La pista
del dinero
Joel
Simon *
El
peruano Gustavo Gorriti se hizo de un nombre en
el periodismo de investigación en su país al
escalar hasta las regiones donde se originaron
los escuadrones de la muerte para informar sobre
hechos como una masacre ocurrida en 1986, cuando
elementos del ejército peruano asesinaron a
cerca de veinte campesinos. Gorriti identificó a
los responsables y reveló un intento de
encubrimiento que implicaba a altos mandos
militares.
Diez años
después han cambiado tanto América Latina como
Gorriti, quien ahora pasa más tiempo revisando
documentos bancarios. Y no es que haya perdido el
gusto por la investigación periodística ni su
vena aventurera, sino que hoy en día las pistas
que deja el dinero son la manera más eficiente
para llegar a los aspectos oscuros de la realidad
latinoamericana.
En un continente
en el que las juntas militares dejaron su lugar a
mandatarios electos, en el que han terminado casi
todas las guerras civiles y las economías otrora
cerradas se han abierto a la inversión y el
comercio, los periodistas están escrutinando la
relación entre el dinero y el poder. El auge del
periodismo de investigación en América Latina
se debe en parte a que los gobiernos son menos
represivos, pero los reporteros también
aprovechan la explosión informativa propiciada
por la apertura de las bolsas de valores y la
mayor disponibilidad de estadísticas económicas
oficiales. Los periodistas están cultivando
nuevas fuentes en el sector privado y en los
organismos regulatorios, y establecen relaciones
con fiscales y legisladores que investigan la
corrupción.
Armados con esta
nueva información, los periodistas de
investigación han descubierto actividades
criminales como el lavado de dinero y el tráfico
de influencias, y de hecho tanto en Brasil como
en Venezuela un mandatario perdió su puesto
debido a los reportajes sobre la corrupción
oficial. "Cuando sabes dónde está el
dinero y cómo se mueve, es mucho más fácil
hacer periodismo de investigación", opina
Edward Schumacher, editor de un suplemento del
diario The Wall Street Journal que se publica en
español en veinte diarios de América Latina.
Gorriti se mudó
a Panamá en 1996, cuatro años después de que
fuera detenido durante 36 horas por los servicios
de inteligencia militar de Perú, la misma noche
en la que el presidente Ernesto Fujimori
disolvió el Congreso y la Suprema Corte de su
país.
Al poco tiempo
de asumir su cargo como editor en el diario
panameño La Prensa, Gorriti ni siquiera se tuvo
que enlodar las botas para descubrir un vínculo
entre el presidente Ernesto Pérez Valladares y
el cartel de Cali. El periodista cultivó
diversas fuentes entre cuentahabientes, miembros
de la Comisión Bancaria de Panamá e
investigadores de dependencias panameñas y
estadunidenses, y descubrió que el Banco
Agroindustrial había sido utilizado por
narcotraficantes colombianos vinculados al
gobierno de Panamá para lavar sus ganancias.
También descubrió que un importante
narcotraficante que usaba de esa manera al banco
contribuyó 51 mil dólares a la campaña
electoral de Pérez Balladares.
El presidente
terminó por admitir que las afirmaciones de La
Prensa eran verdaderas, pero el gobierno se negó
a renovar la visa de trabajo de Gorriti y le
ordenó abandonar el país. Fue necesaria una
campaña internacional para obligar al gobierno a
dar marcha atrás.
"Cuando
trabajaba en Perú", dijo Gorriti después
del incidente, los reportajes financieros eran
hechos por especialistas aburridos. Pero después
comprendí su crucial importancia".
De hecho, los
escándalos financieros se han convertido en la
nota principal de América Latina. En México, el
magnate financiero Jorge Lankenau fue acusado de
fraude en el marco de una creciente crisis
bancaria. El diario El Norte de Monterrey relató
cómo movía fondos de las islas Caimán y de
Uruguay para apuntalar su atribulado emporio
bancario.
En Brasil, cada
semana aparecen reportajes sobre nuevos casos de
tráfico de influencias. En Chile, los
inversionistas descubrieron enfurecidos que una
empresa española, asociada con la compañía
eléctrica chilena, utilizó información interna
para estafarlos. En Ecuador, los reportajes del
diario Hoy contribuyeron a la caída del
presidente Abdalá Bucaram, quien malversó
fondos obtenidos durante un teletón navideño en
favor de los pobres.
La prensa ha
jugado un importante papel en todos estos
escándalos, y con frecuencia obtiene primicias
mediante sus propias investigaciones o
filtraciones del gobierno. Este nuevo estilo de
periodismo surgió en Brasil en 1992, cuando la
prensa empezó a investigar las acusaciones de
corrupción contra el presidente Fernando Collor
de Mello. Un año antes Rosental Alves, entonces
editor ejecutivo del Jornal do Brasil, utilizó
un código de acceso que obtuvo de un senador
para consultar los archivos del Ministerio de
Finanzas. Descubrió que el dinero obtenido por
la esposa de Collor para obras de caridad
terminó en manos de sus familiares.
Meses después
el hermano de Collor, Pedro, dijo en una
explosiva entrevista con el semanario Veja que
Paulo Farías, el tesorero de la campaña
presidencial, organizó una multimillonaria
empresa de tráfico de influencias en favor de su
jefe. A raíz de esa entrevista el Congreso creó
una comisión investigadora, y finalmente Collor
se vio obligado a renunciar.
La belicosa
prensa brasileña, que hasta 1985 había sido
sometida por dos décadas de régimen militar,
cubrió agresivamente el escándalo y reunió
poco a poco los elementos del aparato de
corrupción. Farías se ostentaba como
representante de Collor y visitó a
prácticamente todas las compañías importantes
de Brasil para obtener sobornos a cambio de un
trato favorable de parte del gobierno. Según
documentos como registros bancarios, cheques
cobrados y cuentas telefónicas, Farias logró
obtener 55.3 millones de dólares, de los cuales
ocho fueron pagados directamente a Collor.
Gracias a su trabajo, la prensa brasileña ganó
tanto en poder como en credibilidad.
La cobertura del
caso Collor fue un ejemplo típico de
"seguir la pista del dinero", dice
Alves, quien ahora es profesor de periodismo en
la Universidad de Texas en Austin. "Con
frecuencia la prensa iba adelante de la
investigación del Congreso".
Tan solo seis
meses después el septuagenario presidente de
Venezuela, Carlos Andrés Pérez, se vio envuelto
en un escándalo similar. José Vicente Rangel,
reportero de investigación del diario El
Universal, utilizó fuentes confidenciales para
informar que Pérez había malversado 17 millones
de dólares. Después utilizó documentos del
Banco Central y del Ministerio de Exterior para
afirmar que el presidente y dos colaboradores
habían ganado millones de dólares al vender
bolívares venezolanos justo antes de una
devaluación. Pérez negó las acusaciones, pero
el Congreso inició un proceso para desaforarlo y
finalmente el presidente se vio obligado a
renunciar.
Debido a que los
periodistas denuncian la corrupción, las
encuestas de los últimos indican que la prensa
es la institución latinoamericana que inspira
mayor confianza entre el público, a la par con
la Iglesia católica. Pero Rangel, al igual que
muchos periodistas de América Latina, considera
que ello no es motivo de orgullo sino de alarma.
"Me preocupa porque sugiere que otras
instituciones que regulan al poder en una
democracia no están funcionando", opina.
"La prensa se ha convertido en el
investigador, el fiscal y el juez para llenar el
vacío de poder. Ese es un papel muy peligroso
para la prensa".
Pero es un papel
que la prensa latinoamericana ha asumido con
pasión. La prensa argentina ha implicado al
presidente Carlos Menem en numerosos escándalos.
Horacio Verbitsky, columnista del diario
Página/12, ha explicado cómo el cuñado del
presidente trató de obligar a una compañía
estadunidense a importar maquinaria a Argentina.
Sus reportajes también demostraron cómo el
Banco Nacional de Argentina prestó 75 millones
de dólares, a una tasa preferencial, a
compañías propiedad de la familia de Menem.
Algunos de los
reportajes más comprometedores, publicados en el
semanario Noticias, han vinculado a Menem con el
empresario Alfredo Yabrán. En marzo de 1996
Noticias publicó por primera vez una fotografía
del elusivo magnate, quien ha acumulado una
extraordinaria fortuna a través de contratos con
el gobierno. Diez meses después el autor de la
fotografía, José Luis Cabezas, apareció muerto
en su auto y un expolicía vinculado a Yabrán
fue acusado del asesinato. Menem negó toda
relación de su gobierno con Yabrán, pero los
diarios demostraron que el magnate llamó docenas
de veces al Ministro de Justicia poco antes del
asesinato. El presidente tuvo que reconocer su
amistad personal con Yabrán, y el Ministro
Elías Jassán fue obligado a dimitir.
Verbitsky
considera que el avance del periodismo de
investigación argentino se debe más al fin del
control autoritario que a una explosión
informativa. Durante la dictadura que terminó en
1983 no había falta de información, afirma.
"Lo que faltaba era la posibilidad de
publicar la información y de sobrevivir si lo
hacías".
Pero otros como
Andrés Oppenheimer, corresponsal para América
Latina del diario The Miami Herald, ven una
correlación directa entre la apertura de la
economía de la región y el incremento en los
reportajes sobre escándalos y corrupción. En
América latina existen diferentes grupos
económicos que compiten entre sí por el poder,
argumenta Oppenheimer, y "existe más
fragmentación. No la suficiente para crear una
plena apertura democrática, pero hay más
actores, y eso amplía la gama de posibles
fuentes. Donde hay un ganador puede haber tres
perdedores dispuestos a hablar".
En Argentina,
tal como en Brasil y México, los diarios
financieros fueron los primeros en publicar
reportajes críticos de las políticas que
afectaban directamente a las poderosas
comunidades financieras. La apertura en las
bolsas de valores, la mejor cobertura de los
bancos centrales y de las dependencias
gubernamentales, y la influencia de los analistas
financieros profesionales han contribuido a un
notable incremento en la información financiera
básica. Sin embargo en América Latina aún es
difícil lograr el acceso a la información
financiera básica, tal como el registro de
propiedad de las compañías, por lo que las
buenas fuentes son indispensables.
En México, por
ejemplo, los documentos públicos y las fuentes
internas jugaron un papel fundamental en la
cobertura de la devastadora devaluación del peso
ocurrida en diciembre de 1994. El debate sobre
quién fue el responsable ha incluido
estadísticas sobre déficits en la cuenta
corriente, reservas financieras y el movimiento
de capitales. También ha sido importante la
información sobre reuniones privadas filtrada a
la prensa. Rossana Fuentes, editora del diario
Reforma, logró una importante primicia en mayo
de 1995, cuando publicó cómo la ineptitud y los
conflictos de personalidad al interior del
gobierno contribuyeron a la debacle de diciembre
de 1994.
Y fue
Oppenheimer quien dio la primicia sobre las
cuentas bancarias de Raúl Salinas de Gortari en
Suiza, mientras que Reforma y el Wall Street
Journal completaron la información sobre la
manera en la que el hermano incómodo logró
amasar una fortuna de 120 millones de dólares.
Al seguir la pista del dinero, Oppenheimer obtuvo
registros bancarios internacionales que
demostraban que Salinas prestó a un ejecutivo
mexicano casi 30 millones de dólares, los cuales
fueron usados para comprar una cadena de
televisión privatizada por el gobierno.
Si bien el
acceso a la información ha dado un gran poder a
los periodistas, Stephen Fidler considera que una
prensa poderosa enfrenta peligros especiales en
aquellos países en los que el débil aparato
judicial no tiene la capacidad de juzgar a los
corruptos. Fidler, editor para América Latina
del diario Financial Times, argumenta que el
efecto de esa situación es "erosionar la
confianza en las instituciones
democráticas".
Eso es lo que
ocurrió en Colombia, donde numerosos reportajes
bien documentados vincularon al presidente
Ernesto Samper con el cartel de Cali sin que el
Congreso pudiera reunir el capital político
necesario para echarlo del poder. Sin embargo
Francisco Santos, editor del diario El Tiempo,
dice no ser presa del cinismo debido a que la
prensa asumió su papel de "perro
guardián". "Perdimos el miedo al
poder", dice Santos al referirse al
escándalo Samper.
A pesar de los
avances, la prensa latinoamericana enfrenta
serios obstáculos. Muchos reporteros carecen de
los conocimientos para analizar y evaluar las
estadísticas económicas, mientras que la nueva
generación apenas empieza a explorar los
límites y las responsabilidades de la prensa
libre. Al mismo tiempo, las respuestas violentas
o represivas de los poderosos poco habituados al
escrutinio público hacen que el periodismo siga
siendo una profesión muy peligrosa.
Gustavo Gorriti
tiene la esperanza de volver a Perú para
analizar cómo se mueve el dinero en el gobierno
de Fujimori, pero cuando lo haga dejará a varios
seguidores en La Prensa. Rolando Rodríguez,
quien cambió la codiciada fuente política por
la sección financiera, pronto encontró tema
para numerosos reportajes en un país con 120
instituciones bancarias. "Este es territorio
virgen", dice. "Si miras de cerca,
siempre encontrarás dinero bailando por debajo
del agua".
*Joel
Simon es
coordinador del programa de las Américas del Comité para Proteger a
los Periodistas (CPJ, por
sus siglas en inglés). Este texto fue adaptado
del artículo Hot on The Money Trail,
publicado en el número de enero-febrero de 1998
de la revista Columbia Journalism Review. La versión en español es de La Red de Periodistas de Investigación. Se
reproduce con autorización de su editor.
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