Una nueva
era para la fotografía informativa
en prensa diaria: el fotoperiodismo digital
Hugo Doménech Fabregat *
Resumen: A los
usuarios y consumidores de la imagen
fotográfica informativa ya no nos queda más
que tener fe en la honestidad de los
mediadores de la misma para seguir creyendo
en el poder testimonial de las fotografías.
Cualquier imagen digital se ha convertido en
una presunta evidencia. Ahora, ya no nos es
suficiente con ver para creer. Por lo tanto,
el elemento mediador, la barrera de unos y
ceros, obstaculiza la credibilidad y el poder
testimonial de la fotografía. La imagen
digital no tiene existencia propia. En sí
misma, no es más que una serie de valores
expresados mediante un código de
representación binario y que podemos
almacenar en diferentes soportes. En
definitiva, la fotografía ya no funciona
como prueba. ¿Llegará con la desaparición
del negativo la verdadera muerte de la
fotografía? ¿Tenemos que dudar de toda
fotografía? Sin embargo, se juzga una
especulación excesivamente reduccionista
considerar que con el paso de la naturaleza
química a la electrónica de la fotografía
se pierde absolutamente la capacidad
probatoria de la imagen informativa y que
surge instantáneamente un público
incrédulo ante lo que ve en las
fotografías. Palabras clave: fotoperiodismo,
fotografía digital, postfotografía. Abstract:
To informative photographic
image&rsquos users and consumers it is
going to be necessary to keep faith to its
mediators&rsquo honesty to keep believing
in photography testimonial power. Every
digital image has become into supposed
evidence. Nowadays, it is not enough see to
believe. By the way, the mediator element,
ones and zeros&rsquo barrier, hinders the
photography&rsquos credibility and
testimonial power. Digital image has not self
existence. It is only series of values
expressed by a code of binary representation
which we can storage in different mediums.
Definitely, photography does not work as a
proof. Will true death of photography arrive
with negative disappearance? Should we
distrust photography? Nowadays, a very
reductionist speculation is judged because it
is considered that with the transition from
chemical to electronic photography&rsquos
nature informative images&rsquo will
absolutely loose prove capability and that
sceptical public will instantaneously appear
before what they see in the pictures. Keywords:
photojournalism, digital photography,
postphotography
Según la
ejemplar descripción heideggeriana, actualmente
nos encontraríamos sumidos en la era del
fin de la imagen del mundo. El profesor
José Luís Brea aclara e interpreta esta
afirmación al proclamar la desaparición de la
realidad por fragmentación y multiplicación de
la misma a través de la siguiente metáfora:
...como cuando un espejo
se rompe en una miríada de facetas y la
única imagen del mundo que le es ya
dado ofrecer irradia en una infinidad de
direcciones, en una irreductible dimensión
poliédrica que pone en quiebra el orden
mismo de la representación (Brea,
1996, 44).
En este contexto la
muerte de la fotografía tradicional
es algo anunciado1. No hay
revista fotográfica que se precie que no haya
aprovechado el cambio de siglo para redactar un
obituario especial para la fotografía. Sin
embargo, tecnófobos, apologistas de lo digital y
agoreros de todo tipo coinciden en que su
tránsito -de no ser su resurrección- nos ha
dejado, como mínimo, el descubrimiento de algo
tan antiguo para la fotografía como el montaje,
como sus posibilidades manipulatorias. Es decir,
el planteamiento de las nuevas contingencias en
el tratamiento digital de imágenes, ha rescatado
la conciencia entre los teóricos de que siempre
existió tal manipulación.
Así
por ejemplo, hubo un tiempo en que la fotografía
informativa se aproximó a la manipulación por
cuestiones puramente ideológicas y de propaganda
política. Para comprobar este extremo
simplemente deberemos recuperar los fondos
fotográficos almacenados en los archivos
nacionales o consultar el material hemerográfico
publicado en el último siglo en cualquier país
que soportase un régimen dictatorial, y analizar
precisamente su contenido y sus intenciones. Sin
lugar a dudas hallaremos muchas alteraciones y
tergiversaciones interesadas en estas
fotografías presentadas como informativas.
En
la actualidad nada ha cambiado radicalmente; tan
sólo han mutado los criterios y valores de
publicación de las fotografías informativas.
Así los criterios en boga y sobre los que se
cimenta cualquier actitud manipulativa de la
información concierne al descubrimiento de la
imagen informativa como producto, como mercancía
para ser vendida. Asimismo, John Tagg, analiza
esta evolución histórica de las funciones
desempeñadas por la fotografía hasta llegar a
los nuevos usos mercantilistas de la
representación de la realidad en la sociedad
actual:
Lo que trato de afirmar
aquí es la absoluta continuidad de la
existencia ideológica de las fotografías,
con su existencia como objetos materiales
cuya difusión y cuyo valor surgen
en determinadas prácticas sociales
diferenciadas e históricamente específicas
y son en última instancia una función
estatal. La fotografía es un modo de
producción que consume materias primas,
perfecciona sus instrumentos, reproduce las
habilidades y la sumisión de su fuerza de
trabajo y vierte en el mercado una prodigiosa
cantidad de mercancías. Mediante este modo
de producción, constituye imágenes o
representaciones, consume el mundo de lo
visible como materia prima propia
(Tagg, 2005, 214).
En
estos momentos, y por auténtica que sea una
representación de la realidad, carecerá de
valor alguno si esta no posee las
características necesarias para impactar al
público, para persuadirle con su credibilidad
inherente. Los programas informáticos facilitan
esta construcción de imágenes
falsas que se venden y franquean como
indiscutibles. Es decir, en estos momentos la
fotografía informativa es considerada como
espectáculo y como materia prima para lograr la
máxima rentabilidad económica en el mercado de
la información. El poder está en manos de quien
posee dichas imágenes y la capacidad para
elaborarlas, sean o no verdaderas, realistas u
objetivas según los laxos parámetros del
periodismo. Así, el periodista norteamericano
Russell Miller emplaza y ejemplifica el inicio de
esta crisis del fotoperiodismo en el
interés del mercado informativo por la imagen
insustancial de lo cotidiano, cuando incluso la
prestigiosa revista Life ha cedido al
fotoperiodismo banal y de celebridades:
La gangrena comenzó al
principio de los años noventa, con el
nacimiento del periodismo centrado en los estilos
de vida y el siempre más difundido culto
(¿o manía?) de las celebridades. El éxito
de revistas populares como L´copie o
satinadas como el Vanity Fair llevó a
los directores a cuestionar la relevancia
comercial, y hasta moral, del fotoperiodismo.
¿Los lectores preferirían ver las fotos de
una carestía en África o las de la nueva
casa de Madonna? (...) Una tras otra, las
revistas comenzaron a poner más énfasis en
las entrevistas con los ricos y famosos que
en sus reportajes fotoperiodísticos
(Leguineche, 2001, 491).
Existe
un sentimiento creciente -comprobado entre los
profesionales y teóricos de la fotografía de
este país- de que estamos presenciando el
nacimiento de una nueva era para la fotografía
que rompe esencialmente con su concepción
tradicional: la postfotografía. Este
tiempo recién estrenado que eclosionó en la
década de los noventa del siglo pasado obedece
principalmente a una adaptación vertiginosa al
desarrollo de la nueva tecnología electrónica
digital para la grabación, manipulación y
almacenamiento de imágenes de toda naturaleza.
Los fotoperiodistas se mueven hoy en un nuevo
contexto informativo, en el que la imbricación y
convivencia de vídeo, ordenador y captura
fotográfica; unido al estreno de un enorme
potencial en la producción de imágenes de
síntesis o de transformación de los positivos
sobre la pantalla del ordenador, están
agrietando los cimientos del fotoperiodismo
moderno tal como hasta ahora lo tratábamos. Las
rutinas en el departamento de fotografía
tradicional de cualquier diario han mutado dando
lugar a la aparición de nuevos mediadores de la
imagen fotoperiodística, nuevos usos y soportes
de difusión del producto. Así, en la actualidad
ya se diferencian fotoperiodistas de
photoshoperos, directores de
arte de editores fotográficos, etc.
Además, y parafraseando al reconocido reportero
Ryszard Kapuscinsky podemos afirmar que la
noción de photojournalist está
siendo reemplazada con insistencia por la de
media worker:
El desarrollo de
técnicas de comunicación, y sobre todo de
la telefonía móvil y del correo
electrónico, ha cambiado radicalmente las
relaciones entre los enviados de los medios y
sus jefes. Antes, el enviado de un diario, el
corresponsal de una agencia de prensa o de
una emisora disponía de gran libertad,
podía desarrollar su iniciativapersonal. Él
buscaba la información, la seleccionaba y la
elaboraba. Ahora (...) es la central la que
informa al reportero sobre el desarrollo de
los acontecimientos, y lo único que espera
de él es que confirme la imagen que ya se ha
hecho del asunto (Leguineche, 2001,
396).
Antes,
el fotógrafo salía a la calle a buscar su cuota
de realidad, su momento, su oportunidad para
captar una instantánea que sólo allí se podía
dar. La fotografía únicamente era posible a
partir de un referente en el mundo exterior. Este
modus operandi, como ya opinara el
eminente Premio Nóbel de Fisiología y Medicina
Santiago Ramón y Cajal, era la esencia del
reportaje moderno:
Es alma del moderno
reportaje. No admite ni debe admitir retoques
ni intencionadas simulaciones. Cuando el
ingenuo fotógrafo informador, callejero o al
magnesio, nos entrega pruebas pasadas,
oscuras o durísimas, merece perdón; ha sido
víctima inocente de la luz, de las
distancias variables y del objetivo. Y
gracias si operando al aire libre, el cielo
clemente se digna a iluminar la escena con un
rayo de sol o con la dilatada nube
blanquecina (Ramón y Cajal, 1941, 51).
En
el actual panorama esta práctica está
desapareciendo. La calle llega y se crea en las
redacciones de los periódicos a través de la
pantalla del ordenador donde toda imagen aparece:
En el futuro, la
habilidad para procesar y manipular las
imágenes dará al postfotógrafo un
mayor control, mientras la capacidad de
generar imágenes independientes de sus
referentes en el mundo real ofrecerá una
mayor libertad a la imaginación postfotográfica
(Lister, 1997, 50).
La
desaparición del negativo, la pérdida de
realismo de las fotografías que consumimos, la
crecida valoración mercantil de las imágenes,
la facilidad para manejarlas y otros
acontecimientos recientes en la historia de la
fotografía; han situado a ésta en una
situación fronteriza. Las imágenes digitales
han subvertido las nociones tradicionales de
verdad, realidad y objetividad, para adaptarse
oportunamente a la estructura de la nueva era que
gusta llamarse era postmoderna.
Verbigracia la fotografía informativa que se
está acomodando al nuevo capitalismo de los
medios de comunicación de masas. Ese nuevo
contexto visual y comunicativo está
constriñéndola a prescindir de sus antiguas
funciones informativas y periodísticas para
adaptarse a otras más cercanas al espectáculo.
Los actuales imperativos
de rentabilidad y presión de la competencia
entre grupos mediáticos hacen cada vez más
frecuente el uso del sensacionalismo, pero no
son privativos de los medios de información
estadounidenses. Europa ha conocido también
en los últimos tiempos una pesadilla
periodística similar (Ramonet, 2000,
28).
Se
pierde así, y a través de la sobre
reproducción de imágenes fútiles que parten
del original en pantalla, el aura benjaminiana,
la sensación de originalidad, de lo único, de
lo irrepetible; del aquí y el ahora.
Consecuentemente, la credibilidad ganada por la
fotografía informativa puede encontrarse en
peligro de extinción, y según argumenta
Geoffrey Batchen, estamos entrando -si no estamos
ya sumidos- en una época en la que nunca será
posible distinguir el original de la copia:
...incapaces de
discernir lo falso de lo verdadero,
los espectadores confían cada vez menos en
la capacidad de la fotografía de ofrecer una
verdad objetiva, por lo que ésta perderá su
poder de transmisora privilegiada de
información (Ribalta, 2004, 313).
Así
las cosas, y siguiendo con la argumentación de
Batchen:
La fotografía se
enfrenta a dos crisis evidentes: una
tecnológica (la introducción de imágenes
informatizadas) y otra epistemológica (que
tiene que ver con cambios de mayor alcance en
los terrenos de la ética, el conocimiento y
la cultura). Juntas, estas crisis amenazan
con la desaparición de la fotografía, con
el final de la fotografía y de la
cultura que ésta respalda (Ribalta,
2004, 314).
De
ser cierto que gozamos de una nueva era en lo que
a la comunicación informativa con imágenes se
refiere, ¿cuál fue el detonante? Se medita que
no existe un acontecimiento aislado que provocara
-y seguimos en la misma onda-la furiosa
metamorfosis en la que se halla la fotografía
periodística actualmente. Sin embargo,
informativamente hablando se identifica la guerra
del Golfo (Collon, 1999) -a comienzos de los
noventa- como el acontecimiento que evidenció el
canto del cisne del fotoperiodismo tradicional y
a raíz de múltiples desatinos reveladores: la
presentación deshonesta de imágenes de archivo
recuérdese el cormorán envuelto en chapapote-
publicadas en los diarios como fotografías
informativas de actualidad, superchería
rescatada de las imágenes de televisión, etc.
Así, se conviene con el teórico Régis Debray
en la virtualidad del conflicto y el hito que
supuso tal acontecimiento para la evolución del
fotoperiodismo en particular y el periodismo en
general:
La videoesfera ha puesto
a dieta a los profesionales de la imagen, en
situación de paro técnico: ella ya sólo
necesita figuras emblemáticas, una por
género, categoría social, profesión o
especialidad. Ese escamoteo de lo múltiple
por lo único es definido como star-sistem.
Los profetas de la nueva edad tienen algo de
razón al sostener que la guerra del Golfo no
tuvo lugar (Debray, 1994, 256).
En
la guerra del Golfo no hubo bajas humanas, aunque
sí hubo una víctima evidente: la imagen
informativa en general, y la fotográfica en
particular. Como se ha referido, las imágenes se
fabricaron en ocasiones a partir de otras
imágenes ya existentes o por escenificación de
unos primeros planos espectaculares. Las
fotografías de los periódicos ya no se
referían a la realidad, sino que partieron de
recreaciones de otras iconografías anteriores
capturadas de los archivos de imágenes,
fototecas o de la misma televisión para
construir su discurso. La virulenta censura
informativa quedó encubierta bajo falsos
principios de objetividad. Nos sumergimos así,
en un entorno de la imagen informativa que se
desarrolla hacia la endogamia, es decir, que se
nutre de los envíos de imágenes que llegan sin
comprobación ni autoría declarada:
Nunca el mando y la
oportunidad de la foto ha sido aceptada con
tanta facilidad en el mundo, ni con tanto
éxito. Se ha burlado la tradición de los
fotógrafos de guerra... y muy probablemente
se ha acabado con esta tradición debido a
estas otras fotos de primera plana tomadas
desde el punto de vista de una bomba. El
mundo de Robert Capa y W. Eugene Smith y Don
McCullin empieza a desvanecerse junto a la
maravilla tecnológica de una bomba
inteligente tomando sus propias
imágenes (Lister, 1997, 308).
Puede
juzgarse creíble que el fotoperiodismo, tal como
hasta hoy lo hemos conocido, desaparecerá cuando
las imágenes necesarias para ilustrar los
acontecimientos nos lleguen a través de la
pantalla del ordenador, ya provengan de otros
archivos o de una conexión de vídeo vía
satélite. En consecuencia, directores de ciertas
publicaciones de prestigio sostienen que ante la
inminente ampliación de las posibilidades de la
televisión, y la sencilla captura de un
frame ilustrativo ya no hay porqué
preocuparse por la instantánea
fotoperiodística.
Por
todo lo anterior, cuando se habla de
postfotografía nos estamos
refiriendo, evidentemente, no sólo a la
naturaleza de la imagen producida por ordenador,
sino también a otro modo de entender el mundo,
de conocerlo o de aproximarse a él; es decir, un
tipo de relación mucho más compleja que la que
nos planteaba la fotografía en su concepción
tradicional. Si la fotografía tradicional
pugnaba por representar a la realidad con los
útiles a su alcance, la imagen digital en la era
postfotográfica parte de un
ensamblaje de imágenes fotográficas para crear
simulacros. Inventar la realidad no es un juego
nuevo, pero está viviendo una eclosión sin
precedentes. Como sentencia Ignacio Ramonet,
director de Le Monde Diplomatique,
en la comunicación de masas siempre se han
dado casos de trucajes y mentiras. Pero su
número se ha intensificado (Ramonet, 2000,
23).
La primera de todas las
fuerzas que dirigen el mundo es la
mentira, proclamó Jean-François
Revel, y a nadie se le escapa que hay mucho
de verdad en ello. Dominar esa mentira es
objeto de disputa para los poderosos
oligopolios de la comunicación de masas.
Como reconoce Susan Sontag en un mundo
en el que la fotografía está al ilustre
servicio de las manipulaciones consumistas
(...) los fotógrafos moralmente atentos y
los ideólogos de la fotografía se han
interesado crecientemente en las cuestiones
de la explotación sentimental (de la piedad,
la compasión y la indignación) de las
imágenes bélicas y en los repetidos
procedimientos que provocan la emoción
(Sontag, 2003, 93).
Acordemos
pues que la fotografía liberó a la pintura de
la obligación de representar la realidad, de
tenerle que rendir fidelidad y pleitesía, de
constatar la verdad de una forma objetiva
(Casajús, 1998, 172). En ese momento la
fotografía atisbó una nueva manera de relación
con lo real, las instantáneas se consideraban
verdaderas y los cuadros artificiales. Walter
Benjamin de forma premonitoria consideró la
entrega de este testigo y sus consecuencias, pues
la técnica más exacta puede conferir a
sus productos un valor mágico que no podría
tener para nosotros ninguna imagen pintada
(Dubois, 1986, 44).
Los
procesos químicos utilizados por el
fotoperiodismo tradicional eran sinónimos de
evidencia, y le conferían así, el aporte
necesario de transparencia a las imágenes de
prensa para que ésta cobrara un aura de
realismo. Pascal Bonitzer diferencia esa
fotografía documental de la pintura:
...la fotografía no
tiene nada que ver con la pintura: la forma
en que el objeto es capturado es totalmente
diferente. El objeto no grita de la misma
forma sobre una tela que sobre una foto (...)
(La fotografía), es en primer lugar, una
muestra directa de lo real que la química
hace desaparecer. Eso lo cambia todo...
(Dubois, 1986, 44).
Sin
embargo, hoy la fotografía parece afectada por
la lasitud que provoca la responsabilidad de
tener que comunicar verdades del mundo para el
mundo, y le traspasa este papel a la televisión.
Con la invasión digital la fotografía parece
retornar hacia la pintura. Los programas de
ordenador para el tratamiento de fotografías
permiten pintar y
colorear con una facilidad pasmosa.
¿Se ha cerrado el círculo? ¿Ha retornado de
nuevo la fotografía al pictorialismo?
Sin
embargo, quizás la evolución de la
posfotografía informativa nos remita
al cine (relato) y no a la pintura (recreación).
Necesitaremos cada vez más secuencias de
imágenes numéricas para llegar a comprender
qué sucedió. Ya se ha expuesto que el futuro
del periodismo pasa por la televisión. Asimismo,
nuestra forma de recibir todo tipo de mensajes
del exterior es cada día más visual y, por
ejemplo, en algunas revistas electrónicas ya
podemos pinchar en el icono destinado
a la fotografía para ver una secuencia de
imágenes. La suma de estas imágenes dará como
resultado una mejor comprensión para el público
acostumbrado. Evidentemente este recurso no será
posible, mientras subsistan las publicaciones en
su soporte de papel. ¿Son más necesarias que
nunca las fotografías informativas aunque
estemos hablando de su desaparición?
Ante
la imparable evolución de las posibilidades del
vídeo, la televisión y el ordenador como
herramientas para la captación, elaboración y
transmisión de imágenes informativas, el
fotoperiodismo tradicional puede convertirse en
una disciplina pasada de moda. Sin embargo, la
imagen fija no parece perder vigencia en el
universo informativo. ¿Qué recordamos de la
última guerra que hemos visto a través de
soportes tan distintos como la televisión o la
prensa?
El conjunto de imágenes
incesantes (la televisión, el vídeo
continuo, las películas) es nuestro entorno,
pero a la hora de recordar, la fotografía
cala más hondo. La memoria congela los
cuadros; su unidad fundamental es la imagen
individual. En una era de sobrecarga
informativa, la fotografía ofrece un modo
expedito de comprender algo y un medio
compacto de memorizarlo. La fotografía es
como una cita, una máxima o un proverbio.
Cada cual almacena mentalmente cientos de
fotografías, sujetas a la recuperación
instantánea (Sontag, 2003, 31).
El
periodista norteamericano Russell Miller nos
explica cómo se equivocan los directores de
diarios cuando sostienen que ante la pujanza de
la televisión queda justificado el abandono del
fotoperiodismo como herramienta para cubrir
visualmente las noticias publicadas en los
periódicos:
Pero es como comparar
las luciérnagas con las linternas. Y es
bastante improbable que una imagen de treinta
segundos en el telediario de la noche sobre
una noticia que se olvidará en veinticuatro
horas haga que se entienda de verdad lo que
está sucediendo o los sentimientos de las
personas involucradas. Un buen reportaje de
fotoperiodismo puede hacer las dos cosas.
(...) Fue la guerra de Vietnam la que puso al
descubierto la diferente eficacia de os
diversos medios de comunicación. Hasta ese
momento, ninguna guerra había sido grabada
por unas cámaras y, sin embargo, las
imágenes que perduran son casi todas
fotografías en blanco y negro (...) El jefe
de policía que apunta con su pistola la
cabeza de un presunto informador...
(Leguineche y Sánchez, 2004, 492).
Para
finalizar este análisis introductorio que aspira
a bosquejar el estado de salud de la fotografía
en su ámbito informativo actual, creemos que
ante la posibilidad manipulativa y de recreación
de las fotografías -cuando ya está todo
fotografiado- se nos presenta una sobreabundancia
de imágenes informativas que no lo son, que no
parten de la realidad circundante sino del
tratamiento de otras anteriormente captadas. Los
que vaticinan un final cercano para la
fotografía quizá no se estén refiriendo a su
escasez, sino a la sobreabundancia de ellas,
generadas por multiplicación, fragmentación o
simulación. Como si las imágenes de los
periódicos nos aportaran una realidad tan
heterogénea que no fuéramos capaces de atinar
con la acertada. La cantidad de fotografías
sobre un mismo acontecimiento esparcidas por los
medios de comunicación escritos están
provocando que descienda su efectividad
informativa, o por lo menos, nuestra confianza.
La revelación de las actuales manipulaciones
está incitando a la revisión de las anteriores
y como resultado de esta labor la constatación
de que las imágenes fotográficas informativas
han mentido desde siempre y no parece que vayan a
cejar en su activado empeño.
Sin ignorar las posibles
manipulaciones, consideramos la fotografía
como prueba creíble, un reflejo indiscutible
de lo real. Pero todo esto cambia con las
técnicas digitales. Con ellas todo se
convierte en posible, fácil y poco caro;
todas las modificaciones de las fotos
existentes, todos los trucajes, todas las
simulaciones con la ayuda de imágenes
virtuales y de síntesis. Las técnicas
digitales, afirma Philippe Quéau, son
capaces de modificarlo todo sin que nos
podamos defender (...). La imagen ya no está
limitada a su papel de copia o de memoria de
una realidad desaparecida; adquiere una
realidad, una vida propia, de forma
interactiva (Ramonet, 2000, 33).
La
fotografía informativa no muere,
sino que parece estar cercana al suicidio por
falta de credibilidad. La fotografía ha vendido
desde siempre verdades del mundo. En
la actualidad el consumidor informado ya conoce
que los periódicos ofrecen sucedáneos de
verdad, manipulaciones interesadas, montajes
espectaculares, etc.; camuflados tras los
rescoldos informativos. La foto periodística,
agobiada de soportar en su conciencia este
lastre, decide escapar. La desaparición del
negativo certifica, como mínimo, la
desaparición del fotoperiodismo como lo hemos
conocido hasta ahora. A la luz de la nueva
naturaleza de la imagen informativa que nace al
socaire de los nuevos procesos de tratamiento y
creación de las mismas, el historiador
norteamericano Geoffrey Batchen concluye que:
La fotografía ha sido
perseguida por el espectro de dicha muerte
durante toda su larga vida, al igual que
siempre ha sido habitada por la mismísima
cosa, la digitalización, que se supone que
va a asestarle el golpe mortal. En suma: lo
que está en juego en el actual debate sobre
la imagen digital no es sólo el posible
futuro de la fotografía, sino también la
naturaleza de su pasado (Ribalta, 2004,
329).
Y
por último, ¿no será esta crisis del
fotoperiodismo un trance generalizado para la
estructura periodística e incluso en la
representación de la realidad? Es evidente que
la heterogeneidad y la multiplicación de las
fuentes informativa que coexisten en el mercado
de la noticia actualmente aumentan el número de
potenciales tergiversaciones. Desinformar, es
cubrir una mentira con el disfraz de la verdad.
En democracia donde las empresas de manipulación
son innumerables, la desinformación es la reina
de las técnicas dirigidas a equivocar a la
opinión pública. Y estas técnicas dirigidas a
equivocar a la opinión experimentan hoy, gracias
a la revolución digital, un progreso temible.
____
Nota:
1
Fred Ritchin, por ejemplo, habla de
profundo socavamiento del estatus de la
fotografía como forma visual intrínsecamente
veraz.
__________
Bibliografia:
BREA, J.L.
(1996): Un ruido secreto (El arte en la era
póstuma de la cultura), Murcia, Mestizo A.C.
CASAJÚS, C. (1998): Manual de arte y
fotografía, Madrid, Universitas. COLLON,
Michel (1999): Informe. ¡Ojo con los media !,
Hondarrabía, Argitaletxe Hiru.
DUBOIS, Ph.(1986): El acto fotográfico. De la
representación a la recepción,
Barcelona, Paidós. LEGUINECHE M. y SÁNCHEZ G.
(2001): Los ojos de la guerra, Barcelona,
Debolsillo.
LISTER, M. (Ed.) (1997): La imagen
fotográfica en la cultura digital,
Barcelona, Paidós.
RAMONET, I. (2000): La golosina visual,
Barcelona, Temas de Debate. RAMÓN Y CAJAL, S.
(1941): El mundo visto a los ochenta años,
Madrid, Espasa Calpe.
RIBALTA, Jorge (2004): Efecto real,
Barcelona, Gustavo Gili. SONTAG, S. (1981): Sobre
la fotografía, Barcelon, Edhasa TAGG, J.
(2005): El peso de la representación,
Barcelona, Gustavo Gili.
* Hugo
Doménech Fabregat es profesor colaborador
del Departamento Comunicación de la Universitat Jaume I, en España. La
presente comunicación forma parte de los
siguientes proyectos de I+D: Nuevas
tendencias e hibridaciones de los discursos
audiovisuales contemporáneos, financiado
por el Plan Nacional I+D+i del Ministerio de
Ciencia e Innovación , para el periodo
2008-2011, con código CS02008-00606/ SOCI; y
Tendencias actuales en la producción y
realización de informativos para televisión:
entre el espectáculo, el entretenimiento y la
información con código (P1 1B2007-26);
ambos bajo la dirección del Dr. Javier Marzal
Felici (Universitat Jaume I). Ponencia presentada
en el XI Congreso de Periodismo Digital de
Huesca, España.
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