Muy
buenos días amigos ciudadanos, colegas y
periodistas.
Me permitiré dar
lectura a un texto que he escrito para
asumir una postura pública sobre mi
despedida del noticiero matutino Noticias
MVS ocurrida este fin de semana, asunto
que ha generado múltiples muestras de
solidaridad que desde aquí agradezco.
Agradezco todas
estas expresiones y celebro aquí,
entusiasmada su existencia y el signo
vital que las acompaña. Abrazo a quienes
en todos los tonos y con diferentes
lenguajes se han manifestado en contra de
lo que es a todas luces un hecho
autoritario, desmedido, inaceptable. Un
hecho así, solo es imaginable enlas
dictaduras que nadie desear para México.
Castigar por opinar o por cuestionar a
los gobernantes.
El tema nos pega a todos.
No solo nos afecta a nosotros como
profesionales, y a los ciudadanos a los
que se les quita un espacio, se afecta
también a este medio de comunicación y
al grupo empresarial que desarrolla
diversas actividades productivas a favor
del país. Este grupo está encabezado
por una familia a quien estimo y valoro.
Fundada por uno de los hombres más
queridos y respetados de la industria
como fue Don Joaquín Vargas Gómez.
Lamento sinceramente que sus nombres
estén siendo acribillados con insultos
en las redes sociales por la decisión
tomada.
Tenemos que preguntarnos,
¿por qué sucedió esto y cómo fueron
las cosas?
El pasado viernes 4 de
febrero en mi libre derecho a la
expresión, formulé un comentario
editorial que aludía a un
incontrovertible hecho noticioso. A raíz
de lo ocurrido en la Cámara de Diputados
el día anterior, cuando un grupo de
legisladores exhibió una manta con la
foto de Felipe Calderón con los ojos
enrojecidos en la que se leía:
¿Tú dejarías a un borracho
conducir tu auto?, ¿no, verdad? ¿y por
qué lo dejas conducir el país?.
Naturalmente se produjo una gran rispidez
que orilló a suspender la sesión en el
recinto legislativo. Había ahí ya una
historia que contar a nuestras
audiencias. Mi compañero Omar Aguilar
presentó con gran profesionalismo ese
hecho noticioso con pulcritud, con
claridad y con suficiencia, jamás
ocultó ni la manta, ni el contenido de
la manta, ni a los autores de la manta.
No trampeó a nadie y presentó al
público, como el público lo merecía,
todas las expresiones que en diferentes
sentidos se emitieron al respecto.
Nuestro auditorio quedó perfectamente
informado del acontecimiento y con
elementos suficientes para hacer su
propia valoración La información
presentada me sirvió a mí de base para
formular el citado comentario editorial
Dejemos a un lado la
caricatura, dije, tomemos el
asunto con seriedad e hice algunas
otras consideraciones. Terminé con un
cuestionamiento formal a las autoridades
¿tiene o no problemas de
alcoholismo el Presidente de la
República?. Yo no tengo manera de
corroborarlo pero, si fuera el caso,
sería algo delicado que deberíamos
saber, no hay nada ofensivo en la
interrogante, especialmente si se trata
de algo que, de existir, afectaría por
su naturaleza la toma de decisiones que
impactan en todo momento a millones de
personas en el país.
El comentario editorial
cerraba diciendo que el tema y dada
su exposición pública a través de la
manta de los legisladores- merecía una
respuesta seria, forma y oficial de la
propia Presidencia de la República. La
Presidencia no respondió a la
periodista, de inmediato exigió a los
dueños que no a la periodista- una
disculpa pública inmediata por la
tremenda osadía. Demostró con ello un
grado de irritabilidad e intolerancia que
por sí mismas hablan de algún tipo de
problemática que, por supuesto, también
debe ser analizada.
ACTUALIZACION Aristegui pacta su
regreso a MVS
Comunicado conjunto
Los
días recientes han sido aleccionadores
para quienes nos dedicamos a la
radiodifusión. Las expresiones públicas
acerca del espacio de noticias matutino
en MVS Radio han confirmado - tal y como
lo supimos desde enero del 2009 -, el
interés que puede despertar en la
sociedad un programa abierto a las
inquietudes de sus audiencias. Hemos
corroborado que la radio, igual que otros
medios de comunicación, adquiere pleno
sentido cuando funciona con criterios de
servicio público y así lo hace al
retroalimentarse en las preocupaciones de
los radioescuchas.
También
hemos tomado en cuenta la fructífera
experiencia que han significado más de
dos años de colaboración profesional.
El
contrato que regula esa relación
profesional establece un proceso arbitral
para dirimir controversias derivadas de
los contenidos transmitidos en el
mencionado espacio radiofónico. Tanto la
empresa como la periodista Carmen
Aristegui, reconocieron en días pasados
la pertinencia de poner en práctica esa
cláusula para resolver el diferendo que
llevó a la suspensión de la relación
laboral.
Con el
propósito de transparentar las normas
del trabajo periodístico en este
espacio, ambas partes consideran oportuno
dar a conocer el Código de Ética. Este
documento está disponible en el sitio en
Internet de Noticias MVS.
Al mismo
tiempo, a fin de facilitar la
interlocución con la significativa
audiencia de ese espacio informativo,
antes de 40 días a partir de esta fecha
se designará un Defensor del
radioescucha que tendrá a su cargo
la evaluación regular de los contenidos
con sustento en el Código de Ética. La
figura del defensor de los públicos es
fundamental, en el panorama internacional
de los medios, para afianzar las
relaciones entre periodistas, empresas
informativas y sociedad.
Carmen
Aristegui reanudará la conducción de su
noticiero el lunes 21 de febrero de 2011.
Con estas
decisiones Carmen Aristegui y su equipo
de trabajo, así como MVS Radio,
responden de manera transparente y
pública a los requerimientos de una
relevante porción de radioescuchas y
ciudadanos.
Confiamos
en seguir contando con su preferencia y,
con ello, contribuir al desarrollo de un
periodismo que sea capaz de coadyuvar en
la información y la reflexión que
requiere la sociedad mexicana.
Reconozco que el cuestionamiento
era duro, pero de ningún modo injurioso o
difamatorio, tampoco se transgredía en ningún
punto el código de ética que ha sido aludido.
Era simple y llanamente la formulación de una
pregunta válida. Pregunta hecha por una
periodista cuya intención quedaba perfectamente
delimitada. El estado de salud y grado de
equilibrio de un mandatario, por supuesto que es
un asunto de claro interés público. La sociedad
mexicana tiene derecho a saber con certeza, sin
ofensas, sin caricaturizaciones sobre las
condiciones de salud de quien ha tomado y
seguirá tomando todos los días decisiones
gravísimas que impactan sobre el destino de la
nación. Y vaya que si ha impactado el destino de
la nación las decisiones tomadas desde los Pinos
en este sexenio.
El motivo de mi despedida, se
dijo, fue haberme negado a ofrecer una disculpa y
transgredir el código de ética. Cosa que es
falsa y se convirtió sólo en una coartada. En
este momento no sólo no rectifico, ni me
disculpo, sino por el contrario: ratifico la
pertinencia de que la Presidencia de la
República se manifieste al respecto.
Lamento
sí, personalmente, que el Presidente y su
familia se hayan sentido ofendidos por el
cuestionamiento. No hubo, ni hay en la
formulación de mi pregunta ninguna intensión o
ánimo de ofender, lamento que ellos se hayan
sentido ofendidos, es claro que sí ocurrió,
pero aún así la pregunta sigue vigente.
El ejercicio del poder hace que
las figuras públicas sean sujetas a escrutinios
e interrogaciones a los que no estaría sujetas
otras personas por razón, precisamente, de sus
responsabilidades y del impacto de sus
decisiones. En una democracia esto forma parte
del juego. ¿No tuvo Bill Clinton que hablar del
semen depositado en el vestido azul de una
muchacha ante una audiencia de millones de
personas? ¿No acaso el estado de salud de Dylma
Roussef fue motivo de debate público antes de
llegar a ser la Presidenta que ahora es? ¿Acaso
no son las francachelas y excesos de Silvio
Berlusconi materia del debate nacional? ¿Por
qué en México los empresarios de los medios
pueden ser sometidos a presiones indebidas para
que silencien a sus comunicadores? ¿Por qué la
sociedad mexicana se tiene que conformar con una
sola visión de las cosas? ¿Por qué fatalmente
tenemos que vivir con la existencia de un dupolio
televisivo que no sólo envilece las pantallas
con programas denigrantes y nocivos como los de
recuente estreno, sino que es ya en sí mismo un
poder que ha dañado la vida democrática
nacional?
¿Por qué México está
entrampado en una espiral de degradación de
infamia sin que hagamos nada al respecto? ¿Por
qué como dicen los firmantes de una de las
cartas de protesta publicadas estos días
seguimos dejándolos conducir de esta manera el
país? ¿Qué clase de democracia es ésta que
por un comentario editorial que irritó al
gobernante se le corta la cabeza a quien opinó?
¿Por qué desde el poder político pueden llevar
las cosas al extremo, escalando el conflicto,
deliberadamente, hasta lograr hacerle las cosas
imposibles tanto al empresario como a la
periodista ocasionando la ruptura? La pregunta es
¿cómo es que pudieron elevar, desde Los Pinos,
el grado de exigencia, pidiendo casi la
humillación, por un hecho absolutamente
sobredimensionado? ¿Cómo es que a un empresario
a quien tenemos como decente lo llevaron a
comportarse de esta manera? ¿Cómo pudieron
lograr que se sintiera obligado a tal punto como
para exigirme la lectura de una carta
obviamente no escrita por mí en
términos ajenos y que por supuesto no empataban
con lo que dictaba mi consciencia para satisfacer
la ira presidencial? Una exigencia de la lectura
indigna de esa carta, quien me lo formuló,
sabía de antemano que yo la rechazaría.
Se llegó a ese extremo por el
grado de vulnerabilidad en el que quedan quienes
tienen negocios o concesiones en el mundo de las
telecomunicaciones y los medios de comunicación.
En este caso hay un conjunto de concesiones en
juego y la resolución final sobre lo que pse con
ellas se encuentra en el cajón del Presidente.
Lo que debería ser técnico, jurídico y legal,
en realidad es un asunto político y
discrecional. La aprobación que ha pasado por
todos los filtros legales y técnicos, para
tomarse, está sujeta a la venia final del
Presidente y ni siquiera a la venia final del
Presidente, sino a la venia final de quien, a su
vez, presiona al Presidente. Es decir, a los
poderes dominantes en las telecomunicaciones cuyo
poder desmedido impide la entrada de nuevos
competidores y a los que existen les hacen la
vida verdaderamente imposible.
Persiste a nuestros días, un
elemento que condiciona y distorsiona la
relación de los medios con el gobierno que es
esta discrecionalidad política en la toma de
decisiones en materia de refrendo y otorgamiento
de concesiones en el ámbito de
telecomunicaciones. Es ésta una de las razones
fundamentales por las cuales en México no se
despliega a plenitud un derecho fundamental como
el de la libertad de expresión. Asuntos que
deberían resolverse con la mayor certidumbre
jurídica, en materia de plazos, planes de
cobertura, plan de negocios y de inversión,
terminan siendo asuntos de decisión política y
del área técnica en la materia.
Es el caso de las concesiones que
en la banda de 2.5 gigahertz tienen varios
operadores del país, del que MVS Comunicaciones
posee la mayoría de ellas. No obstante haber ya
desahogado todos los requerimientos técnicos en
materia de competencia, y de la opinión
favorable de algunos comisionados de la COFETEL y
de la opinión favorable de la COFECO, y de tener
a la espera con riesgo a perderlas-
cantidades millonarias de inversionistas
nacionales y extranjeros, a pesar de tener todo
en regla y un mercado demandante
increíblemente, inexplicablemente la decisiones
se ha retrasado cinco años.
Teniendo todo en regla,no
hay razón técnica, tecnológica, jurídica, ni
económica que hoy no esté suficientemente
satisfecha. La única razón que hoy impide a MVS
Comunicaciones desplegar una red nacional de
ancho de banda para Internet que compita con los
grandes conglomerados es total y absolutamente
política. Porque se coloca como una espada de
Damocles en la vieja tesis autoritaria de la
zanahoria y el garrote. Te portas bien, te
refrendo tu concesión, te portas mal te la
detengo o te la niego. Este es el ambiente de
presión en el que se desenvuelve la relación no
solo de concesionarios con el gobierno, sino es
el ambiente en el que se desenvuelve el trabajo y
el desempeño profesional de cientos de
profesionales en su relación con las empresas de
comunicación. Esa es la batalla diaria.
En la medida en que los
comunicadores y los empresarios batallan frente
al gobierno, en esa medida las audiencias ganan o
pierden información. Lo más grotesco y
paradójico de esta realidad es que los que más
se benefician de esta herencia del viejo régimen
son los grandes monopolios que ahora son capaces
de mantener este diseño para evitar nuevos
competidores. Y aquí aparece de nueva cuenta la
enorme responsabilidad del poder legislativo que
ha preferido el mantenimiento de reglas no
escritas en lugar de una legislación moderna que
dé certidumbre jurídica a los empresarios,
tutele los derechos de los periodistas y
garantice el derecho a la información a todos
los ciudadanos.
Agradezco, por cierto, desde aquí
el debate y los pronunciamientos que desde el
Congreso hicieron ayer por parte de legisladores
sobre el caso de nuestra despedida delnoticiero.
Sin embargo, no sirve de mucho a la
democratización de los medios de comunicación
condenar la censura por un hecho no éste, al
mismo tiempo que se coexiste con leyes que
podría y deberían ser modificadas en beneficio
de toda la población y no de unos cuantos.
Sobre este ambiente de presión
del gobierno hacia algunas empresas de
comunicación, actúa un fenómeno aún más
grave que el antiguo control estatal sobre los
medios. Se trata del debilitamiento del Estado y
de sus instituciones por virtud de una
supeditación política que parte desde el
Presidente de la República, atraviesa las
cámaras del Congreso, amplias franjas del poder
judicial, órganos reguladores a manos de nuevos
poderes informales o fácticos que han logrado
imponer su lógica de chantaje e intimidación
porque eso es lo que esLos ha llevado
a niveles de audacia y en un cálculo de poder,
para sustituir por lo menos parcialmente- a
poderes de la República. Ahí está, por
ejemplo, una tele bancada en el Congreso, algunos
sujetos reguladores capturados por sus regulados.
Como nunca en la historia el Estado Mexicano se
ha dejado crecer a estos poderes, han llegado al
punto, a la osadía diría yo, de querer también
apropiarse de la propia Presidencia de la
República. De otra manera no se explicaría la
multimillonaria inversión que han hecho en
construirle una candidatura presidencial al
gobernador mexiquense.
El trasfondo de lo sucedido, en
nuestro caso y que ha generado todas estas
reacciones, tiene que ver precisamente con este
clima. Por esa razón es que una empresa decide,
en sentido contrario a sus intereses, cancelar en
el momento de mayor expansión, de mayor
prestigio, de mayor influencia, un espacio de
información crítica, de debate y opinión que
ha sido valorado por anunciantes y anuencias. Por
eso toma una decisión suicida.
Como tantas otras, ésta es una
empresa sometida indebidamente a una presión
incompatible con un régimen democrático y de
Estado de Derecho. Mientras no cambiemos las
estructuras que están en la base de esta
relación insana, los espacios con influencia
crítica se ven permanentemente hostilizados y en
su conjunto los medios de comunicación terminan
por estandarizar o uniformar sus coberturas
informativas. Se achata la libre opinión, se
merma el debate y se inhibe la conducta crítica.
Eso daña seriamente a la democracia y, por
supuesto, los derechos fundamentales de las y los
ciudadanos de este país.
Y bueno, me dirán ¿ahora qué
hacemos con lo sucedido? ¿Aceptamos lo sucedido
que no le viene bien a nadie u optamos por la
ética de la responsabilidad y buscamos un
camino? Sin claudicar, pero sin exigir que el
otro se arrodille.
Joaquín Vargas sabe perfectamente
que yo no infringí ningún código de ética.
Sabe lo que sucedió, sabe que fue una coartada,
sabe porque las sufre todos los días- las
razones verdaderas que están detrás de esta
decisión que está a punto de costarnos la
cabeza. Y digo a punto porque voy a plantearle
una salida digna, decorosa e inteligente. Y
sabrá si la toma.
Joaquín sabe como pocos lo que yo
estoy hablando, le digo a MVS que no le demos
gusto a los que se saborean este fracaso
Lo sucedido entre el viernes y el
fin de semana entre Los Pinos, nuestras oficinas,
no sé si también otras la Destilería y
el Meridien- es algo que no se merece nadie, que
nos daña a todos, y que para lo único que va a
servir es para el desahogo absurdo de un
berrinche presidencial y para beneplácito de los
que prefieren que nadie compita, que nadie
cuestione o que se cuestione poquito.
No se lo merece un grupo de
profesionales que estaba haciendo su trabajo que
se ve brutalmente interrumpido. No se lo merecen,
por supuesto, las audiencias. No se lo merecen la
familia Vargas porque han sido colocados en una
disyuntiva perversa en donde tienen que calibrar
como grupo empresarial qué les cuesta más
frente al gobierno y poderes que lo presionan: si
la cabeza de Aristegui o la banda de 2.5
gigahertz. No se lo merece el país.
La Asociación Mexicana de Derecho
a la Información, a la que pertenezco y que
preside el maestro Raúl Trejo Delarbre, ha dicho
que la salida nuestra del aire es una pésima
noticia para la sociedad mexicana. La decisión
tomada es desafortunada para todos. Pierde
MVS, cuya independencia editorial queda en
entredicho debido a la suspensión de este
espacio; pierde la periodista y su amplia
audiencia. Pierde la Presidencia de la
República, de donde surgieron las exigencias
para que Carmen Aristegui se disculpara por el
comentario que hizo el viernes 4 de
febrero. AMEDI exigió a la Presidencia que
con hechos y específicamente en este caso,
garantice el derecho de la libertad de
expresión, así como el derecho de los
ciudadanos a la información. Solicitó a
MVS que reconsidere el despido a
Aristegui. Y es exactamente lo mismo que
solicito yo a ellos ahora desde aquí.
El país no está más para seguir
perdiendo los espacios que hemos ganado; el país
no está para que se nos sigan regateando los
derechos que nos pertenecen. México atraviesa
por un momento crítico, el nivel de
descomposición, de violencia y de debilitamiento
institucional es profundamente grave como para
quedarse parado. No nos puede ganar el pasmo
cuando el futuro de México se ha ensombrecido.
Nos necesitamos informados, alertas, críticos,
no nos podemos dar el lujo de tirar por la borda
lo ganado ¿a cuenta de qué lo justificaríamos?
Nuestra transición democrática
ha adquirido un cariz trágico. Los niveles de
violencia, de descomposición y de degradación
de la vida pública están llegando a niveles de
escándalo. La clase política mexicana que no ha
estado a la altura de los retos y desafíos
nacionales parece no darse cuenta del avance de
estos nuevos fenómenos de poder que la han
carcomido y debilitado como nunca antes.
¿Dejamos que sigan avanzando sin contraponer una
fuerza social que, por lo menos los identifique,
los discuta y los analice?
¿Nos quedamos a la sombra de
políticos sometidos a intereses particulares
porque antes que gobernar bien hay que salir en
la tele o de gobernantes timoratos e
irresponsables que lejos de atemperar
concentraciones monopólicas, las han hecho
crecer aún más creando monstruos de poder que
los tienen sometidos y frente a los cuales no se
atreven a dar ni un paso?
Esta mañana hago un llamado a
revertir los efectos de este hecho ominoso.
Yo tiendo la mano y escucho a los
que están en la calle y me dicen tienes
que regresar. Estoy dispuesta a regresar al
aire este próximo lunes, siempre y cuando se
cumpla con una condición básica y única: que
MVS anuncie que retira de forma oficial el
comunicado emitido junto con mi salida en el cual
afirma que falsamente transgredí nuestro código
de ética y que promoví la difusión de rumores
como noticia. Como consecuencia de ello pido que
se publique otro comunicado oficial en donde la
valoración sobre mi integridad ética, que
pretendieron dejar en entredicho, quede
resarcida.
Si MVS acepta hacerlo, se
reconocería tácitamente la naturaleza real de
los sucedido. Eso sería suficiente.
Joaquín lo sabe muy bien, que mi
integridad profesional y ética nunca estuvo en
entredicho realmente, que fue una coartada para
tomar una decisión que le imponían, que el
verdadero problema está en otro lado. Regresemos
al aire y quedará evidenciado.
La Presidencia tendrá que hacer
una valoración de lo sucedido. Serenamente, sin
odios. Con la seriedad que implica tomar
decisiones a nombre de los otros y aceptando,
aunque no guste, que los ciudadanos y los
periodistas tenemos derecho a preguntar, a
inquirir y a criticar sobre lo que juzguemos
pertinente.
Estoy aquí para hacer este
llamado. Para revertir un hecho ominosos como el
que sucedió. De manera digna, decorosa e
inteligente, apostando por la verdad, pero sin
romper lo construido.
Mi estimado amigo Jorge Ramos
escribió hace algunos años un texto magnífico
que tituló El derecho a preguntar.
Recordaba ahí a la maestra Oriana Falacci quien
decía que no debía existir ninguna pregunta
prohibida. Todo se puede preguntar. Con mayor
razón si se trata de preguntarle a gente con
poder.
Jorge contaba también de una
entrevista realizada al Presidente Vicente Fox.
Había interrogantes en el ambiente de por qué
aparecía desanimado, sin ímpetu, sin grandes
propuestas. El periodista le preguntó al
mandatario, y con ello no alimentar rumores, sino
tratando de clarificarlos. Fox miró al
periodista y contestó simplemente
No. Por supuesto no le gustó la
pregunta, pero la contestó. Tal como escribía
Ramos no hay pregunta prohibida, no hay
pregunta tonta, y cuando surge la oportunidad hay
que hacerla, aunque sea una última vez.
A partir de aquí cierro mi
comentario, no agregaría más porque el
planteamiento está formulado y lo que resta es
esperar la respuesta.
Gracias a todos y buenos días.
* Carmen Aristeguies una periodista mexicana
de larga trayectoria en radio y televisión,
víctima de censura desde el poder político y
empresas mediáticas. Este texto fue leído por
la autora tras ser despedida de la empresa MVS
por atreverse a preguntar al aire si el
presidente de México, Felipe Calderón tiene o
no problemas de alcoholismo.
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