismo o clasismo en las publicaciones bolivianas, y los prejuicios morales o de otro tipo son prácticamente inexistentes. La sensibilidad social es otra de sus características.

Por otra parte, es inusual que en las denuncias no estén presentes las opiniones de los afectados: generalmente se cumple con la regla de tener la visión de parte y contraparte.

Además, es un periodismo alejado del sensacionalismo. La intimidad de la gente es respetada y no se ejerce sobre las conductas privadas ningún tipo de censura. Un reciente caso, muy sonado, que involucró a la hija de una ex Alcaldesa, refleja que los periodistas bolivianos rechazan a quienes levantan como bandera los falsos moralismos.

Finalmente, los medios de comunicación en Bolivia juegan un rol muy importante en tareas de fiscalización de las acciones del gobierno y otras instituciones. En un país como Bolivia, con una débil institucionalidad y un sistema judicial corrupto e ineficaz, la prensa tiene un papel fundamental en la defensa de los derechos de las personas y control del ejercicio de la función pública.

En cuanto a características más estructurales, la prensa boliviana tienen mucha relación con las particularidades del país: economía pequeña, altos índices de pobreza, mercado interno reducido y una democracia recién en etapa de afianzamiento.

Eso da como resultado que la prensa, salvo excepciones, no sea un verdadero negocio, sino más bien una actividad sostenida por empresarios o políticos, que la subvencionan para beneficiar sus intereses personales o partidarios.

Otro resultado de las características del país en la prensa es el bajo tiraje de los diarios. Una estimación realizada por el texto "Radiografía de la prensa boliviana", señala que el tiraje de todos los diarios bolivianos bordea los 100.000 ejemplares, lo que implica que entre 350.000 y 400.000 personas tienen acceso a éste en el país. Ello equivale a un 5.5 por ciento de la población, un índice muy bajo comparado con los de los otros países de la región. Si calculamos que en el país hay unos 3.1 millones de adultos, sólo uno de cada 30 adquiere periódicos eventualmente. En el área urbana, uno de cada 13 adultos compra periódicos de manera más o menos habitual.

Los diarios tienen otras dificultades adicionales para crecer, como los altos niveles de analfabetismo, la fuerte población rural (48 por ciento del total según el censo de 1992), la ausencia de vías de comunicación y la casi nula tradición de lectura de Bolivia, un país de fuerte “cultura oral”.

Redacciones pequeñas

El tamaño de las redacciones es, también, muy pequeño. El diario con más periodistas en La Paz es La Razón, con alrededor de 45, contando desde los directores hasta el último redactor de los suplementos.

Con ese escaso número de periodistas -el resto de los diarios tiene menos redactores aún, sobre un total estimado de 150 empleados por periódico- el nivel de la prensa no puede ser de excelencia. Los periodistas deben redactar hasta cuatro o cinco notas diarias, lo que imposibilita la investigación, la interpretación o el análisis, y obliga a privilegiar el uso de los géneros más simples, especialmente la llamada “nota periodística”.

En los diarios bolivianos casi no existen los reportajes, las entrevistas o las crónicas.

Prensa “monogenérica”

La prensa boliviana es “monogenérica”. Entre los géneros informativos, la nota tiene una presencia mayoritaria, con un 70.5 por ciento del total, según el texto mencionado. El 30 por ciento restante se divide entre otros 14 géneros.

Como decimos, la casi total ausencia de géneros como la entrevista o la crónica se explica por el tamaño reducido de las redacciones de los diarios.

Otra explicación se da en las deficiencias de formación universitaria de los periodistas, lo que explicaría por qué no son muchos los capacitados para redactar materiales con más elementos de contexto o soltura literaria.

Además, los periodistas capacitados se ven forzados a "ascensos rápidos", convirtiéndose en editores antes de tener una completa madurez. Si esos editores fueran redactores, probablemente la calidad de las notas sería superior.

En Bolivia, además, existe la "tradición" periodística de cuidar la información de coyuntura y no explorar en temas atemporales. Por ejemplo, los diarios no usan el material de las agencias noticiosas locales para cubrir los hechos de rutina y destinar a sus redactores en la redacción de notas especiales. Una marcada "obsesión" por "tener todo lo que la competencia tiene" hace que los esfuerzos de los diarios se concentren en la información coyuntural. Ningún diario se anima a desarrollar su propia agenda, con algunas recientes tímidas excepciones, y todos viven dependientes de los otros, provocando una homogeneización sin luces y muchas sombras.

Burguesía pequeña y débil democracia

Una democracia en formación como la boliviana -recién 18 años de sistema democrático- con un pasado y una tradición de poca transparencia, implica para la prensa un elemento adicional que dificulta su crecimiento y expansión.

El sistema político boliviano no garantiza ni obliga a los poderes del estado a entregar información. Muchos temas son tapados y se evita su conocimiento.

Por otra parte, la burguesía boliviana es tan pequeña que no será fácil que una empresa periodística revele irregularidades que involucren a un grupo empresarial importante, porque las relaciones familiares, económicas o políticas se dan en todos los niveles.

Además, sin una prensa verdaderamente “industrial”, las empresas periodísticas dependen de un grupo reducido de anunciantes, de los que se vuelven, en ocasiones, voceros. Lo mismo ocurre con la dependencia del Estado. Es común que los diarios más ligados al gobierno de turno lograrán importante cuotas de publicidad estatal, mientras los más críticos no obtendrán nada. Y ello puede provocar que las posturas críticas tiendan a desaparecer.


* Raúl Peñaranda U. es asesor editorial del diario La Razón de Bolivia y profesor universitario. Ha publicado los textos "Radiografía de la prensa boliviana", "Objetivo: residencia japonesa" y "Terremoto, la noche más larga". Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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