Sala de Prensa


Primera
Epoca
1998
Año II, Vol. 1

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


¿Qué es buen periodismo?

Marcelo Fernández-Zayas *

Vivimos en una época donde abundan los diseminadores de noticias y opiniones y escasean: el conocimiento, la integridad y los buenos expositores del acontecer diario. El periodismo, en los Estados Unidos y posiblemente en muchos otros países, atraviesa una bien ganada crisis de confianza. Los culpables de esta penosa situación son las empresas comerciales de prensa y, por encima de todo, el público que no protesta de lo que sucede.

El medio dominante de las noticias, en casi todos los países, es la televisión. En esta época audio visual, la televisión es dueña y señora de la información. Empezaremos analizando este medio de comunicación. Generalmente, se selecciona a una persona, hombre o mujer, para los noticieros por su atractivo físico, su buena voz y dicción, no por su intelecto. Si luce bien ante las cámaras se estima que tiene carisma y credibilidad. En otras palabras, predomina la apariencia física sobre la inteligencia, el conocimiento, la integridad y la honestidad. Triunfo de la estética sobre la ética; de forma sobre substancia; envoltura sobre contenido. Esto no equivale a decir que no hay personas atractivas físicamente y que reúnan, al mismo tiempo, las cualidades intelectuales que se requieren para el periodismo. Desgraciadamente, si hay que sacrificar algo en este medio, el intelecto y conocimiento llevan las de perder.

Conozco el campo de la televisión, he trabajado en programas nacionales en inglés y español, esto no quiere implicar que sea un Adonis ni algo parecido. Actualmente, asesoro empresas en este campo. Muchas veces me piden que busque un "experto(a)" en determinado campo, pero hay veces que no lo(a) ponen en cámara porque no "televisa bien", eufemismo que se emplea para decir carente de belleza; no importa que la persona recomendada sea la máxima autoridad en su campo. Resultado: el público no tiene la mejor información disponible.

Con las actuales normas imperantes, en general, en la televisión estadounidense, Napoleón Bonaparte no lo seleccionarían para comentarista militar por ser muy pequeño. René Descartes, no lo escogerían para hablar de lógica, matemáticas o filosofía, por ser muy feo. Y, Marco Tulio Cicerón, hubiera limitado su oratoria a la radio, porque la televisión hubiera objetado la prominente verruga que mostraba en su rostro.

La manipulación de información por la televisión es algo increíble. Sin embargo, se hace en forma tan sutil que el público no se da cuenta. A una persona la ponen en cámara, la entrevistan por largo rato y solamente escogen un segmento de pocos segundos, fuera del contexto original, y la muestran diciendo lo que el que dirige el noticiero quiere decir. Esto ha llegado a un extremo tal que muchos políticos, Henry Kissinger, entre otros, no concede una entrevista que no sea "en vivo" para evitar manipulaciones. Están tan desacreditados los noticieros de la televisión que los personajes de los mismos, son apodados en esta capital como: "cabezas parlantes". ¿Estas manipulaciones pueden calificarse como deshonestidad periodística? El lector tiene que dar su veredicto? ¿Qué dicen las empresas de televisión al respecto? Que lo que hacen son "prácticas aceptadas".

La prensa escrita no es inmune a estas faltas. Vamos a definir la labor y función de sus participantes. El reportero se debe limitar a relatar hechos, imparcialmente, sin colorearlos con sus opiniones. Los hechos deben de responder a estas interrogantes: ¿Qué, cuándo, dónde, cómo y por qué? Hay que ser muy cuidadoso al explicar esta última interrogante, el por qué. El reportero puede introducir, a sabiendas o por ignorancia, un elemento parcial o subjetivo en su crónica.

El columnista, generalmente, expresa su opinión sobre ciertos temas. El público sabe que el columnista no está obligado a la imparcialidad. Es más, su subjetividad es muchas veces su atractivo. Este periodista representa un punto de vista conocido, aceptado y compartido por un segmento del público. No engaña, porque da su opinión sin pretender ser objetivo.

El analista desmenuza los hechos, trata de explicarlos en un contexto histórico, político o de cualquier otro aspecto los temas que enfoca. Presenta, en lo que puede, una explicación de lo que hay detrás de una noticia o suceso. Su labor es dar más información al público sobre un tema para que los lectores puedan llegar a un mejor entendimiento de los sucesos o temas a tratar.

Los medios de comunicación suelen emplear "expertos" sobre diferentes temas a fin de profundizar en la información. Hay que tener mucho cuidado con los expertos. He encontrado, en los Estados Unidos, que muchos expertos en países latinos tienen conocimientos superficiales sobre los temas que tratan. Un fin de semana en un país una vez al año; amistades con diplomáticos; lecturas de libros de otros "expertos", no necesariamente califican a una persona para sentar cátedra.

Hace más de 35 años que resido en Washington, en contacto diario con políticos, diplomáticos, burócratas, periodistas, espías y otros habitantes de esta fauna. Trabajo, principalmente, como asesor de medios de prensa y tengo más dudas que respuestas, en muchas ocasiones. Washington es una ciudad muy dinámica y extremadamente compleja, es casi imposible entenderla y dominarla totalmente.

Laboro con un grupo de analistas conocedores y experimentados. En 1991, cuando la guerra del Golfo Pérsico, estábamos reunidos analizando los acontecimientos. Supimos que el primer bombardeo, silente y electrónico, había destruido los radares y computadoras iraquíes en las primeras cuatro horas de la guerra, el resto de la contienda fue una operación de limpieza. Concluimos el análisis con una buena documentación del mismo y se lo enviamos a la empresa que lo solicitó. Sin embargo, las estaciones de televisión continuaron hablando de la guerra por semanas. Mostrando una película de archivo, vieja, distribuída por el Pentágono que mostraba un mísil o cohete entrando por una ventana de un edificio. Pocos hablaron que la aviación y las computadoras estadounidenses, habían destruído en pocas horas, silentemente, las comunicaciones y los radares enemigos. Había que explicar que esta fue una guerra instantánea y electrónica; que marcaba el inicio de contiendas bélicas que tenían como principales actores técnicos anónimos, no generales. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Desconocimiento? No, las "cabezas parlantes" sabían que tenían un público cautivo y decidieron prolongar en los televisores una guerra que había terminado hacía días. Por supuesto, con la orden o aprobación de sus empresarios. No es secreto lo antes escrito, pero no es muy conocido.

Aclaremos un punto: un buen reportero es un investigador, ese es su trabajo. El termino, tan en moda, de reportero investigador es redundante. Pasemos a las entrevistas. Los que practican este arte son personas que deben escuchar y después comprobar todo lo dicho por el entrevistado. Desgraciadamente, la radio y televisión muestran que hay entrevistadores que hablan más que el entrevistado; que no toman el trabajo de verificar lo dicho por la persona. Muchos se excusan diciendo, que no tienen tiempo porque tienen que " salir al aire". Esta premura los lleva a propagar verdades a medias y a desinformar al público.

No quiero concluir sin mencionar la censura de prensa. La más prevalente y nociva no es la gubernamental, sino la empresarial. Son los dueños o directores de medios de comunicación los grandes censores. Irónica y paradójicamente, algunas veces, los más grandes enemigos de la libertad de prensa son los empresarios del periodismo que manipulan la información de acuerdo a sus caprichos o intereses. ¿Existe alguna forma de mejorar el periodismo? Sí, protestando a los patrocinadores y anunciantes de empresas deshonestas.


© Marcelo Fernández-Zayas  ( Todos los derechos reservados por el autor )


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