Sala de Prensa


19
Mayo 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


Venezuela

En busca de una nueva
cobertura electoral

Ana Marisol Angarita B.*

Hablar sobre el por qué el hoy presidente Hugo Chávez ganó las elecciones amerita un extenso análisis en donde confluyen factores políticos, económicos, sociales y comunicacionales. No hablaré sobre la causa de su triunfo pero sí lo haré sobre el hilo conductor que siguieron los medios y los periodistas.

Para nadie está oculto que los medios de comunicación social y algunos periodistas, se parcializaron con un candidato presidencial que no fue el ganador, que hubo exceso en el bombardeo informativo y sobresaturación, pero más allá de pensar que los medios han comenzado a perder poder debemos reflexionar pues, si bien es cierto que la credibilidad de los partidos ha decaído -y de allí que se hayan estrechado los lazos entre estos sectores y los medios de comunicación-, éstos al parcializarse contribuyen a la pérdida de su propia credibilidad ante la población, y quizás la gente en el caso venezolano, fue tomando conciencia de ello a pesar de no estar educados frente a la manipulación.

Tampoco podemos obviar que el candidato ganador, al protagonizar un golpe de Estado el 4 de febrero de 1992 contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, fue exaltado consciente o inconscientemente por los medios como héroe o como villano, uniendo los extremos de un liderazgo vanagloriado y odiado al mismo tiempo. En ese momento Chávez, quien era presentado como el valiente, contó con menos de 15 minutos de fama para conquistar futuros votos una vez derrotado en la intentona golpista.

Durante la campaña electoral y muy a pesar de la difícil situación política, en los periódicos, televisoras y estaciones de radio del país, las informaciones se basaban en las encuestas sobre quién iba dominando la carrera hacia la Presidencia, la confrontación entre candidatos. Los buenos contra los malos, los golpistas y los demócratas, los dimes y diretes, la guerra sucia -incluso por Internet-, los ataques y contraataques, las traiciones y los pactos, constituían el plato fuerte de los días por lo que abundaban en los noticieros, al igual que la asistencia a los mitines, las fotos para primera página con un niño o una anciana, y muy al final las promesas.

Las propuestas y planes concretos no figuraban en un plan básico entre los requerimientos para ser presidente, ni tampoco en los esquemas informativos esenciales del reportero. Pudiera ser que la propuesta –cuando la había- estuviera en la coletilla de la noticia, expuesta a "amputación" por carencias de espacio.

Si algún candidato se negaba a hablar de un tópico –como por ejemplo el económico-, sencillamente el periodista excluía el asunto cuando escribía o difundía su nota, porque lo importante era perseguir al candidato y "pegarle el micrófono". Pero sobre todo hacerle la primera pregunta, por superficial que fuera, creyendo que los televidentes cambiarían de canal de acuerdo a quién formulara la pregunta.

No se le exigieron responsabilidades a los políticos en cuanto a los planes serios que debe tener un aspirante para ocupar un cargo público de tanta importancia, pero los periodistas también optaron por la vía más fácil.

¿Y dónde están los periodistas?

El prácticamente nulo análisis de los periodistas se vio aderezado con el hecho de que se evidenció entonces, que el poder que ostentan los periodistas sucumbe en este caso ante presiones derivadas de las políticas informativas de los propios medios, y de los candidatos y partidos que participaron en la campaña electoral presidencial 1998.

Se observaron ciertos patrones que se traducen en desviaciones en lo que es el ejercicio periodístico y la función de los medios de comunicación. Los periodistas de audiovisual perciben el "tubazo" o primicia de una forma diferente a los reporteros de impreso, e incluso la concepción de lo que fue noticia durante la campaña electoral careció de explicación por parte de algunos jefes ante la imposibilidad de poderla definir.

El periodista tiene muy buena imagen de sí mismo, se considera "objetivo" en su práctica profesional y valora mucho el esfuerzo realizado, entendido como perseguir al candidato y esperar largas horas, para que luego el aspirante se limitara a dar respuestas inconsistentes, lanzar un ataque a otro de los candidatos o quizás incluso llamar a los medios de comunicación para sólo posar para una foto, porque no le apetecía declarar. Lo importante era ganar, y cómo hacerlo de la manera más fácil sin pensar mucho en lo que se tenía en las manos, en los problemas que se debían enfrentar y en las soluciones a aportar.

Los periodistas consideraron que esa cobertura estuvo muy bien trabajada tomando en cuenta que el esfuerzo fue mucho más físico que mental pues no se prepararon para cubrir la campaña electoral y se careció del análisis requerido, mucho más si anexamos la coyuntura política del momento; pero aún así insistieron en que ellos y los medios para quienes trabajan difundieron la mejor información.

Todo esto en contraste con lo que afirmaron reporteros y jefes de información política pues, destacaron que la cobertura estuvo llena de parcializaciones, manipulaciones y que en síntesis fue superficial.

Periodistas y medios le siguieron el juego a los políticos en lo frívolo e insubstancial de la campaña electoral, en el vacío de propuestas, programas y respuestas concretas a las necesidades del país. El diálogo pareció desenvolverse entre políticos y medios, -tomando estos últimos un rol pasivo y complaciente-, los cuales se veían unos a otros sin incluir a los ciudadanos y las respuestas verdaderamente necesarias para salir de la crisis que se atraviesa.

Periodistas y medios, también le siguieron la dinámica a la cobertura "carrera de caballos". Los dimes y diretes y las encuestas pasaron por encima de los temas y con ello, por encima del público a quienes subestimaron pues sin siquiera preguntarle, sentenciaron que al ciudadano no le interesa nada más allá de una encuesta e insultos de parte y parte.

La pregunta es si realmente lo que tenemos por noticia y por población "ignorante", no es producto entre otros factores, de periodistas y jefes que tampoco se han esforzado mucho por acoplarse a los nuevos tiempos, cayendo vencidos ante la dinámica económica del negocio de las noticias. Periodistas y jefes que no han entendido su misión y su función de servicio público, o quizás la olvidaron con los años, y que aún no han tomado conciencia del poder ciudadano que tienen el rol de representar, y que está perdiendo credibilidad.

Los jefes son en gran medida conformistas, que reconocen las fallas pero esperan sentados por un cambio milagroso, de no se sabe quién, quizás de los dueños, pero a pesar de ello se sienten muy contentos porque al fin y al cabo se estuvo allí, sin importar si el candidato dijo algo relevante, y cuidando delicadamente los intereses de la empresa.

Incluso la misión de servicio público pareció olvidada o relegada a un segundo plano en la campaña electoral presidencial pasada pues los logros de los medios según sus jefes, estaban concentrados en los aspectos mercantiles del rating o en las ventas.

Los que alguna vez fueron reporteros y que hoy están en posiciones jefaturales, admiten que el periodista debe actualizarse constantemente pero parecen hacer muy poco para hacerle entender a los dueños de los medios que el continuo aprendizaje de la plantilla reporteril hace la diferencia en calidad informativa, más aún cuando las reuniones colectivas útiles para la planificación del trabajo y el aprendizaje colectivo de reporteros y jefes no es muy habitual, el diálogo no está funcionando ni siquiera dentro de las redacciones caso aún más acentuado si se habla de la radio.

En general, -a excepción de los principales medios-, las nuevas herramientas tecnológicas tales como el uso de correo electrónico y de la Internet como herramienta investigativa, tampoco es empleada por los periodistas de forma regular en sus sitios de trabajo tanto para actualizarse como para recibir feedback del público.

El gremio reconoce que algo anda mal pero aún no ha internalizado en qué radica exactamente lo malo ni mucho menos cómo combatirlo, pues las desviaciones y vicios en el ejercicio profesional se entrelazan con el poder que los enviste. Hay una mezcla de conceptos, de disconformidades y de auto-percepciones que en la práctica se contradicen. Todo esto se externaliza y ha sido objeto de crítica de algunos observadores, así como muchos otros ciudadanos, quienes se han dado cuenta de fallas y carencias que exponen los que buscan las noticias.

Es entonces un círculo vicioso que no conduce a buenos resultados y que se refleja en la superficialidad de preguntas por parte de los reporteros e incluso de ingenuidad cuando detrás lo que se esconde es desconocimiento, "huecos" aprovechados hábilmente por los políticos, y que contribuyen a que el público se desencante no sólo de los políticos y la política sino también de los periodistas.

Se busca entonces una cobertura diferente, en donde el periodista sea un representante con credibilidad para ejercer la defensa de los intereses colectivos y no se olvide que la campaña electoral debe girar en torno a los ciudadanos y en la marcada importancia que tiene este lapso para el futuro de la nación.

Un periodista que asuma su profesión investida con un rol social que le confiere privilegios pero también responsabilidad social , y la comprensión de que somos catalizadores para el cambio.

El periodismo cívico o público trata de buscar la mayor conexión posible entre periodistas, media, políticos y ciudadanos; en pro de un diálogo productivo, estimulando la participación ciudadana y la focalización de los temas de verdadera importancia e interés a través del énfasis que se le da a la búsqueda de respuestas concretas por parte de los candidatos.

Si el periodismo cívico no es nada nuevo sino sólo hacer "buen periodismo", hay que tener voluntad y constancia en practicarlo. Si el periodismo cívico es o no la solución total a los problemas tampoco se sabe pues aún es una corriente experimental y una buena práctica periodística requiere tener conciencia del rol que se tiene en la sociedad, de los principios éticos, del constante estudio y actualización necesarios para dirigirnos a un público con mayor información, aunque la calidad hasta ahora ha estado al margen.

El periodista se enfrenta a un mundo mucho más exigente y como servidor público no se puede quedar estancado en las viejas formas de hacer política y cubrir las noticias. Es importante tomar conciencia de lo que está sucediendo y tratar de luchar por un cambio que debe comenzar a gestarse.

Tampoco es una práctica que cambiará la cobertura de un día para otro ni aniquilará las encuestas y todo aquello que contienen las campañas electorales porque se debe respetar el derecho a la información, pero sí buscar cambiar el "estamos bien pero vamos mal" de una manera progresiva con la necesaria introspección que requiere el periodista y con el buen olfato que requiere para saber que no quiere despertar en un mañana demasiado tarde y violento.


*Ana Marisol Angarita B. es Lic. en Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, en la cual ha sido conferencista sobre el Periodismo Público. Ha sido periodista de los diarios: El Globo, Abril y El Diario de Caracas en las fuentes genérica y política. Ha cubierto varios procesos electorales venezolanos. El artículo se basa en un trabajo realizado por la autora para la UCV. Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.


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