Sala de Prensa


20
Junio 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Un nuevo medio para un nuevo siglo

Jesús Canga Larequi, César Coca García, Eloi Martínez Ribera,
María José Cantalapiedra González y Lucía Martínez Odriozola *

Resumen

La siguiente comunicación defiende que la actual denominación de periódico electrónico para referirse a la información periodística enviada a través de la red no es correcta. En realidad se trata de un nuevo medio. Esta tesis vienen sustentada, entre otras razones, por las siguientes:

- Comparte características con los otros tres medios de información clásicos: la inmediatez de la radio, el impacto visual de la televisión y un uso de la escritura similar, que no igual, al del periódico. Pero la conjunción de todas estas características no hace que este medio sea similar a ninguno de los anteriores, sino que, por el contrario, nos lleva a la conclusión de estar ante un nuevo medio muy superior en sus prestaciones conjuntas a cada uno de los clásicos en sus facetas individuales.

- Cambia la actitud del receptor ante el medio. No es tan cómoda ni relajada como ante la radio y la televisión, ni permite tantas posibilidades en el momento y lugar de la recepción de los mensajes como con la prensa clásica. Requiere, asimismo, del dominio previo de una serie de habilidades y conocimientos técnicos que no son exigibles en ninguno de los otros medios.

- Es el único medio que cuenta con una posibilidad de distribución totalmente universal. En esta distribución los costes son similares independientemente de que se quiera llegar a un único receptor o a millones de ellos.

- Cambia aspectos visuales y de contenido que hasta el momento eran considerados fundamentales. Así, por ejemplo, la forma de jerarquizar las informaciones es completamente diferente a la del periódico tradicional. La única jerarquización posible en las ediciones electrónicas es la posición correlativa que en los índices de las secciones ocupa cada noticia. Puede suponerse que el orden de las noticias responde a la importancia de las mismas, pero el lector nunca tiene la posibilidad de comparar esa importancia relativa viendo las noticias compuestas dentro de una misma página. Es decir, la idea de la página como mosaico de informaciones, con distinta importancia cada una de ellas, desaparece.

- Finalmente, es claro que a un nuevo medio ha de corresponder un nuevo lenguaje, pero éste no se crea de la noche a la mañana. Estamos todavía en el proceso inicial de forma que los denominados diarios electrónicos han copiado miméticamente el lenguaje tradicional de los periódicos impresos en papel. Esto es algo que a buen seguro comenzará a cambiar en un futuro inmediato.

Introducción

Para el mundo de los medios de comunicación, el siglo XX no comenzó el 1 de enero del 1901, sino el día en que, a finales de 1895, se proyectó la primera película cinematográfica. En el mismo sentido, la centuria no terminará cuando indica el calendario. Más bien ha terminado ya; lo hizo el día en que apareció en Internet el primer medio de comunicación que puede entenderse como tal. De manera que, a nuestro juicio, en materia de información, de medios de comunicación de masas, estamos ya plenamente instalados en el siglo XXI, con todo lo que ello supone.

Ahora bien, ¿estamos ante un periódico que utiliza un diferente sistema de distribución o ante un nuevo medio?. A nuestro juicio, no cabe ninguna duda: el mundo dispone de un nuevo medio de comunicación, como en su día lo fueron la radio y la televisión, y antes el cine, que ya hemos citado.

Porque hay que hablar de un nuevo medio, dado que éste permite su lectura como si fuera un periódico convencional; la inclusión de sonido, al estilo de la radio; la de imágenes fijas o en movimiento, a semejanza de la televisión; pero todo ello a voluntad del receptor, que puede optar por una lectura sencilla y lineal o por recibir todos esos otros elementos informativos (sonidos, imágenes), y que incluso puede personalizar el medio, al elegir una ruta de lectura. Esta circunstancia puede no tener nada que ver con la jerarquización habitual de las informaciones en los restantes medios, que viene determinada por una serie de criterios y valores periodísticos que, aunque diferentes en cada redacción, tienen muchos elementos en común entre sí.

En último término, este nuevo medio es el único que permite acceder de forma inmediata a la documentación sobre un hecho o a otras informaciones relacionadas con nuestro interés, sin necesidad de buscarla en otras páginas del diario o esperar ante la radio o el televisor a que llegue el momento de su difusión.

Dicho de otra manera, pensamos que los diarios en Internet, sobre todo a partir del momento en que desarrollen toda su potencialidad, tendrán elementos del periódico, de la radio y la televisión, así como alguna potencialidad adicional de la que carecen todos ellos. Pero estrictamente no es ni periódico ni radio ni televisión. Es un nuevo medio, híbrido si se quiere, que tiene características propias, aunque se deriven de otras propias de medios ya existentes. No debe extrañarnos: también la radio comparte algunas características con los diarios -lo hacía sobre todo en sus inicios como medio-, y a la televisión le pasa lo mismo respecto de la radio. Ningún medio nace en el vacío, sino sobre las bases que han sentado los ya existentes.

Medio universal

Por lo que respecta al modo a través de cual llega a los receptores, el nuevo medio incorpora algunas novedades. No se trata solamente de que libera a la empresa editora de la dependencia de la rotativa y del sistema de distribución. Además, su alcance es superior incluso al de la radio o la televisión, es universal: siempre que haya señal telefónica, puede llegar a cualquier lugar del planeta.

Al prescindir el sistema de impresión y las dificultades del transporte, se reducen a la nada los gastos dedicados por las empresas convencionales a esas partidas y, además, se iguala a la televisión y la radio en inmediatez: el tiempo que transcurre desde la producción de la información hasta que llega a sus receptores es menor.

Dicho de otra forma, el sistema de producción -la elaboración de las planchas, la obligatoriedad de contar con instalaciones, la rotativa, las grandes plantillas, la dependencia del papel, y de una red de distribución por carretera o por aire- son eliminadas. El nuevo medio sólo precisa de un ordenador dotado de los programas imprescindibles y conectado a una señal telefónica a través del módem.

Reducidos los gastos y el tiempo inevitable para su elaboración, cabe la posibilidad de que los diarios digitales coloquen en la red toda la información de que disponen. Los medios de comunicación se ven continuamente abocados a elegir los temas sobre los que informan. Los límites en radio y televisión vienen impuestos por la duración de los informativos. En el caso de los diarios impresos, por la paginación. La red posibilita que se pongan a disposición de los receptores informaciones que en cualquier otro medio habrían sido marginadas bien por su extensión, bien por que la actualidad destierra temas que aun sin quedar obsoletos no tienen cabida.

De esta forma, el nuevo medio se erige en un centro de información y servicios cuyos límites únicamente dependen de la imaginación o creatividad de sus autores. Bases de datos o de material gráfico, información de utilidad que no es necesario que sea constantemente actualizada, multitud de informaciones que sirven para la redacción de textos más breves, noticias que no tienen cabida por los límites de la ediciones, otras que han sido desplazadas por nuevos acontecimientos, todo lo imaginable puede ser colocado y mantenido en la red.

Además, frente a lo que sucede en el caso de los diarios convencionales, las nuevas ediciones no desplazan automáticamente a las anteriores: se pueden mantener en la red, en lugar menos accesible pero a disposición de quien desee consultarlas o utilizarlas. Informaciones preparadas meses antes pueden estar disponibles en todo momento. Para ello sólo se requiere de un motor que permita la realización de las búsquedas.

Finalmente, en la medida de que las ediciones digitales están a la espera de un receptor interesado, no cabe -como ya sucede en el caso de la radio o de la televisión- que se agoten. Pueden acceder a su lectura tantos internautas como estén interesados, con los únicos límites de la cantidad de conexiones simultáneas que permitan las características técnicas de los diferentes servidores.

Inmediatez

Además, este nuevo medio informativo goza de todas las ventajas de los tres medios tradicionales sin sufrir sus limitaciones.

Así, puede competir con la radio en inmediatez ya que es posible transmitir cualquier información o acontecimiento prácticamente en el mismo momento en que se produce, sin que el informador haya de depender de otras instancias ajenas a él mismo o al propio medio (agencias, redacciones, horarios predeterminados de emisión en antena, etc.).

También se aprovecha del impacto visual de la televisión al combinar las imágenes fijas (fotografías y gráficos) con las móviles (videos) y el sonido.

Y, finalmente, utiliza el vehículo fundamental en la historia de la comunicación: la escritura. Hasta la aparición de este nuevo medio, la escritura era considerada como la herramienta básica de la prensa clásica. Ahora el nuevo medio no sólo utiliza la escritura en su provecho sino que, además, a diferencia de la prensa no paga las servidumbres propias de ese medio para la difusión de los contenidos escritos: la distribución electrónica de los mismos elimina las limitaciones del soporte papel a la hora de trasladar a las páginas del periódico los textos informativos (pasado de planchas, rotativa, cierre, etc.) con lo que ello supone de ahorro en tiempo y dinero.

Pero no es sólo por la suma de todas las ventajas de los medios tradicionales por lo que mantenemos que a este nuevo medio no debe denominársele "periódico electrónico". En rigor, los periódicos tradicionales hace tiempo que pueden ser considerados productos electrónicos. Prácticamente desde la entrada en masa de la fotocomposición y, más recientemente, con la puesta en marcha de las denominadas 'redacciones electrónicas' todo el proceso de producción de los diarios es electrónico, salvo como ya hemos señalado la distribución final del producto.

Pero es que además la voz 'periódico' viene de periodicidad, lo cual repercute también en el propio concepto del producto y del medio: sus tareas de producción y su contenido están condicionados por un imperativo temporal. Así, la 'hora de cierre' en las redacciones es algo sagrado: se necesita tiempo para hacer las planchas, tirar el periódico y distribuirlo a los puntos de venta. En cuanto al contenido, el periódico tradicional debe hacer referencia a 'hechos pasados' ya que no alcanza a dar al lector lo acaecido antes de su llegada al quiosco. En este sentido, el nuevo medio también incumple estos parámetros de temporalidad. Puede ser modificado constantemente, sin tiempo definido ni predeterminado; es decir, carece de periodicidad. Ninguna noticia, al menos teóricamente, se hace vieja sobre el soporte electrónico actualizado de forma permanente.

Otra de las causas por las cuales puede afirmarse que las ediciones electrónicas de los periódicos son un nuevo medio y no deben ser considerados como diarios electrónicos, hace referencia al diseño periodístico.

En la prensa tradicional el diseño periodístico cumple unos objetivos que básicamente pueden resumirse en cuatro: jerarquizar los contenidos, mejorar la legibilidad, dar una uniformidad y continuidad visual al conjunto y hacer el producto más atractivo. En el diseño de las páginas electrónicas no se cumple prácticamente ninguna de estas condiciones.

En primer lugar, la jerarquización tradicional -que consiste en dar al lector unas claves sobre la importancia de la noticia en función de su colocación, si abre o no la página o la sección, el número de columnas que ocupa, la utilización o no de entradilla, etc.- no se da en los diarios digitales. Al ser las informaciones electrónicas unidades independientes, módulos autónomos y cerrados, no hay posibilidad de comparación con otras informaciones de la misma página, ya que cada información es en sí misma una página. En este contexto, la única jerarquización posible en las ediciones electrónicas es la posición correlativa que en los índices de las secciones ocupa cada noticia. Puede suponerse que el orden de las noticias responde a la importancia de las mismas, pero el lector nunca tiene la posibilidad de comparar esa importancia relativa viendo las noticias compuestas dentro de una misma página. Es decir, la idea de la página como mosaico de informaciones, con distinta importancia cada una de ellas, desaparece.

Tampoco ayuda el diseño periodístico de las informaciones electrónicas a mejorar la legibilidad de los textos: no podemos fragmentarlos en columnas o paquetes para mejorar el rendimiento de la lectura. Las noticias electrónicas se componen a una anchura de composición única (una columna) ya que al ser, generalmente, más largas que una pantalla de ordenador no pueden ordenarse por columnas porque el lector tendría que subir y bajar la pantalla repetidas veces para poder realizar una lectura en columnas. Esta acción no sólo no mejoraría la legibilidad sino que la empeoraría notablemente.

El tercero de los objetivos clásicos del diseño periodístico tampoco se cumple en el caso de este nuevo medio electrónico. Aunque exista uniformidad a lo largo de todas las informaciones, de todas las pantallas, esto no es apreciado por el lector, ya que al ser todas las unidades informativas páginas autónomas, la sensación de contraste que puede darse al utilizar recursos tipográficos diferentes no se percibe. Así, al lector le dará igual que un texto de una información pueda ir compuesto a un cuerpo mayor o menor que el de otra información, o que se utilice una familia de letras diferente: al no ir sobre un mismo espacio gráfico (una página) no tiene elementos de comparación para percibir esa discontinuidad en el aspecto visual.

El único aspecto en el que el diseño periodístico puede tener un papel similar en una edición electrónica que en un periódico tradicional es en el último de los objetivos anteriormente mencionados: hacer más atractivo el producto. En este sentido, el diseño de las informaciones electrónicas no sólo es comparable al de un periódico sino que, en algún aspecto, es claramente superior. Esta superioridad es manifiesta en el uso de uno de los elementos que más realce han dado a las publicaciones impresas en la última década: el color. Las ilustraciones, tanto fotografías como gráficos o infografías, son explotadas en su vertiente de color mucho mejor en el soporte digital que en el papel. Mientras que en una edición electrónica todos esos elementos van en color, sin que eso encarezca ni perjudique el proceso de producción del medio, en la prensa tradicional, si exceptuamos suplementos y cuadernillos, su uso se restringe prácticamente a la primera y última página y, de forma más esporádica, a las páginas centrales.

Todo color

Pero, además, donde el formato electrónico de estas publicaciones tiene una ventaja clara es en el uso del color para la tipografía. Es prácticamente unánime la creencia de que la tipografía en color al ser utilizada en las páginas de periódicos de información general, aunque no suceda lo mismo con las revistas, genera en el lector una impresión de sensacionalismo. Este supuesto se confirma cuando se aprecia que la práctica totalidad de los periódicos denominados serios aplica el color a los titulares o textos aunque sí se hace diariamente, como ya se ha señalado, con fotografías o gráficos. Esta impresión de sensacionalismo no se refleja en los textos electrónicos aunque se utilicen varios colores para la tipografía de una misma información. Los usuarios de estos medios están acostumbrados al cambio de color de determinados textos que indican una función o acción de interactividad determinada para el receptor, con lo cual su uso es asumido por éste como un elemento integrado dentro de la concepción del nuevo medio.

Otra de las razones por las cuales sostenemos que se trata de un nuevo medio es porque los diarios digitales exigen de sus audiencias otro tipo de actitud.

El periódico pide al lector una sola cosa: capacidad para comprender los textos que le ofrece. Los medios electrónicos le exigen, además, conocimientos, siquiera mínimos, de informática para acceder a los textos que le ofrece. Si maneja los rudimentos básicos para poder conectarse a la red, habrá de sentarse delante de la pantalla y pagar la lectura con dinero y atención. Más dinero y más atención que el que debe a la prensa.

Una de las claves del éxito del periódico es que puede leerse en cualquier momento y lugar. Su transporte es fácil y se puede desechar una vez leído, de manera que es habitual encontrar lectores de periódicos en el parque, en el monte, en la cola del autobús, en el asiento del metro, en casi cualquier lugar y circunstancia. Con el diario electrónico no sucede lo mismo. Actualmente es inverosímil pensar que alguien se lleve un ordenador portátil con un teléfono móvil y un módem al parque para disfrutar de la lectura de un buen reportaje.

Ciertamente, no cabe pensar que esta limitación tecnológica durará siempre. Los ordenadores serán cada vez menos pesados, podrán llevar incorporado su propio teléfono móvil y así se reducirá también el volumen. Pero la pantalla deberá tener siempre un tamaño suficiente para que la lectura no sea incómoda y deje de ser, por lo tanto, algo placentero. Cabe imprimirlo, pero renunciando entonces al sonido, la imagen en movimiento y el hipertexto, es decir, renunciando al medio.

Consumo individual

Por otro lado, el diario digital no permite al receptor compartir los contenidos. Aparece cargado en una pantalla de ordenador y es poco probable la estampa de una familia congregada en torno a ella para ir revisando las noticias. Sin embargo, el periódico, a medida que ha crecido, se ha desgajado en cuadernillos, normalmente guiados por un criterio temático. Este fenómeno es mucho más perceptible en Estados Unidos, donde los diarios son muy voluminosos y, además, en formato sábana. De esta forma, especialmente el fin de semana, se convierten en lo que se ha dado en llamar periódico familiar, porque puede dividirse de manera que mientras el padre o la madre leen unos cuadernillos, el hijo mayor, pongamos por ejemplo, revisa el de espectáculos, el pequeño el de niños, y el abuelo el de bricolaje.

Otro factor que altera notablemente la vieja relación es el coste. De momento, la mayoría de los diarios electrónicos son gratuitos. Sin embargo, esto no es estrictamente cierto, porque hay que disponer de un equipo, dotado de programas y pagar el tiempo de la conexión. Pero, además, hay un segundo coste: la atención. Debemos tener en cuenta que la publicidad en los medios digitales es muy agresiva. A diferencia de lo que sucede en los periódicos -en los que la publicidad puede pasar desapercibida, de manera que el lector se detiene en ella si lo desea, pero raras veces molesta si se quiere evitar- en los diarios electrónicos asalta al receptor: se mueve, baila, cambia de forma, tamaño o color. Además, es habitual que se cargue antes que los textos informativos, de forma que mientras el receptor espera la aparición de las noticias que busca, la publicidad está presente, captando inevitablemente su atención.

Por último, el lector paga con su tiempo, porque leer el diario electrónico exige dedicación. Las tareas iniciales previas -encender el ordenador, cargar los programas, etc.- se podrían considerar equivalentes a la compra en kiosco del diario, e incluso menores. Sin embargo, esa equivalencia no sirve para países como Alemania, donde aproximadamente el 80% de los ejemplares diarios se distribuyen por suscripción.

En cualquier caso, situados en el punto de partida real, es decir, el lector tiene ante sí el periódico y el internauta el diario en pantalla, se deberá esperar un tiempo para pasar de una página a otra, o de una noticia a otra, o para regresar a la portada. Un tiempo que no depende de su voluntad sino de cuestiones técnicas ajenas a él.

Construir el lenguaje

El nuevo medio carece aún de lenguaje propio. La razón es bien simple: en su parte informativa, los diarios electrónicos son básicamente un volcado del texto que aparece en los periódicos de origen, sin cambios o con modificaciones no sustanciales. Incluso en diarios electrónicos que no tienen versión en papel, como el caso de La Estrella Digital, el estilo utilizado es idéntico al de un periódico.

Y, sin embargo, no cabe ninguna duda de que será preciso un lenguaje propio, porque el receptor no está en la misma situación ni actitud frente a un ordenador que ante un periódico, y no digamos junto a la radio o frente al televisor. Esta carencia de lenguaje propio es también normal: ni la radio ni la televisión lo tenían en sus inicios. Fueron creándolo a medida que su implantación y desarrollo técnico lo permitieron.

Sería una presunción por nuestra parte intentar describir cómo será ese lenguaje del nuevo medio. No lo haremos, pero sí apuntaremos lo que creemos un par de obviedades a la vista de cómo se está haciendo hasta el momento: la primera es que las frases y los párrafos deberán ser más cortos que en los periódicos, quizá no muy diferentes en cuanto a sus características de los que se utilizan en radio y televisión. La segunda es que deberá hacerse un mayor uso del hipertexto, una de las grandes ventajas de este nuevo medio, de la que carecen los restantes.


* Jesús Canga Larequi, catedrático de la Universidad del País Vasco; César Coca García, profesor titular de la Universidad del País Vasco; Eloi Martínez Ribera, profesor titular de la Universidad del País Vasco; María José Cantalapiedra González, profesora titular de la Universidad del País Vasco, y Lucía Martínez Odriozola, profesora asociada de la Universidad del País Vasco. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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