Sala de Prensa


Primera
Epoca
1997
Año I, Vol. 1

WEB PARA PROFESIONALES DE LA COMUNICACION IBEROAMERICANOS

A R T I C U L O S

   
   


La pista del dinero

Joel Simon *

El peruano Gustavo Gorriti se hizo de un nombre en el periodismo de investigación en su país al escalar hasta las regiones donde se originaron los escuadrones de la muerte para informar sobre hechos como una masacre ocurrida en 1986, cuando elementos del ejército peruano asesinaron a cerca de veinte campesinos. Gorriti identificó a los responsables y reveló un intento de encubrimiento que implicaba a altos mandos militares.

Diez años después han cambiado tanto América Latina como Gorriti, quien ahora pasa más tiempo revisando documentos bancarios. Y no es que haya perdido el gusto por la investigación periodística ni su vena aventurera, sino que hoy en día las pistas que deja el dinero son la manera más eficiente para llegar a los aspectos oscuros de la realidad latinoamericana.

En un continente en el que las juntas militares dejaron su lugar a mandatarios electos, en el que han terminado casi todas las guerras civiles y las economías otrora cerradas se han abierto a la inversión y el comercio, los periodistas están escrutinando la relación entre el dinero y el poder. El auge del periodismo de investigación en América Latina se debe en parte a que los gobiernos son menos represivos, pero los reporteros también aprovechan la explosión informativa propiciada por la apertura de las bolsas de valores y la mayor disponibilidad de estadísticas económicas oficiales. Los periodistas están cultivando nuevas fuentes en el sector privado y en los organismos regulatorios, y establecen relaciones con fiscales y legisladores que investigan la corrupción.

Armados con esta nueva información, los periodistas de investigación han descubierto actividades criminales como el lavado de dinero y el tráfico de influencias, y de hecho tanto en Brasil como en Venezuela un mandatario perdió su puesto debido a los reportajes sobre la corrupción oficial. "Cuando sabes dónde está el dinero y cómo se mueve, es mucho más fácil hacer periodismo de investigación", opina Edward Schumacher, editor de un suplemento del diario The Wall Street Journal que se publica en español en veinte diarios de América Latina.

Gorriti se mudó a Panamá en 1996, cuatro años después de que fuera detenido durante 36 horas por los servicios de inteligencia militar de Perú, la misma noche en la que el presidente Ernesto Fujimori disolvió el Congreso y la Suprema Corte de su país.

Al poco tiempo de asumir su cargo como editor en el diario panameño La Prensa, Gorriti ni siquiera se tuvo que enlodar las botas para descubrir un vínculo entre el presidente Ernesto Pérez Valladares y el cartel de Cali. El periodista cultivó diversas fuentes entre cuentahabientes, miembros de la Comisión Bancaria de Panamá e investigadores de dependencias panameñas y estadunidenses, y descubrió que el Banco Agroindustrial había sido utilizado por narcotraficantes colombianos vinculados al gobierno de Panamá para lavar sus ganancias. También descubrió que un importante narcotraficante que usaba de esa manera al banco contribuyó 51 mil dólares a la campaña electoral de Pérez Balladares.

El presidente terminó por admitir que las afirmaciones de La Prensa eran verdaderas, pero el gobierno se negó a renovar la visa de trabajo de Gorriti y le ordenó abandonar el país. Fue necesaria una campaña internacional para obligar al gobierno a dar marcha atrás.

"Cuando trabajaba en Perú", dijo Gorriti después del incidente, los reportajes financieros eran hechos por especialistas aburridos. Pero después comprendí su crucial importancia".

De hecho, los escándalos financieros se han convertido en la nota principal de América Latina. En México, el magnate financiero Jorge Lankenau fue acusado de fraude en el marco de una creciente crisis bancaria. El diario El Norte de Monterrey relató cómo movía fondos de las islas Caimán y de Uruguay para apuntalar su atribulado emporio bancario.

En Brasil, cada semana aparecen reportajes sobre nuevos casos de tráfico de influencias. En Chile, los inversionistas descubrieron enfurecidos que una empresa española, asociada con la compañía eléctrica chilena, utilizó información interna para estafarlos. En Ecuador, los reportajes del diario Hoy contribuyeron a la caída del presidente Abdalá Bucaram, quien malversó fondos obtenidos durante un teletón navideño en favor de los pobres.

La prensa ha jugado un importante papel en todos estos escándalos, y con frecuencia obtiene primicias mediante sus propias investigaciones o filtraciones del gobierno. Este nuevo estilo de periodismo surgió en Brasil en 1992, cuando la prensa empezó a investigar las acusaciones de corrupción contra el presidente Fernando Collor de Mello. Un año antes Rosental Alves, entonces editor ejecutivo del Jornal do Brasil, utilizó un código de acceso que obtuvo de un senador para consultar los archivos del Ministerio de Finanzas. Descubrió que el dinero obtenido por la esposa de Collor para obras de caridad terminó en manos de sus familiares.

Meses después el hermano de Collor, Pedro, dijo en una explosiva entrevista con el semanario Veja que Paulo Farías, el tesorero de la campaña presidencial, organizó una multimillonaria empresa de tráfico de influencias en favor de su jefe. A raíz de esa entrevista el Congreso creó una comisión investigadora, y finalmente Collor se vio obligado a renunciar.

La belicosa prensa brasileña, que hasta 1985 había sido sometida por dos décadas de régimen militar, cubrió agresivamente el escándalo y reunió poco a poco los elementos del aparato de corrupción. Farías se ostentaba como representante de Collor y visitó a prácticamente todas las compañías importantes de Brasil para obtener sobornos a cambio de un trato favorable de parte del gobierno. Según documentos como registros bancarios, cheques cobrados y cuentas telefónicas, Farias logró obtener 55.3 millones de dólares, de los cuales ocho fueron pagados directamente a Collor. Gracias a su trabajo, la prensa brasileña ganó tanto en poder como en credibilidad.

La cobertura del caso Collor fue un ejemplo típico de "seguir la pista del dinero", dice Alves, quien ahora es profesor de periodismo en la Universidad de Texas en Austin. "Con frecuencia la prensa iba adelante de la investigación del Congreso".

Tan solo seis meses después el septuagenario presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, se vio envuelto en un escándalo similar. José Vicente Rangel, reportero de investigación del diario El Universal, utilizó fuentes confidenciales para informar que Pérez había malversado 17 millones de dólares. Después utilizó documentos del Banco Central y del Ministerio de Exterior para afirmar que el presidente y dos colaboradores habían ganado millones de dólares al vender bolívares venezolanos justo antes de una devaluación. Pérez negó las acusaciones, pero el Congreso inició un proceso para desaforarlo y finalmente el presidente se vio obligado a renunciar.

Debido a que los periodistas denuncian la corrupción, las encuestas de los últimos indican que la prensa es la institución latinoamericana que inspira mayor confianza entre el público, a la par con la Iglesia católica. Pero Rangel, al igual que muchos periodistas de América Latina, considera que ello no es motivo de orgullo sino de alarma. "Me preocupa porque sugiere que otras instituciones que regulan al poder en una democracia no están funcionando", opina. "La prensa se ha convertido en el investigador, el fiscal y el juez para llenar el vacío de poder. Ese es un papel muy peligroso para la prensa".

Pero es un papel que la prensa latinoamericana ha asumido con pasión. La prensa argentina ha implicado al presidente Carlos Menem en numerosos escándalos. Horacio Verbitsky, columnista del diario Página/12, ha explicado cómo el cuñado del presidente trató de obligar a una compañía estadunidense a importar maquinaria a Argentina. Sus reportajes también demostraron cómo el Banco Nacional de Argentina prestó 75 millones de dólares, a una tasa preferencial, a compañías propiedad de la familia de Menem.

Algunos de los reportajes más comprometedores, publicados en el semanario Noticias, han vinculado a Menem con el empresario Alfredo Yabrán. En marzo de 1996 Noticias publicó por primera vez una fotografía del elusivo magnate, quien ha acumulado una extraordinaria fortuna a través de contratos con el gobierno. Diez meses después el autor de la fotografía, José Luis Cabezas, apareció muerto en su auto y un expolicía vinculado a Yabrán fue acusado del asesinato. Menem negó toda relación de su gobierno con Yabrán, pero los diarios demostraron que el magnate llamó docenas de veces al Ministro de Justicia poco antes del asesinato. El presidente tuvo que reconocer su amistad personal con Yabrán, y el Ministro Elías Jassán fue obligado a dimitir.

Verbitsky considera que el avance del periodismo de investigación argentino se debe más al fin del control autoritario que a una explosión informativa. Durante la dictadura que terminó en 1983 no había falta de información, afirma. "Lo que faltaba era la posibilidad de publicar la información y de sobrevivir si lo hacías".

Pero otros como Andrés Oppenheimer, corresponsal para América Latina del diario The Miami Herald, ven una correlación directa entre la apertura de la economía de la región y el incremento en los reportajes sobre escándalos y corrupción. En América latina existen diferentes grupos económicos que compiten entre sí por el poder, argumenta Oppenheimer, y "existe más fragmentación. No la suficiente para crear una plena apertura democrática, pero hay más actores, y eso amplía la gama de posibles fuentes. Donde hay un ganador puede haber tres perdedores dispuestos a hablar".

En Argentina, tal como en Brasil y México, los diarios financieros fueron los primeros en publicar reportajes críticos de las políticas que afectaban directamente a las poderosas comunidades financieras. La apertura en las bolsas de valores, la mejor cobertura de los bancos centrales y de las dependencias gubernamentales, y la influencia de los analistas financieros profesionales han contribuido a un notable incremento en la información financiera básica. Sin embargo en América Latina aún es difícil lograr el acceso a la información financiera básica, tal como el registro de propiedad de las compañías, por lo que las buenas fuentes son indispensables.

En México, por ejemplo, los documentos públicos y las fuentes internas jugaron un papel fundamental en la cobertura de la devastadora devaluación del peso ocurrida en diciembre de 1994. El debate sobre quién fue el responsable ha incluido estadísticas sobre déficits en la cuenta corriente, reservas financieras y el movimiento de capitales. También ha sido importante la información sobre reuniones privadas filtrada a la prensa. Rossana Fuentes, editora del diario Reforma, logró una importante primicia en mayo de 1995, cuando publicó cómo la ineptitud y los conflictos de personalidad al interior del gobierno contribuyeron a la debacle de diciembre de 1994.

Y fue Oppenheimer quien dio la primicia sobre las cuentas bancarias de Raúl Salinas de Gortari en Suiza, mientras que Reforma y el Wall Street Journal completaron la información sobre la manera en la que el hermano incómodo logró amasar una fortuna de 120 millones de dólares. Al seguir la pista del dinero, Oppenheimer obtuvo registros bancarios internacionales que demostraban que Salinas prestó a un ejecutivo mexicano casi 30 millones de dólares, los cuales fueron usados para comprar una cadena de televisión privatizada por el gobierno.

Si bien el acceso a la información ha dado un gran poder a los periodistas, Stephen Fidler considera que una prensa poderosa enfrenta peligros especiales en aquellos países en los que el débil aparato judicial no tiene la capacidad de juzgar a los corruptos. Fidler, editor para América Latina del diario Financial Times, argumenta que el efecto de esa situación es "erosionar la confianza en las instituciones democráticas".

Eso es lo que ocurrió en Colombia, donde numerosos reportajes bien documentados vincularon al presidente Ernesto Samper con el cartel de Cali sin que el Congreso pudiera reunir el capital político necesario para echarlo del poder. Sin embargo Francisco Santos, editor del diario El Tiempo, dice no ser presa del cinismo debido a que la prensa asumió su papel de "perro guardián". "Perdimos el miedo al poder", dice Santos al referirse al escándalo Samper.

A pesar de los avances, la prensa latinoamericana enfrenta serios obstáculos. Muchos reporteros carecen de los conocimientos para analizar y evaluar las estadísticas económicas, mientras que la nueva generación apenas empieza a explorar los límites y las responsabilidades de la prensa libre. Al mismo tiempo, las respuestas violentas o represivas de los poderosos poco habituados al escrutinio público hacen que el periodismo siga siendo una profesión muy peligrosa.

Gustavo Gorriti tiene la esperanza de volver a Perú para analizar cómo se mueve el dinero en el gobierno de Fujimori, pero cuando lo haga dejará a varios seguidores en La Prensa. Rolando Rodríguez, quien cambió la codiciada fuente política por la sección financiera, pronto encontró tema para numerosos reportajes en un país con 120 instituciones bancarias. "Este es territorio virgen", dice. "Si miras de cerca, siempre encontrarás dinero bailando por debajo del agua".


*Joel Simon es coordinador del programa de las Américas del Comité para Proteger a los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés). Este texto fue adaptado del artículo Hot on The Money Trail, publicado en el número de enero-febrero de 1998 de la revista Columbia Journalism Review. La versión en español es de La Red de Periodistas de Investigación. Se reproduce con autorización de su editor.


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