El arte de
difundir rumores
Angel
Alayón *
Gabriela
de Vásquez se resistía a creer lo que la voz en
el teléfono le decía con tanta claridad: su
esposo le era infiel desde hacía cinco meses con
Julia, una atractiva compañera de trabajo. Eso
explicaba los viajes y el trabajo hasta bien
entrada la noche. Martín, según la voz, llevaba
una doble vida. Gabriela no quería creer, pero
se anidó en su pensamiento una pequeña duda que
fue creciendo hasta lograr que la convivencia
cotidiana con Martín fuera áspera, incómoda.
Ella, al tiempo, decidió confrontarlo. Él lo
negó todo. Ella dijo que sabía que negaría
todo. Y la confianza se fue erosionando. Era
cuestión de tiempo para que conflictos mayores
hicieran su aparición. Dos años después de la
llamada, la pareja introducía los papeles para
el divorcio. Gabriela nunca estuvo segura de la
infidelidad de Martín. Martín nunca entendió
lo que sucedió pues, en verdad, nunca le fue
infiel a su esposa.
***
La redes sociales (Twitter,
Facebook) son medios fértiles para la
divulgación de rumores. Allí hemos sido testigo
de muertos que resucitan en horas, bancos que
quiebran pero que en realidad están solventes,
secuestrados que se enteran de su presunta
situación cuando están tomando un tranquilo
baño de playa con la familia y la lista podría
continuar con temas de mayor sensibilidad
política. Son rumores. Falsos. Pueden ser
poderosos. Pueden destruir matrimonios, acabar
con la carrera de un político o de un artista,
quebrar instituciones financieras y ocasionar
conmoción social. Y algo tan poderoso vale la
pena tratar de entenderlo.
Cass Sunstein se ha especializado
en estudiar el fenómeno de los rumores, esas
especulaciones que se transmiten con rapidez y
que son creídas por ciertas personas a pesar de
que su contenido es falso y no existe evidencia
concreta y directa que permita comprobar la
veracidad de la información. En el libro Rumores
(Debate), Sunstein trata de responder por
qué hay personas que divulgan informaciones
falsas y otras que las creen. La respuesta y sus
implicaciones son de interés para el debate
sobre la democracia y la libertad de expresión.
La probabilidad de que una persona
crea un rumor depende de lo que pensaba sobre el
tema antes de escuchar el rumor. Si usted cree
que dentro de un partido político hay políticos
corruptos y escucha el rumor de que un miembro de
ese partido ha incurrido en actos de corrupción,
es muy probable que usted crea en ese rumor. El
rumor, aunque falso, será creíble en la medida
de que las convicciones previas predisponen a la
gente a creer. Como dice Sunstein: Si
usted es propenso a detestar a una figura
pública, o de hecho, disfruta pensando las
peores cosas de ella, tendrá motivos para pensar
que los rumores perjudiciales sobre dicha figura
son verdad incluso si rayan en lo
increíble. No procesamos la
información de manera neutral. Nuestras
creencias y prejuicios filtran y sesgan la
información que recibimos.
Las convicciones previas no son el
único motivo por el que podemos llegar a creer
un rumor falso. Si un rumor es creído por un
número suficiente de personas, otras empezarán
a creer el rumor a menos que haya buenas razones
para creer que el rumor es falso, plantea
Sunstein. En materia de rumores, las creencias y
el número de personas que le den credibilidad al
rumor importa para su potencial de expansión.
Experimentos demuestran que si una persona
encuentra que la mayoría de un grupo al que
pertenece sostiene que una determinada
información es cierta, bien sea por conformismo
o por presión social, la persona tenderá a
alinearse con la opinión del grupo.
Las redes sociales y en
general internet han facilitado la
polarización de grupos. En palabras de
Sunstein: Cuando los miembros de un
grupo tienen una suposición previa y oyen un
rumor, las deliberaciones internas reforzarán la
noción de que su creencia está en lo
cierto. Pero no sólo de que su
creencia está en lo cierto: cuando estas
comunicaciones se establecen entre personas que
sostienen la misma creencia, los miembros del
grupo terminarán con posiciones y opiniones
muchos más extremas a las que sostenían
originalmente. Los rumores pueden funcionar como
pastores que conducen a los fieles a posiciones
extremas, alejando a los miembros de la sociedad
de posiciones más fáciles de conciliar en un
sistema democrático.
Contrario a lo que algunos pueden
pensar, refutar un rumor falso puede ser
contraproducente bajo determinadas
circunstancias. La refutación puede, al
contrario de lo que se pretende, reafirmar la
credibilidad del rumor entre los creyentes y
lograr que muchas más personas conozcan del
tema, amplificando el efecto original. Por lo que
el dicho No aclares, que oscureces
puede haber encontrado asidero empírico en los
trabajos que sirven de referencia a Sunstein.
Las ideas de Sunstein implican que
debemos tener la guardia alta en relación con la
información que recibimos. Y, en este caso, la
mejor defensa es comprender cómo la sicología
creencias, emociones y prejuicios y
las creencias de nuestros grupos de referencia
influyen en lo que estamos dispuestos a creer.
***
La llamada a Gabriela tuvo una
mala intención: desestabilizar la vida familiar
de los Vázquez. Y, en ese caso, el falso rumor
lo logró. Fue un caso que conocí de cerca. He
cambiado los nombres para proteger la
identidad de los protagonistas
y
evitar rumores.
* Angel
Alayón es
economista venezolano, director de la revista
digital Prodavinci, donde publicó este texto que nos
autorizó reproducir como su primera
colaboración para Sala de Prensa.
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