Sala de Prensa


16
Febrero 2000
Año III, Vol. 2

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La investigación periodística
computarizada en América Latina

Pedro Enrique Armendares *

El Centro de Periodistas de Investigación (PI) inició sus actividades en 1996, como un proyecto de la organización Investigative Reporters and Editors (IRE), con sede en Estados Unidos. La idea fue la de construir una red de apoyo y colaboración entre periodistas mexicanos interesados en la investigación periodística y en el periodismo asistido por computadora (PAC), tal como lo ha hecho IRE durante más de veinte años en Estados Unidos y otros países.

El momento para lanzar el nuevo proyecto no podía ser más oportuno. En la última década México ha experimentado grandes cambios y el país pasa por una incierta transición política no exenta de sobresaltos. La transformación económica ha sido acompañada por constantes disputas electorales, el ascenso de la oposición de izquierda y derecha que amenaza el dominio del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), asesinatos políticos y hasta el surgimiento de movimientos guerrilleros campesinos en el sur del país.

Este proceso es seguido de cerca por una sociedad cada vez más consciente y participativa y, sobre todo, cada vez más dispuesta a llamar a cuentas a su clase política. En este contexto, la situación de los medios también es muy diferente en un país en el que la calidad periodística ha enfrentado una batalla desigual contra los demonios gemelos de la cooptación y de la censura. El mismo gobernante que sabía ser sumamente generoso con los subsidios abiertos o encubiertos podía convertirse en un enemigo mortal cuando algún medio publicaba reportajes "incómodos".

Ahora, si bien el gobierno sigue ejerciendo una influencia inapropiada sobre los diarios, muchos de ellos dependen cada vez más de la preferencia de los lectores y de los anunciantes y menos de los subsidios oficiales. La censura oficial, mientras tanto, ha disminuido a un nivel que asombra a los más escépticos.

Todo ello es propicio para el periodismo de investigación el cual, si bien no es nuevo en México, tampoco se ha desarrollado al nivel que requiere la opinión pública. Lo mismo ocurre, aún en mayor medida, con la investigación periodística computarizada.

Cuando iniciamos nuestras actividades en México la respuesta fue muy positiva y nos llevamos como una sorpresa: a pesar del marcado centralismo que padece el país, o quizás por ello mismo, nuestro proyecto despertó un mayor interés en otras ciudades distintas a la capital. Más aún, pronto empezamos a recibir preguntas y solicitudes de talleres y seminarios en otros países de América Latina, y pronto PI se convirtió en un proyecto continental con actividades en Colombia, Brasil, Argentina, Perú, Panamá, Puerto Rico, Guatemala y Nicaragua.

Tanto interés como escepticismo

Nuestra llegada a las redacciones latinoamericanas por lo general provocaba una curiosa mezcla de interés y escepticismo. Los colegas reconocían la importancia del periodismo de investigación y algunos lo practicaban ya con resultados notables, pero pocos habían utilizado las herramientas como internet, hojas de cálculo y administradores de bases de datos.

Más aún, cuando mostrábamos algunos ejemplos de PAC hechos en Estados Unidos, muchos reaccionaban con una especie de envidia de la computadora: los reportajes les parecían excelentes, pero esgrimían todo tipo de argumentos para explicar por qué este tipo de periodismo no se puede practicar en América Latina. Algunos decían que en nuestros países no existe información en formato electrónico o que las estadísticas oficiales no son confiables, mientras que otros insistían en que pocos reporteros de la región tienen acceso a computadoras modernas y acceso a internet.

En lo que todos coincidían, y por supuesto es un obstáculo considerable, es que dada la cultura política tradicional que persiste en América Latina los políticos y burócratas tienden a considerar la información pública como un recurso personal y asumen el derecho de compartirla o no con la prensa y con la sociedad en general. Este problema es particularmente serio en países como México, donde la ley de acceso a la información es ambigua y casi inútil, y en países con un pasado autoritario reciente en los que las restricciones ilegítimas a la investigación periodística aún se disfrazan como "consideraciones seguridad nacional".

En estos tres años, sin embargo, hemos confirmado que la investigación periodística por medio de técnicas computarizadas no solo es posible en América Latina, sino que su uso puede contribuir a erosionar el monopolio oficial de la información. Por ejemplo, los reporteros pueden encontrar en internet fuentes alternativas para llegar a lo que algunos funcionarios pretenden ocultar, y después analizar esa información mediante hojas de cálculo o administradores de bases de datos y después compararla con los comunicados de prensa oficiales. Una vez que se publican los reportajes esos mismos funcionarios se ven obligados a responder, y en ocasiones el resultado es la liberación de la información que antes limitaban. No es un proceso automático ni demasiado frecuente, pero ocurre.

Al mismo tiempo, los reporteros latinoamericanos están constatando que gran parte de la información oficial que sí está disponible –incluyendo censos, estadísticas de salud y datos electorales- no solo es confiable sino que representa un tesoro periodístico que hasta la fecha no ha sido suficientemente explotado.

También es curioso comprobar cómo muchas dependencias gubernamentales, en su afán por aparecer modernas, mantienen sitios muy completos en internet en los que puede obtenerse con rapidez la información que un reportero tardaría días o semanas conseguir en las oficinas de prensa tradicionales debido a la mala organización o al retraso burocrático intencional.

Los reporteros latinoamericanos también recurren cada vez más a la información producida en el sector privado, incluyendo por supuesto la información financiera y económica. Aquí es más común que los administradores de la información estén dispuestos a compartir sus archivos y, además, que estén disponibles en formato electrónico y listos para ser analizados.

Algunos ejemplos, algunos resultados

Nuestros talleres son bastante interactivos y muchos colegas que participan en ellos empiezan de inmediato a aplicar las técnicas que aprenden. Por ejemplo, durante un taller sobre el programa Access que impartimos en Brasil utilizamos como ejemplo datos del Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos sobre inmigrantes latinoamericanos a ese país. Pocos días después uno de los reporteros participantes en el taller publicó una nota de primera plana sobre la "fuga" de ejecutivos brasileños a Estados Unidos, atraídos por la economía de aquel país. Es cierto que no era un novicio en el PAC, pero hemos visto a muchos otros colegas sin capacitación previa en estas herramientas quienes aún antes de que termine el taller empiezan utilizarlas en su trabajo o por lo menos sacan las empolvadas cajas de recortes para empezar a modernizar sus archivos.

Algunos colegas están haciendo trabajos muy interesantes mediante la creación de bases de datos propias a partir de información que logran obtener en formato impreso. Por ejemplo, tanto en México (diario Público de Guadalajara) como en Venezuela (Carlos Subero, de El Universal de Caracas) han aparecido reportajes sobre el perfil y las historias humanas de las personas sentenciadas por delitos de narcotráfico.

En ambos casos los reporteros obtuvieron la información de fuentes judiciales –en Venezuela fue relativamente fácil, en México fue una verdadera batalla- para después diseñar su base de datos, capturar la información y analizarla mediante la computadora. El reportaje de Público, por ejemplo, demostró por ejemplo que tan solo el 5% de los arrestos había sido resultado de la investigación policiaca. El resto de los sentenciados cayó en manos de la justicia debido a cateos al azar, delaciones o incluso accidentes de tráfico.

Los reporteros latinoamericanos también están sacando provecho de aquellos campos en los que está mejorando el acceso a la información, incluyendo la información oficial en formato digital. Jose Roberto Toledo, del diario Folha de Sao Paulo, ha utilizado información estadística producida por dependencias del gobierno para hacer retratos, con frecuencia estremecedores, de su sociedad. El año pasado usó datos del Ministerio de Salud para informar a los lectores de Sao Paulo que en esa ciudad el homicidio es la causa de muerte entre niños de 10 a 14 años de edad, y que en un gran número de casos los asesinos son los padres.

Otro terreno fértil es el de la cobertura electoral. En muchos países latinoamericanos existen abundantes datos electorales, compilados tanto por el gobierno como por organismos privados, y que con frecuencia pueden obtenerse en internet. Tomemos el ejemplo de México: en las controvertidas elecciones de 1988, los resultados de algunas casillas rurales tardaron varios días en llegar a la ciudad de México. Seis años después, en las elecciones de 1994, las autoridades electorales empezaron a subir a internet los conteos iniciales en la noche misma de las elecciones, y para la madrugada siguiente los reporteros mexicanos y extranjeros tenían resultados extraoficiales muy completos.

Hay otra veta potencial que no hemos explotado plenamente, quizás porque las leyes al respecto son nuevas en muchos países: el financiamiento de las campañas políticas y la relación entre los intereses privados y el comportamiento de los funcionarios electos. La información no es tan abundante como en otras regiones, pero está mejorando y la que existe en algunos países se presta ya para seguimientos periodísticos avanzados.

Mientras tanto, los periodistas latinoamericanos han encontrado nuevas formas para burlar los obstáculos al acceso a la información; una de ellas es buscar en otros países lo que se trata de ocultar en los suyos. Para ello internet es particularmente útil, ya que permite identificar y hacer contacto con fuentes internacionales –académicas, periodísticas, no gubernamentales y aún sitios de otros gobiernos- que ofrecen información relevante para los países latinoamericanos.

Gerardo Reyes, reportero del diario The Miami Herald, narra una anécdota significativa. Durante un taller de internet para periodistas centroamericano utilizó como ejemplo el sitio de la General Accounting Office, una dependencia que evalúa las actividades del Congreso de Estados Unidos. De pronto un participante saltó de su asiento, ya que navegando al azar había dado con datos sobre la ayuda militar de Estados Unidos a su país. Corrió entusiasmado al teléfono para notificar a su diario del hallazgo porque, según explicó, a nivel doméstico su gobierno aún oculta esa información por "razones de seguridad nacional".

El fin de la guerra fría también contribuye a abrir nuevas vetas. La reportera mexicana Claudia Fernández utilizó internet –y mucha paciencia- para hacer un interesante reportaje sobre el papel de la KGB en México durante los años cincuentas, cuando la capital de éste país era una especie de Viena latinoamericana en la que pululaban espías estadunidenses, soviéticos y de otros países de la OTAN y del Pacto de Varsovia.

Claudia recurrió a la página de National Security Archives, una ONG estadunidense que obtiene, clasifica y distribuye documentos desclasificados por Washington, para consultar centenares de cables enviados a Moscú por la embajada soviética en México. Con esa información pudo describir las actividades, los sobrenombres e incluso la identidad real de muchos mexicanos –incluyendo militantes, artistas y gente de la calle- quienes colaboraron con la KGB en esa época.

Algunos problemas

Un problema real es que si bien hay carencias técnicas en muchas redacciones, cuando los medios hacen esfuerzos por dotar de equipo moderno a los reporteros es frecuente que éstos se resistan a capacitarse para utilizarlos, bien por temor a la tecnología o bien porque consideran que su tiempo es demasiado "valioso" para perderlo aprendiendo a usar las computadoras.

Hemos visto en demasiadas redacciones computadoras modernas reducidas a máquinas de escribir electrónicas, y con frecuencia los reporteros ni siquiera sospecha los recursos que se esconden en un directorio de Office que quizás nunca ha abierto. Consideran que es más fácil acudir al centro de información de su medio, cuando existe, o al boletín oficial.

Por su parte muchas empresas periodísticas tampoco parecen demasiado interesadas en invertir en la capacitación de sus reporteros para promover el uso del PAC. Su leitmotif es la recurrente crisis económica, pero en realidad muchos medios de la región aún no están convencidos del potencial que representan el periodismo de investigación y el PAC para competir con sus rivales.

Y también hay riesgos. Por ejemplo, algunos colegas se entusiasman con la información obtenida en internet o con los datos duros propios del análisis mediante hojas de cálculo y administradores de bases de datos, y se olvidan de lo básico, incluyendo la obligación de usar la información para escribir un reportaje interesante. Con frecuencia se publican notas que no son más que diez o doce párrafos áridos alrededor de varias tablas y gráficas, o reportajes fallidos que se desfallecen unas líneas abajo de la entrada.

Esto, confiamos, es algo que irá desapareciendo a medida que se termine la novedad para los reporteros y para los lectores, y en especial cuando los editores que actualmente están deslumbrados con las posibilidades del PAC retomen los lápices y vuelvan a hacer su trabajo.

Un problema potencialmente surge cuando quienes se inician en el PAC no tienen también una comprensión apropiada de los temas que cubren o carecen incluso de conocimientos básicas de estadística. Por ello, la creciente facilidad de uso de los nuevos programas puede provocar que los reporteros inexpertos manipule los datos de manera que arrojen conclusiones sesgadas o de plano incorrectas, mismas que pueden aparecer en el diario como "noticia". La computadora permite hacer miles de operaciones por segundo, pero también se presta a cometer miles de errores por segundo.

Sin embargo, éstos y otros problemas tenderán a disminuir a medida que los reporteros y, por supuesto, los lectores, sean más refinados y exigentes. A ello puede contribuir la expansión de una red de periodistas dedicados al PAC quienes, además de ampliar sus habilidades, estén dispuestos a compartirlas con colegas recién llegados a este campo.

Pero además, el conocimiento y el uso del PAC en América Latina puede ayudar a superar el antiguo debate sobre si el periodismo de investigación es una especialidad en sí misma o si, como afirma Gabriel García Márquez, se trata de una expresión redundante. Es común que muchos egresados de las escuelas de periodismo tengan sueños de convertirse en estrellas del periodismo de investigación, y también es claro que ese tipo de vacantes son muy escasas. Pero lo que sí es posible es que todos los jóvenes periodistas conozcan la metodología del periodismo de investigación y se capaciten en las técnicas y herramientas del PAC, y apliquen esos conocimientos en su trabajo cotidiano. De esa manera, si bien no tendremos legiones de periodistas investigadores, sí habrá un creciente número de reporteros rigurosos y sofisticados quienes contribuirán a incrementarán la calidad del periodismo en general.


* Pedro enrique Armendares es un experimentado periodista mexicano que actualmente dirige el Centro de Periodistas de Investigación, A.C. (originalmente, el capítulo México de la organización estadunidense IRE-México). Este artículo fue escrito para la revista Chasqui y se reproduce con autorización expresa de su autor, como su primera aportación para Sala de Prensa.


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